Hilos de Luz, una historia de refugiados

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Fotos: Daniela Castro

Hace un tiempo nos conmovimos con la imagen del fotógrafo Abd Alkader Habak desgarrado por la impotencia al no poder salvar a niños en Alepo, del ataque perpetrado con un coche bomba, imágenes como esa y tantas otras a las que nos habituamos- lamentablemente- que se repiten a diario y son denuncias del horror que viven miles de seres inocentes.

“Amar no es mirarse el uno al otro; es mirar juntos en la misma dirección”
Antoine de Saint-Exupery

Escribe: Carla Goldberg

La lejanía física que tenemos con estos conflictos y el desconocimiento, seguramente nos impiden desarrollar una real empatía y dimensionar cómo es posible transcurrir la vida inmersa en ese absurdo. Sólo el ser humano es capaz de pretender arrancar a otro ser humano todo aquello que le da condición de tal, pero la fuerza interior que nos es propia, la Fe en cambiar nuestro destino y la conciencia sobre que esta situación no tiene un fin próximo llevaron a Lana (26) y Majb (32) – una joven pareja que vivía en Damasco-a plantearse la idea de salir de ese horror. En un punto ellos ya eran una suerte de excluidos en su propia tierra, sus gustos por los tatoos, la música que les gusta escuchar (Metallica), la religión católica que profesan, haber sido una pareja sin casarse –hecho que revirtieron tras siete años de novios- pero que no podía ser develado porque el concubinato no es legal en su país. Como hasta en el absurdo se encuentran hilos de luz, la idea fue tomando fuerza y forma. Les llevó más de un año poder tener los papeles para viajar, entre tickets aéreos y visa se fue gran parte del dinero del departamento que Majb tuvo que vender para empezar a “comprar” un futuro, historias de gente que ha sido expulsada por la guerra se vuelven cada vez más frecuentes dejando atrás su lugar, familia, pertenencias y así con apenas la esperanza parten, porque literalmente no es mucho más (ni menos) lo que pueden llevarse.

Los protagonistas de este encuentro que tuvimos, saben del horror de la guerra, del ensordecedor ruido de las bombas, tragedia alrededor y, sobre todo, de la necesidad de que el amor pueda transformarse, además en futuro y vida. De esa necesidad surgió la decisión que los llevó a dejar Damasco- la capital Siria- en donde se conocieron, ellos son refugiados, su historia nos la cuentan en San Luis, viven aquí hace dos meses gracias a que esta provincia es “Estado llamante” y tiene en funcionamiento el programa “Corredor humanitario” que ayuda a resolver uno de los problemas más graves que tiene el mundo por estos días: miles de seres humanos escapando de la guerra. Muchos de ellos dejan sus vidas en el intento y otros llegan a países en donde no son recibidos con gusto como si el drama del que escapan no fuera aun, lo suficientemente grande. Así deben seguir luchando contra prejuicios raciales y estigmatizaciones por el hecho de su origen o cargar las culpas por fanatismo irracionales de los que jamás participaron. Al respecto tenemos noticias a diario. Es por ello que decidimos mostrar esta historia que tiene al amor como sentimiento principal porque, si de algo trata el amor, es de trascender.

Fotos: Daniela Castro.
Fotos: Daniela Castro.

Es inevitable preguntar sobre todo el contexto que atravesaron para llegar a San Luis, fue inevitable la emoción en algunos momentos de su relato y también decir que de este lado del mundo nos es difícil tomar conciencia lo que está ocurriendo en estos momentos. Nos cuentan que en Siria la gente vive nerviosa todo el tiempo, que no saben qué hacer, que la explosión de bombas es habitual y que ellos dijeron basta.

Lana dejó a su padre y dos hermanos (su madre y su hermana ya habían podido salir hacia América) y Majb a su a padre, un hermano y sobrino además de sus amigos y sus respectivos trabajos. Él es cocinero y se dedicaba a hacer catering para eventos y ella es artista plástica aunque tenía su estudio en el departamento en donde vivían no le era fácil pintar y dibujar porque los materiales de trabajo son muy caros, pintaba mandalas pero los colores eran “tristes y oscuros”, nos cuenta. Entonces trabajaba en un bar donde conoció a quien es hoy su compañero, él iba casi a diario, eran amigos y uno de esos días casi como excusa, él le preguntó si tenía problemas con su trabajo. Ella le respondió: “Es un poco cansador y aburrido”. La propuesta de ir a tomar una cerveza no se hizo esperar y la pregunta de Majb tampoco: ¿Tenés novio? No tengo, dijo ella. Sí tenés, insistió él: “Soy yo”. Y ya no volvieron a separarse. A ella le resulta divertida la historia aunque la propuesta de casamiento vino años después y también fue sorpresiva: “Lani estoy aburrido ¿Querés que vayamos a casarnos?”.

refugiados4Esa espontaneidad no la han perdido, verlos es ver a dos adolescentes, los abrazos y expresiones de amor están presentes todo el tiempo, tal vez sea una manera de recuperar aquellos momentos en los que en su país deseaban ir abrazados o de la mano por la calle, o en los que él deseaba correr el largo y negro pelo de la cara de ella con un beso, pero no eran convenientes los gestos de amor para esa sociedad.
Una semana después de casarse comenzaron a hablar seriamente de dejar Siria, la primera opción que pensaron fue salir por Turquía y luego ir a Estados Unidos pero era una idea muy peligrosa por la cantidad de milicias y la persecución que sufren los católicos. De la mano de la madre de Lana vino la ayuda para comenzar a tramitar la visa y toda la enorme cantidad de papeles que debían conseguir, esto les tomó un año, el costo de todos estos trámites y los pasajes aéreos fue solventado con la venta del departamento que Majb había heredado de su madre. Con el poco dinero que sobrara tenían que sobrevivir y, como una mala jugada del destino, ese poco dinero que quedaba se pierde accidentalmente. No era razón suficiente para detenerse y la generosidad de un amigo que les prestó 300 dólares les permitió ir hasta Líbano. En ese viaje gastaron cien. No importa se dijeron, era el precio de la libertad. Apenas unas valijas con ropa, un cuadro que pasó por las manos de varias generaciones de mujeres en la familia de Lana y un Rosario; emprendieron el viaje y la sensación de alivio ―momentáneamente― fue inmediata.

“ARGENTINA NOS ELIGIO A NOSOTROS”

Algunos conocidos habían llegado a nuestro país, ellos sabían esto y nada más, tan solo internet les acercó un poco de información de su próximo destino y esos conocidos que los hospedarían. La sensación de alivio ya no era la misma que al emprender el viaje, ahora se sentían desorientados y cuando llegaron al aeropuerto les pareció una inmensidad, Buenos Aires y el miedo, pero la suerte empezó a cambiar aunque ellos no lo sabían aun. Se instalaron en un departamento que compartieron con otras personas, entre ellos sus conocidos. Unos pocos días después la necesidad de agradecer y de liberar un poco de angustia los llevó a la iglesia San Jorge a donde iban otros árabes católicos. Cuando entró Majb no pudo contener las lágrimas que lo ahogaban y comenzó a rezar en árabe, se acercó a él un hombre que amablemente pregunto por qué lloraba. “Necesito trabajo, no tengo más dinero y no sé en dónde vamos a dormir con mi esposa. Llegamos de Siria expulsados por la guerra hace unos días”.
La suerte había empezado a cambiar y ahora iban a saberlo, este hombre les contó que conocía a alguien que podía ayudarlos: Liliana (Scheines), responsable del programa “Corredor Humanitario” que tiene como objetivo ayudar a personas que necesitaban acceder al derecho al asilo, convirtiendo a la provincia de San Luis en la única en ser declarada “Estado Llamante o de Acogida” por llevar adelante este tipo de políticas en cuanto a derechos humanos se refiere, haciendo llegar el mensaje a aquellos que han tenido o tienen que abandonar su país forzosamente que en esta provincia son bienvenidos. El encuentro con Liliana, nuestro ángel como la llaman, fue esclarecedor, pudieron resolver todas las dudas que tenían, ella les contó que el programa estaba listo para comenzar y que la experiencia de Lana como colaboradora en la Cruz Roja sería de mucha utilidad para ayudar en la inserción al programa de otras familias que vendrían más adelante. Tan solo diez días después de pisar Buenos Aires el destino (o como cada uno elija llamarlo) los estaba llevando nuevamente a otro lugar pero esta vez acompañados, sabiendo que al llegar habría una casa, la posibilidad de estudiar español y de empezar de nuevo. La llegada al aeropuerto esta vez no fue con sensación de vacío, los esperaba mucha gente, prensa y el gobernador Alberto Rodríguez Saa que les dio la bienvenida. Nunca habían visto a un funcionario con un cargo tan alto y fue una sorpresa saber que era él quien los recibía.

Fotos: Daniela Castro
Fotos: Daniela Castro

Los días posteriores a su llegada fueron intensos, paseos, entrevistas, reuniones y Blackie, un fila brasilero regalo de Rodríguez Saa. De estoy pasaron dos meses, están estudiando español y hablan bastante bien. Lana está trabajando en el programa “Pinta bien, pinta San Luis” que lleva adelante el Ministerio de Obra Pública e Infraestructura mediante el cual se intervienen con arte espacios públicos como puentes, escuelas y teatros. Tuvo que aprender a ampliar sus trazos y a pintar con colores claros porque ya no había más mandalas tristes, Majb está haciendo una pasantía en el restaurant de un hotel. A él le gusta el asado y a ella las empanadas de jamón y queso, no les gusta el mate aunque ya lo conocían porque en Siria muchos toman. La gente los reconoce por la calle, les piden fotos y preguntan sobre su historia, la calidez les gusta, pasaron de ser outsiders a rock star, de esconder los besos a mirarse con ternura, de estar desorientados a orientar a las familias que llegaron después que ellos. De pensar en hacer lo que sea para sobrevivir a vivir haciendo lo que siempre soñaron y sobre todo a sentir por primera vez la sensación de querer empezar la vida en un lugar y terminarla aquí. Están aprendiendo a construir un sueño.

¿Qué le dirían a la gente?

Primero que reciban a la gente que está pasando por esta tragedia que no tengan miedo. Y segundo gracias por dejarnos ser seres humanos, casi que olvidábamos que eso somos. Simples seres humanos.

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