#Arte | M.C. Escher

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Maurits Cornelius Escher (Leeuwarden, 1898 – Baarn, 1972) es uno de esos artistas que quizás sea desconocido para “el gran público” pero, paradójicamente, es a la vez uno de los dibujantes y grabadores más admirados del siglo XX no sólo por la calidad de sus obras, sino también por la originalidad de su temática.

Escribe: Lucas Javier Vidal:

M.C. Escher nació en Leeuwarden, ciudad del norte de los Países Bajos, y de pequeño no fue un buen estudiante…sólo disfrutaba de las clases de dibujo… En 1919 ingresó en la Escuela de Arquitectura y Diseño Ornamental de Haarlem, ya que su padre pretendía que fuera arquitecto. Allí su interés se decantó por el arte decorativo, animado por quien fue su profesor y maestro, Samuel Jesserun De Mesquita.


En sus comienzos, Escher reflejó en sus obras ese gusto de la escuela holandesa por los paisajes y escenas de ciudades, tópicos con los que continuó en sus sucesivos viajes y estadías más o menos prolongadas por Italia, Suiza y España. Fue precisamente en ésta última que se sintió cautivado por los mosaicos y los intrincados ornamentos de la Alhambra de Granada.

En su particular apuesta estética, Escher se sumó a dibujantes técnicos, arquitectos y teóricos de las matemáticas, como él mismo gustaba de recordar a menudo. Reconocía tener mayores puntos de contacto con ellos que con la mayoría de los artistas plásticos. Esta relación entre las matemáticas y el arte se ve reflejada en la representación de la Cinta de Moebius, reinterpretada en la obra de Escher a través de hormigas que patentizan el hecho de que la cinta tiene una sola cara.

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Otros aspectos intrínsecamente ligados a las matemáticas son el uso de poliedros y de geometrías no euclídeas (geometrías en las que no se cumple el V postulado de Euclides de que por un punto exterior a una recta sólo se puede trazar una paralela). Su obra está atravesada por una poética muy particular, en donde aparecen seres fantásticos, motivos orgánicos y figuras geométricas que se entremezclan conformando composiciones de una innegable belleza y un envolvente onirismo.

Su progreso en todos los órdenes culminó con la creación de la Fundación Escher hacia el final de su vida en 1968.

A la vez, Escher comenzó su estudio sobre las ilusiones espaciales, con edificios en los que las escaleras ascienden a la parte baja y descienden hacia la alta en un impresionante juego de perspectivas; del mismo modo, las leyes físicas parecen derrotadas en sus corrientes de agua, que descienden en su subida para caer en sorprendente cascada hasta la que es su propia fuente.

Su progreso en todos los órdenes culminó con la creación de la Fundación Escher hacia el final de su vida en 1968. Por desgracia, esta institución, nacida para salvaguardar la obra del artista holandés, no fue capaz de evitar la adquisición de la mayor parte de sus fondos por un galerista norteamericano en 1981; posteriormente, ese fondo fue vendido a distintos clientes, lo que supuso la dispersión inevitable de la obra por diversas colecciones públicas y privadas.

Las creaciones de Escher son una invitación a descubrir las contradicciones de la perspectiva, las posibilidades plásticas de la matemática, la esteticidad del arte decorativo, todo aderezado de una belleza y una originalidad particulares.

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