Poseído por el color

0
127

Klee nació en Münchenbuchsee, Suiza, en 1879, pero obtuvo la nacionalidad alemana a través de su padre y gracias a esto estudió arte en Múnich. En un primer momento sus padres, que eran músicos, trataron de que siguiera sus pasos, pero el optó por las artes plásticas. No obstante, la influencia de la música se vería en sus obras.

“Lo principal no es comenzar a pintar precozmente, sino ser primeramente un individuo. El arte de dominar la vida es el requisito previo para todas las demás formas de expresión, ya sean pinturas, esculturas, tragedias, o composiciones musicales”.

Se inscribió en la Academia de Munich, donde tuvo como profesor a Franz von Stuck (1898-1900) y se familiarizó con las teorías del Jugendstil, que más tarde pondría en práctica en obras como Cabeza amenazadora (1905).

De regreso a Berna, prosiguió su período formativo centrándose en la música, las artes plásticas, la lectura de clásicos y en la observación de las obras de Blake, Klimt, Goya y, en París, de Leonardo y Rembrandt. Posteriormente realizó una serie de dibujos inspirados en Van Gogh, Cézanne, Matisse y otros representantes de la escuela francesa. En 1911 entró en contacto con el grupo del Blaue Reiter (El jinete azul), lo que le permitió conocer a sus creadores, Vasili Kandinski y Franz Marc, así como a Alfred Kubin y a August Macke, con quienes expuso al año siguiente en Berlín.

“El color me posee. No siempre me posee. Ese es el significado de esta hora feliz: el color y yo somos uno. Soy un pintor”.

Fue en 1914 cuando Paul Klee abrazó el uso del color en sus pinturas tras un viaje a Túnez donde quedó impresionado por la luz del entorno. Comenzó a utilizar el color y buscar armonías entre colores pares y entre los disonantes. Tras esto también comenzó a estudiar la teoría del color.

Para Klee el aprovechamiento del instrumento de la abstracción, era muy importante y fue entendido como un medio de encontrar mundos paralelos que sospechaban que se hallaban escondidos tras la llamada realidad. También sus obras estuvieron influidas por su participación como soldado en la sangrienta I Guerra Mundial. Todo esto, los artistas que conoció y los países que visitó fueron fundamentales para su estilo. Un estilo lleno de color, que llegó a manipular con una enorme precisión y pasión: Color, ritmo, naturaleza, construcción y movimiento.

En 1920 ingresó en la Bauhaus de Weimar, donde fortaleció su método de análisis, y en 1924, junto con Kandinski, Feininger y Jawlensky, formó el grupo de los Blaue Vier (Los cuatro azules). Las obras realizadas durante este período están repletas de imágenes misteriosas y de zonas cromáticas acompañadas de tenues signos gráficos.

“Al mirar cualquier obra de arte significativa, recuerde que probablemente se tuvo que sacrificar una más significativa”.

Tras ser profesor de la nueva Bauhaus de Dessau (1921-1930) y de la Academia de Düsseldorf (1931-1933), la condena nazi de su obra le obligó, en 1933, a exiliarse a Berna, donde, en claro paralelismo con la esclerodermia que contrajo en 1936, su producción adquirió un tono simbólico y dramático con elementos temáticos esquematizados progresivamente hasta convertirse en ideogramas.

Falleció a raíz de la esclerodermia antes mencionada, en 1940. Durante su vida creó más de 9.000 obras.

Además de Diarios, Klee escribió artículos acerca del arte, que pueden considerarse como una teoría del arte moderno. En la actualidad, la mayor parte de su obra se halla depositada en el Museo de Bellas Artes de Berna (fundación Klee).

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here