Amor en el Mercado

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Papas cortadas en capas, jamón, huevo y mucho pero mucho queso mozzarella. El resultado: una tortilla de papas XL que provoca el aplauso de pie de cualquier mortal y motiva inmediatamente a los sentidos: papilas gustativas, jugos gástricos y toda la química del organismo se activan, tras ver esas imágenes, en pos de la satisfacción. Así comienza la nueva temporada –o temporada Latina- de la serie culinaria Street Food, de los creadores de la aclamada Chef Table. Este reality recorre puestos emblemáticos de comida callejera del mundo, centrándose en las historias personales de superación de cada protagonista. Esta temporada de seis episodios está dedicada a Latinoamérica y los primeros minutos del ciclo transcurren en Buenos Aires, nada menos que en el Mercado Central.

Cada episodio de la serie reúne una historia central que transcurre en una ciudad determinada con dos o tres entrevistas secundarias de la comida callejera típica de la ciudad. “Las Chicas de la 3”, así se llama el puesto de comida de Pato Rodríguez y Romi Moore, son el núcleo esencial de un capítulo que conmueve más allá de los sabores. Si bien la cocina es la excusa, cada uno de los episodios narran los matices y singularidades de cada región que aborda. Y la historia de Las Chicas posee un cúmulo de atractivos que identifican al espectador.

La lucha, el empoderamiento femenino, el esfuerzo, la voluntad y la superación son algunos de los condimentos de la historia de “Las Chicas de la 3” que la convierten en un plato trascendental, para degustar junto a la emoción. “Me di cuenta que la gente primero come por los ojos, después por la boca y luego por el corazón”, cuenta Patricia Rodríguez en el Capítulo de Buenos Aires donde también hay lugar para las empanadas y las comidas típicas de la Feria de Mataderos, el clásico choripán antes o después de un partido de fútbol y la Fugazetta porteña.

Para Quote de Brian McGinn, productor Ejecutivo de la serie: “los vendedores de comida callejera son una parte integral de la cultura de un país, ellos dan vida a la riqueza de una ciudad, preservan las tradiciones mientras alegran a las personas y comunidades que los rodean. Durante estos días sin precedentes, nuestros vendedores se enfrentan a desafíos que nunca antes habían tenido, con los cierres temporales, incertidumbre en el futuro y miedo a lo que está por venir. Esperamos que al compartir sus historias y celebrar su trabajo, los fans alrededor del mundo puedan ver el inmensurable valor que estas inspiradoras personas le aportan a sus comunidades. La perseverancia está en su sangre y estamos seguros de que superarán los obstáculos de hoy. Esperamos que después de ver Street Food, nuestra audiencia considere la oportunidad de apoyar a los vendedores de comida callejera en sus comunidades, para que todos podamos seguir disfrutando esta increíble tradición culinaria que estos hombres y mujeres preservan todos los días”.

A las chicas la grabación les tomó de sorpresa: “teníamos algo de miedo al principio porque ninguna de nosotros teníamos idea como era una producción, tampoco sabíamos lo que buscaban. No tengo ni idea ni lo que es una edición ni nada”, cuenta Romi Moore en dialogo con RANDOM, y su compañera agrega: “el día dos vinieron y ya nos pusieron micrófonos. Creo que salió espontáneo porque todo fue en el ámbito de lo natural, no hay una escena armada. Nos conectaban y había que seguir porque ese es nuestro negocio de vida y teníamos que seguir trabajando”. La directora de la mitad de los episodios del ciclo es Tamara Rosenfeld, una especialista del documental que filmó en 23 países y en 17 idiomas diferentes. “Tamara me pareció una excelente profesional, compartimos varios días con ella y con el resto de su equipo, hasta terminó hablando en español”, se ríe Patricia. “Nos llevó uno o dos días poder conectar y encontrar un punto intermedio que ni ella era la mega productora ni nosotras las mega protagonistas de nada, nos tomamos un ratito y nos conectamos como personas. Creo que ella se permitió vernos y entendió lo que tenía que contar era lo que éramos. Se armó un lindo grupo humano y no hubo diferencias culturales. Era una historia simple pero a veces lo simple es lo que estamos necesitando porque vivimos al palo, ya no somos fulano de tal, somos arroba (@) de tal. Por ahí esta historia resume que se trata de volver a las raíces y bajar un cambio”.

Los primeros días desde el estreno –el 21 de Julio-las chicas lo viven como una explosión con mensajes de todas partes del mundo. “Estamos recibiendo con mucho cariño y mucho amor el reconocimiento de la gente, hay muchos mensajes súper cariñosos, y lo más importante que quiero contar ya es que hay muchos que se sienten identificados con la cuestión de distintos lugares, eso ya es para nosotras un premio inmediato”, dice Romi.

Las Chicas de la 3 es un puesto que se ubica justamente en la Nave 3 del mencionado Mercado, a metros de puestos de frutas y verduras de todo tipo, y además de la tortilla que es la vedette del lugar, sacan pizzas y empanadas. “El Mercado es una escuela, te prepara para muchas cosas, para cosas lindas, para otras que no son tan simpáticas, te da contacto con lo real, con todas las realidades y las clases sociales, hablas con una criatura que está sola buscando verduras y te toca el instinto maternal de querer ayudar, otras que son amigos o colegas y podés hablar de trabajo o de fútbol, viene otra persona que hablás de comida, después otra de negocios, uno te cuenta del edificio que está construyendo, pasá el presidente del Mercado y lo saludás o alguien de limpieza. Es un lugar que te prepara tanto para ir al Colón como a un recital en una plaza”, explica Rodríguez.

El Mercado Central es una pequeña ciudad que cumple casi los mismos años que la democracia. Fue planificado a imagen y semejanza del mercado de Rungis, que abastece la zona metropolitana de París y por sus puertas, cada mañana pasan entre 30 y 35 mil personas. “A los chicos y a las chicas se las conquista por el estómago, con la comida llegás a todos lados. Hay como un mito que el mercado es un lugar machista, pero no es así. Hablo de mi experiencia y de que estoy ahí desde hace 25 años, estoy como en mi zona de confort, quizás a todos no les pase lo mismo pero el problema es que se tilda al Mercado de lugar machista pero porque no se lo conoce o no convive con el lugar. Hay mayoría de chicos sin que signifique un lugar machista, hay también muchas chicas en distintos puestos pero quizás lo que uno sabe por los diarios o por la televisión es algo breve, no la historia completa. Es un lugar muy lindo y podemos conectarnos con un montón de cosas que tal vez de afuera no las vez, de dónde salen nuestros alimentos, quién los lleva, quién los trae, quién los produce, aprender a comer verduras, cuándo algo está lindo, cuándo no, todo en un lugar que tal vez para el común de la gente no tiene la imagen que debería. Hay que ir a visitarlo, es el lugar más inclusivo que yo conozco”, dice Rodríguez.

La historia de las chicas habla también de todo lo que uno debe aprender y ceder en la construcción de vínculos. “No todo fue color de rosas, no nos conocimos en Disney, volvimos y las empanadas ya estaban hechas, jugamos al fútbol y todo hermoso. El otro día subimos a Instagram una foto de la tortilla y las dos pensamos si le contáramos a la gente cuántas se nos habían roto. Es difícil pero es alentador, para llegar hay que intentarlo, con lo que tengas, con lo que la vida te dé, quizás el Mercado no pueda parecer el lugar ideal para llegar a un streaming como Netflix, pero sabés que sí puede pasar. Todos se tienen que sentir capaces de triunfar en lo que hacen, no hay una carrera del futuro o un receta para triunfar, se trata de hacer bien lo que amás”, dicen.

La Pandemia provocó cimbronazos de todo tipo y que se valoren placeres simples, que uno tenía a mano, como la comida y los afectos. “La clave es que nos relacionamos con seres humanos y al final del día nos reseteamos y volvemos a nuestro punto inicial, a la fibra más íntima, al placer de comer algo. Puedo estar haciendo el negocio de mi vida vendiendo 30 caminos de lechuga, pero necesito conectarme cinco minutos y comerme esa empanada de carne que hace acordarme a mi abuela. Es una ventaja que tenemos, la comida es una necesidad básica y nosotros proveemos ese minutito de reírnos, de charlar de fútbol, bromear y conversar con nuestros clientes”, expresan.

Las Chicas de la 3 llevan numerosas madrugadas y horas y horas de laburo trabajadas, afirman que siempre “hay que dar más, no hay que hacer la plancha y esperar los aplausos”. No es un manual de autoayuda o un éxito que asegura el marketing. La experiencia de Rodríguez y de Moore que cuentan en Street Food es algo tangible, es la de tantos anónimos que hacen de la comida algo más que el medio de vida. “Cada día tenés que mejorar más, amando lo que hacés, poniéndole onda por más que estés cansado, hay que luchar. Más allá de que nosotras tuvimos la suerte que cocineros y cocineras nos hayan recomendado, se trata de hacer lo que a uno le gusta y lo hace feliz, con convicción, con perseverancia, con un montón de cosas, el mensaje es que hay siempre que dar lo mejor. Si te tiene que llegar llegará y sino igual te volverás feliz a tu casa”.

Para ver en Netflix: Street Food Latinoamérica.

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