Axel Kuschevatzky, El Señor Cine

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Reconocido guionista, productor y periodista, Axel Kuschevatzky está detrás de algunos de los mayores éxitos cinematográficos argentinos de los últimos años como “El Secreto de Sus Ojos”, “Relatos Salvajes”, “El Clan” o “Corazón de León”. Pocos saben de cine como él y conoce los entretelones de Hollywood como nadie.

Fue algo muy raro, estudié redacción publicitaria, también hice cursos de cine, pero lo que me gustaba realmente era el cine. No era que quería ser productor, en algún momento trabajé como redactor publicitario free lance, laburé en video clubes y luego decidí sacar una revista de cine. Y como no tenía plata decidí ir a un concurso de preguntas y respuestas en televisión y gané. Con esa plata hice una revista que hablara de cine y, a partir de ese programa, me propusieron presentar un ciclo de películas en el cable. En ese momento el cable en la Argentina tenía cinco canales, te hablo del año 95. Ahí fue conectando con otros programas, me llaman de otro, hasta que un buen día un amigo me dice: “yo creo que vos deberías producir cine, trabajemos juntos”. Me volví llorando a mi casa de la emoción.

-¿Un productor de cine se nace o se hace?

-Un poco de los dos. Ser productor es amplio, la tarea del productor es seleccionar los proyectos, presentarlos, conseguir financiación, acompañar al director, a la producción, a los guionistas, en definitiva acompañar al proceso de una película de principio a fin. Un productor me dijo una vez que el estado natural de las películas es no existir, las películas que alguien sueña nunca se filman y yo creo que tiene mucha razón. Es una combinación, una película es una idea obsesiva en el tiempo, entonces funcionan en la medida que funciona el auto convencimiento porque si vamos hablar de negocios seguramente hay otros que son más rentables. Tenés el negocio inmobiliario que es rentable y más rápido. Si te preguntas, ¿por qué hacemos películas? No es una pregunta que te hacés todos los días a la mañana. Sobre todo en Latinoamérica, solo Argentina tiene una característica que la hace diferente, tiene una ley que es más avanzado en la región. Es un escenario distinto y se ve en volumen de la cantidad de películas que produce por año, hay otros países que se están acercando a esto, por ejemplo, Colombia o Brasil. Hay países que hacer cine es milagroso, caso Chile o Paraguay. Ahí no hay ninguna herramienta para ayudar hacer cine, es como no existiera, es un logro ver una película como “Los dictadores”. Es una cosa muy heroica de ver que en esos países se haga una película. No hay un INCAA como nosotros, INCINE en México, ICAA de España. Los países más capitalistas todos tienen algún mecanismo de ayuda la industria audiovisual, Estados Unidos, Inglaterra, Alemania. Es mentira esta idea que esta ayuda al cine -o a la industria audiovisual- es propio del intervencionismo de país del tercer mundo. Es todo lo contrario, vos vas al estado de Georgia en Estados Unidos y tenés 40 por ciento de beneficio fiscal y así se hace “Walking Dead”. En California hay una lotería llamada “Lotery” que vos te anotás y ganás la lotería estatal, recibís 30 millones de dólares para hacer tu película. Hasta los estudios de Hollywood se anotan, todos esos países tienen un mecanismo de ayuda pública a la producción audiovisual, esto la gente no lo sabe.

“la remake no son grandes negocios para quienes hicieron las películas originales.”

-¿Hacer cine en Argentina te parece que es un negocio?

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-Hay una vieja frase que dice “¿Sabes cómo se amasa una pequeña fortuna?, teniendo una gran fortuna dedicándose al cine”. Mira, si vos pensás al cine desde el punto de vista del inversión, es una inversión de riesgo por eso existen las ayudas públicas, porque es más fácil que te vaya mal que te vaya bien. ¿Es un negocio?, depende del contexto, de la película, numéricamente la mayoría de las películas fracasan, no solo las argentinas, las del mundo. Obvio que las norteamericanas también. Para que una película justifique su costo no pasa solo por la venta de tickets en el cine, sino también con la venta de derechos internacionales con un montón de mecanismos que existen para pagar las películas. Si el cine argentino no busca en esa dirección no puede pagar los costos. Por eso las películas en las que nosotros participamos o iniciamos sí están montadas en estos mecanismos, coproducciones y todas las formas para lograr que existan, porque tu objetivo final es que las películas existan y funcionen.

-¿“Relatos Salvajes” fue un ejemplo de eso?

-Sí, fue un muy buen ejemplo de eso porque fue coproducida entre Argentina y España que puso el 30 %. Y la pre compra la Warner Bros para Latinoamérica primero, después de verla, y antes que se vea la compra Sony Pictures para Estados Unidos. Y de nuevo Warner la compra para España y Francia. Entonces la película era tan buena que empieza un mecanismo de preventa, más los subsidios y la venta de tickets en el cine que la hacen posible. Pero existe porque una productora como Kramer & Sigman Films decide asumir el riesgo y financiar todo el costo de la película. Siempre necesitás a alguien que decida dar ese paso. Lo que no existe es película de perfil alto hecho sin dinero, alguien de la cadena eventualmente tiene que asumir riesgos. Todos estos mecanismos sirven para minimizar riesgos pero no los eliminan.

-¿La remake es una posibilidad de generar ganancias aunque el producto final a veces no le guste al director y/ o guionista?

-La remake no son grandes negocios para quienes hicieron las películas originales. Y en cuanto al producto final son interpretaciones del material, que son válidas pero diferentes a la nuestras a veces, y eso queda como raro. Ya nos pasó varias veces, un ejemplo es “Corazón de León”, tuvo remakes en Perú, Colombia y Francia, pero a mí me divierte ver qué hicieron (risas). Y hasta dónde se animaron a tomar distancia de la original. También he producido remake por eso mi visión tal vez es diferente, como fue el caso de “La Patota”. Nuestra idea fue usar la base de lo que nos gustaba de la original pero después hicimos una película con otra identidad. Nos parecía que eso era lo interesante. Ahora con Campanella estamos por filmar una película de los años 70 y nuestra versión usa los mismos disparadores pero después es otra película.

-Un director de un Festival me dijo una metáfora sobre las películas que llegan a los festivales: “A una feria no llegan los mejores tomates”. ¿Qué opinas de eso?

-Eso es relativo, qué define una mejor película y para quién. He visto películas buenísimas como también he visto películas espantosas. Ahí decís cuál fue el criterio de selección y lo tratás de entender, pero no deja de ser subjetivo. Hay lugares en los que gustan algunas cosas y en otros gustan cosas totalmente diferentes. No transito esta sensación que son los mejores o peores tomates, no lo veo así. Me pasa con películas de las que yo trabajo de las que me siento orgulloso y otras que no me vuelven tan loco (risas). Mirá lo que pasó con “El Secreto de Sus Ojos”, fue a un sólo festival importante -San Sebastián- y no ganó nada. Y después ganó el Oscar. Y es la película de la que más orgulloso me siento de haber sido parte, es muy relativo. No hay realidad única, además cuando se arma un festival los programadores están viendo cosas que nosotros no vemos.

-¿Creés en los premios o es pura subjetividad?

-Los premios reflejan la realidad cuando me los dan a mí (risas), es un chiste. Hablando en serio, hay subjetividad pero para nosotros que hacemos películas los premios tienen funcionalidad porque sabes que el efecto que tienen es amplificar la película en la cabeza de la gente. Ese valor para nosotros es muy importante. Te da pantalla, hace que la película viaje, tiene peso, tiene un contenido potente. Pero cuando no lo ganás o no estás nominado, no quiere decir que la película es mala sino que vieron otra cosa en otra película. A mí me gusta que existan las premiaciones porque logran volver a poner las películas en lugares interesante de la charla. Hay muchas películas que no se estrenarían fuera de su país si no recibieran Oscar. El valor que tiene es que gente que no habla de estas cosas hable de estas cosas, que haga que te acuerdes. Que vale la pena reconectarte con la experiencia de ir al cine.

“los premios tienen funcionalidad, porque sabés que el efecto que tienen es ampliar la película en la cabeza de la gente”


-Un hábito que se está perdiendo…

-No ir al cine, es ir a buscar algo que no lo encontrás en otro lado. Ahora hay muchas ofertas de contenido, entre ellas las series que llegaron para darles un sacudón al sistema y provoca que se reacomode. Imagínate que de producirse 120 series anuales, dos años después pasaron a producirse 600 anuales que es una exageración. Va a llegar un momento que no va a ver más, 600 bajará a 400 y sobrevivirán las propuestas más interesantes, las más potentes. Va a pasar eso como pasó con el cine, hay millones de películas pero no las ves todas. Sigue la naturaleza del consumo, el día tiene 24 horas y vos no ves cine las 24 horas, entonces nuestra pelea, como dice el director de contenidos de Netflix, es por el tiempo libre de la gente. Ahí llegás desde la relevancia, qué tan interesante es lo que estás decidiendo contar. Podés gastar millones de dolores en comunicación por una película y si la gente no la quiere ver, no la ve. Y si producís una serie y el primer capítulo no sedujo a la gente, no ven el segundo capítulo. Y te enterás que no va más cuando no anuncian la segunda temporada.

“ir al cine es ir a buscar algo que no lo encontrás en otro lado.”

-Participaste en series como “Casados con hijos “¿Cómo fue esa experiencia?

-Con “Casados con hijos” me di el gusto de crear, he adaptado guiones literalmente como el de “La Niñera”, pero en este caso quería poner colores locales. Usábamos los disparadores de los episodios y le poníamos historias familiares mías, de mi otro socio (risas) juntábamos dos episodios y dos disparadores. Queríamos ser el “anti Pol-ka” que hacía naturalismo y costumbrismo donde los buenos tomaban mate y los malos tomaban te o café. Actores que no se acordaban la letra, que improvisaban y, en cambio nosotros, teníamos guiones que se seguían a hierro. Franchella lo hacía tan orgánico que parecía improvisado pero se seguía un guion a rajatabla. ¿Quién no recuerda la peluca de Florencia Peña? Ese es un punto muy interesante, la peluca era ridícula pero tenía que ver justamente con eso, con ser lo opuesto a lo costumbrista, generó polémica pero funciona hasta el día de hoy en rating.

-¿Siempre sentís feeling con los proyectos en los que trabajás?

-Básicamente tenés que tener respeto por la mirada del otro y no querer imponer tu mirada de las cosas. Muchas veces participo en proyectos con los que lógicamente no coincido y no me importa, porque no tienen que reflejar mi mirada sino la mirada del director o del creador, sí, está bueno coincidir en que tipo de narrativa está buena para el proyecto.

-¿En qué instancia está tu próximo proyecto?

-Ya arrancamos y está buenísima, imagínate Campanella volviendo y haciendo una comedia, no tiene drama, te vas a reír desde el primer fotograma hasta el último (no se dice más fotograma ahora es frames).

-¿Qué estilo de comedia va a ser? Es difícil verlo a Campanella con una de gags…

-(Risas) Está llena de gags, nadie cree eso de Juan pero será así, es como una película de los hermanos Coen. Va a ser muy divertida.

“TENÉS QUE TENER RESPETO POR LA MIRADA DEL OTRO Y NO QUERER IMPONER TU MIRADA DE LAS COSAS.”

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