#Entrevistas | Clara Lago, Dominando la Imagen

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Es la actriz de moda en España y las marcas de belleza se la disputan, es un juego de niños -tal vez no el Minecraft-entender rápidamente el por qué.

De sólo observarla posar con naturalidad ante el fotógrafo, inmediatamente se capta la ductilidad que transmite y un notable dominio de la imagen. No obstante, no caeremos en la menudencia de describir su agradable apariencia, es que justamente esa sería apenas la punta del iceberg de una persona que siempre ha demostrado tener algo que decir por debajo de un tapado. Por ejemplo, cuando hace referencia a lo gratificante de realizar funciones solidarias para un Hogar de Calcuta modifica el tono de su voz, incluso su postura corporal, es la misma Clara que hablaba minutos antes con pasión de toda su profesión o de la excusa que nos convoca (el gran estreno de “Al final del Túnel”) pero sus ojos también se iluminan, percibe las injusticias de este mundo globalizado y capitalista y sabe que desde su “popularidad” puede contribuir. Ha sido consecuente con su carrera, lleva más de 15 años realizando cine y televisión de manera ininterrumpida desde su primera década de vida. El año pasado rodó la segunda parte de la exitosa “Ocho apellidos vascos” que la catapultó a la masividad, la película “Extintion” en Budapest junto al actor Mathew Foxx, y acaba de terminar “Órbita 9”, además de prestar su voz para “Hotel Transilvania 2”. Después de infinitas coproducciones con España en cine, al fin una española que no hace de española. Se le agradece al director Rodrigo Grande y, por supuesto, a Lago que consigue una notable interpretación. “Es la películas me limito a hacer mi trabajo, a hacerlo bien, pero hay algo que ni siquiera depende del resultado, hay películas que no son tan brillantes pero que de repente funcionan para un público masivo, y películas que son absolutamente geniales y la ven cuatro. La fórmula mágica para que todo sea un éxito en taquilla no la sabe nadie. Sino todo el mundo haría exitazos. Siempre digo lo que pienso, si tienes que promocionar una película en la que crees, realmente lo hacés con mucha más ganas y mucha más pasión”, cuenta.


-¿Cuáles fueron las razones para que decidieras venir a filmar a nuestro país?

-Me sedujeron muchas cosas de “Al final del Túnel”, el guión es una obra de ingeniería, se nota el trabajo de muchos años, con unos personajes muy bien creados. Por otro lado, mi propio personaje (Berta) es muy atractivo para mí. Es un reto absoluto, no sólo por tener que hablar con un acento que no era el mío, sino por interpretar por primera vez a una madre y qué madre. Durante la película es un personaje que sufre una transformación, no es la chica de peli que está para apoyar al protagonista masculino, ella misma tiene un viaje muy potente y una curva muy interesante como personaje individual.

Fotos Miguel A. Rosales Asistente: Rodrigo Rosales, make up: Victoria Fierro. Agradecimientos: Constanza Mavroyani (R. Flotta) y Carlos Ferrando
Fotos Miguel A. Rosales – Asistente: Rodrigo Rosales, make up: Victoria Fierro. – Agradecimientos: Constanza Mavroyani (R. Flotta) y Carlos Ferrando

-Hablabas del acento, sorprendió que con unos pocos días de trabajar con una “coach”, hayas conseguido el “porteño”. ¿Qué resultó más difícil, extraer tu propio acento o acostumbrarse al nuevo?

-Las grandes diferencias básicas como las “eses”, todo eso me resultaba todo más fácil, incluso la melodía estaba más familiarizada con ella y no me resultaba tan difícil. Si bien, a la hora de interpretar cuando estás haciendo parodia es más fácil ponerte así de “la coña” con los colegas, lo complejo es cuando debes poner la intención y uno tiene su propia manera de hablar en su idioma. No es una cuestión de acentos, acabo de decir “no sólo por una cuestión se acentos” (remarca la última palabra), es decir, tu enfatizas en ciertas palabras para darles una intención. Eso ya no es un acento, eso es tu propia manera de hablar. Mi problema venía cuando yo teniendo las bases del acento claras, me ponía a interpretar y en darle énfasis. Según qué palabra, se me iba a una tonada pero sin darme cuenta. Por eso fue muy importante tener a Eli, la continuista (script), que fue súper importante porque en ciertos matices no me daba cuenta.

-En pleno rodaje tuvieron varias complicaciones…

-Efectivamente tuvimos un “mogollón de problemas” (risas), hubo un par de semanas al final que me acuerdo que yo estaba esperando y no rodaba, siete horas allí y no grababa y me volvía a casa, pero al final todo se consigue sacar porque esa es la verdadera magia del cine. Nunca sabes cómo pero se acaba haciendo, es una profesión que no te metes si no es por vocación, no hablo sólo de la interpretación, cada departamento, cada persona que forma parte del proceso de una película está ahí porque es lo que ama hacer, de lo contrario no te metes ahí. Al final, aunque estés cansado y no puedas más, que lleves dos semanas haciendo 14 horas diarias llega un punto donde esa energía se contagia y hay algo que está por encima que es “la peli”. De repente cuando ya no te queda tiempo, parece mentira pero todo el mundo trabaja al 300 por ciento a favor de la película y todo sale. Es mágico.

-A lo largo de tu carrera no permitiste que te etiqueten porque fuiste eligiendo papeles disimiles entre sí. ¿Cómo te acercaste al personaje de una joven madre? ¿Consultaste a amigas que pasan por esa situación?

-La verdad es que no consulté, no me basé en nadie ni tuve referencias de nadie real, supongo que en el imaginario está en cosas que uno ha conocido, del propio bagaje vital. Lo que hice fue construirme una especie de biografía del personaje porque es verdad que tiene muchas caras, muchas aristas, pero tampoco están explicadas en el guión. Así como me parece un atractivo que no se le cuente al espectador todo sobre Berta, como actriz necesitaba saber desde donde venía y todo eso me lo inventé yo. Si tú te lo montas en tu cabeza y tienes claras tus circunstancias es como la propia vida, tú no la cuentas todo el tiempo permanentemente y, sin embargo, hay algo que está ahí y no tienes que explicar. También depende mucho de la visión del director, al final es la cámara lo que define lo que se desea contar.

-Decías, de algún modo, que por más que se te muestre públicamente nadie conoce el interior, como en España sos “asediada” por la prensa, alguna vez para sentar posición, citaste a Manuel Alexandre…

-Claro, un gran actor ya fallecido con el que hice mi primera película. Para él, “el éxito consistía en poder ir a cenar a cualquier restaurante cualquier día de la semana y volverte en taxi”. Es complicado a qué llamamos éxito, tener éxito en esta profesión normalmente conlleva una fama, una popularidad que tiene su lado maravilloso, como todo. Tiene su parte mega luminoso pero tiene esa otra parte. Por un lado, este trabajo lo hacemos para la gente, no tiene sentido interpretar si no lo viera nadie, si a la gente no le gustara lo que haces, hay un punto que cuando la gente se te acerca porque admira lo que has hecho. Por ejemplo, “tal personaje me tocó”, “me modificó” o simplemente “me reí mucho”…Eso es fantástico, eso es lo mejor que te puede pasar. El problema es cuando eso se hace masivo y pierdes la parte de intimidad, pierdes el anonimato, perder eso puede ser algo muy duro. En mi caso, como comencé a los diez años todo fue más paulatino.

“La felicidad se nutre también con otras cosas que no son el éxito, obviamente eso te facilita algunas cosas pero te impide otras.”

Fotos Miguel A. Rosales Asistente: Rodrigo Rosales, make up: Victoria Fierro. Agradecimientos: Constanza Mavroyani (R. Flotta) y Carlos Ferrando
Fotos Miguel A. Rosales – Asistente: Rodrigo Rosales, make up: Victoria Fierro. – Agradecimientos: Constanza Mavroyani (R. Flotta) y Carlos Ferrando

-¿Eso te permitió convivir con los medios de manera más natural?

-Sí, como he convivido siempre con eso he crecido, de alguna manera, siendo la niña de la tele, de tal serie…Fue así durante toda mi adolescencia y lo he tenido bastante interiorizado. Sé por compañeros míos que de repente han tenido un “boom” más de la noche a la mañana que es un proceso duro. Lo dice Ricardo Darín, “el anonimato es algo que se te da según naces y que no sabes valorar hasta que lo pierdes”, pero es el único “pero” que le puedes poner a esta profesión. Si llegas a ese punto es porque te va muy bien en tu carrera. Me considero una persona privilegiada, que no me puedo quejar, dedicarte a lo que más te gusta hacer y que encima te vaya bien es demasiado.

-El destino es inevitable, pero ¿tu vida sería igual si no ibas a ese café con tus padres a los nueve años? Aunque ya a los cuatro te subías a las tablas del colegio para hacer de ratita…

-Te has documentado (risas). Fue una cosa de flechazo, la primera vez que me planté en un set fue un amor a primera vista, recuerdo llorarle a mi madre diciendo “no me quiero ir a casa, por favor quedémonos con ellos a cenar”. Era en exteriores y habían cortado para “bocata” y no sé qué, yo ya había terminado y me tenía que ir porque al día siguiente tenía colegio. Para mí irme era como que me estaban arrancando de mis raíces y era la primera vez que lo hacía. Desde el comienzo fue como si de repente hubiera encontrado mi sitio, me sentí como un pez en el agua, el set de rodaje es uno de los lugares donde mejor me siento, es como mi casa, me apasiona de verdad mi trabajo. Soy una persona absolutamente privilegiada, incluso en esa parte de la popularidad, hay un reconocimiento que es muy bonito. Hace pocos días hemos estado haciendo unas funciones benéficas para una asociación que tiene mi tío en Calcuta, unas jornadas de improvisación teatral en Madrid (Improviciados), y en esta ocasión la hemos hecho para el hogar de las niñas. El mero hecho de tener popularidad te permite hacer cosas como estas, solamente por estar en la posición en la que estás puedes hacer este tipo de cosas para otras personas.

-Mencionaste este acto solidario para Calcuta, quería destacar que has sido consecuente en tu discurso con mirar al otro y ser crítica de las desigualdades del capitalismo…

-Intento serlo, pero es muy difícil ser coherente con lo que crees en este mundo que vivimos. Es decir, vivir en una ciudad como Madrid o cualquier capital del mundo y pretender ser coherente con tus ideales es imposible. Por ejemplo, para empezar todo el mundo tiene un Iphone y cuando te enteras como se hacen… (hace una cara de espanto) O con la alimentación, la sobrepesca, el maltrato animal, etc. Todo esto lo intento llevar más a rajatabla, pero es muy difícil con todo, la ropa, al final te pones a pensar y no sabes por dónde empezar para intentar ayudar. No obstante, por el sólo hecho de tener más voz, más popularidad intento que mi discurso sea pensando en que hay mucha gente que me sigue, que de algún modo te tienen como modelo a seguir. Si bien mira como te vistes, si de paso puede llevarse algo que le nutra de una manera más interesante, más interna, no tan superficial como lo otro, pues mejor. A veces es difícil cuando ―de cara a la prensa― estás en el punto de mira, basta que defiendas algo. Por ejemplo, yo digo que no como carne y lo intento, aunque de vez en cuando me como mi jamón, pero si te pillan ya te tratan de todo (se ríe) Es difícil ser absolutamente coherente con el discurso.

-No es tan difícil ser coherente con lo que se sueña. Alguna vez contaste que cuando eras niña, junto a tu madre habías sembrado ilusiones, por lo visto, se cumplieron todas ¿no?

-(Risas) Sembré ser actriz y efectivamente al día siguiente fue cuando en aquel café me encontré con la chica que trabajaba en Globalmedia… (recuerda ese momento que antes le mencioné). Hace mucho que no hago una noche de siembra, quizás como ya no vivo con mis padres desde hace algunos años y mi madre era la gran promotora de las noches de siembra. Hace tanto tiempo que no lo hago pero mira, la próxima le voy a decir: “avísame mamá y me hago una”.

-Es que siempre hay ilusiones para sembrar…

-En última instancia el deseo es ser feliz, como todo ser humano, si me pongo específica claro que puedo desear trabajos concretos. Así como antes tenía más claro eso de querer ser como “Penélope” (Cruz, actriz), llegar a Hollywood. Ahora mismo, creo que con la edad o con la propia experiencia vas viendo que la felicidad se nutre también con otras cosas que no son el éxito, obviamente eso te facilita algunas cosas pero te impide otras. Cada vez más se trata de seguir manteniéndome cerca de mi gente, de mi familia, de mi pareja (el actor Dani Rovira). Eso me nutre de una manera muy importante para mantenerme feliz y sana interiormente, como alineada. Si podría pedir pues sería seguir manteniendo ese campo personal cubierto. Y con poder elegir los proyectos en los que trabajar: “me doy con un canto en los dientes”. Eso ya es un gran privilegio en esta profesión (risas).

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