Eddie Fitte. Esos raros excritos nuevos

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En su honesto prólogo de “Los Lanzallamas”, Roberto Arlt proponía crear nuestra literatura “no conversando continuamente de literatura, sino escribiendo en orgullosa soledad libros que encierran la violencia de un ‘cross’ a la mandíbula”.

Evidentemente no cualquiera posee esa virtud de imantar al lector con un texto provocador como los del citado escritor y exponer con realismo, de manera magistral, las conductas de un sector de la sociedad tan repugnante como influyente. En esas apareció Eddie Fitte, primero repartiendo su desparpajo en la web y ahora estrenando su flamante libro de cuentos (editado por Planeta), donde mete el dedo en la llaga –más otras partes del cuerpo también- y corre el velo de seres que escupen máximas recurrentes como “este país está lleno de negros” y le imprimen colores a la hipócrita existencia con arco iris artificiales comprados con tarjeta. No lograremos saber si Eddie es o se hace, no tiene sentido averiguarlo, solo daremos algunas pistas en estas líneas para Revista Random.

Sobre su estilo, los elogios son variados, desde su colega Jorge Fernández Díaz hasta el cantautor Zambayonny que realiza el prólogo de “estas fábulas modernas de derrota sin redención”. “Es adolescente quizá, pero creo que son cuentos bastante punk. Tienen una actitud iconoclasta, rupturista o provocadora. Si buscás encasillarlo según el canon, caería dentro del hiperrealismo sucio, pero la verdad que clasificarlo mucho sentido no tiene porque pierde la virtud de ser inclasificable, que es lo que más me gusta”, admite.

 

Volviendo a Zambayonny, con precisión escribe que tus personajes están heridos de pertenencia y tus misiles apuntan al mundo superficial de las grandes ciudades. ¿Se fueron concibiendo bajo esa premisa o los escribiste sin reparar en esta crítica o denuncia permanente?

Escribo porque soy medio grafómano. Tengo la permanente necesidad -o costumbre, porque en realidad no llego a sentir la necesidad sino que sencillamente cuando me doy cuenta ya estoy sentado haciéndolo- de escribirlo todo. Creo que no escribí más que con la premisa de escribir, más como fin que como medio. Por lo general, lo que me lleva a escribir son los sentimientos de bronca, resentimiento, angustia o asco para con determinados tipos de personas o lugares donde se juntan estas personas. Y lo hago desde ese lugar: de criticar para sacarme el enojo. Creo que la denuncia es una consecuencia, no una premisa. Termino denunciando porque cuento algo que sucede y estaba oculto (o quizá no tanto).

Fotos: Gentileza E.F, Planeta y Artear Agradecimientos: Lucila Ivanoski y Cecilia Pintos
Fotos: Gentileza E.F, Planeta y Artear
Agradecimientos: Lucila Ivanoski y Cecilia Pintos

De igual modo, ¿No creés que decidiste explayarte en esa máxima borgiana que expresa “no nos une el amor sino el espanto” y es ahí donde lográs el impacto?

No se qué me une con la realidad que fue el caldo de cultivo de los cuentos. No se qué me unió con esa gente que dijo o hizo esas cosas que hoy son ficción pero que ayer eran rutina. A mí y a mis amigos sí nos unía el espanto que nos producía lo que nos rodeaba. Con la “alta sociedad” creo que tengo un magnetismo con esos círculos pudientes que es tan horrible como hermosamente productivo, en términos de escritura o literarios. Necesito “estar por ahí” para ver qué pasa, qué hacen y qué dicen, como para intoxicarme y después poder vomitarlo en algún cuento, o en un tweet, en lo que sea. Es raro. Soy raro, pero porque no me entiendo y es la forma más sencilla que tengo para definirme.

“Escribir cuentos me puede tomar un día entero. Por lo general, primero “voy por la vida”… apuntando frases que me indignen tanto al punto de causarme gracia.”

También estoy de acuerdo que buena parte de los cuentos explotan en las manos, cuando uno descubre el engaño es demasiado tarde, ¿Pensás así? ¿Qué te pasó con otras devoluciones?

Muchos me dijeron cosas similares: que sienten que están comiendo un rico cuarto de pollo y mientras lo están disfrutando se atragantan con un hueso. Eso me lo dijo un amigo librero, no es mía pero está buena la definición. Los cuentos nacieron y se terminaron todos en una tarde, en un momento. Quizá tengan ese vértigo y ese nivel de impacto y velocidad por la forma en la que fueron escritos, con vértigo y velocidad para que no se me disipara la sensación de resentimiento que me había llevado a escribirlos.

En tus agradecimientos hay palitos para diversos gallineros, incluso algunos se adivinan, arriesgo a que hay uno que te dejó en Orsai….Sin embargo, lo que podría haberte frustrado devino en este primer libro pero, ¿Qué aprendiste de todo ese proceso de rechazos o pseudo rechazos?

Mucho. Siendo una persona que escribe mayoritariamente por las distintas frustraciones que le produce el día a día, frustrarme siempre me fue y es muy útil. Siento que el mundo literario tiene demasiada histeria. Una editorial es una mina re díficil de llevarte a la cama. Lo que me parece innecesario es que te coqueteen tanto cuando de primera te pueden decir: “mirá macho tu proyecto es una mierda” o, que se yo, por ahí ni sabés si es una mierda y te dió paja leerlo y me podés escribir que estás tapado de laburo y punto. Pero aceptarme un par de tragos, mostrar buena onda, y después a los días siguientes clavarme el visto en todos los whatsapp no se hace…No sé si entiende la analogía bolichera, pero si se entiende, en el fondo está bueno porque de a poco vas aprendiendo a chamuyar. Ya de entrada te das cuenta cuando enfrente tenés a una “malco” (risas).

En la contratapa, Plotkin señala al pasar cierta influencia de Dan Fante en tus cuentos pero me animo a sumar incluso desde series de televisión como los Simpsons hasta las aventuras de Torrente, todo entra en un combo bizarro y de parodia. ¿Cuáles han sido tus vertientes creativas?

Consumo tantos libros como tele. No soy de esos boludos que siente que la tele es basura, aunque también adentro de la caja boba haya mucha mierda. Pero hasta lo peor de la tele me parece genial. Pero sí, de los Simpsons a Mad Men hay poco que no haya visto. Soy un gran consumidor de televisión, puedo pasar toda la tarde mirando “Intrusos”, cagándome de risa sin culpa. No me hace falta agarrar a Sartre para sentirme un fenómeno, si lo hago es porque pintó.

¿Cómo es tu rutina para escribir?

Escribir cuentos me puede tomar un día entero. Por lo general, primero “voy por la vida” -por decirlo de alguna manera- apuntando frases que me indignen tanto al punto de causarme gracia. Anoto características o clichés de las personas con las que estoy, cosas que me diviertan por lo insólitas o desagradables. Lo mismo con los lugares que visito, si hay algo que me parezca verdaderamente llamativo, lo apunto. Así, voy juntando características de personajes y lugares, y cuando se me ocurre una historia, una trama, lo vuelco todo de una tirada. Me cuesta mucho arrancar por la historia en sí, quizá porque me divierte menos. Me interesa más lo que orbita alrededor de una historia que la narración en sí. Una vez que me siento a escribir no paro hasta que sienta que ya está y se me ocurra un final. Puedo estar, y suelo hacerlo, escribiendo hasta que se haga de día, tomando algo tranquilo con música, un pucho y mi perro.

Exponer la desnudez de la alta alcurnia en esa suerte de realismo sucio que también exploró Claudia Piñeiro es otro de tus logros, sobresale esa mirada prejuiciosa y burlona del que más tiene hacia desplazados…¿De ver que el rico se ría del pobre? (Asiento).

Permanentemente. Es más que nada el motor de la bronca que produjo el libro. Pero a diferencia de Claudia, creo que yo nací ahí, vengo de ahí, y en mi infancia no conocí otra cosa que eso. La no realidad del country fue mi realidad mucho tiempo. El libro es, que yo sepa, el primero que viene de una voz “millennial”, como les gusta decirles ahora a los pibes de los ‘80 para acá. No me considero un “chico de country”, pero no me jode que así se me llame. Entiendo que estos cuentos son los primeros que ví que salen de adentro de la burbuja, por alguien que vivió ahí adentro y la sintió como real durante gran parte de su vida.

Decís eso y pienso en el protagonista de “Cara de Queso” de Ariel Winograd. En tanto, el cuento “Pirata Moderno” de tanta riqueza visual podría ser el motor del guión de una comedia negra, ¿Percibiste eso cuando lo escribías o cuando lo terminaste?

Quizá si lo hubieras conocido al verdadero pirata moderno -que no era muy distinto- y el lugar donde vivía y las cosas que hacía te hubiera salido igual. No percibí demasiado mientras lo escribía, se me salió tal cual era, muy vomitado todo. Lo que decís es muy cierto, y ojalá termine siendolo, pero en gran parte yo veo mi pasado como una película que por muchos momentos no puedo creer.

Con todo lo que reconocés, igual habrá algo autobiográfico que no se puede decir, aunque no podrás negarme que más de alguno de tu entorno se habrá querido esconder…

Me cuesta mucho creer en la idea de una ficción que no sea autorreferencial en algún punto. En mi caso creo que si fuera un vaso de fernet, sería 80% realidad y 20% de ficción. Por eso, más que esconderse, vinieron a preguntarme: “che, ¿éste soy yo?”. O más común: “che Eddie, esta frase de acá… ¿La anotaste de ese día que te hablé de fulano?”. Para mí es un libro. Punto. Ya está, pertenece a otra esfera y al que le quepa el poncho que se lo ponga. Sería muy de boludo venir a putearme por un cuento en el que te cambié el nombre y es imposible que alguien te lo adjudique. Y lo peor es que me pasó. Pero qué le voy a hacer, no puedo manejar la cola de paja de cada uno. Si tenés culpa andá a terapia, yo hace ocho años que me gasto 150 pesos en cada sesión. Tema tuyo (más risas).

Fotos: Gentileza E.F, Planeta y Artear Agradecimientos: Lucila Ivanoski y Cecilia Pintos
Fotos: Gentileza E.F, Planeta y Artear
Agradecimientos: Lucila Ivanoski y Cecilia Pintos

Con este libro bajo el brazo, ¿Cómo sigue la cosa?

Tengo dos libros más terminados, así que a su debido momento irán saliendo. Ahora quiero disfrutar de esto: de las puteadas, de las recriminaciones, de las risas, de las preguntas, me vuelve loco: es el sueño de mi vida. Pero no dejo de pensar en cómo se va a ver mi otro libro al lado de este. Le quiero dar un hermano. Pero… sí, mi único objetivo es siempre uno: divertirme. Laburando de periodista o escribiendo. Cuando deje de hacerlo, cuando ya no la pase bien, cambio de profesión. Es para lo único que muevo el culo, para reirme. Sino no salgo de la cama.

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