De Alaska a Ushuaia | Filosofía viajera uniendo los polos

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Foto: Santiago Ruiz

Nicholas Gault es inglés de 42 años. Viaja desde Alaska hasta Argentina en bicicleta. Vive en Australia y dejó su empresa para cumplir su sueño.

Era una noche de verano. Un domingo cálido en el mes de marzo. Filmabamos la vendimia en Guandacol, un pueblo a 380 km al oeste de la capital riojana. Después de un día de rodaje, tuvimos un problema técnico con una tarjeta de memoria en la que grabábamos imágenes y nos imposibilitaba seguir trabajando dos jornadas más. Mientras Cesar, nuestro amigo y propietario de la finca en la que parabamos ponía el fuego para un asado, fuimos al centro del pueblo a ver si conseguíamos una –advertidos por todos de que no encontraríamos nada abierto y si lo hacíamos lejos estábamos de conseguir una tarjeta de memoria. Tal cual nos dijeron, lo único abierto era una despensa que, a simple vista, no parecía poder resolver nuestro problema. Fue justamente en ese momento de incertidumbre y desgano que apareció Nick.

Eran las 21hs, ya estaba oscuro y el pueblo completamente desolado como todo domingo. Se acercó en su bicicleta llena de alforjas, con su piel toda quemada, una bandana en la cabeza y un rostro que denotaba agotamiento total, dejó su bici en la puerta, compró unos fiambres sin expresarse demasiado y antes de salir de la despensa ya estaba comiendo. Mi compañero y yo nos acercamos movilizados por la curiosidad. Muy simpático y amigable en pocos segundos estábamos conversando acerca de sus viajes, su día, y el cansancio que lo azotaba. En ese momento se nos ocurrió que podríamos invitarlo a compartir el asado con nosotros y cuando se lo propusimos, sus ojos rojos de cansancio respondieron antes que su cerebro le haga pensar en la desconfianza que implicaba acceder a una invitación a segundos de conocernos. Cuando llegamos a la casa de Cesar, entre otras charlas le comentamos nuestro problema. Sin dudarlo abrió su bolso y nos dio una tarjeta de memoria igual a la que tanto necesitábamos. Gracias a Nick pudimos seguir con nuestro trabajo y fuimos un poco más sabios después de escuchar sus aventuras y su profunda visión de la vida.

Foto: Gentileza de Nicholas Gault
Foto: Gentileza de Julián Olmedo

-¿Cuánto tiempo planeaste este viaje?

-Desde hace año y medio o dos. Fui buscando textos sobre viajes y aventuras en diferentes lugares y los iba guardando. Al final tenía como 50 cosas escritas y terminé eligiendo los tres que me parecieron más interesantes. Después, la preparación más dura fueron los últimos tres meses antes de comenzar.

-¿De dónde hasta dónde era el viaje original?

-El viaje fue planeado desde Prudhoe Bay, Alaska, hasta Ushuaia, en Argentina: todo a lo largo del océano del continente.

-Contanos como era tu vida antes de emprender este viaje…

-Elaboraba perfiles de candidatos para empresas… mis clientes son bancos de inversiones, expertos en tecnología y necesitan sistemas muy avanzados y los mejores técnicos para aplicarlos.

-¿Tu vida cotidiana era rutinaria?

-Sí, se podría decir, pero me gusta en realidad. Lo cierto es que no quise perder la oportunidad mientras aún soy joven (risas) de viajar. Puedo disfrutar físicamente del viaje y hacer más cosas. Tal vez en el futuro haga otras cosas pero no quise pasar esta chance.

-Desde que empezaste ¿Cuánto tiempo llevás viajando?

-Salí hace cuatro años y medio, pero tuve un descanso de diez meses. Estuve aprendiendo español en Guatemala por seis semanas…

Foto: Gentileza de Nicholas Gault
Foto: Gentileza de Nicholas Gault

-No sabías hablar español cuando empezaste a viajar?

-No, aprendí en el viaje y también he subido como 30 volcanes (risas). El Chimborazo fue el más alto, más de 6200 mts.

-Increíble… ¿además de Guatemala viviste en otro país de Latinoamérica?

-¡Sí! En Colombia. Lo que hice fue ir de Alaska hasta Panamá y compré una canoa de madera de 18 pies (unos U$D 200) y junto a otro chico que conocí, un americano loco, pusimos todo nuestro equipo adentro y remamos durante 18 días por la costa de Panamá hasta la frontera, a un lugar llamado Capurganá. Esto porque no hay camino entre los dos países, hay pura selva, guerrilla y tráfico de personas en esa zona. Conocimos unos españoles que lo hicieron pero les tomó como dos meses, una historia de locos.
Así que fuimos por la costa, pero en muchos lugares el mar tenía solo tres metros y había arrecifes donde las olas rompían fuerte; había mucho peligro de que se voltee la canoa y se pierdan todas las cosas. Mucha ansiedad.

-¿Cuándo llegaron a Colombia cuanto tiempo de viaje llevabas ya?

-Dos años. Y tuve una novia colombiana que conocí en Panamá. Juntos fuimos por la costa hasta la península de La Guajira. Ahí nos robaron, con pistola. Fue tremendo y lo peor fue que nos frustró la meta de llegar más al norte porque me sentí responsable con ella y no quise arriesgar más.

-En todo lo que llevás de viaje, cuántas mujeres habrán pasado…

-(Risas) Uf, tendría que sentarme a contar. No, es broma, no voy a contarte.

-¿Otro caso de inseguridad, robo, asaltos?

-En la costa me pasó dos veces. La segunda vez me robaron una cámara de fotos profesional muy buena: un muchacho de 14 o 15 años con un cuchillo. La costa de Colombia es tremenda, pero en ese caso la policía atrapó al muchacho… aunque la cámara no apareció nunca.

Foto: Gentileza de Nicholas Gault
Foto: Gentileza de Nicholas Gault

-¿Cuántos kilómetros promedio haces por día?

-Depende totalmente del terreno. Si es duro el camino puedo hacer unos 60 kilómetros; si es fácil, como una carretera, entonces puedo hacer 120. Por ejemplo aquí, la Ruta 40 es relativamente más fácil que las carreteras en Perú. Pero he llegado a hacer hasta 190 kilómetros en un solo día.

-Y hasta ahora, de todos los países que visitaste ¿En cuál te trataron mejor?

-Eso es difícil de contestar. Tengo memorias increíbles de muchos sitios, en cada país aprendí algo, he visto cosas hermosas y conocido personas “bacanas” también. Pero la verdad que me gusta mucho Argentina.

-No lo decís porque seamos argentinos, ¿no?

-(Risas). No, cada país tiene sus buenas y malas, pero creo que acá las personas son súper amigables y me siento muy bienvenido acá. En Colombia era así también pero…

-Te tocó estar en el lugar equivocado…

-(Risas) Sí, en ese momento, pero fueron las únicas dos experiencias malas que tuve. Las personas fueron súper amables, a veces llegaba a un pueblo y me invitaban a sus casas sin conocer nada de mí. Súper bien.

 “Háganlo si es lo que realmente quieren, y seguir tu propio sueño, tu propio corazón. ”

-Estuviste en situaciones peligrosas más de una vez…

-Sí!, En Alaska apenas comencé el viaje. El oso negro, esa historia la publiqué también en mi blog. Era el inicio de mi viaje, estaba en un tramo de Alaska de 800 kilómetros donde no se puede conseguir ningún tipo de servicios. Hay uno o dos cafés pero nada más. Y además está lleno de subidas y bajadas muy empinadas.
Armé mi carpa cerca de la medianoche, todavía tenía algo de luz solar porque es muy al norte, y fui a cenar lejos de allí con la bicicleta para no atraer a los osos justamente. Pero al regresar escuché un ruido que provenía justamente de la carpa. Un oso negro estaba adentro y la carpa totalmente descosida.
Lentamente fui hasta la carretera mientras el oso me perseguía. Me di vuelta y lo miré, estábamos literalmente a no más de dos metros. La noche anterior había escuchado una conversación sobre como enfrentar a los osos en una tienda mientras compraba alimentos, cosa que me sirvió muchísimo (risas). La regla de oro es no correr y fingir confianza porque los osos negros son mucho más agresivos que los café (grizzlis), o en caso de ser atacado, hay que fingir estar muerto.
Extendí mis brazos, abrí mi abrigo para aparentar más tamaño y comencé a gritar. El oso pareció asustarse, regresó a la carpa y se puso a romper mi bolsa de dormir. Intenté enfrentarlo de nuevo pero esa vez ya no funcionó (risas). Encaró para la bicicleta, ahí estaba toda la comida, en ese momento aproveché para buscar el gas pimienta que estaba en la carpa. Primero intenté gritar de nuevo para no gastar la carta del gas, que sinceramente era la última, pero lentamente el oso seguía avanzando hacia mí. Finalmente saqué el seguro y lo rocié. Funcionó, porque inmediatamente empezó a cabecear y se fue a unos metros de distancia a juntar coraje, seguramente para volver a atacar.
Por supuesto que no esperé, empaqué todo y me fui lejos, a una de esas subidas empinadas donde me atacaron los mosquitos. Nubes de mosquitos, lo peor del mundo. No tienen enfermedades ni nada, pero son muy molestos.
Al día siguiente pedalee 160 kilómetros hasta la siguiente tienda donde pude comprar otra carpa, por suerte encontré antes una cabaña en el medio de la nada donde me dejaron dormir en el suelo. Dormí 16 horas, estaba muerto, pero no cambiaría por nada del mundo esa experiencia.

Foto: Gentileza de Nicholas Gault
Foto: Gentileza de Nicholas Gault

-¿Otra experiencia al borde de la muerte?

-(Más risas) Sí, estaba en Centroamérica y, no sé bien explicar por qué, pero me agarró una obsesión por subir volcanes. Cuando pasaba con la bici los veía y me enamoré de ellos.
En un momento estaba en El Salvador –ya para esa época había subido como 14 volcanes- y como sabía que en ese país hay mucha violencia, llamé a la policía para saber que tal estaba la situación en el Volcán de San Miguel, si era posible subirlo sin problema. Me dijeron que me iban a acompañar los policías, sin cobrarme nada. Así fue como llegamos al pueblo al pie del volcán, ¡en un patrullero acompañado por seis policías!
Subimos tarde y llegamos casi de noche al cráter. Una cosa enorme de cinco kilómetros desde donde se podía ver toda la cadena de volcanes de El Salvador. Comenzamos a recorrer alrededor del cráter, pero había mucho viento como para quedarnos y decidimos bajar unos 100 metros.
En ese momento los policías me dicen que paremos. Yo les dije “¿¡Aquí vamos a parar!?”, porque el terreno era sumamente inclinado. Pero ahí nos quedamos y armamos una fogata para pasar la noche cuando de repente llegó una tormenta con mucha lluvia. Yo me envolví en un plástico –no podíamos armar carpa por la inclinación del terreno- y entonces fue cuando escuché un ruido súper fuerte y al mismo tiempo mucha luz. Literalmente sentí que pasó un rayo por mi cuerpo. Sentí un shock, electricidad. Pensé “¿Estoy muerto?”, pero mi corazón seguía latiendo, tenía mucha adrenalina. No tenía miedo en el momento, no tuve tiempo de pensar en el miedo, pero si vi a los policías que me rodaban y gritaban “¡Tenemos que bajarlo!”. Lo intentamos, pero no pudimos encontrar el camino de modo que esperamos en un pequeño lugar cubierto por un plástico, súper frio, a que llegara la mañana.

-Y no pudieron llegar a la cumbre…

-No, sí llegamos. Lo que no pudimos fue llegar al mirador. El comisario me invitó a volver a intentarlo al día siguiente… y lo hicimos.

-Me imagino que tendrás miles de anécdotas, pero ¿Alguna otra que quieras mencionar?

-Sí, muchas. Subiendo el Chimborazo en Ecuador, el punto más cercano al sol, por la forma de la tierra; el cruce de Baja California al México continental a través del Mar de Cortés: el capitán del velero que me llevaba, con todo respeto lo digo, no sabía muy bien lo que hacía y se rompió el motor el primer día de viaje, así que pasamos otros tres días viajando solo con el viento.

-Otra vez corrió peligro tu vida…

-Sí, la verdad que fue peligroso. Pero después, a 50 kilómetros de la costa, un viento terrible nos rompió la vela. Fue un momento terrible. El capitán se quebró los dedos tratando de salvar lo que pudo, pero logramos llegar.

En retrospectiva, después de salvarte de momentos muy duros, ver cosas tan lindas, tener tantas mujeres, ¿Qué cambió en vos por dentro, quizás espiritualmente?

-¿Cambiar? Uff, Sí. Tengo menos miedo de muchas cosas ahora. Me dio oportunidades de desarrollar mi propia filosofía, sin interferencia de otras personas porque puedo escuchar lo que quiero y educarme cada día. Practico la filosofía estoica.

El estoicismo es una doctrina filosófica que estaba basada en el dominio y control de los hechos, cosas y pasiones que perturban la vida, valiéndose de la virtud y la razón del carácter personal. Su objetivo era alcanzar la felicidad y la sabiduría prescindiendo de los bienes materiales.
Surgida hace dos mil años en el Imperio Romano, Zenón de Citio, Marcos Aurelio, Séneca, Epicteto, fueron sus representantes más famosos. Ellos sostienen que solo se debe enfocar en lo que se puede cambiar y no invertir emociones en cosas que no puedes cambiar.

-La sociedad tiene muchas ideas de cómo se necesita vivir, pero esa mentalidad de consumismo, de comprar cosas materiales todo el tiempo hace que personas trabajen mucho para gastar en cosas que no necesitan, que no los hace felices. Pero así es como veo yo las cosas, a cada uno le parecerá importante otras cosas.

Foto: Santiago Ruiz
Foto: Santiago Ruiz

-¿Le aconsejarías a un pibe de 20 años que haga lo mismo?

-Si tiene ganas de hacerlo, sí. Yo no sabía de estas cosas a esa edad, pero pienso que me hubiera encantado, tal vez esa época sería la mejor para emprender un viaje como este. Hay cosas que hice o riesgos que tomé que fueron totalmente innecesarios –Ir tan al norte en Alaska, recorrer La Guajira que es tan peligrosa, subir volcanes tan tarde en temporada de lluvia-, pero tú puedes escoger que tan riesgoso lo quieres hacer. Lo más riesgoso son los camiones en la carretera porque las estadísticas lo dicen, pero en la prensa esas noticias no se destacan porque son muy comunes. Háganlo si es lo que realmente quieren, y seguir tu propio sueño, tu propio corazón.

-O si no te vas a quedar con las ganas, que es peor.

-Sí (risas). Yo tengo cosas de las que me arrepiento y seguro que todos las tenemos. Pero solo podemos cambiar lo que tenemos adelante, nuestro futuro, lo que está en nuestro poder. Lo que pasó ya no podemos cambiarlo.

Nick, partió a la mañana hacia el Sur de Argentina. Su próximo destino: San Juan. La noche anterior, creíamos que lo ayudábamos a él, la verdad es que siento que el destino puso una excusa para cruzarnos. Lo invitamos a compartir la cena y le dimos un lugar donde descansar, él nos dio su tarjeta de memoria, junto con sus anécdotas y su visión de la vida. Claramente quedamos en deuda con él. 

Si querés saber más sobre Nick:
Instagram: @Nicholasgault
web: www.nicholasgault.com

 

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