#Entrevista | Blanca Suarez, muñeca brava

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Foto: Gentileza Netflix

“No hizo falta marcar girando el disco como en la infancia, ni tampoco llamar a una operadora al igual que en la época que está situada la serie “Las Chicas del Cable” (España, 1928). No obstante, la comunicación ese día parecía fallida, había personas involucradas haciendo el esfuerzo de sacar a flote una llamada entre Blanca Suárez -actriz y protagonista de la mencionada serie- y este entrevistador de Revista RANDOM. Que tal vez las antenas de telefonía, que las redes o los ataques informáticos, el día parecía complicado hasta que alguien sugirió un enlace que uniera Madrid con Buenos Aires y luego Córdoba.

Al tiempo entra un llamado con característica de La Rioja –aunque no provenía desde ahí- y me desconcierta aún más, pero una tal Pía prometía ponerme del otro lado de la línea con Blanca. Tras un par de minutos que supuse eternos apareció la risa de Suárez y se congeló el tiempo. Si creen que exagero, hagan la prueba de verla en el papel de Lidia Aguilar (en los 8 capítulos de “Las chicas…” por Netflix) y después me cuentan. Paradójicamente -en este melodrama- las protagonistas son telefonistas, no poder comunicarme hubiera sido un mal chiste. Alba o Lidia Aguilar –a quién le roba la identidad Suárez- intenta realizar la primera comunicación trasantlántica entre España y Estados Unidos y le cuesta un perú, aunque por otros motivos bien guionados.”

Hola Lidia u Alba, ¿Puede hacerme el favor de comunicarme con el alma de Blanca Suárez?-Por supuesto- contestó riéndose la actriz. Mejor no saber que habrá pensado. No se me ocurrió comienzo menos original ni tampoco cualquier mala metáfora que explique la realidad de tener a tiro a una de las pocas actrices europeas que puede sostener un primer plano el tiempo que quieras Al igual que una Marion Cotillard o Juliette Binoche, Blanca se ubica en el camino de esas musas que se cocinan a fuego lento y que terminarán explotando también en Hollywood. Además de tener con qué, posee la calma de sostenerse con los pies en la tierra. Esencial en la tierra del bótox y las “plastic face”.
Consultada sobre el presente que la tiene como protagonista de una historia coral –en simultáneo en 190 países vía streming- dice haber caído en la cuenta “sobre todo en momentos muy concretos”. “Cuando llega el momento de promoción de la serie y de repente te das cuenta que no tienes que promocionarla sólo en tu país, sino por el mundo entero, ahí tu tomas conciencia de cuál es el alcance en el proyecto en el que te has embarcado. En realidad nuestro día a día es ir a rodar ―no como cualquier otra producción―pero nuestra rutina es muy parecida a otros trabajos que hemos tenido”, admite.

Foto: Gentileza Netflix
Foto: Gentileza Netflix

-¿Qué sentís cuando observás que tu popularidad se va propagando?

-Al final te hace más gracias que otra cosa, es más bien anecdótico y curioso. Si bien se magnifica tu trabajo como actriz, son más bien anécdotas. Son cosas que ocurren y que te ponen en otra galaxia y eso te puede parecer curioso, tu vida y tu día a día consiste en rodar un personaje, ese es tu trabajo. No obstante, ser consciente que lo que has hecho se ve en 190 países y que tu cara puede estar en varias partes, aunque eso no modifique tu día.

-Al comienzo hacés de una mujer con dudosa moralidad, ¿Cómo definirías a Lidia (Alba)?

-Hay que partir de la base que a los personajes que se interpretan no hay que juzgarlos y decir si son buenos o malos. Simplemente hay que analizar las circunstancias de su vida de su personalidad, de las cosas que les han pasado y han forjado su carácter y su vida. A priori Lidia es una chica distante, fría, incluso que podría parecer interesada pero realmente ella es una chica excesivamente sensible, que ha estado muy enamorada. Sabe lo que es el amor y la decepción y la tristeza. La ha afectado haber dejado atrás un pasado que le ha hecho mucho daño y no quiere sufrir más. Cree que ha sufrido bastante y evita estrechar lazos como la amistad y relaciones personales. Nada que la pueda comprometer a ella. Por eso se muestra distante.

-¿Qué le aportaste de tus experiencias?

-Creo que al final los sentimientos que tiene Lidia son absolutamente humanos e universales. Creo que cada uno de nosotros somos seres sensibles en mayor o menor medida, el miedo a que te hagan daño, el miedo a tu soledad, lo ocurrido en el pasado. Lidia a pesar de padecer y ser extremadamente fuerte tiene mucho miedo al dolor y miedo a vivir lo atravesado. Es algo que podemos sentir cualquiera de nosotros.

-Se levantan banderas de igualdad de género, se denuncia violencia de género, ¿Cuánto pensás que se ha avanzado y en cuánto aún nos falta de la sociedad de los fines del año ‘20 donde está situada la historia?

-Voy a plantear un matiz, evidentemente desde el año 28 que está situada la serie comienza un movimiento femenino muy importante por la libertad, la defensa de los derechos, etcétera etcétera. Evidentemente desde ese año han pasado casi 100 años y se ha avanzado muchísimo. No se ha conseguido una igualdad perfecta y totalmente equitativa en todas las capas de la sociedad y en todos los países de este planeta, pero ―por supuestísimo―se ha avanzado y hay que saber verlo. Esto no quita que hay muchas parcelas por conquistar. Sabemos que el avance de la mujer en la sociedad no ha sido por igual, digo en lo que a mí me toca vivir que es en España. No obstante, se ha avanzado. Hay mucho por conquistar, estamos cojos de muchas cosas, sobre todo porque son cosas que tienen mucho arraigue, están muy consolidadas desde principios de los tiempos, de cientos de años. Quitar todas esas costumbres es muy complicado. No se puede hacer de la noche a la mañana, es un cambio prolongado, ojalá hubiera sido más corto. Y ojalá pudiéramos decir ya no hay que luchas más porque se ha conseguido. No, hay que seguir luchando porque hay mucho por conseguir. Pero también es muy necesario para tomarnos el futuro con ganas y con ilusión valorar el trabajo que han hecho estas “chicas del cable”, por poner un ejemplo. Por nuestras antepasadas y todo lo que se han jugado para que nosotras estemos hoy trabajando. Es importante ver ese vaso lleno para seguir llenándolo de cara al futuro.

-En la ficción, “Las chicas” del trabajan sobre un concepto de equipo. A pesar de una corriente individualista, se demuestra que hacerlo de esta manera puede permitir torcer realidades cuando se trabaja con el otro. ¿Qué te parece la idea de contagio?

-Absolutamente cierto, así debe ser en la vida. Esta serie plantea que cada personaje tiene una función y un carácter que complementa y rellena los talentos de las personas que tienen al lado. Las chicas del cable vienen de familias totalmente diferentes, de capas sociales que no tienen nada que ver y, sin embargo, se complementan perfectamente. Cada una tiene algo que a otra les falta, a veces puede ser el valor, el control, etc. Se ve en la primera temporada un aprendizaje de los personajes por las personas que les han colocado al lado y se van enriqueciendo poco a poco. Van tirando barreras, conquistando otros aspectos de la vida fusionándolos con el carácter y vivencias que traen los personajes de los que estamos rodeados.

Foto: Gentileza Netflix
Foto: Gentileza Netflix

-¿Qué método utilizaste para connotar el sufrimiento por amor que sufre tu personaje? ¿Amores personales que han herido?

-Es una mezcla entre muchas cosas, es inevitable que cuando lees un guión o empiezas a estudiar una determinada situación o una secuencia, es ineludible que tu cabeza se vaya a mil corazones de tu propia vida y vayas recordando. Todos hacemos comparaciones, vamos al cine y vemos una película y de repente nos llegan determinadas cosas. Sin querer nos identificamos con nuestra propia vida y nuestras propias experiencias. A la hora de interpretar a Lidia o a cualquier otro personaje es inevitable que esto ocurra. Además de esto contamos con una ventaja muy importante y es que las situaciones que interpretábamos estaban perfectamente descriptas. Tampoco era muy necesario abrir propios cajones y succionar demasiado o hacer mucha memoria y tener que recrear situaciones. Estaba perfectamente explicitado en el guión. Igual me ha pasado de decir “a mí me pasó algo parecido”. Es irremediable en la vida que esas cosas sucedan.

Esta serie plantea que cada personaje tiene una función y un carácter que complementa y rellena los talentos de las personas que tienen al lado.

-Después de tanto sufrimiento en la ficción, arriesgo que te refugias en Pistacho, Pelusa (sus mascotas) y Joel (su novio)…

-Tal cual, los tengo a todos (risas). Cuando salimos del rodaje una vuelve a su casa, soy de las que prefiero desconectar y olvidarse del día y de las chicas del cable. Ahí es cuando me siento en el sofá a ver una serie, bucear en Netflix o simplemente salir a dar un paseo y ser tú.

-Tenías 7 años y viste a dos amigos de la infancia como Nacho y Laura hacer teatro, ¿Cuánto ha tenido que ver esa experiencia?

-Cada situación que te va pasando en la vida y encontrando ―aunque ni te des cuenta siquiera―va a ser una nueva estructura que acaba soportando tu personalidad y en qué te conviertes en el futuro. Eso que mencionas del colegio, con mis amigos haciendo Katkandú (un personaje de loro) no sé si fue de los más importantes en mi vida. Es imposible a los siete años caer en la cuenta qué vas a ser de mayor. Ojalá haya alguien que pueda decir eso y sea cierto, yo no puedo. Sí, descubres que eso causa gracia y de repente empiezas a hacerlo y ahí te suceden cosas y una te lleva a la otra. Si hacés la vista atrás te das cuenta al final que esa ha sido mi vida, una secuencia de acciones o situaciones que van ocurriendo sin tú siquiera planearlo y desencadenan en muchos resultados. De repente te encuentras aquí, promocionando una serie de Netflix que se acaba de estrenar en 190 países. Es inexplicable porque hay veces que ni siquiera está en tu mano lo que ocurre en tu vida.

-Con una vida improgramable, casi no debería preguntarte por el futuro. Sin embargo, estás rodando de nuevo, ¿Cuáles son las expectativas?

-Prácticamente le estoy dedicando todo mi tiempo a rodar la segunda temporada de “Las Chicas del cable” y en los ratos libres se trata de no estar quieta. Porque sentarme en el sofá a esperar puede ser matador. Una vez que sale la pausa uno debe buscar, ojalá pueda viajar y trabajar de manera global aparte de España, eso no se sabe si ocurrirá o no. Ojalá que sí, pero trabajar de lo que uno le apetece es gratificador. De momento la mayor aceptación que hay cuando te dedicas a esto es rendirte al presente. Lo más cercano al futuro que puedo decirte es hasta el viernes que viene. Desde el viernes que viene no sé qué pasará de mi vida (risas). No sé qué voy a hacer en verano, a esta altura por acá hay gente que tiene pasajes o la idea sobre que hará, en cambio en mi vida es imposible hacer eso. Voy viendo cómo se va presentando mi vida y las cosas. Puede ocurrir algo increíble y mayor escala, por ejemplo te puede tocar ir mañana a Cuba a vivir porque te llaman o lo que sea. Es una sorpresa. Hay que ser cauto y aprender a disfrutar de todo esto.
Hasta hace poco tenías un blog y tu último post reivindica la filosofía del “carpe diem”.

-¿Pensás que la clave está en disfrutar los pequeños momentos?

Es la única manera de valorar los momentos, a veces nos centramos en el pasado y nos regocijamos con las cosas buenas que ocurrieron y vivimos de nuestros recuerdos o también nos regocijamos de las cosas terribles que hemos vivido y no salimos de ahí. A veces también nos la pasamos pensando en el futuro “si haré esto o lo otro”. Lo que te está pasando hoy ya lo está dando cuenta o forma parte del pasado y lo disfrutarás dentro de unos años solo al recordarlo. Sin embargo, a veces se nos escapa que hay que aprender a disfrutar si estás tranquilamente en tu casa preparando la cena y no pensar en vivir la semana que viene. Quizás hasta te quedes sin trabajo y te costará mucho pero podrás conseguirlo.

-¿Es posible una Blanca escritora? ¿Se viene un libro?

-No lo sé ni yo, pero ojalá (risas) Tú sabes, sería buenísimo.

Foto: Gentileza Netflix
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