Pablo Avelluto, Ministro de Cultura de La Nación

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Fotos: Mariano Michkin

Nació hace 50 años en Buenos Aires. Su formación fue toda en escuelas públicas desde el jardín hasta la universidad. Se define como un hijo de la clase media. Su padre de origen humilde y su madre profesional. “Paradigmática familia porteña de los años sesenta. Progre de clase media, más o menos de izquierda. A mis viejos les gustaba mucho leer y la música. Generaron influencias importantes para mí a pesar de que mi padre no había llegado más allá de segundo grado en la primaria. En mi casa había muchos libros y discos. Desde chico me gustaba leer.”

Estudió Ciencias de la Comunicación en la UBA cuando se creó la carrera en el retorno de la democracia. Recorrió el país como empresario de la industria editorial, entre ellas Random House Grupo Editorial y Estrada. “Me tocó publicar para numerosas editoriales a autores muy importantes argentinos. Prácticamente a todos. Te diría que fue una gran lección que me dejó este trabajo. Una máxima del medio editorial es que nunca confundas tu biblioteca con tu catálogo. Es decir, aquello que a vos te interesa no debe incidir en aquello que te toca publicar, del mismo modo que aquello que me interesa personalmente no debiera incidir en aquello que se programa o propone desde el Ministerio de Cultura.”

 “Nuestra visión apunta a reducir los prejuicios y no solo los de índole partidario, sino también los nacionales, los que existen entre los argentinos.”

-¿Cuál es tu arte preferido?

-Me gusta mucho la música, te todo tipo y época. El jazz en particular. Cuando terminé la universidad, mis padres me querían hacer un regalo y me ofrecían un viaje u otra cosa que yo quisiera y les pedí un piano. Un instrumento caro y difícil de tener.

-¿Sos buen pianista?

-(Risas) No. Malo, toco un poco mejor la guitarra.

-¿Cómo fue tu desembarco en la política?

Hace cuatro años, a partir de trabajar en el mundo editorial tomé contacto con referentes del PRO y tras dejar este ciclo de 20 años de estar en la industria editorial, me ofrecieron sumarme al proyecto Macri Presidente. Lo hice desde lo que sentía que podía aportar. Una mirada acerca de la cultura y el mundo intelectual. En particular en un tema que me interesa mucho: cómo se construyen y se disuelven los prejuicios entre las personas. El mundo cultural e intelectual era un mundo con prejuicios sobre la figura de Macri y también en torno a su figura, había quienes tenían prejuicios en el mundo cultural. Por mi trabajo y experiencia me parecía que era un ámbito en el que podía aportar.

Fotos: Mariano Michkin
Fotos: Mariano Michkin

-¿Trabajar en el mundo editorial previo a ser Ministro de Cultura de la Nación te volvió más sensible a los prejuicios?

-Sí, me tocó en esta época tan conflictiva y crispada en términos de “estás conmigo o en mi contra” que vivimos en el país. El mundo cultural no fue ajeno a eso. Fue un protagonista importante. Y para un editor era importante mirar más allá y publicar a todos. Eso hizo que me tocara ser el editor de Beatriz Sarlo, Horacio Vertbysky, Sandra Ruso, entre otros. Lo interesante del mundo cultural en eso, es que es un mundo en el que los prejuicios funcionan en otro orden. Lo que no sabía en aquel momento, es que me iba a tocar lidiar con unos y con otros. Cosa que me gusta, me parece muy interesante y útil en este momento.

-¿Cómo encontraste el Ministerio cuando asumiste, teniendo en cuenta el entorno político de aquel momento y cuál ha sido el cambio más importante o destacable desde que estás a cargo?

-Cuando llegamos hace un año, sabíamos que había mucho en juego en el plano simbólico. El kirchnersimo o los kirchneristas estaban orgullosos de su política cultural y otra parte de la sociedad tenía una visión muy crítica. Llegar fue complejo porque significó no solo desmontar los prejuicios de los otros sino también los propios. Fue un enorme aprendizaje para todos. No exento de errores y metidas de pata, pero sí claramente puedo estar orgulloso de que en esta gestión las diferencias partidarias no fueron un obstáculo a la hora de la convocatoria, el diálogo, la selección y la programación. Haber quitado la cuestión partidaria del primer plano de la película cultural fue algo que al final fue valorado. Veníamos de un momento en el cual la política cultural en muchos sentidos había tenido una impronta muy partidaria como la de medios públicos y privados. Eso generaba algunas distorsiones en el público. Parecía que solo te podían gustar artistas que pensaban como vos más allá de su obra. La identidad partidaria de un artista es tan legítima como la del otro que piensa distinto. Nuestra visión apunta a reducir los prejuicios y no solo los de índole partidario, sino también los nacionales, los que existen entre los argentinos en función de dónde viven, dónde nacieron, cómo les va económicamente o sus manifestaciones culturales. Cuando Macri habla de unir a los argentinos no habla de que todos pensemos igual, sino que podamos convivir en las diferencias. Las diferencias son un factor de enriquecimiento. Aprendo de los que piensan diferente y ahí está lo interesante. No es un camino de liderazgo que construye un gobierno, es un camino que construye la propia sociedad, la que nos marca el paso y la que se está transformando abandonando sus rasgos del siglo veinte e incorporando nuevas cuestiones más actuales y contemporáneas y menos ancladas.

-Un poco lejos de la Secretaría de Coordinación Estratégica para el Pensamiento Nacional de Ricardo Forster…

-A mí me interesan todas las versiones de la realidad. Cuando ves la cultura o la vida desde una perspectiva partidaria y sobreidelogizada te encerrás en una lógica de semejanzas y te volvés muy desconfiado de lo diferente. Lo interesante sucede en el encuentro con distintos. Es lo que nos conmueve, nos moviliza, nos hace pensar y nos emociona. Las misiones unívocas que te imponen o eso de que tenés que estar de acuerdo con todo, el dogma del manual que te dice cómo tenés que pensar desde la mañana hasta que te vas a dormir, lo entiendo en la lógica del siglo pasado. Muchos fenómenos políticos tenían eso. Nosotros no, y no me refiero al gobierno sino a mi generación, o buena parte de los argentinos que viven en esta época y eso hace que el sistema fluya de un modo menos trabado, traumático y crispado.

-¿Qué análisis hacés de nuestra Cultura a nivel global teniendo en cuenta las diversidades que conviven en el interior de Argentina?

-En Corrientes me tocó ir a la Fiesta del Chamamé. Nunca había ido. Un fenómeno que me impresionó. Los jóvenes son profundamente correntinos, argentinos y globales y todo eso ocurre a la vez. Siguen al chamamé, además tienen la cultura de la discoteca y se mezclan, todos saben cómo se baila, son tradicionalistas, son modernos y son contemporáneos. Me interesa mucho la idea de contemporaneidad. Estuvimos mucho tiempo enamorados o traumados por nuestro pasado. Es un momento que nos abre la oportunidad de enamorarnos del presente. Creo que la mejor versión de Argentina es la que está por ocurrir.

-La que podemos construir a futuro…

-Exactamente, estábamos muy nostálgicos. Cada uno elige su pasado perfecto, su mito. Los 80, 70, 60, 50 etc. Siempre parece que tiempo pasado fue mejor en Argentina. Personalmente creo que es el presente, porque hoy tenemos las herramientas de la construcción de un futuro diferente. Borges hablaba de un hombre al que le había tocado un tiempo muy duro para vivir, como a todos los hombres. O sea, no hay una época maravillosa a la que hay que volver. No dejo de sorprenderme con las manifestaciones culturales que se producen, se suceden en todo el país y sobretodo es muy interesante cuando desde el ministerio como herramienta, podemos poner en red al que está produciendo arte en Tucumán junto con el que está en la Patagonia o ver el proceso creativo de un músico en el Chaco y cruzarlo con otro en Buenos Aires o Cuyo. Al mismo tiempo contamos con tecnologías que hacen que ese contacto y ese diálogo sean mucho más fáciles.

-¿Qué acciones concretas, bajo la concepción que mencionás, realizaron desde el Ministerio en 2016?

-Hicimos una experiencia muy interesante con motivo del bicentenario de la independencia, una gran exposición que mostraba en estos 200 años, artistas argentinos que se habían manifestado en 4 temas: paisaje, abstracción, subjetividad y transformaciones sociales. Utilizamos la maravillosa colección del Museo Nacional de Bellas Artes, exposición que estuvo en Tucumán, Rosario y ahora está en Mar del Plata y va a seguir viajando. Nos preguntamos cual va a ser la visión contemporánea de todo esto, entonces buscamos un artista de cada provincia -como si fuera el Congreso de Tucumán de nuevo- que se manifestara en función de esos temas. Tan importante como nuestra historia, nuestro pasado y nuestras tradiciones es nuestro presente. Me parece interesantísimo el pasado pero mucho más el futuro.

“La cultura expresa en muchos casos las desigualdades e inequidades. La falta de oportunidades en nuestro país se ha desparramado de una manera muy desigual.”

Fotos: Mariano Michkin
Fotos: Mariano Michkin

-Sos amigo de la globalización y sus influencias en las culturas locales y regionales…

-Soy bastante escéptico de las ideas de pureza. Que hay algo puro ya sea una identidad y esencial o un folclore puro. Somos el resultado de una mixtura especial y eso es una riqueza, una oportunidad. Siempre fue así. El otro día evocábamos en Mar del Plata, los 50 años del Rock argentino. Cuando aparece el rock en castellano, mucha gente de aquel tiempo le parecía una influencia foránea, una distorsión de nuestra identidad, que era eso de usar pelo largo y ponerle guitarra eléctrica, bajo y batería a nuestras canciones, etc. Hoy forma gran parte de nuestra identidad. El rock es la banda de sonido de la vida de varias generaciones de argentinos y es la música con la que formamos muchos momentos en nuestras vidas, nos enamoramos, nos peleamos, nos ponemos tristes, bailamos y cantamos. No podríamos imaginarnos nuestra cultura sin el rock en castellano. Cualquier esencialismo achica. Más allá de que está bien que las tradiciones existan y haya diálogo entre el mantenimiento de algunas cosas y la innovación.
El “Cuchi” Leguizamón decía: “cómo pueden escribir folclore si no escuchan jazz y música brasilera, cómo vamos a hacer algo nuestro sin armonía con séptimas y novenas”. Y que justamente en el caso particular del “Cuchi” ha hecho de su música algo tan interesante y al mismo tiempo popular.

-En esta diversidad cultural que mencionábamos en Argentina, ¿cuál es tu diagnóstico del desarrollo de la cultura en las provincias del interior del país?

-La cultura expresa en muchos casos las desigualdades e inequidades. La falta de oportunidades en nuestro país se ha desparramado de una manera muy desigual. ¿Cómo generás mayor igualdad de oportunidades para quienes quieran desarrollar sus manifestaciones culturales? Ese es nuestro gran desafío. ¿Cómo hacemos para que las oportunidades sean para todos iguales? A veces las desigualdades no son solo entre porteños y provincias, son entre las mismas ciudades dentro de las provincias. Las desigualdades sociales también dicen los suyo, estar en una posición más o menos acomodada en una provincia te hace más desigual comparado con alguien que está en una situación de pobreza en el conurbano bonaerense, por ejemplo. La pobreza y la desigualdad son la mochila de nuestra generación, el objetivo primordial a resolver. Por otro lado, lo que tenés, son manifestaciones de talento impresionantes. Y es ahí donde tenemos que estar con el ministerio trabajando a través de convocatorias, cursos, becas, intervenciones, generando festivales, capacitación, acceso a la producción cultural. No importa si sos artesano o te dedicás al cine, música clásica, popular o al teatro, lo que importa es que tus chances sean parejas.

-Hay buena materia prima en materia de talentos artísticos…

-Estoy enamorado de esta época porque es impresionante el talento que emana. A veces, está más expuesto, otras hay que buscar un poco más, desenterrar. Diseñadores, artistas, gestores culturales de lo que se te ocurra. Este año asistimos a cientos de jóvenes para que produzcan y eso nos pone muy contentos. De eso se trata la administración de los recursos, volcarlos a la sociedad para que las oportunidades de acceso sean parejas para todos. El estado de esta manera cumple su trabajo, si se pone a determinar cuál es la doctrina oficial, ahí el estado está haciendo otro trabajo que es el que a nosotros no nos interesa. Lo importante es que la materia prima está y en esta era de remixes, ese talento se cruza con otras disciplinas. Tenemos un programa que se llama Plataforma Futuro que ayuda a quienes puedan armar proyectos culturales en los que intervengan más de una disciplina. Fomentamos la interacción entre lo diferente y la superación del prejuicio.

-Hablando más puntualmente de lo que pasa en las provincias del interior y según tu criterio, ¿Qué debería tener un gestor cultural que trabaja en el Estado?

-No confundir los gustos personales con los de la comunidad. El verdadero gestor está muy atento, escuchando mucho lo que pasa en su comunidad. A la diversidad de lo que existe allí. Hay que distinguir dos dimensiones que para mí son importantes: estar atento a las necesidades de consumo de bienes y servicios culturales y también, a las capacidades de producción y de generación. Sobre todo porque además tiene una dimensión económica, implica trabajo, divisas, difusión de la cultura en otros países y hasta puede significar innovación tecnología. Esas herramientas hoy están más accesibles, no para todos lamentablemente, pero ahí es en donde el Estado puede ayudar. Un gestor tiene que tener una idea y tiene que evaluar, ver qué rumbo tomar, y aceptar cuando mete la pata y genera actividades que no son particularmente atractivas. Tiene que estar con las dos orejas.

Fotos: Mariano Michkin
Fotos: Mariano Michkin

-¿Pensás que la cultura tiene que jerarquizarse desde lo más alto, ser una política determinante del gobierno?

-Sí, el Estado tiene que salir de una lógica decorativa de la Cultura. De convertir la gestión cultural en una mega gestión de eventos culturales. La política en muchos casos, cree que porque la gente asista a un show gratuito para miles de personas con un artista muy popular va asociar a su voto. La verdad es que no pasa eso. La gente es mucho más inteligente de lo que algunos políticos parecen creer. Los niveles de autonomía son mucho más altos. Todo es parte de un proceso que la sociedad va haciendo y con el tiempo va cambiando sus representaciones, como ocurrió a nivel nacional y como va ocurriendo en todo el país.

-¿Cuáles son tus perspectivas para este 2017 teniendo en cuenta los cambios que se están dando en Argentina?

-Va a ser un año de consolidación, sobre todo desde la perspectiva de la sociedad. Mi característica personal, que es que yo vengo del lugar al que voy. No comparto la idea de que los políticos ven a la sociedad como algo que está afuera de ellos: “El estado somos nosotros y allá está la sociedad”. Lo que se va a consolidar este año que comienza son esas transformaciones que la Cultura y la sociedad argentina vienen desarrollando sobre si misma desde ya hace unos años. Que no empezaron en diciembre del año pasado, venían dándose. Tres de cada cuatro argentinos tienen menos de 50 años. Es decir que la mayoría vivió las transformaciones de los celulares, internet, etc. Transformaciones que sus padres y abuelos en muchos casos no vivieron. Están muy comprometidos con que Argentina deje de generar ciclos de ilusiones y desencantos. Hay una voluntad transformadora real que expresa el gobierno, pero que primero nació en la sociedad y que tiene una enorme fuerza. En la medida que nosotros podamos honrar esa voluntad la gente seguirá apoyando, y si no lo hacemos buscaran que otros lo hagan. Es un proceso que ya está lanzado. La sociedad se fue hartando de vivir una sucesión de esperanzas y fracasos para luego regodearse en una lógica de “todo está mal”, “todo se va al carajo”. El momento en el cual tomamos conciencia de eso fue el 9 de julio. Teníamos 2 opciones: hablar de los 200 años que habían pasado y de todo lo pendiente, lo que había salido mal, lo que salió bien en estos 2 siglos de Argentina independiente. Y había otra opción: comenzábamos a vivir el tercer siglo. Los 200 años pasados ya sucedieron, con sus luces y sus sombras. El que empieza es aquel que nosotros vamos a poder modelar o intervenir y va a depender de nosotros y no de los que estuvieron antes. Va a haber muchas miradas puestas en el gobierno pero las más importantes son las que van a estar puestas en la sociedad. Cuál es la voluntad de la sociedad –creo que es enorme- por tener un país que se parezca mucho más al de sus propias aspiraciones. Y eso depende de todos, los contemporáneos, los que nos toca vivir en esta época.

“Va a ser un año de consolidación, sobre todo desde la perspectiva de la sociedad. Mi característica personal, que es que yo vengo del lugar al que voy. No comparto la idea de que los políticos ven a la sociedad como algo que está afuera de ellos”

-Un gran desafío.

-Enorme. Hay que estar a la altura de una Cultura que está demandando que esta vez va en serio.

-Una gestión con una impronta basada en la búsqueda del equilibrio…

-Sí, por eso le ponemos tanta pasión, tiempo y ganas. Estamos entusiasmados con la transformación que se está produciendo. Va más allá de una medida o la otra. Lo interesante es que de pronto los argentinos decidimos dejar de fracasar y eso, obviamente, nos pone la vara muy alta. Tenemos que estar a la altura de las expectativas. Al mismo tiempo saber que la sociedad está mirando tu voluntad y tu compromiso más que nada. Somos hijos de eso. Nos debemos a ese desafío.

-Para cerrar, ¿cómo te gustaría que los libros de historia te recuerden en 20 años?

-Como alguien que contribuyó a que tuviésemos menos prejuicios entre nosotros. A que descubriéramos que en el otro, el que no piensa como nosotros, hay un valor. Alguien que sumó para generar un espacio menos autosaboteador, crispado, menos violento y que desde la cultura ayudó a que todos los argentinos estuviéramos más contentos con nosotros mismos.

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