#Foto Del Mes | Bienvenidos A La Realidad (Aumentada)

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Un hombre enorme y desnudo entra en un bar&grill de motoqueros, el lugar está lleno de tipos rudos y con mala pinta pero al grandote parece no importarle nada, camina tranquilo mirando a diestra y siniestra como buscando algo.

En un momento se cruza con otro hombre casi tan grande como él y le dice “quiero tu ropa, tus botas y tu motocicleta”.

Todos conocemos esta escena de Terminator 2, una de las mejores películas de ciencia ficción de todos los tiempos, y todos sabemos que mientras caminaba por el bar, el T800 iba procesando y analizando la información de lo que veía para encontrar la ropa que buscaba –todo desde una insufrible visión rojo sangre-.


Eso es, más o menos, a lo que apunta este término de moda que es la Realidad Aumentada: aquello que percibimos a través de nuestros sentidos, analizado en tiempo real por una computadora. Ya no es la fantasía de un director visionario, es nuestro presente desde hace por lo menos cinco años.

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Con el lanzamiento de Pokémon GO a principios de julio, el mundo se detuvo en asombro frente a este juego que parece ser el futuro no solo de esta industria gigantesca sino de iteración social en general. Se trata de un programa que aprovecha las tecnologías de geolocación (GPS) y Googlemaps para crear un mapa virtual de una ciudad real y llenarlo de criaturas a las que atrapar. El jugador va con su celular a los lugares preestablecidos, y allí debe atrapar al pokémon que aparecerá en la pantalla del celular como si estuviera en el lugar real que se está filmando. Hay que atraparlos a todos.
Pero mientras el resto del mundo se sumerge en la tendencia, a la Argentina aún le queda esperar. Mientras tanto las tiendas online de descarga que anticipan Pokémon GO invitan a descargar Ingress, de la misma compañía, Niantic, y precursor de GO. Se trata de un juego muy social con toda la potencia de los multijugadores en red (MMOG) pero además en la calle, interactuando con gente en puntos de encuentro como plazas, parques y monumentos.

Con el lanzamiento de Pokémon GO a principios de julio, el mundo se detuvo en asombro frente a este juego que parece ser el futuro no solo de esta industria gigantesca sino de iteración social en general.

Niantic es de hecho un laboratorio de nuevas tecnologías vinculado a Google, con quien mantiene una relación de feedback: ellos se benefician de la tecnología de mapas del gigante de los buscadores, y a si vez, Google consigue Big Data de usuarios que juegan con sus prototipos. Todo en beneficio de un gran experimento social: los que se bajan y juegan Ingress no saben que en el fondo están aportando datos a Google que les permite averiguar las tendencias, los gustos y hasta los hábitos de la gente. Eso en términos de Big Data es un capital importante… y polémico: están monitoreando de qué manera la gente se mueve por la ciudad, en cuanto tiempo y por dónde.

El año pasado los famosos Googleglass intentaron llevar esta tecnología inteligente a nuestras vidas cotidianas. Fracasaron. Pero desde entonces el surgimiento de diferentes dispositivos visuales como los cascos o las gafas de realidad virtual están mostrando que ese prototipo no estaba en mal camino.

Rápidamente empezaron a salir voces de cautela y desconfianza frente a lo que este juego significa lo que muchos parecen olvidar es que hace tiempo que nuestras vidas cotidianas están dominadas por esta forma de interacción con la tecnología. Estamos online las 24 horas del día revelando a quien sabe quien más de lo que suponemos. Hace unos años no hubiéramos imaginados que requeriríamos de un GPS para ir a una dirección, ahora lo llevamos en el Smartphone, siempre a mano.
El año pasado los famosos Googleglass intentaron llevar esta tecnología inteligente a nuestras vidas cotidianas. Fracasaron. Pero desde entonces el surgimiento de diferentes dispositivos visuales como los cascos o las gafas de realidad virtual están mostrando que ese prototipo no estaba en mal camino. No son pocos los que pronostican un futuro en el que caminemos por las calles mirando una realidad llena de anotaciones, pop ups y hasta objetos y personas que no están realmente allí. Nada muy alejado de lo que James Cameron plasmó en el cine, 24 años atrás.

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