#FotoDelMes | Aylan Kurdi: la crueldad y la culpa

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La foto que decidimos publicar muestra a un oficial turco llevando en brazos el cuerpo sin vida de Aylan Kurdi, el pequeño niño sirio que se ahogó al intentar escapar con su familia de la crueldad de la guerra civil que atraviesa su país.

Existen otras tomas, más impactantes tal vez, pero hemos decidido que esta es lo suficientemente poderosa. En este artículo intentamos reflexionar sobre la crisis humanitaria y las repercusiones y responsabilidades que le caben a la sociedad occidental.

Occidente parece haber despertado de golpe a la realidad brutal que significa la crisis humanitaria de los refugiados con una serie de fotos tomadas en Turquía luego de que una de las precarias embarcaciones que transportaba sobrevivientes de la guerra siria perdiera a 12 pasajeros en el mar. Hace tres años que hordas de migrantes esperan y se acumulan en las fronteras de Europa, provenientes de las guerras civiles que estallan, terminan, mutan y comienzan de nuevo en el mundo “islámico”; pero es importante recalcar que esta crisis por los inmigrantes de los países de la periferia económica es un drama bien entrado en décadas.


Entonces aparecen unas fotos desgarradoras, de esas llamadas a volverse símbolos universales y repetirse hasta el cansancio, de un niño pequeñito, en el comienzo de sus años, depositado en la playa por las mismas aguas que lo separaron de su familia. Está muerto. Un oficial turco burocratiza la escena garabateando algo en una planilla antes de recoger el cuerpito del pequeño y llevárselo.
Antes de eso, otra foto mostraba cientos de puntos oscuros que asomaban por sobre las olas del mar libio. Eran cabezas de hombres y mujeres, náufragos en su periplo hacia un lugar donde la muerte no fuera segura, que poco a poco irían desapareciendo hacia el fondo del mar. En ese momento nadie ayudaba porque, bueno, las cabezas no parecían cabezas sino puntos oscuros, y además representaban mercadería no deseada, que de ser confiscada en las puertas de Lampedusa o Marsella o Gibraltar o Grecia, serían regresadas al infierno del cual provenían.
El pequeño Aylan Kurdi, en cambio, tenía forma clara y visible, un nombre y una historia de la que trataba de escapar con su familia cuando ocurrió la desgracia. ¿Y de que escapaba la familia Kurdi? De la guerra civil siria, por supuesto; de Estado Islámico, claro; de las ruinas económicas de su patria, seguro que sí. Bueno, pues Europa es culpable de las tres cosas.
Sentados en escritorios lujosos, a los gobernantes de la gran Unión Europea les costó comprender qué repercusiones cabría esperar por su intromisión en otros países, en otras culturas. Claro: el “terrorismo” estaba previsto, ¿pero que hay de los desplazados? Desestabilizar un país o un región tan intrínsecamente conectada como lo es el mundo árabe no puede salirle gratis a nadie y ahora esos árabes protagonizan un éxodo cuyo resultado a largo plazo es incalculable.
La foto Aylan Kurdi, que parece haber doblado el brazo de los más recalcitrantes opositores a la apertura de fronteras en la Europa occidental –Europa del este es una historia totalmente distinta, con una postura altamente intolerante y racista- solo hace pensar en cuantos son, en estos últimos tres años los niños que cómo él perdieron la vida tratando de llegar ese destino de fantasía. O cuantos son los millones que esperan en campos de refugiados gigantescos de África y Asia, muy lejos de la realidad que todos vemos en las noticias.

La foto Aylan Kurdi, que parece haber doblado el brazo de los más recalcitrantes opositores a la apertura de fronteras en la Europa occidental –Europa del este es una historia totalmente distinta, con una postura altamente intolerante y racista- solo hace pensar en cuantos son, en estos últimos tres años los niños que cómo él perdieron la vida tratando de llegar ese destino de fantasía.

Lo peor es que los dirigentes europeos no se equivocan al plantear este desplazamiento masivo de humanos como un problema. Europa no está para bollos ¿o acaso no estaban cortando clavos con los dientes frente a la situación griega apenas unas semanas atrás? La llegada de millones de personas no va a calmar precisamente los ánimos. Pero además esta no es la solución. Es decir: si la UE –y amigos- piensan que pueden seguir desestabilizando naciones o apoyando facciones para obtener réditos económicos, entonces se van a despertar un día para darse una sorpresa peor que la actual. Un niño desplazado lo dijo mejor que nadie: “Nosotros no queremos ir a Europa, paren la guerra”. Bregar por la estabilidad en la región, su autonomía y su desarrollo, es la mejor apuesta.
Una nota aparte: la historia de los desplazados es la historia de Europa. Así se construyó étnicamente el continente actual cuando pueblos enteros forzaron su ingreso al Imperio Romano, primero, y al Sacro Imperio Germánico después. Harían bien en recordarlo la próxima vez que le cierren la puerta al prójimo.

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