#FotoDelMes: Plutón, la útlima frontera

0
410

Para los noctámbulos incurables que buscamos cómo pasar el tiempo entre la caída y la salida del sol, estos últimos días nos regalaron una curiosa compañía. Descubrimos que la página de la NASA estaba transmitiendo las imágenes del recientemente hiperfamoso viaje de la sonda New Horizons en su aproximación al ex planeta Plutón.

Algunos le dimos algo más de bola y nos pusimos a leer y hurgar un poco más. Lo que descubrimos fue fabuloso. Hasta no hace mucho, los pobres mortales éramos educados en la creencia de que Plutón era el noveno planeta de nuestro sistema solar. Un día, sin embargo, esos mismo mortales se levantaron para descubrir que a la omnipotente Ciencia le había ocurrido una epifanía y Plutón ya no merecía esa denominación. Tal cual le ocurriera a su homónimo dios griego, Plutón el ex planeta fue descartado al inframundo galáctico.

Desde entonces, la gente de la tierra se indignó, hubo protestas y escándalo en todo el mundo, guerras y revoluciones que trajeron el fin de dictaduras antiquísimas. Y nada de eso tuvo que ver con Plutón. ¿Qué pasó? ¿Nadie iba pararse por los derechos de esa pequeña bola de metano congelado?
Repasemos la historia y veamos que pasó. Resulta ser que tras el descubrimiento del último gigante, Neptuno, en los cielos solares, los astrofísicos creyeron percibir una leve irregularidad en su órbita y predijeron que otro planeta, desde entonces el planeta X, debía ser el culpable y correspondía descubrirlo.
En ese faena se enfrascaron durante décadas los exploradores del cosmos hasta que en 1930, un astrónomo aficionado pero sumamente brillante llamado Clyde Tombaugh que trabajaba en el observatorio Lowell de Arizona, EE.UU., descubrió una pequeña entidad móvil en la esquina más alejada del sistema solar. Era el planeta X, Plutón para los amigos.
Pero al poco tiempo, los expertos comenzaron a ver que algo no andaba bien. Los cálculos de masa y volumen del objeto no parecían augurar algo muy grande y las estimaciones más optimistas lo hacían del tamaño del continente asiático, mucho más pequeño que nuestra Luna. No parecería ser el ominoso planeta capaz de perturbar a Neptuno, miles de veces más masivo y, se sabría luego, quien en realidad influía en Plutón y no a la inversa.

A medida que se sabía más, Plutón se presentaba como un verdadero excéntrico, nada era simple con este “planeta”. Se le descubrió un satélite, Caronte, pero este era tan grande -la mitad de su captor- que el eje de rotación de ambos no estaba en el centro de Plutón sino sobre su superficie. O luego se supo que la órbita solar de Plutón no es plana como la del resto de los planetas sino que se salía de curso y pronunciadamente elíptica, lo que a veces conseguía que el pequeño se acercara al Sol más que Neptuno.
En realidad el problema fue que Plutón estaba demasiado lejos. Cuando la tecnología -como el telescopio espacial Hubble, lanzado en 1990- mejoró, se descubrió que este planeta no estaba solo sino que pertenecía a una zona llamada Cinturón de Kuiper, una región en los bordes de la heliósfera donde esperan pacientemente pedazos de roca y materiales que no consiguieron formar planetas y que de vez en cuando son liberados en forma de cometas.

A medida que se sabía más, Plutón se presentaba como un verdadero excéntrico, nada era simple con este “planeta”. Se le descubrió un satélite, Caronte, pero este era tan grande -la mitad de su captor- que el eje de rotación de ambos no estaba en el centro de Plutón sino sobre su superficie.

Publicidad

Plutón era, en el mejor de los casos, el más grande de estos restos protoplanetarios, pero ya no podía llamárselo un Planeta propiamente. Se redefinió el termino y se degradó al querido Plutón a la categoría de Planeta Enano, e incluso se oficializó el término “plutoide” para llamar a estos cuerpos celestes. Más no se podía hacer.
Pero eso no quita que lo científicos de todo el mundo -pero en realidad solo los de la NASA, que financian semejantes ideas- se sintieran duramente desafiados cuando una serie de estampillas emitidas por el Correo Estadounidense para celebrar la exploración espacial, mostrara una imagen vacía de Plutón con la leyenda “aún no explorado” debajo.
Durante los noventa, más de 6 proyectos se presentaron para viabilizar un viaje tan lejano y costoso. Finalmente, en 2006, un cohete lanzado en Cabo Cañaveral inició las peripecias del New Horizons, una nave espacial humana que viajaría por todo el Sistema Solar durante más de nueve años para llegar al increíble 14 de julio que todos supimos conocer.
La sonda llevaba dentro una estampilla de “Plutón no explorado” y junto a ella un poco de las cenizas de Tombaugh, a quien no le habría hecho nada de gracia enterarse que SU planeta ya no era más un planeta. Excepto que, claro, Tombaugh ya había muerto hacía un buen tiempo cando se tomó ese decisión.
No tenemos ni idea que habrá visto o sentido cada uno cuando vio las primeras imágenes en alta definición de Plutón. Nosotros pensábamos, mientras a fuera salía el Sol, que estábamos viendo algo a 7 mil millones de kilómetros por primera vez. Pensábamos que como raza podremos tener mil defectos pero que si éramos capaces de hacer algo así, entonces algo debíamos valer en este universo.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here