La Sensibilidad, un Recurso Inesperado

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La sensibilidad se presenta muchas veces como algo incómodo, angustiante, y muchas veces se presenta de manera desbordante. En este último caso deseamos con todas nuestras fuerzas que todo pase lo más rápido posible.

Cuando decimos “estoy muy sensible“ con una connotación negativa, sin darnos cuenta, estamos haciendo una afirmación que nos inhabilita a ver algo que nos está atravesando y que puede ser muy poderoso. No reparamos en que estar sensible puede ser la llave para salir de la gran crisis de vinculación que transita hoy la humanidad.

¿Qué pasaría si abordáramos la sensibilidad desde otro ángulo?

Poco a poco las personas vamos incorporando saberes como por ejemplo la interrelación entre la mente y el cuerpo, la energía personal y su percepción, la relación entre una enfermedad y un hecho no asimilado, la conexión casi mágica entre un pensamiento espontáneo acerca de alguien y en el mismo instante un llamado de esa persona. De esta manera empezamos a percibir cierta conexión entre nuestra forma de percibir y de pensar. Aunque se presente de manera aislada, hay algo de nosotros que comienza a advertir vinculaciones invisibles entre situaciones concretas. Veamos esto como una inteligencia que va despertando.

Nos encontramos entonces ante la posibilidad de relacionar algunas expresiones con recursos internos que si los investigamos, nos otorgarán otra disponibilidad en nuestra vida. Uno de esos recursos es la sensibilidad.

gaby-8Es nuestra tarea en este despertar, percibir la realidad desde una profundidad mucho mayor a la que estábamos acostumbrados. Venimos de una forma de vivir que hasta ahora nos resultó muy funcional: la mente se acostumbró a modificar el mundo externo para poder sobrevivir. En otras palabras, cuando sucede algo en el mundo externo diferente a lo que esperamos ver o escuchar, nuestra mente nos anuncia mecánicamente “peligro “ y activa un funcionamiento controlador. Esta reacción, que no es otra cosa que una simplificación de la información, nos separa; yo acá y vos allá. Y si no puedo controlarte, cambiarte, o manipularte según mi conveniencia, me generás impotencia y enojo. Así que mejor te rechazo, me separo, me desbordo, me sensibilizo, etc. Conclusión: no supe conectarme. Este comportamiento llevado a grandes escalas, nos puede conducir a sufrimientos, guerras, ausencia de crecimiento, y/o de evolución.

Dicho esto, podemos plantear la existencia de dos inteligencias: una que percibe interacción -“eso que hiciste repercutió en mí”-, y otra que percibe conflicto -“vos hiciste eso y ahora tenemos un problema”-. La primera inteligencia. al percibir una situación diferente, investiga cómo puede relacionarse, unirse. La segunda en cambio ve ataques tácitos y su conocida reacción de respuesta. Pero lo importante es que en ambas, el mensajero fue la sensibilidad.

Si nos abrimos a estas ideas, la sensibilidad tiene una doble función: por un lado permitirme observar mis reacciones cuando me sensibilizo, y por otro me permite elegir qué camino tomar. Si la primera reacción ante nuestra sensibilidad es el desborde, inmediatamente juzgamos a la parte que ocasionó nuestra reacción, porque claro, ese juicio nos da la falsa percepción de que al juzgar o rotular (ejemplo: “es un violento”) se nos vuelve a armar una seudo estabilidad frente al otro, entonces nuestra mente se tranquiliza. Pero nos imposibilitó vincularnos y lo peor de todo, nos paralizó, porque ni bien había comenzado a desplegarse la energía de una experiencia, el juicio de valor la congeló y dejamos de sentir.

gaby-piccoliEste nivel de percepción en el que cualquier cosa diferente que no podamos controlar se convierte en un enemigo, ya puede ser reemplazado por otro más inteligente que no vive en estado de alerta, sino atento y con ganas de aprender a vincularse maduramente. La buena noticia además es que dejar de decretar la destrucción en cada situación que no comparto, puede ser un movimiento individual que seguramente afectará a lo colectivo.

Te propongo entonces empezar a mirar lo diferente desde la potencia, en lugar de la impotencia. Empezar a sentirnos seguros en aquellas situaciones en las que no podamos imponernos o controlar. Esto necesita de una disposición interna, podemos entrenarnos armando un día, una hora o un minuto, desde este punto de vista. A partir de ahora podemos pensar que nuestra sensibilidad nos indica que se abrió una oportunidad; me está anticipando que puedo construir un vínculo aunque en ese momento no lo sepa. La sensibilidad nos llena de poder desde el momento en que nos da la posibilidad de rescatarnos de una vida en la que solo intentamos sobrevivir.

Como ejercicio personal, podemos poner luz en nuestros propios aspectos, registrar alguna experiencia concreta en la que hayamos vencido el miedo a lo distinto, en la que hayamos podido entretejernos sin habernos autolimitado. Abrirnos a la posibilidad de que nuestra capacidad para relacionarnos es ilimitada, nos convierte en personas útiles.

Si hoy me comprometo a tomar decisiones desde esta inteligencia más madura y más útil, podré verificar que si yo, que soy una persona común pude despertar y conectarme con mi propia inteligencia vincular, muchos otros seres también tienen la posibilidad de hacerlo. Entonces también nos abrimos a una esperanza mayor. El futuro puede ser otro. Y no porque lo dejo en manos de otros, sino porque asumimos nuestra propia tarea.

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