Gonzalo Rodríguez Pereyra

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FILÓSOFO FOR EXPORT

La adolescencia, etapa de descubrimiento y algunas revelaciones, fue el momento de la vida en el que aquel joven de quince años supo que esos libros de filosofía que se encontraban en la biblioteca de su padre, tenían reservado para él mucho más que la curiosidad momentánea. A pesar de no entender claramente el contenido, había un llamado a seguir por ese camino de la reflexión y las preguntas; llegado el momento, aquel descubrimiento influyó. Sus compañeros elegían las carreras más tradicionales para estudiar y lo rodeaban de preguntas del estilo: ¿De qué vas a vivir? La filosofía ganó la pulseada y encontró a Gonzalo dejando San Luis en donde nació y vivió hasta terminar su secundario para trasladarse a Córdoba a estudiar la licenciatura en filosofía. De esto han pasado poco más de veinte años, hoy vive en el Reino Unido, ejerce la docencia en la tradicional Universidad de Oxford ―lugar en el que también vive― y a San Luis vuelve tres veces al año.

¿Cómo es llegar a una universidad tan tradicional como Oxford?

Primero hice mi doctorado en Cambridge y es tan tradicional como Oxford, es muy diferente a lo que conocemos acá, incluso en el mismo Reino Unido si uno estudia en Liverpool, Manchester o cualquier otra universidad; la experiencia es muy diferente a estas dos porque son muy tradicionales. Hay cuestiones medievales todavía pero interesantes y el modelo es quizá el acertado, ya que la enseñanza es personal, a veces individualmente o en grupos de dos o tres personas. El estudiante se beneficia muchísimo.

¿Tu trabajo tiene que ver con lo académico y la investigación?

Sí, tengo publicaciones y esa es la manera de comunicar mis pensamientos, en las universidades se espera que los profesores publiquen.

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¿En qué estás trabajando actualmente?

Estoy escribiendo un libro sobre (Gottfried) Leibniz, un filósofo difícil sobre el que ya he trabajado y un tema que me atrae para más adelante pero no quiero comprometerme ahora hasta no terminar con esto. Se trata de “el valor del conocimiento”, por qué valoramos el mismo. Ya Platón discutía sobre este tema, muchos piensan que el conocimiento es valioso o valorable porque si uno conoce algo tiene una creencia verdadera sobre eso y las creencias verdaderas son valiosas porque actuar en base a ellas te da más posibilidad de tener éxito en lo que busques…O tal vez no, pero es menos probable.

¿El conocimiento es accesible a todos?

Si alguien quiere tener poder absoluto va a intentar que el conocimiento no llegue a todos porque conocer da poder, pero el conocimiento es un derecho, desde mi lugar de docente aspiro a compartir conocimiento pero hay una tensión entre lo que conviene y el derecho de las personas.

¿Qué pensás del poder?

El poder que me interesa es el poder sobre mí mismo.

En una sociedad de consumo ¿Qué espacio queda para la reflexión, la filosofía?

No quiero hacer un antagonismo entre una y otra, no veo porque no pueden ir juntas, es cierto que si estás todo el tiempo consumiendo no vas a reflexionar pero también existen sociedades en las que estás todo el tiempo trabajando para satisfacer tus necesidades más inmediatas. No es una sociedad de consumo pero las carencias son tales que no tenés tiempo para reflexionar, ni siquiera para consumir, entonces digo: la reflexión es una decisión individual.

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Te parece que en estos tiempos la felicidad es mostrada como un bien, un objetivo ¿hay un marketing de la felicidad?

En realidad me pregunto si realmente hay una idea clara acerca de que es la felicidad ¿Pasarla bien? No creo, habría que ponerse de acuerdo en que es, antes de postularla como objetivo de la vida creo que no es una perspectiva muy tradicional, en otras culturas se sostiene que no es el sentido de la vida supongo que para la persona Cristiana no es ese el objetivo, si no acercarse a Dios y en todo caso será una consecuencia pero no lo que se busca. La felicidad como objetivo es un mal objetivo cuando un padre le dice a un hijo: “Sé feliz” es un consejo vacío ¿Cómo lo aplicas?

¿Cuál es el misterio más grande?

El sentido de la vida pero te aclaro que no es sobre lo que yo pienso o trabajo cuando hago filosofía, la filosofía no trata de dilucidar misterios, trata de solucionar problemas, es una disciplina teórica muy abstracta como la matemática. El filósofo trata de solucionar problemas filosóficos que si están formulados claramente tienen que tener una solución clara y sencilla.

¿Puede ser claro un filósofo?

Trata…los buenos logran serlo, no creo en la filosofía oscura, la gente cree que lo oscuro es profundo, lo oscuro no se sabe que es, por lo general es producto de la confusión. La claridad es producto de la certeza, de la comprensión, del entendimiento quizá es lo que menos seduce al gran público. Hay un mercado para la oscuridad y eso es más fácil porque en la confusión no hay nada que entender, por lo tanto todo el mundo va a creer algo distinto y creer que comprendió. En cambio, el pensamiento claro presenta el desafío de tratar de comprender a la otra persona y evaluar lo que dijo aunque esto no signifique decir siempre lo correcto.

Entonces el sentido de la vida es…

El que uno le da, somos libres de plantearnos un proyecto de vida y eso le da sentido, los proyectos pueden ser muy amplios: ser madre, ser la estrella en un deporte, ayudar en mi comunidad, en fin… y hay personas que no pueden plantearse un proyecto que no tienen esa posibilidad.

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¿Tal vez ahí se cae en la tentación de usar a Dios como un concepto facilista? No pude porque Dios no quiso…

Puede ser usado de esa manera pero la persona que plantea a Dios en ese concepto no ha entendido nada.

Podría seguir preguntando por horas, es una tentación hacerlo, no se tiene un filósofo en frente todos los días, pero el avión que lo lleva a Buenos Aires y luego a Inglaterra lo espera, seguramente las preguntas más inteligentes vendrán después de esta charla-típico- tal vez para la próxima…mientras tanto seguiremos resolviendo nuestros problemas existenciales en algún café con la compañía de un amigo. Total de poeta, loco y filósofo todos tenemos un poco.

Por Carla Golberg/Fotos: Sebastián Pereyra

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