Esteban Mercer: Dime como vives

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Para muchos una casa es el mejor reflejo de lo que uno necesita para sentirse pleno, desde el comienzo de la humanidad el ser humano hizo todo lo posible para adaptar el hogar donde vivía para complacerse. Las hay de mil formas y estilos, depende claro del bolsillo y de las oportunidades que ha tenido en la vida, también de la honestidad, el esfuerzo y las acciones, tanto de las buenas como de las malas.

En el interior de cada hogar está la síntesis de cada persona que lo habita, cada objeto tiene un porqué y la clave es saber mirarlos. Hay personas que en un par de parpadeos logran averiguar de cualquier persona más que una relación de toda una vida. Poseen un ojo entrenado para encontrar detalles donde a cualquier mortal le pasarían desapercibidos, saben encontrar todo lo que esconde la punta del iceberg de cada historia personal. Una de ellas es Esteban Mercer, periodista y presentador español –entre tantas otras facetas-que conduce el ciclo House & Style por la señal Más Chic.


“En una casa te das cuenta perfectamente de qué es la vida, de cómo es, cuáles son sus gustos, sus manías.”

“En una casa te das cuenta perfectamente de qué es la vida, de cómo es, cuáles son sus gustos, sus manías. Una casa te da tanta información sobre un personaje que ninguna entrevista es capaz de decirte lo que te dicta una casa de alguien. Si es una persona pretenciosa, sino lo es. Son mil cosas. A mí no se me pasa nada. Es curioso. Entro en un sitio y hago una radiografía inmediata, y el ojo me va a veces a cosas absurdas. Eso para mí tiene un valor enorme. Y después resulta que el objeto en sí tiene una historia fascinante. Si bien lo del feng shui es una filosofía milenaria y tiene mucho sentido, porque de repente entras en una casa maravillosa, pero te dan ganas de irte, que a los diez minutos ya estarías fuera. Estoy hablando en general y no de casas del programa, en cambio, hay casas muy simples que no son muy bonitas, que no tienen nada especial, te invitan a quedarte porque todo está muy bien organizado, de tal manera que la casa es agradable, acogedora y eso es el truco. Esto es, el feng shui no es otra cosa. La atmósfera en una casa lo es todo, conseguir un ambiente armonioso, agradable, moderno, clásico y vanguardista, minimalista, barroco. A mí me gustan todos los estilos”, dice.

Mercer, con todo el glamour y encanto que lo caracteriza, invita a descubrir el interior de las casas y los secretos de decoración de famosos, aristócratas, empresarios, arquitectos, decoradores y miembros de la alta sociedad de todas partes del mundo. Su programa va por Más Chic de lunes a viernes a las 20.30 (repite sábados y domingos a las 14.30 y 21.30). “La casa donde vivo es barroca porque es una casa del siglo XIX muy barroca, pero yo sería incapaz de vivir en una casa muy simple con lo indispensable, yo necesito tener muchas cosas personales alrededor. Cosas que incluso pueden rozar hasta la cursilería, pero bueno, forman parte de mi vida y soy incapaz de desprenderme de ellas. Yo sé que no son la cosa más bonita del mundo, pero son mías. Me gusta que estén cerca de mí. Y eso en una casa se nota mucho, que haya fotos, que haya cuadros de familia, que haya libros por todas partes, es indispensable, buenas alfombras. Y obviamente que esté limpia. El lujo no es tanto ni el espacio, ni la arquitectura, ni las vistas, ni dónde esté. Para mí, un estudio de 50 metros cuadrados puede ser lujoso, 50 metros cuadrados en Nueva York, en el Soho, bien aprovechados pueden ser una obra de arte”, afirma.

Esteban estudió diseño de moda en Barcelona y rápidamente se hizo un nombre, pero encontró en el periodismo su verdadera pasión. Su experiencia como diseñador, su manera de entrevistar y su forma de ser le permitieron estrechar lazos con numerosos famosos o miembros de la aristocracia o las clases más altas de la sociedad. Entra a lugares donde muy pocos tienen acceso y consigue –literalmente- que le abran las puertas de sus mansiones. “Hay personajes tan potentes en sí mismos que empequeñecen la casa, a pesar que sea maravillosa, es ahí cuando se quita el house y queda el style”, dice Mercer. Le digo que tranquilamente él podría haber sido amigo de El Gran Gatsby, el controvertido personaje de la novela de Scott Fitzgerald.

-Seríamos íntimos amigos (se ríe a carcajadas). Estoy seguro que hubiese podido ser el único que entrara a esas mansiones y a esa vida, ¿No? Además hubiera entrado con toda naturalidad. Estoy seguro que no me hubiera cohibido para nada en alguna de esas fiestas de Gatsby (ríe). No me hubiera gustado acabar como él, pero sí que somos dos grandes hedonistas.

¿Cómo lograste que no se ostentara en el programa?

Es un misterio, esa línea es tan delgada que es un milagro que la hayamos conseguido. Mucha gente así lo dice, a pesar que se muestre mucho lujo y riqueza no es agresivo contra quiénes no lo tienen. Y eso en parte es porque los anfitriones generalmente cuando te enseñan su casa te muestran lo más preciado que tienen, es gente que aman sus casas, las cuida, no te las enseñan para presumir o mostrar lo rico que son o el buen gusto que tienen. Es como un artista que disfruta mostrándote su pintura o escultura. Una persona que tiene una casa bonita disfruta mostrando su obra, su casa. También es la naturalidad por la forma que enfocamos el programa, con el respeto absoluto, no con ojo crítico, no vamos a sacar defectos sino la grandeza de la gente que nos permite entrar en su casa, no es fácil.

Lográs naturalidad en cada episodio…

Ahí me quito méritos porque muchos de los famosos del programa son conocidos o muy amigos míos, porque entrar en una casa -determinada de algunas personalidades que socialmente son muy importantes- es a cambio de nada. No es porque quieren sacar un beneficio de ningún tipo. Todo lo contrario, se exponen a la crítica y si lo hacen es porque les apetece. Entonces yo a veces abuso un poco de esa confianza para entrar en sus armarios, sacarle sus zapatos maravillosos. Intentar que me muestren lo que nunca mostrarían a otro periodista. Entonces ahí sí que tengo una ventaja, pero me sale muy espontáneo. Yo no finjo, como me ve la gente en la tele soy yo. No hay mucho artificio. Lógicamente un poco porque la televisión tiene sus técnicas y hay que saber estar delante de un objetivo. Está tu forma de ser y eso no se puede disimular porque los comunicadores que inventan un personaje tarde o temprano caen en su propia trampa. Yo soy así para lo bueno y para lo malo (risas).

Empezaste en la comunicación gracias a un gesto de amor que tuviste con tus abuelos, cuando te iba bien en el Diseño te volviste a esa ciudad para cuidarlos a ellos, ¿Esa decisión de dar finalmente edificó tu carrera?

Posiblemente, yo siempre digo que el amor trae amor, o sea arraiga amor. Y es cierto que con la decisión que tomé de regresar a Pollensa, que es un pueblo maravilloso, muy bonito, donde se vive muy bien, pero renuncié a mi vida profesional desde cero para ir a cuidar a mis abuelos y entonces de repente me encontré que era muy feliz haciendo lo que hacía. Pero aparte necesitaba desarrollarme como persona o como ser humano. En aquel momento era muy joven y entré a una radio que abrieron y volvieron a cerrar enseguida. (…) Era el año 2001, por ahí. Y no había las redes sociales que hoy existen, era muy distinta la forma de comunicarse. A mí me parecía que una radio local era muy importante y además en Pollensa vive gente muy significativa a nivel mundial. Y empecé a hacer entrevistas que desde otro medio jamás habría conseguido realizar, en cambio al ser una emisora local desde un ministro del Gobierno que estaba de vacaciones, artistas de fama internacional, o sea, gente importantísima. Me enseñó la profesión porque todo lo aprendí sobre la marcha. Aprendí a entrevistar a fuerza de hacer entrevistas. Fue una escuela. Ganaba poco dinero pero aprendí muchísimo. La verdad que siempre le estaré agradecido a esa emisora.


“…Los comunicadores que inventan un personaje tarde o temprano caen en su propia trampa. Yo soy así para lo bueno y para lo malo.”

Te podrías haber dedicado a la pintura, a la música, a la moda. En cualquiera de las artes ibas a necesitar expresarte…

De niño lo que hacía era dibujar, dibujar. Recuerdo que mis padres siempre lo potenciaron, nunca me lo quisieron quitar de la cabeza. Y de repente empecé a interesarme por la moda. Curiosamente, a mis padres les pareció bien porque no era muy normal en aquel momento. Me dejaron ir a estudiar a Barcelona a la mejor escuela de aquel momento, era un esfuerzo a todos los niveles para todos. Estoy muy agradecido. Todo lo hago de corazón y pongo los cinco sentidos, necesito sentirme totalmente identificado, si no, no funciona. Quizá por eso los programas creo que llegan a la gente porque descubren todas las partes de mi ser, no sé cómo explicar. En la moda pasaba un poco lo mismo, pero llegó un momento en que no llegaba a cautivarme. Había algo que me dejaba un vacío bestial, algo que no me llenaba. Curioso. Y de repente, tras un viaje a Londres, a una feria de moda, la Semana de la Moda londinense, me llamaron de una emisora de radio, una presentadora en la época muy conocida. Y recuerdo que ahí tuve como una revelación que yo siempre lo cuento. Cuando entré en ese estudio de radio y empecé a hablar, no sé, fue como dije: “quiero hacer esto”. Le pedí colaborar con ella. Me dejó, al mismo tiempo, empecé a publicar artículos sobre moda que me pedían en revistas de moda especializadas y poco a poco fui entrando en ese mundo, el mundo del periodismo que me cautivó. Y yo siempre pensé que acabaría siendo un periodista de moda, no que estuviera de moda. Dedicado a la moda. Pero no, he acabado dedicándome a las casas y a los viajes, pero también hago otras cosas porque hoy hago también entrevistas (sonríe).

Leí una entrevista tuya donde decías sobre tu programa que dentro de cien años va a ser un gran documento. Hay material que sorprende…

Imaginate el lujo de poder entrar a una casa del Siglo XVIII con una cámara y grabar cómo vivía la gente en ese siglo. Sería maravilloso, hoy lo tenemos, sabemos cómo se vive en los inicios del siglo XXI. Gracias a House & Style -y además sin artificios- sabemos cómo vive una determinada clase social a la que es difícil acceder. Nos muestra lo que come, lo que bebe, qué ropa usa, qué arte le gusta. Qué muebles elige para decorar determinadas estancias. Es un documento que hoy puede parecer frívolo, pero que yo estoy seguro que dentro de 100 años, 150 o 200, tendrá muchísimo valor. Yo como personaje curioso, lo digo.

¿Cómo logras conseguir que los entrevistados desnudan su alma?

Primero porque no soy clasista, soy la persona menos snob del mundo. Me interesa todo tipo de gente, sean ricos, pobres, altos, bajos, blancos, negros, rubios. No hago distinciones desde niño, me educaron así. Tengo curiosidad por la gente. Tengo un sobrino que justo cumple 8 años y lo veo y es exactamente igual que yo. Somos curiosos, nos viene de familia, nos gusta la gente. Y entonces yo creo que la gente lo nota, que yo no voy con mala intención por el mundo, que no les voy a fastidiar la vida. Cuando me reciben, lo hacen de una manera relajada, no están a la defensiva. Si los veo un poco asustados, intento relajar, porque la gente tiene que saber que si vamos a su casa vamos con todo el respeto del mundo. De hecho, nunca tuvimos problemas con nadie, mirá que hemos rodado episodios y nunca nadie se ha quedado insatisfecho. No me ha llegado esa queja de nadie. Todo lo contrario. La gente es muy agradecida. Porque en realidad condensamos toda una vida en un cuarto de hora, en la casa está la vida de una persona

¿Te gustaría venir a rodar por estos lados?

Hasta que no está hecho no lo digo, hasta que la cadena no lo anuncia procuro no decirlo, porque soy muy supersticioso (se ríe). Hoy en América Latina gente de un nivel muy alto, también en España. Pasa que el dichoso virus nos ha parado. Deberíamos estar grabando por América ya, porque había pendientes casas que eran muy interesantes. Lo gracioso es que no es lo mismo grabar una casa en el Caribe que una casa en la Patagonia, que son estilos de vida completamente distintos. Son personalidades totalmente distintas y yo me muero por enseñar eso. Tengo que hacerlo porque es tan bonito ver la variedad de estilos. Como una casa de Nueva York no tiene nada que ver con una casa en Buenos Aires. Por más que las dos sean minimalistas, vanguardistas, la cultura de cada país siempre sale reflejada en la casa de nuestros anfitriones. Es algo inevitable. Eso es muy bonito de mostrarlo. A mí me encantaría poder recorrer toda América Latina. Desde Estados Unidos que está llena de latinos, como todo el mundo sabe, hasta el sur y acabar en Argentina y en Chile. Me encantaría poder recorrer todos los países. Ojalá nos den permiso, salud y dinero para hacer. Sería un documento precioso. Somos la misma cultura, somos tan parecidos y al mismo tiempo tan distintos. Y mostrar esa diferencia.

¿Cómo has llevado está época de aislamiento por la Pandemia?

Al principio fue muy duro porque estaba por estrenarse la temporada y al día siguiente nos confinaron (…) Los primeros días mi cuerpo no estaba habituado. Me costó. Soy inquieto, pues poco a poco las redes sociales han ayudado mucho a estar en contacto.

Hablamos largo rato más, Esteban es muy cordial y le gusta reír continuamente. Se mostraba contento porque de a poco en su ciudad empieza a reanudarse la actividad. Dice algo más y me autoriza que lo incluya en la nota, casi como un ruego. “Que nadie se queje jamás que tiene trabajo, estar sin hacer nada ha sido un castigo”.

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