Jimena Peck. Mujer de mundo, mujer de acción

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Modelo, periodista, fotógrafa y emprendedora nata. Ama y recorre el mundo en busca de nuevas historias y estímulos motivadores. Se mueve curiosa por donde el corazón la lleve y deja huellas en cada proyecto. Les compartimos una linda charla, con nuestra mujer del mes.

-Durante 10 años desarrollaste tu carrera como modelo. ¿Qué te dejó esa experiencia, ese ambiente que para la mayoría es tan lejano?

-Transité ese mundo y aprendí. Aprendí un montón. Te haces grande de un día para el otro. De repente estás firmando contratos mundiales, viajando por trabajo, negociando y viviendo sola en un país donde ni siquiera entendés los símbolos. El modelaje fue eso. Mi escalera mecánica que subía y subía y cada vez me llevaba más lejos. No había forma de bajar. Es una carrera que te lleva sola. Es un laburo muy tentador.
Aprendí todo. Trabaje con gente hermosa, gente no tanto. Me quedaron amigos, toneladas de conocidos y una etapa de mis veintes que tiene tantos momentos increíbles, que no me da el espacio en la memoria. Viví en ciudades impensadas y viajé sin parar. Y eso me da energía. El no parar.
Estuve, durante 10 años en contacto con personas tan creativas y diversas que mi día a día estaba colmado de texturas, sonidos, materiales y olores que me movían. Esto me hizo ir para adelante y mantuvo mi motivación creativa viva y sobre-alimentada.

-Parece que fueron años de grandes aventuras. ¿Hubo tiempo para el estudio y desarrollo personal?

-¡Sí! Estudié Periodismo en TEA y fotografía en la calle, con amigos, maestros y consejeros. Siempre supe que las herramientas de comunicación que me daba el periodismo, más las herramientas visuales que adquirí de tanto darle al obturador, iban a crear algo. Nunca supe bien qué y todavía sigo buscando esa unión que imaginé hace muchos años.

Fotógrafo: Iker Basterretxea - Fotos: gentileza Inés Susaeta Joyas
Fotógrafo: Iker Basterretxea – Fotos: gentileza Inés Susaeta Joyas

-¿Cómo fue que un buen día te fuiste a vivir a Holanda y qué motivo semejante cambio?

-El día que decidí dejar de trabajar como modelo publicitaria fue porque necesité un cambio rotundo. A veces sentía que iba a estar para siempre trabajando en eso. Es como ya lo dije: una escalera mecánica de la que no te podés bajar. Siempre nuevas oportunidades, nuevos contratos, nuevos castings. Yo ya estaba sintiendo que necesitaba desarrollarme para un lado más sensible y emprendedor. Y al mudarme a Amsterdam por una maestría que fue a hacer mi pareja, me enfrenté con el mundo de nuevo. Venía de cuatro años en mi zona de confort, en Buenos Aires, con mis contactos de siempre, mis amigos con los que laburo y la contención que te da el hecho de tener tu trabajo, tu casa, tu novio, tu carrera.
Pero me enfrenté a lo que yo llamo mi madurez laboral. Fue el momento en que me tuve que crear un Curriculum REAL, donde tenía que presentarme como algo. Y yo no era periodista, no era fotógrafa. Era un blend de todo eso junto. Y mi blog de cocina me abrió algunas puertas inesperadas. Causó intriga a la gente justa y de repente me vi trabajando en el sur de Holanda como editora fotográfica de un start up que será una futura tienda online Holandesa. Fueron unos meses de aprendizaje a pleno.

-Contanos más de ese blog de cocina…

-Se llama Granny’s Spoon Stories. Ya está casi llegando a su fin pero me dio toneladas de sonrisas. Trabajé muchísimo en crear ese espacio online donde reinventé, usando ingredientes que hoy considero más sanos, las recetas de nuestras abuelas. Intenté desmarañar esta identidad culinaria nacional hecha de mezclas de culturas, ingredientes y técnicas que trajo cada grupo de inmigrantes durante el siglo pasado. Mis dos abuelas son mi eje de inspiración: a sus ochenta y tantos años siguen brillando en sus cocinas y toman la comida como la máxima forma de expresión de amor.
Yo lo vivo así. Mi blog fue una forma de transmitirle al mundo la hermosa cocina nacional que formaron entre esos inmigrantes que trajeron sus recuerdos e intentaron mantener algo de lo que había sido su vida, su infancia, sus abuelas.
Y eso, cuando uno vive en el extranjero se da cuenta que vale oro. Cada olor, cada sonido, cada textura que comés te teletransporta a algún lugar. Y si tuviste una infancia de cocinas felices, ruidosas y olorosas, seguramente al comer un bocado de esa receta, tu mente se va a ir directo a esos momentos de pura alegría.

-Parece que no parás de crear. Ahora estás con un nuevo emprendimiento llamado Guacha. ¿De qué se trata?

-Soy una persona que quiere vivir a tope cada día, nunca dejé pasar la oportunidad de meterme en ningún proyecto. Y Guacha nació de ahí. De una conocida viajera, que cayó a Amsterdam con sus valijas y un hermoso proyecto en su mente que lo fuimos bajando a la realidad con el tiempo. Hoy somos una agencia de representación de productores latinoamericano en Europa. Queremos posicionar a Latinoamérica como un potencial productor de moda de alta calidad, con sus fibras y capacidades productivas. Yo estoy más en la parte creativa y de comunicación: el negocio sigue sin ser lo mío. Pero como Directora Artística de semejante proyecto no tengo más que agradecer el momento en que le ofrecí a esa conocida viajera, una cama en mi casita en Amsterdam y donde nos pasamos horas de vinos, charlando y creando este proyecto.

-Hoy te encontrás en Buenos Aires, pero parece que por poco tiempo. ¿Cuál es el próximo destino en tu escala de vida?

-Una vez más, el cuerpo me pidió mover. Me mudo a Colorado, Estados Uniddos, donde pienso seguir con mis trabajos y proyectos. Creciendo, oliendo, tocando y creando.

-¿Cómo es Jimena hoy, lejos del rol de modelo?

-Hoy puedo usar ropa deshilachada, me corto el pelo como loca, y ya no me importa salir al super en pantuflas. La confianza que me dio el haber trabajado con mi cuerpo tantos años, se nota. La desconfianza intelectual, que pensé iba a tener después de haber trabajado poco con la mente durante mis años de modelo, fue solo un tonto prejuicio. La mente está viva, hagas lo que hagas. Y absorbe, aunque uno no se esté dando cuenta.

Fotógrafo: Iker Basterretxea – Fotos: gentileza Inés Susaeta Joyas

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