Vane Butera: Darse un changüi

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Tras un año prolífico en lo creativo donde sacó dos discos, la cantautora y actriz argentina regresó a los escenarios y prepara un gran concierto en el Kónex para octubre. ,Hablamos con RANDOM desde su manera de ver ambas profesiones hasta las dificultades que provoca la pandemia. Siempre con el uso periódico de la voluntad para mantener a flote todas las convicciones.

Vanesa es un artista que además de las estelas que van dejando sus canciones, nos ilustra con su manera de afrontar la vida. De algún modo es, en sí misma, un manual de instrucciones sobre cómo provocar los deseos. Se atreve en todas las áreas. Así como puede invertir todos sus ahorros de tevé en un gran show, doblega la apuesta de un año pandémico sacando prácticamente un disco doble a la calle, echando a volar nuevas canciones que nos interpelan con tu particular estilo donde la ironía y la esperanza pueden ir juntas. Incluso de la mano.

La actriz que posee un dilatado recorrido por el teatro y la televisión, trabaja desde hace años en obras de teatro, ficciones de TV y musicales, desde su participación en el reality “Yo quiero ser” (2008) donde resultó la ganadora y debutó en el musical Hairspray con Enrique Pinti, hasta sus personajes televisivos en “Sandro de América”, “Simona”, “Esperanza mía” o “Fronteras”, entre otras. Hoy con su música posee más de 2 millones de reproducciones en Spotify, con un público fiel en ascenso y discos editados como “Partida”, “Sesiones vivas” (EP) y “Entre tanto” (EP). En 2020 sacó su álbum “Adonde no me llaman” y ese mismo año grabó “Changüí”, quizás es el más particular de la carrera de Vane: las canciones fueron grabadas en un estudio pero a la vez registradas en vivo ya que la sesión se transmitió vía streaming a nivel mundial. Estas particularidades lograron que las 13 canciones de “Changüí” tengan un sonido y aire fresco y diferente. “En ellas, se puede escuchar la voz de Vane bien al frente, interpretando sus crudas letras acompañada de los arreglos sensibles de su guitarra, a la que se le suman acordeón y cuerdas, batería, guitarra y bajo, logrando así un clima musical que va creciendo durante el recorrido del disco”.

En “Changüí”, la cantautora pasea por varios estilos musicales y una vez más, consigue deshacerse de rótulos y parámetros para decir con las palabras justas lo que todos queremos cantar. Las canciones del disco fueron terminadas en su mayoría en medio de la cuarentena, por eso su lírica toca temas que resultan identificables. “Si bien el changüi se lo da al perdedor, que también me encanta, me pareció valioso el contraste, que también fuera un baile. Una oportunidad y un festejo”, dice la artista que emerge de ese mar de féminas cantantes que inunda el continente: “Está lleno de cantautoras muy zarpadas, las escucho mucho desde siempre. Es muy hermoso lo que tenemos para decir, siempre lo ha sido y capaz ahora hay más orejas dispuestas a escucharnos”, agrega.

¿Qué extrañaste más en la pandemia, los escenarios o los sets de tv?

Creo que este año los extrañé más porque el año pasado, lo que tuvo de particular para mí, es que yo estaba sacando un disco y después terminé de grabar y editar otro. El 2020 fue el año de los no planes, todo lo que teníamos planeado lo guardamos en el bolsillo. Sacar dos discos en un año era claramente un no plan en lo más mínimo, pero ameritaba un plan tan desquiciado para un año tan desquiciado. Decidimos encararlo porque era necesario, era algo que yo necesitaba decir aunque no estaba en los planes. “Changüí” era una necesidad. Yo me peleé mucho con ese concepto de “reinventarse” que se hablaba en la pandemia, decía: otra vez reinventarse, ya me reinventé como ocho veces. No obstante, este disco es una demostración de eso porque son canciones reinventadas, la mayoría son canciones que yo tenía por la mitad o no les había dado una chance. En un momento que se nos resignificó todo, fue muy fuerte agarrar esas canciones y ver que eso que dije en algún momento ahora lo canto en este momento y tiene otro peso, otro sentido. Me re gustó darles un nuevo sentido en el contexto del 2020.

Además para muchos en la zozobra crece la creatividad…

Si bien hay algunos artistas que encuentran la inspiración en la felicidad y en el amor, yo cuando más feliz estoy o enamorada con el mundo es más difícil que me ponga a hacer canciones. Por otro lado, es muy loco porque las canciones que tiro al mundo cuando peor estoy, son canciones muy esperanzadoras igual. No es que tiro una mala, trato que siempre sea constructivo que ya bastante bardo tenemos para que la música sea una depresión. Igual siempre nacen de un lugar incómodo, no cuando estoy a gusto.


…algunos artistas encuentran la inspiración en la felicidad y en el amor, yo cuando más feliz estoy o enamorada con el mundo es más difícil que me ponga a hacer canciones.

¿Cómo llevaste el desafío de hacer un show por streaming que se grabaría además para un disco?

Fue una experiencia de esas que te ponen a prueba, yo las necesito siempre, debo salir de esos lugares cómodos cada tanto. Esto era todo nuevo y la clave fue rodearme de cuatro grandes músicos: Javier López del Carril, Carlos Brítez, Matías Candoni y Fabián Miodownik; que ya habían grabado conmigo el disco anterior. Como no lo habíamos podido ni presentar, dijimos bueno grabemos otro. Eso fue el detalle fundamental para disfrutarlo, estar bien rodeada y también con Alejandro Saro que fue el genio que nos grabó, porque era complicado en todo el contexto y quedó mejor de lo que me hubiera imaginado. Quedó hermoso.

¿Qué paso evolutivo el poder delegar, no?

Hubo un quiebre muy grande entre la Vane productora que en donde intento estar un poco en todo, pero cuando aparece la figura de Javier López del Carril que es el productor de ambos discos y arreglador de todas las canciones, hay algo del disfrute mío que se llega a percibir, porque pude delegar con ojos cerrados. Para un cantautor la canción es como dar una especie de hijo para que pongas vos tu creatividad ahí y hay que ver luego congenia con lo que me esperaba. La verdad es que encontramos con Javi un círculo perfecto en lo que la canción necesita. No puedo estar más feliz por como quedaron arreglados y producidos ambos discos, son una locura. Más aún en las condiciones que los hicimos. Es un tesoro poder delegar con tanta confianza, con tanta convicción que el otro va a ser lo mejor para la canción. Te pone en un estado de paz y tranquilidad espectacular.

Además has compatibilizado muy acertadamente tus dos profesiones, la música y la actuación…

Es un camino muy difícil por momentos, justo estábamos hablando en uno de ellos pero he tenido la suerte de poder combinar con mis otros laburos que me gustan, no es que laburo de actriz para financiarme la música. Laburo de actriz porque amo hacerlo, disfruto muchísimo, es una pasión y un oficio que amo profundamente. Tengo la suerte de poder combinarlos, quizás cuando un año grabo tira al otro grabo un disco, ha sido muy amable conmigo la profesión.

¿Qué sentís cuando alguien viene y te cuenta o te escribe sobre lo que le pasó con determinada canción?

Eso sigue siendo hoy en día lo más impresionante de todos los ribetes que tiene mi profesión, cosas que uno no esperaba provocar, porque cuando hacés la canción no es pensando “con esta voy a cambiarle la vida alguien”. Uno lo hace porque debe salir y un poco se lo pide el cuerpo y sale en forma de canción. Pero cuando eso ocurre es la parte que más me emociona, el ver el impacto que pueden tener algunas palabras o algunas canciones en gente que uno no conocía, esa es la parte más emocionante e increíble de hacer canciones.

¿Cuál es ese momento en los escenarios que te resulta inolvidable?

Una cosa que recuerdo siempre con mucha emoción es el día que le abrí el concierto a Joaquín Sabina en el polideportivo de Mar del Plata, fue en 2017 y vino con toda su banda. Fue muy impresionante ese escenario, conocer a esos músicos que he admirado, tocar unos minutos antes que él ante su público, en un lugar tan hermoso, fue uno de esos recuerdos que fue como un regalo muy grande, de esos inolvidables. Y al otro día encima tenía concierto en La Trastienda.

¿Cuándo el destino te dio ese “changüi” que siempre todos necesitamos?

Se me viene un situación del 2011, yo venía haciendo canciones desde hace bastante tiempo pero no había grabado y vino Víctor Hugo Morales a ver un concierto y me pidió canciones para pasar en la radio y le dije la verdad: que no tenía nada para pasarle porque sólo tocaba en vivo. No tenía plata para meterme en un estudio a grabar. Ahí tuve un changüí muy hermoso que me dio él, porque llamó a Lito Vitale y él me prestó su estudio para grabar mi disco, no me lo cobró. La verdad que fue un gran changüi encima de parte de quienes venía. Así pude grabar mi primer disco que ahora está en todas las plataformas. Fue definitivamente un gran changüí.

¿Siempre tuviste en claro tu camino en el arte?

No recuerdo haber tenido dudas o una gran dicotomía en mi interior para ver si era la música u otra cosa. Sí, empecé a estudiar diseño de indumentaria porque también me gustaba mucho, quería hacer otra carrera con otro tipo de salida laboral, capaz que tuve algo de miedo al principio. Todos, en mi familia también porque es un camino medio difícil, creo que somos muchos. Hay un montón de gente que puede vivir de la música de una manera feliz y que está en circuitos más chicos aunque no estén en la cartelera mayor. Ese siempre fue mi deseo más grande, un poco poder vivir haciendo lo que tenga ganas de hacer. Muy difícil hoy en día porque hay miles de cuestiones que se supone que el mundo espera de nosotros. Es muy difícil ser fiel a lo que uno tiene ganas de hacer. Trato de ser lo más fiel a las ganas y al deseo que viene siendo hacer canciones desde hace mucho, pero si en algún momento es otro, iré por ese otro. El asunto es no poner esas cosas como una zanahoria, diferenciarlo como que son cuestiones del sueño. Es sano tener cosas que a uno le da ilusión poder hacer, el tema es que no sea la zanahoria por la que uno hace las cosas porque al menos yo no manejo muy bien la frustración (se ríe). Creo que el motor tiene que ser otro, no tener que llegar o conseguir algo determinado, eso no me debe regir como actriz o como cantante para hacerme sentir realizada. Soñar es siempre enriquecedor y -de la manera sana- nos alimenta un montón.

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