#Entrevista | Blue Jeans, El Fenómeno Editorial

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Bajo el pseudónimo Blue Jeans vendió millones de libros en España y en muchos países de habla hispana. Con títulos tan geniales como “No sonrías que me enamoro”, o “¿Puedo soñar contigo?”

Se ganó la atención de todos los jóvenes ávidos de novelas de amor adolescente. Su vida era un verdadero fracaso, hasta que se iluminó. Sin duda, el destino le tenía guardado la gloria.

La vida de Francisco de Paula Fernández es una novela en sí misma. Una historia que sabe de ilusiones, fracasos, golpes duros de autoestima, resurrección y gloria. De un chico que no encontraba su lugar en el mandato familiar ni en su Sevilla natal y que buscó hacerse la América en la capital española. Años de sufrimiento, de agobio personal hasta que una tangente virtual lo volvió a poner de pie. Su éxito en un simpático pseudónimo y toda una profesión por explorar. Con el diario del lunes, entendemos que los grandes medios españoles le salvaron la vida al desestimar su prosa, porque el universo editorial tenía preparado lo mejor. Autor de libros revolucionarios como “¡Buenos días, princesa!” y su serie “El club de los incomprendidos”, Blue Jeans es todo un ícono de la cultura ibérica actual. Vino a promocionar a nuestro país su nueva novela “Algo tan sencillo como tuitear te quiero”, aunque la charla profundizó en su desarrollo personal.

“Tuve la suerte de que mis padres fueran muy lectores. En su casa debe haber más de quince mil libros. Mi padre es Procurador y mi madre ama de casa. Desde siempre leí mucho, pero a los doce años comencé con Agatha Christie y como que me enamoré de su escritura. Leí todos sus libros, que son más de ochenta. De hecho mi primer libro fue una novela de misterio que aún no conseguí editar”, dice sonriendo.


 

-Este es el momento, sería como la revancha…

-No creo que sea el momento oportuno (sonríe). Recuerdo que me llevó dos años escribirla. Ahora en tres o cuatro meses los termino pero porque me dedico solo a eso. Antes trabajaba, estudiaba y no tenía un buen pasar. Lo que nunca me olvidaré es que ni me contestaron. Otras ni me devolvieron el manuscrito porque me decían que no tenía sentido hacerlo de lo malo que era, que me hacían menudo favor si se lo quedaban (risas). Igual reconozco que viéndolo ahora le falta un buen repaso (sonríe).

-¿Querías ser periodista pero terminaste estudiando Abogacía?

-El Periodismo me gustó desde siempre pero cuando terminé el instituto, mi promedio no me permitía anotarme en la universidad pública de Sevilla, y como no podía pagar una privada, me dediqué a la Abogacía. Todos mis familiares eran abogados. Pero no era lo mío (se pone serio). No me adaptaba, me sentaba solo y no comprendía por qué estaba ahí. Llegaba la época de exámenes y me quedaba en blanco. Me fue realmente mal. Nunca falté pero fue un año muy malo. Y no sabía qué iba a ser de mí. Porque no alcanzaba a estudiar Periodismo. Mi padre se dio cuenta y cuando dejé, todos me apoyaron.

-¿Te recordás de adolescente?

-Era un chico muy normal. Tuve muchísimos amigos por varias vías diferentes, ya que jugaba al fútbol, iba a ajedrez, el barrio y la escuela. Nunca estuve solo. Y aunque mi carácter siempre fue retraído, siempre estuve en grupos. Lo que sí reconozco es que no era de hablar por hablar, sólo cuando tenía algo para decir. No opinaba mucho, pero cuando lo hacía era por algo.

-¿Y sin Abogacía, qué?

-Me mudé a Madrid a estudiar Periodismo. Necesitaba un cambio. Pasé el examen de ingreso y me mudé a la residencia de la universidad. Desde el primer día ya me sentí cómodo. Me hice de muchos amigos y aunque me pareció muy teórica la carrera, me encantaba. Mi idea era ser periodista deportivo.

-¿Extrañabas?

-No soy de echar de menos. Ahora a mi chica sí, pero no soy de ponerme mal por echar de menos a nadie. Claro que hay momentos que necesitas volver porque lo que vives tiene mucha intensidad, pero no modificaba mi día a día. Mi grupo fue muy sano, no desfasábamos (sonríe). Íbamos al cine, salíamos al teatro. Y de esa camada de amigos, hoy hay muchos conocidos y es un orgullo.

Fotos: Gentileza editorial Planeta (ph: Esther Ramón)
Fotos: Gentileza editorial Planeta (ph: Esther Ramón)

-Uno sueña recibirse pero cuando lo logra comienza todo en verdad…

-Exacto. Es como que ya no tienes excusas. Cuando me recibí tenía que buscar piso porque la residencia se había acabado y por medio de amigos consigo un piso de “veintipocos” metros cuadrados, que no tenía luz natural y ni una mesa para escribir. Pero era lo único que podía conseguir económicamente. Y me puse a hacer un Máster en Periodismo. Pero no era un Máster como en otros países que son muy costosos; allá lo hace cualquiera. Pero para sobrevivir, me puse a entrenar a un equipo de futbol de chicos.

-Acá un Máster no es para cualquiera.

-El Máster me prometía que iba a conseguir trabajo de periodista. Y por aquella época comienzan a aparecer los medios digitales. Envíe mi currículum a Marca, AS y a todos los diarios deportivos que puedas imaginar y no me llamó nadie. Hice entrevistas y nada. Pasó el tiempo y me vengo abajo. Problemas fuertes de autoestima. Mis amigos ya se habían recibido y se habían vuelto a sus ciudades. Estaba solo en Madrid y era mucha presión porque mis padres me habían pagado una universidad privada y yo no conseguía trabajo.

Todavía no me considero escritor y mis editores me quieren matar por ello. Yo digo que soy autor de nueve novelas.

-¿Tus padres te seguían manteniendo?

-Sí, pero mis padres no eran ricos y no tenía nada para devolverles. La pasaban mal ellos y peor yo. Y ahí empiezo a desconectar de la gente, de mis familiares. Y como tenía tanto tiempo, me puse a escribir el libro que te conté que me rechazaron todos. El pozo fue definitivo. Me puse a trabajar en una revista de Paddle, pero me exigían mucho, escribía todo yo.  Aznar jugaba al Paddle y era tipo un boom. Yo escribía con varios nombres para que piensen que había muchos colaboradores. Hasta las cartas de los lectores escribía yo. Todo yo, menos ir a los torneos que iba mi editor, me los contaba y yo los escribía (risas). Me sentía un miserable, encima cobrando muy poco dinero. Abandoné y me volví a mi poso. Tampoco me iba bien en el amor (se apena).

-Y cuándo fue el click, porque ahora sos un reconocido y multivendedor escritor…

-El 3 de junio del 2008 se enciende una bombilla en mi cabeza y me pongo a escribir “Canciones para Paula”. Venía de leer a Federico Moccia que escribía novelas juveniles y me dio el campo para evaluarme si yo valía o no. Abrí un Fotolog, subí una foto e improvisé el texto: un capítulo de un chico y una chica que se conocen por Internet. Y hago Spam (se ríe). Claro, quién me iba a conocer si no hacía Spam (risas). Me voy metiendo en páginas, me presento “Hola, soy un chico que escribe, si quieres leerme puedes entrar en mi página”. Los primeros días tuve dos o tres comentarios y así fue creciendo.

-¿Desde siempre fuiste Blue Jeans?

-Desde siempre. “Blue Jeans” era mi pseudónimo en los foros en los que participaba para hablar de deportes y música. Viene de un grupo que se llama Sqeezer, banda a la que no conoce nadie (aclara). Tienen una canción llamada “Blue Jeans” que es horrorosa y que tiene un video vergonzoso; pero a mí me gustó como sonaba. Y como no quería que se me juzgara por mi edad, por mi físico ni nada. Me hice llamar así.

-Muy acertado tu pseudónimo.

-Y la gente empezó a leer mi Fotolog. Recuerdo que si pagabas te permitía recibir más de los veinte comentarios permitidos. Y se fue sumando y pasó de cuarenta a sesenta y cuando llegó agosto entro otra vez en una gran depresión. Dejé de escribir y me vuelvo a mi ciudad a pasar el verano. Pero cuando vuelvo en septiembre, abro y veo como ciento cincuenta comentarios, de “dónde estaba”, “por qué había dejado de escribir”. Y eso fue como el verdadero inicio. Abrí un Messenger para todos lo que querían hablar con Blue Jeans y una de las lectoras me gusta y yo le gusto y se convierte en mi chica (sonríe). El 3 de noviembre comenzamos a hablar y me cambió la vida. Empecé a abrir cuentas en la red Tuenti que permitía cada una, quinientos contactos y llegué a tener más de ciento cincuenta cuentas porque realmente la gente quería leerme. Las administraba todas yo. Tenía mucho tiempo libre (sonríe).

-Y ahí las editoriales se contactaron con vos…

-Al revés, les volví a escribir y con Everest tuvimos un ida y vuelta interesante hasta que les dije que había otra editorial interesada y que estaba por firmar, que era mentira, y ahí me confirman que publicaban. Nunca me voy a olvidar ese mail. Me junté con los editores, me pidieron que no suba más nada a Internet, al menos para tener el final en el libro y así comenzó todo. Y fue un boom. No me lo creía hasta que lo vi en la librería. Se agotaron las primeras dos ediciones. Hablé con mi madre, le mostré lo que la gente decía de mí en Internet y le dije, “madre, creo que he dado en la tecla” (se emociona). Con el primer libro, hice mi primera firma en Madrid, a la que vinieron diez personas y para mí fue toda una multitud. Estaba ultra nervioso.

-¿Y quiénes eran?

-Toda gente que había conocido en Internet (risas). Chicas entre catorce y veinte años. Recuerdo hasta los nombres (sonríe). Vino Paula, Jeli, Cecilia, que no volví a verla, le habré caído mal porque no supe más nada de ella (risas). Una chica llamada Fanny. Mi novia Esther. A los dos días tuve una más grande en una cafetería de Madrid. Y después en Fnac, que fue la gloria. Recuerdo que en esa época estaba de moda la saga “Crepúsculo” y eran todos libros oscuros y mi tapa era blanca con tres corazones rojos. Se veía mucho.

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-Los títulos de tus libros son increíbles: “No sonrías que me enamoro”, es mortal.

-Aunque no lo creas, no escribo el libro hasta que tengo el título. Mi segundo fue “¿Sabes que te quiero?” y las ventas se dispararon muchísimo. El final del primer libro lo dejé abierto y lo fui resolviendo en el segundo. Sigo improvisando como antes pero ya con una exigencia y con una fecha de entrega. Llegamos a los cien mil libros vendidos y ahí Planeta se fijó en mí.

-“El club de los incomprendidos” es un gran concepto.

-Es que me pasó que con los primeros libros los chicos eran todos muy guapos y perfectos. Entonces pasé a lo opuesto. A los incomprendidos, a los que se sienten solo, a los que todo les sale mal. Nunca puse nada de mi vida, pero sí las sensaciones. Y yo tenía muchas de esas (risas).

-¿Cuándo te consideraste escritor?

-Todavía no me considero escritor y mis editores me quieren matar por ello. Es un título inmenso del que no me siento propietario. Existen autores tan grandes, que me parece una fanfarronería creérmelo. Yo digo que soy autor de nueve novelas (sonríe).

Me gusta mucho viajar, pero no soy de darme grandes lujos.

-¿A quién te diste el gusto de conocer?

-A la Reina Sofía de España. Me llaman de Planeta y me dicen que la Reina me quería conocer. Que ella está cerca de los jóvenes y quería saber por qué tantos niños me siguen. Y ahí me ves, en la Feria del Libro de Madrid con la Reina, vestido con una chaqueta y pantalón blanco, el único con una gorra frente a ella. Muchos agentes de seguridad y yo le dije “alteza” (risas). Muchos nervios, no sabía cómo actuar, tanto protocolo me mareó.

-Todo ídolo tiene sus detractores…

-Sí, pero muchos menos de lo que yo imaginé. Recuerdo al primero que me dijo que “si un hombre mató John Lennon, por qué nadie había puesto la mira telescópica en mí”. Pero lo recuerdo como una anécdota. Entiendo que a cada uno le puede gustar o no. Pero si en Twitter alguien quiere bronca, lo bloqueo y listo. Contrario el lector que me dice “Vaya porquería de libro que has escrito Blue Jeans”, lo respeto, es su opinión. Yo hago lo mejor posible, encima ha gastado su dinero. Súper respetado. Eso sí. Los insultos no.

-¿Tras años de sufrimiento, cuáles son tus gustos?

-No gasto por gastar. No tengo auto, voy a todos lados en el metro o en el autobus. Me gusta mucho viajar, pero no soy de darme grandes lujos. Hasta el 2012 no había salido de España. Eso sí, ahora tengo una mesa donde escribir y lo mejor es que puedo echar una mano en casa de mis padres (sonríe).

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