#Música | Darío Barozzi, Polaroids de Música

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Por convención, la temporada estival es la elegida por buena parte de nuestros lectores para hacer turismo, trasladarse a otros lugares o incluso vacacionar en su misma casa pero en modo relax: disfrutando del ocio sin culpa, contemplando la naturaleza, absorbiendo la vida de encuentros con afectos.

Si a esos momentos de regocijo habría que enmarcarlos con una delicada banda de sonido, esa bien podía partir de canciones de Darío Barozzi. Guitarrista, compositor y arreglador argentino, en el epílogo del pasado año presentó “Savia”, su primer CD en un concierto de antología en Café Vinilo (Capital Federal). Sus composiciones se nutren de su dilatada versatilidad, desde el rock a la música contemporánea académica, pasando por el jazz y haciendo principal hincapié en el tango y el folklore argentino, destacándose además en la docencia y produciendo música para cine y teatro. Esa impronta del celuloide le aporta a sus canciones un poderoso contenido visual, si alguna vez ocurriera la fantasía que Woody Allen filmara por estos lados, seguramente incluiría algunas de sus composiciones. 

 

“La concepción de los temas del disco nacen de horas tocando el instrumento, llevando la guitarra a todos los viajes y con una suerte de capricho de querer capturar instantáneas en música. Al no llevar la cámara de fotos, el juego era ese. Llevarme algo de los sitios, pero en música. Luego se dio que el director Andrés Cuervo me pidió que haga la música de ´El Retrato Postergado´, su opera prima, un documental sobre Haroldo Conti y quedó encantado con algunos de esos temas que le pasé y los utilizó en la película. Después trabajamos mucho en conjunto en la banda de sonido total, pero algunas cosas estaban compuestas.  Eso fue algo muy lindo también para mí, ya que abrió otra puerta en cuanto a lo artístico.”


 

-Tal vez por tu recorrido por tantos escenarios con artistas variados subyace una impronta de viajes, inventaría un término del tipo “road álbum”, ¿Creés que hay algo de eso en tu trabajo?

-En el sentido en el que te dije antes, sí. La mayoría de los temas están compuestos en viajes, o las ideas principales nacieron de viajes, luego uno las pule, las toca, improvisa, etc. Pero quizás no eran viajes por trabajo o en plan gira, sino más bien viajes para conocer, expandir la cabeza, aprender músicas autóctonas, para absorber desde otro lado el folklore, culturas diversas. Viajes introspectivos si se quiere.

-Lo emocional, como la savia, emergerá a raudales en estos días post presentación. ¿Cuáles son las sensaciones al disfrutar ahora de tu flamante trabajo con canciones de larga data?

-En parte sí, es decir, por un lado concretar, hacer el disco, presentarlo, los ensayos con los músicos, y después la conexión con el público para luego bajar un cambio es genial. Además, como decís, es un material de años atrás que me debía cerrar. Eso está buenísimo y salda esa cuenta pendiente. Por otro lado, se genera una especie de vacío luego de todo eso. Y donde ya tengo un poco la cabeza en lo que viene, cómo y dónde concentrar la energía, proyectos, como darles cauce, financiarlos y demás cuestiones. Terminar algo supone automáticamente abrir la puerta y darle paso a otra cosa, y en ese ínterin, una especie de bajón puede aflorar. Momento de inflexión, un poco de cada cosa.

-No me atrevía a hablarte de la demora ya que un disco, al igual que un libro, sale cuanto tiene que salir, pero arriesgo a pensar que tu álbum debut llevó un tiempo por la exigencia a la que lo has sometido…

-Son canciones instrumentales que siempre anduvieron ahí, dando vueltas, se utilizaron algunas para cine, otras para teatro, yo las tocaba en vivo y eso las mantuvo vigentes. Se dio la oportunidad de editarlas y me concentré en eso. También es cierto que tienen bastante exigencia desde lo técnico, para tocar y grabar los temas, pero no fue lo fundamental de la espera. Recientemente se había editado el disco “Música de patios” que grabamos con Ale Guyot, que trabajaba hace tiempo con Acqua records y surgió la oportunidad de editar el material de Savia. Entre otras cosas eso supone un envión importante y así le di para adelante.

“La mayoría de los temas están compuestos en viajes, o las ideas principales nacieron de viajes, luego uno las pule, las toca, improvisa, etc. “

Fotos: Rocío Sanjurjo Ábalos y gentileza Roxana Bavaro
Fotos: Rocío Sanjurjo Ábalos y gentileza Roxana Bavaro

-El principal desafío habrá sido la elección del repertorio con composiciones que datan del 2003 con la dificultad de ensamblar todo en un disco homogéneo como el logrado…

-Bueno de alguna manera elegí los temas que tienen como una misma impronta. Los que nacieron del juego, de tocar, de viajes, de imágenes. Los que eran de la “misma familia”. También me propuse regrabarlos todos, en un mismo estudio y durante un lapso de tiempo determinado como para que tengan un hilo conductor en el sentido musical y en el toque. Eso seguro le brindó una coherencia extra. Así como también decidí dejar dos temas que habían sido grabados en otros estudios, años atrás, por el peso especifico que tenía cada uno para mí, personalmente. Y también eso le suma al total, es un buen cambio de color, logré que todos los temas tengan su sonido particular. Lo que atraviesa a todos es la manera de tocar.
Además de influencias musicales, entiendo que se impone el intercambio de experiencias, ¿Quienes realmente te han formado? Supongo que el detrás de escena de tus encuentros con Guyot,

-Ayala, Trelles o Baglietto ha sido un gran alimento para tu savia…

Mira, hago una deferencia, ya que de los que nombraste con Guyot tengo una amistad grande y fructífera en muchos aspectos. Con las amistades me formé mucho. De todas maneras, siempre de todas las experiencias uno se puede llevar algo. Solo hay que ser permeable a las situaciones. Respecto de lo extra musical puedo contarte que tengo muchos amigos artistas no músicos que son o escritores, artistas plásticos, gente de cine y teatro que me enriquecen muchísimo. Siempre aportan una mirada con cierta lejanía de lo musical que suele ser muy acertada, sin los vicios de la cuestión más particular, el trabajo, el ambiente. Siempre anduve con diferentes grupos de amigos, donde estudiamos juntos, intercambiamos, hacemos cosas productivas. De esas experiencias y amistades sale algo muy valioso para mí.

-Desde el rock a lo académico, ¿Cuales son los trajes que mejor te sientan?

Mucho tiempo me pregunté lo mismo, pero es en vano. Creo que el trabajo para mi es la aceptación de esa diversidad, de esa multiplicidad, que a su vez coincide mucho con el mundo de hoy. Soy de una generación que tuve desde pequeño mucha información al alcance de la mano. En Buenos Aires había todo tipo de expresiones artísticas de fácil acceso. Si querés estudiar música de la india, brasilera, académica, jazz y la lista es enorme. Hay de todo y de mucha calidad en este país. Y además con la guitarra española…La tradición guitarrística argentina es inmensa, riquísima desde donde la mires. Pienso que distinto puede ser es el caso de alguien que vivió en su adolescencia la época de oro del tango, o el auge del folklore, o la llegada del rock de afuera, o los inicios del rock nacional, la dictadura con la canción de protesta. Seguramente se sientan muy identificados y empaticen exclusivamente con algún movimiento en particular. Es bastante lógico. Digo, hay una parte personal y otra generacional.

-¿Cómo fue en tu infancia tu relación a la música?

-Mi primer instrumento fue el piano, más bien un órgano, un Casio que me compró mi viejo porque le insistí mucho. Estaba fascinado con Queen y quería tocar el piano y cantar como Freddy, fue el año de su muerte. Tenía ocho o nueve años. Después mi tía me regaló una vieja guitarra suya, ahí empecé a tocarla solo, sacar algunas cosas, pedirle a todo aquel que tocara que me enseñe algo, ya que no provengo de una familia de músicos.

-¿Cuándo descubriste el jazz?

-En la adolescencia, cuando ya tocaba, o al menos le dedicaba horas a la música. A tocar, a investigar. Escuchaba mucho rock progresivo, sinfónico. Siempre indagaba, leía que muchos de los cultores del progresivo tenían influencia de jazz, de música académica, supongo eso me inyectaba curiosidad en el tema. Conocí a Jeff Beck, Scott Henderson y la cuestión jazz rock/fusión. Por otro lado, un amigo me prestó un disco de Weather Report y entré a todo lo demás. Al tiempo un amigo me habló de Walter Malosetti, lo contacté para tomar unas clases. Él me mostró a Django Reinhardt, a Montgomery, Mc Laughlin. Comencé a tocar, a comprender un poco el género, el estilo, y aprender a escucharlo, a apreciarlo.

-¿Cómo surgieron esas vinculaciones con el folklore y el tango?

-El tango me pegó muchísimo, en un principio desde lo guitarrístico. Desde la guitarra solista, más bien. Cuando escuché en vivo a Aníbal Arias y a Juanjo Domínguez por primera vez me impactó muchísimo. Arias con el dúo que tenia con Montes y a Juanjo solo. Al toque me interesé mucho por el tema. El folklore me pegó mucho con la figura de Atahualpa Yupanqui, sus composiciones, su obra, sus letras. Me sigue fascinando, de hecho es uno de esos músicos a los que vuelvo siempre, como una escuela, un manual. Me pasa con Baden Powell, Paco de Lucia, Astor Piazzolla, Roberto Grela, Keith Jarret, Zappa, Spinetta, Coltrane, Miles Davis, entre otros. Son músicos que admiro muchísimo, a los que vuelvo siempre

-¿Cuáles fueron los mejores momentos de los últimos tiempos? Estuviste en el homenaje a Spinetta…

-Grabamos para el disco Raíz Spinetta junto a Rocío Sanjurjo Ábalos –mi mujer- que en ese momento estaba embarazada de nueve meses de Nina, nuestra hija. El tema elegido fue “La aventura de la abeja reina”. Siempre estuve muy ligado a la obra de Spinetta como admirador. De hecho uno de los temas de Savia, “Paraíso Kamikaze”, está dedicado a él, en vida, que por suerte se lo pude dar personalmente y conocerlo, pocos meses antes de que muera. Me parece muy bien que el día del músico lleve su nombre. Avalo a pleno esa decisión.

-Y ahora, ¿Hacia dónde se dirigen tus constantes viajes?

-Estoy trabajando en un material audiovisual del concierto de Café Vinilo, muy contento con eso y con ganas de editarlo, ya que hay versiones que no las voy a tocar más como ese día, ni con quien las toqué. También hay mucho material inédito, composiciones que no salieron antes a la luz. Se grabó en vivo, se mezcló y estoy muy contento con eso. Y con varios proyectos en la cabeza, pero no quiero decidir nada rápido ni quemarlos. A seguir trabajando.

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