Dado Vuelta Estás Vos

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Antes que Kandinsky, antes que Mondrian o Malevich, la primera artista plástica que se abocó al abstracto fue la sueca Hilma af Klimt. Pero su trabajo no conoció hasta la década del 60 y fue realizado por razones muy particulares.

En 1907 Europa vibraba con innovaciones artísticas y científicas: Picasso destruía la perspectiva tradicional mientras pintaba prostitutas en París, mientras que en Viena, Gustav Klimt disfrutaba de su período dorado que daría como fruto “El Beso”, su ícono más preciado. Lejos delas dos grandes capitales de la cultura continental, en pequeño estudio de Estocolmo, una mujer en sus cuarentas realizaba una serie de misteriosos y revolucionarios cuadros.

Eran pinturas grandes, (la mayoría eran de 3×2 mts.) pero su contenido era más impactante que su tamaño: figuras amorfas y los colores brillantes pulsaban con energía desde los lienzos. La artista responsable se llama Hilma af Klint, graduada con honores de la Academia Real de Bellas Artes de Estocolmo, pero para sus contemporáneos siempre fue una pintora figurativa común que trabajaba con temáticas corrientes. Nadie sabría de estas enormes pinturas secretas hasta mucho después.

Af Klint comulgaba con varias de las corrientes metafísicas que en ese entonces triunfaban entre la clase alta europea. Junto a 4 amigas formaron “Las Cinco”, con quienes mantenía el objetivo primordial de entrar en contacto con seres trascendentales conocidos como los “Grandes Maestros”. Para ello utilizaban desde hipnosis a sesiones espiritistas, una de las cuales desencadenó visiones místicas en Af Klint que aseguraba haberse contactado con un ser extra corporal que le encargó la creación de más 190 cuadros.


“El principio del siglo XX vio el renacer de un interés especial por lo espiritual y lo esotérico. La presencia de las potencias europeas en las colonias de Asia y África durante el siglo XIX, inundó occidente con creencias y cultos sincréticos: surgieron maestros y gurús, sociedades secretas y cultos que buscaban verdades supremas, contacto con seres superiores o directamente espiritismo.”

¿Qué debían retratar estos cuadros? Planos astrales y aspectos de la inmortalidad de los hombres que una entidad llamada Amaliel le susurraba. Un lenguaje simbólico que guarda un mensaje místico y que debían llenar un templo a construirse en el futuro, de ahí que su autora los llamara colectivamente “Las Pinturas para el Templo”. Así son las incomprensibles y maravillosas formas y colores de las pinturas que af Klint nos legó. Ninguna otra de Las Cinco se atrevió a seguir a Hilma en este proyecto, pero se sabe que la artista se abocó de manera frenética, realizando cuadros “normales” para sustentarse mientras en secreto trabajaba con lo que las visiones le encargaban. Si es cierto o no lo que de estos cuadros se afirma, la artista sueca trabajó en ellos como poseída.

Antes de morir en 1944, af Klimt le legó toda la colección intacta (1,200 pinturas, 100 textos y 26,000 páginas con notas) a un sobrino bajo órdenes estrictas de que ninguna debía ver la luz hasta 20 años después de su muerte, lo cual se cumplió pero deberían pasar otras dos décadas más antes de que las pinturas trascendieran y se las comenzase a valorar como pioneras en el arte abstracto.

Temporalmente son, de hecho, sus obras son cinco años antecesoras de las experimentaciones de Kandinsky, pero es muy discutible considerar los cuadros de af Klint como revolucionarios. Si bien el artista ruso también se inspiró en la espiritualidad y el misticismo para crear sus trabajos geométricos, Kandinsky elaboró manifiestos y teorías, interactuó e inspiró a sus contemporáneos: comenzó un movimiento y un estilo, el abstracto. Af Klint creó un monumental y destacable secreto. Sería tentador pensar como hubiera tratado las historia a las pinturas que por primera vez introdujeron lo abstracto al arte visual, pero lo cierto es que la propia Hilma decidió ocultarse de la historia.

Por otro lado, hay que entender que para af Klint lo que hizo no era una expresión artística sino espiritual y ella negó rotundamente saber de qué trataban porque habían sido realizadas por una fuerza que uso sus manos como herramienta. Hoy se entiende que mucho contienen símbolos con reminiscencia al budismo, el hinduismo y la cábala judía, un vocabulario visual que guarda interpretaciones más cercanas al subconsciente de af Klint de lo que ella hubiera querido aceptar.

Y su importancia recién comienza: si bien af Klimt se negó a sí misma participar de los movimientos artísticos de vanguardia que le correspondía por derecho propio. La contemporaneidad la ha re descubierto compasión y desde su primera exposición en Los Ángeles en 1985 y, sobre todo, desde la exitosísima realizada en Estocolmo en 2013, su imagen y reputación se han elevado. Tal vez lo que no fue en otro momento, sea ahora, en un nuevo milenio.Después de todo, fue ella quien ordenó borrarse de la historia para volver a escribirse en el futuro.

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