Matías Herrera Córdoba | La Cámara y el Calefón

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Cuando se menciona –como ya lo hemos hecho en Revista Random en otras ocasiones- del evolutivo presente del cine cordobés no debe pasarse por alto a la productora más prolífica de Córdoba: El Calefón.

Ya han pasado más de una década de sólidos trabajos donde han demostrado oficio y talento en la realización de producciones propias, tanto en cine como en televisión. Entre algunos de los trabajos para la pantalla grande se destacan “Mis Pies”, película que marcó un antes y un después en la historia de la productora, y sus primeros largometrajes documentales: “Criada” y “Buen Pastor, Una fuga de mujeres”.

Como ellos mencionan, “El Calefón fue creciendo también al lado del segmento audiovisual mediterráneo, participando en los espacios de organización colectiva, apostando a un espacio de producción desde Córdoba, consciente de que la importancia de hacer cine desde todo el país no es solamente económica, sino que abre la posibilidad de transmitir las vivencias y la identidad de todas las otras regiones, multiplicando las miradas y apostando a la diversidad cultural como resistencia a la globalización homogeneizadora. De este modo intenta aportar a la construcción de un cine argentino mucho más amplio y diverso”.

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Foto: Prensa El Calefón



El Grillo, recientemente estrenada, es la primera película de ficción dirigida por Matías Herrera Córdoba, que además es el director de El Calefón. Con Revista Random aprovechamos esta agradable excusa para hablar con el director de tantos proyectos consolidados. “Nunca es menor la ansiedad, estar al frente de una sala llena no es poco. Estás en el momento que la película comienza a tomar vida, vida propia, deja de pertenecerte. Es algo que uno lógicamente espera, pero uno queda vulnerable frente al movimiento que se genera en torno a un estreno”, nos cuenta Herrera Córdoba sobre la avant premiere.

Como ellos mencionan, “El Calefón fue creciendo también al lado del segmento audiovisual mediterráneo, participando en los espacios de organización colectiva, apostando a un espacio de producción desde Córdoba, consciente de que la importancia de hacer cine desde todo el país no es solamente económica, sino que abre la posibilidad de transmitir las vivencias y la identidad de todas las otras regiones, multiplicando las miradas y apostando a la diversidad cultural como resistencia a la globalización homogeneizadora. De este modo intenta aportar a la construcción de un cine argentino mucho más amplio y diverso”.

El Grillo, recientemente estrenada, es la primera película de ficción dirigida por Matías Herrera Córdoba, que además es el director de El Calefón. Con Random aprovechamos esta agradable excusa para hablar con el director de tantos proyectos consolidados. “Nunca es menor la ansiedad, estar al frente de una sala llena no es poco. Estás en el momento que la película comienza a tomar vida, vida propia, deja de pertenecerte. Es algo que uno lógicamente espera, pero uno queda vulnerable frente al movimiento que se genera en torno a un estreno”, nos cuenta Herrera Córdoba sobre la avant premiere.

– Sé que la génesis de El Grillo partió de encuentros con Mónica Leunda donde plantearon varios conceptos ¿Cómo fue el proceso de creación a dúo?

– Viví casi dos años con Mónica, fue mi mecenas. Su propuesta fue que ella no me cobraba alquiler para que no tenga que preocuparme tanto en conseguir dinero y dedique mi tiempo a para hacer cine. A la par, fuimos armando un teatro al aire libre. Nunca hubo un boceto de la película, con Mónica teníamos charlas que terminaban a las tres de la mañana, es una persona muy culta y sensible a la imagen y las emociones. De todo ese proceso fui armando la historia en papelitos y lo íbamos conversando. Todo ese mundo de El grillo tiene que ver con nuestras vidas, nuestras ausencias, miedos, reflexiones y locuras.

– La casa como refugio donde después cuesta volver a salir, vaya si eso no es algo que nos toca de cerca a los que vivimos en grandes metrópolis y que se sentirán identificados, ¿Cómo fuiste explotando esta problemática?

– La idea original tenía dos momentos, uno adentro y otro afuera, en barrio Alberdi. A su vez quería experimentar ese afuera de manera documental. Filmamos mucho, luego de un primer corte de guión con Lucía Torres y Juan José Gorasurreta acordamos que la película estaba adentro de la casa. Lo demás no era necesario para este film. Ese adentro lo había trabajado a conciencia, estos personajes (como nosotros) necesitan de un refugio donde poder ser, el afuera es muy violento, y no hablo de inseguridad, sino de sociedad.

– ¿Cuáles fueron las modificaciones más significativas que fue teniendo la película desde los inicios?

– Fueron varias modificaciones, primero yo no quería filmar con guión, y terminé escribiendo y trabajando con él. Otra gran modificación fue eliminar el afuera del montaje. El montaje se convierte en una suerte de encuentro con el material donde empiezan a existir varias películas posibles. Lucía Torres, la montajista, es una persona muy sensible para encontrar el corte entre una imagen y otra, entre las escenas, se compenetra con la historia, y de allí surguieron varias modificaciones donde se dejó mucho material de lado que hicieron a la solidez de la película que tenemos hoy.

– Esto te lo pregunto porque puede ser ejemplificador para cualquiera que inicie una obra artística, ¿Cuáles fueron los principales obstáculos que tuviste que sortear?

– El principal obstáculo fui yo mismo, tuve que formarme mucho antes de hacer este film. Porque toda película de autor representa una búsqueda, “la necesidad de un desesperado por contar al mundo” dice Juanjo en las funciones del Cineclub La Quimera. Esto es una gran responsabilidad, o al menos me gusta pensar el cine de esa manera. Si en la búsqueda no aparecen respuestas no hay obra, hay proceso.

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Foto: Prensa El Calefón

– Justo antes de cruzar estas preguntas con vos, mi mujer me decía, no tenés que pensar tanto, mentalizar o analizar las cosas, disfrutá…Un consejo que bien podría ser para tus personajes de El Grillo, ¿no?

– Mi expareja me decía lo mismo (risas). Y en algún momento llegué a hacerle caso, y el aburrimiento que me pegué fue terrible, dejé de crear, literalmente, durante más de un año, donde intentaba “disfrutar”. Y la conclusión, fue que eso de dejár de pensar viene de un miedo a ver, pensar te da más libertades pero también te hace encontrar en lugares difíciles de transitar. ¿Quién se anima a mirarse en el espejo por más de una hora? Estos personajes piensan y dicen lo que piensan porque ya están más allá de todo. Graciela con metástasis, viuda de muy joven, Holanda que no sabe si el teatro le dio vida o se la quitó, Gabriel que siente que ayuda porque no puede hacerse cargo de su vida. Ya están anesteciados digamos, lo que digan no cambiará el rumbo de la vida, sí sus emociones.

– Igual, si bien no es una fórmula mágica, ¿No creés que hay veces que es mejor ignorar a esa voz racional que todo lo analiza y el placer va atado a dejar fluir más libremente?

– No, porque creo que el placer es dinámico y pensar no apresa, al contrario, libera. Y qué más placer que reconocerse, que encontrarse con uno mismo. Tampoco pensar es algo racional únicamente, la poesía dónde estaría sino.

– Tenés razón (valga la redundancia). Los personajes tienen mucha cercanía, sabemos que lograste además una gran complicad con los actores ¿Cómo fueron gestándose? ¿Terminaron pareciéndose mucho a personas reales que conocés?

– Nos conocimos en los ensayos, no me preguntés por qué, pero se me ocurrió que en vez de ensayar escenas, Martín Rena nos enseñe un poco de yoga, luego hacerlos cantar, y hablar mucho sobre sus personajes y qué tanto de ellos había. Se plantéo como un juego donde cada uno si quería podía meter una ficha a su personaje. Pero ellos no son así en la vida, son muy distintos, esto los hace tan buenos actores. Pudieron aportar desde sus viviencias sin dejar de personajes. Y ninguno se parece a alguien que conozca pero tampoco se alejan tanto de la gente que me rodea. “Vendo un chanchito bonito, quién me lo quiere comprar” cantaba mi papá y Holanda recuerda aquello.

– Esto lo ignoro y me disculpo por eso, pero arriesgo a que estás trabajando en tu próxima película o, bien, que ya se empezó a bocetar…¿O cambiarás de género directamente?

– Sí, ya estoy trabajando en un próximo film. Con El grillo yo creí que estaba haciendo un drama de tipo clásico, ahora iré por otro género. No me preocupa que piensen tanto, seguramente serán distintos. En “Criada” mi primera película documental, Hortensia prácticamente no habla nada. En El grillo se hablan todo y de todo. Quizás me tiro al cine 3D mudo (Risas).

– Con tu productora ya habías presentado “Criada”, “Buen Pastor, una fuga de mujeres” y “Yatasto”. ¿Cómo has vivido ese movimiento de cine cordobés del que se habla y que lógicamente tiene a El Calefón como protagonista?

– El movimiento de cine cordobés nos encontró a nosotros produciendo. Hace casi once años planeábamos con Juan Maristany que queríamos quedarnos a hacer cine desde acá, es más, queríamos filmar en otros lados y así lo hicimos. Buenos Aires no era una opción. Trabajamos la producción de una película desde la creatividad y para esto hace falta estar tranquilo, en el lugar que uno quiere. Trabajar colectivamente, como lo hacemos (somos cinco), no es solamente un forma de producción es una postura política ante la vida. El cine cordobés es un fenómeno no por sus películas, sino por cómo habitamos el cine: artistas trabajando de técnicos, cineclubes por todos lados, en teatros, en una pollería, en ¡la cancha de Belgrano! Hay críticos especializándose, hay revista de cine, programa de tv, etc. Eso es el fenómeno.

– ¿Qué trabajos son lo que más te enorgullecen?

– Cada uno de los trabajos que hicimos significó desafíos, desde lo estético, desde lo narrativo, desde la producción. Y cada uno me dio felicidad por distintas razones. Ahora estamos finalizando Nosotras/Ellas que es un film de Julia Pesce, muy pero muy hermoso.

– Descuento que tu camino pasará por tener -por decirlo de alguna manera- siempre la cámara encendida…

– Sí, se trata de seguir descubriendo la luz, lo sonoro, los personajes, las miradas. Las formas cinematográficas son un objetivo cuando uno se encuentra en este mundo.

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