Charo López: Ahora ella

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La actriz y comediante estrena su primer gran protagónico en la pantalla grande con la flamante comedia “Hoy se arregla el mundo”. Tras un año muy prolífico donde combinó sus participaciones en radio, podcast y televisión, continuó con sus aclamados videos en redes sociales y su tarea como docente. En una entrevista exclusiva con RANDOM repasa también parte de sus inicios en el medio.

La joven entregaba curriculums pero nadie dejaba mensajes en su contestador. Cada tanto aparecía alguna changa que le permitía costearse clases de actuación pero en ninguno de los oficios varios lograba mantenerse. En realidad, había uno solo para el que había nacido donde demostraría todo su potencial artístico. Sólo era cuestión de tiempo. “Yo lo tuve claro de muy joven, cuando hice la primer obra de teatro y vi que la gente se reía de lo que hacía, siempre fui como la preferida de los profesores y me fueron ayudando como que podía funcionar. Sobre todo también porque me di cuenta que no sabía hacer otra cosa, eso fue lo que más me marcó. Cuando iba a buscar trabajo de otra cosa nunca quedaba. No sé hacer otra cosa. Si bien trabajé de mil cosas más eran trabajos alternativos para poderme sostener, tomar clases, poder mudarme sola, para poder esperar porque a veces hay que esperar un montón hasta que tenés tu economía”, dice.

Charo nació en Buenos Aires en los inicios de la década del 80 con el nombre de María Carolina López Schmalenberger. Al mismo tiempo que abandonaba la escuela secundaria, comenzaba a estudiar teatro, tenía 15 años. Sus primeras construcciones en el humor partieron de la observación doméstica. “Siempre fui muy tímida y mi familia es muy graciosa, por parte de mi padre son cordobeses y mis tías, primas hablan mucho y son muy graciosas, son increíbles comediantes. Siempre pido por favor que no se dediquen a la comedia porque me quedo sin trabajo automáticamente. Reconozco que soy bastante ladrona de mis primas”, sonríe.

En 2003 hizo su primera aparición en la televisión con un papel secundario en el clip Los días, de Mariela Bond pero a esa altura ya estaba fogueada por sus trabajos al lado de Fabio “Mosquito” Sancineto, el rey de la improvisación. “Yo empecé previo a los likes, soy de la época de los flyers, la del volanteo en la playa. Lo primero más formal fue cuando empecé a estudiar con Mosquito (Sansineto) y ahí trabajé con él un montón de tiempo. Nos íbamos en el verano a Mar del Plata a volantear a la playa, de manera analógica, hablar con la gente y explicarle de qué era el show y hacer luego las dos funciones a la noche. Después vinieron los likes y todo eso, bienvenidos, todo bien”, recuerda.

Pese a esos comienzos “analógicos”, Charo supo adaptarse con creces a la era digital donde creó múltiples formatos en resonancia con las apps o redes de moda, pero pone paños fríos: siempre con los pies en la tierra. “Nunca adopté el oficio de instagramer o de tengo que hacer un video por semana, soy un desastre pero entiendo que soy de otra generación. Cuando se me ocurre algún video lo hago pero por ahí no se me ocurren muchos. Y por ahí sí. Cuando me hablan de engagement siento que es todo mentira. Pero también el hacer otras cosas, este año estuve haciendo radio en la Nacional Rock, ahora con los podcast (Un mundo maravilloso) que grabamos dos por semana, estamos haciendo también ‘Checho y Batista’ en la TV Pública, es decir hay otras cosas que me hacen no depender solo de las redes. Por eso soy una mala instagramer. Tal vez mañana desaparezca Instagram y me deje afuera todavía y está bien, las nuevas generaciones tienen sus cosas”, cuenta.

Para López: “Cuando una persona le gusta lo que hace puede estar construyendo durante años, pero cuando estás únicamente en la vorágine del like y de darle de comer al bicho continuamente eso un poco se desmorona, puede tener picos pero es difícil de sostener. A mí realmente me gusta lo que hago y por eso lo puedo seguir haciendo desde hace años. Tengo 41 y más o menos desde los 18 que hago cosas, tranquis pero constante”.

Charo que se hizo más popular en “Duro de Domar” (El Nueve) con el famoso sketch denominado “Cualca” junto a Malena Pichot, también realizó “Por ahora” (Cosmopolitan), la obra de teatro Improcrash! y el thriller dramático Morir de Amor, entre otros éxitos. Ahora se luce con un papel protagónico a su medida en la nueva película Ariel Winograd “Hoy se arregla el mundo” (se estrena el 13 de enero) y comparte cartel con Leonardo Sbaraglia, Benjamín Otero, Luis Luque, Martín Piroyansky, Soledad Silveyra, Gerardo Romano, Gabriel Corrado y la participación especial de Natalia Oreiro y Diego Peretti. “Hacer cine era algo soñado para mí, había hecho bolos y personajes sin nombres, tener un personaje con construcción, con poder pensarle cosas fue como ganarme 20 viajes a Disney. Después cuando terminó la película dije: yo quiero más de esto. Me encantaría seguir haciendo cine es como que probé un dulce alucinante”, se ríe.

¿Cómo viviste la espera hasta este inminente estreno?

La ansiedad se elevó mucho más por toda la espera de dos años, estoy muy ilusionada y con muchas ganas de que se vea la película. Es muy entretenida y me dan ganas de ver qué le pasa a la gente al verla. Por la pandemia fue como que se pausó, hacerla y que quede ahí pero también estuvo bueno. Estos dos años nos enseñaron a entender todo lo que era necesario. Me parece que ahora el encuentro, el arte, la amistad y el amor empezaron a valer más. Si se estrenaba en ese momento hubiera estado en esa vorágine, ahora es como que se hippeo mucho más.

¿Cómo te llegó el papel?

La propuesta llegó con un mensaje en Instagram, no dudé en ningún momento. Me escribieron “¿Te interesa un casting para una película? Sí, obvio, dije”. No sabía que era algo de Ariel (Winograd), que estaba Leo (Sbaraglia) ni nada. Leí una escena, me pareció graciosa y divertida y fui al casting sin saber absolutamente nada. Cuando escuché que decían “este Natalia (por Oreiro), Leo, etc y dije qué onda?”. Después me fui enterando un poco más a medida que calculo fui quedando. Y después fue muy lindo, conocer a Ariel (Winograd) ya en el primer encuentro fue espectacular. Nos pusimos a charlar un montón de comedia y él es muy interesante, es como un nerd de la comedia y te das cuenta que le gusta. Pregunta, es curioso. Yo vengo del mundo de la improvisación y me preguntó mucho de eso. Hablamos de técnica incluso, fue un encuentro muy lindo, encontrar a alguien interesado en la comedia que hacía y pudimos hablar mucho.

¿Cómo fue la experiencia en el rodaje?

Fue como un oficio totalmente distinto, las payasadas que por ahí funcionan en el teatro o en una serie acá no. Me dispuse a aprender de todo y realmente fue de ese modo porque nunca había hecho algo así. Ya al trabajar con Leo (Sbaraglia) que es una persona con tanta experiencia de movida ya aprendés. Realmente no improvisé y fue hacer totalmente otra cosa para mí. Estuvo buenísimo.

Charo se muestra muy conforme con la deconstrucción del amor que plantea la película a través de las relaciones y le queda también un gran sabor de boca por su papel: “el personaje que yo hice es una persona despistada, muy desbolada pero aunque parezca que está en las nubes cuando hay que hacer algo lo hace. Esa construcción está buena, parece muy distraída pero cuando hay que solucionar actúa. Está muy buena la historia que plantea la película, un niño que quiere encontrar a su padre biológico y al final se empieza a restructurar toda la concepción de la familia porque se arma una familia medio rara, en el medio los lazos emocionales y por detrás hay un mensaje de deconstrucción muy del bien”, dice.

¿Cómo sos puertas adentro?

Soy muy curiosa, me gusta saber qué pasa. Me atrae mucho la gente que sabe cosas que desconozco. El contacto con los amigos que siempre traen cosas nuevas, estoy rodeada de gente curiosa y desprejuiciada. Antes pensaba que una persona de cuarenta ya era una persona muy seria, pero sigo haciendo y riéndome de lo mismo. Encontrando curiosidades o compartiendo cosas de humor y no me llegó un congelamiento. La curiosidad y la falta de prejuicios las mantengo. Voy curioseando sin parar, después fui madre y con mi hija todo un mundo nuevo y uno va observando de todo lo que va pasando.

Uno tiene el cliché con el comediante si es así todo el tiempo, pero me da que sí con vos…

Me pasa algo y que me gustaría conservar siempre es que sigo manteniendo el deseo de juegos, de disrupción, soy un mal adulto para tener conversaciones porque siempre estoy en la pavada pero hay un tono que siento que me acompaña desde siempre. Y si la gente se ríe apenas llego ya es una bendición para mí. Me gusta hacer chistes y estar con personas que hacen chistes, eso me encanta.

Siempre es un buen antídoto para todo, incluso cuando no te va tan bien…

Cuando los comienzos son divertidos, tipo que no tenés un mango después ya perdés el miedo a no tenerlo porque ya pasaste por ahí y sobreviviste. Te peina un poco la neurosis de lo que es importante y lo que no. Está bueno acordarte de eso, si hacés algo en donde te va mal o te critican no debe importarte tanto, ni cuando va bien ni cuando va mal. Sino es como depender todo el tiempo del afuera.

¿Cómo atravesaste la pandemia?

En la Pandemia como mono curioso que soy no paré nunca, estuve dando clases todos los días, hice streaming con una amiga comediante chilena que se llama Paloma Salas y hacíamos todos los domingos como un back to back de personajes chilenos y argentinos, así que por suerte laburé un montón. Ahora queremos seguir con el podcast que va diariamente en Spotify y es un trabajo re lindo y estoy muy contenta. Me sorprende un montón cuando gente de afuera me dice algo. Salió también una serie para hacer en marzo y estoy chocha. Y también quedaron algunas otras cositas para hacer.

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