ENTREVISTA | CANDELA ANTÓN DE VEZ : FILOSOFÍA DE VIDA

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Por estos lares la actriz ganó notoriedad con el personaje de Berta en la serie “Merlí” que se perfila como un envío de “culto”, expresión ambivalente que en general se manifiesta cuando se erigen fanáticos y los capítulos se miran en más de una ocasión.

Incluso, tras el éxito de la serie aumentaron los ingresos en carreras humanísticas en España, las merlineadas han contagiado y Candela, al igual que varios de sus compañeros, brilla en su papel como una alumna de bachillerato en el Instituto donde el profesor de filosofía pone patas para arriba a cada situación de “normalidad”. Los lectores que han visto la serie comprenderán la insistencia de este periodista con preguntas sobre la misma (que recomiendo ver), pero exceptuando cierto fanatismo, la propuesta es adentrarnos en la escena interpretativa de una artista que lleva las artes escénicas en las venas, que se da el lujo de debutar de pequeña con su madre y de actuar en los últimos tiempos junto a su padre, de rodar con espectáculos de microteatro junto a su pareja y de aplicar la máxima “descartiana” de pensar para luego existir.

Soy de respetar las causalidades de la vida y observando tu carrera, si no hubieras estado en “Pulseras Rojas” quizás todo hoy sería muy diferente, ¿no? ¿Lo has pensado en perspectiva?

De alguna forma, debemos presuponer que parte de nuestros éxitos vienen determinados por una suerte de providencia; acaso sin esa reflexión los fracasos fueren más amargos. De todos modos, empecé con la interpretación -a nivel profesional, me refiero- a los 14 años, con un papel protagónico en una película llamada “BLOG”. A raíz de aquella película conseguí a mi representante, que fue la que me estuvo pasando innumerables castings. Muchos de ellos, conducidos por una de las mejores directoras de cásting que he tenido la fortuna de conocer: Consol Tura; que, además, es la directora de cásting de los proyectos más eminentes de TV3. Fue a tenor de habernos conocido con esta directora como opté a ambos papeles (el de Pulseras y el de Merlí). Así que, como toda cosa hermosa y toda experiencia hermosa, fue un poco de suerte mezclada a iguales mitades con dedicación.

Después que probaste el papel de Mónica y luego quedaste en Berta, pasó un año y medio y casi se cae el proyecto, otra locura teniendo en cuenta el éxito mundial de la serie, ¿Cómo viviste esa transición?

Fue un periodo bastante duro para mí, personalmente hacía unos meses que me replanteaba esto de la interpretación, pues sentía que había dejado de lado mi “verdadero” sueño de ser historiadora y que no acababa de medrar en el mundo de la farándula, por así decirlo. Después del primer subidón de adrenalina cuando me notificaron que me habían elegido para encarnar a Berta en la próxima serie de TV3, la alegría fue un tanto enturbiada por los meses de espera. A pesar de todo, el hecho se esperar algo con tanto anhelo durante tanto tiempo hace que el momento de su consecución sea mucho más aterciopelado e intenso, ¿no?


Claro, y sé que preparaste el personaje con un método no muy usual de los actores que es la música, ¿Cómo fue la construcción de Berta?

¡Sí! Preparé a Berta a base de escuchar Nirvana a todas horas. De alguna forma su odio hacia el mundo, su rabia candente, acaba filtrándose por todos los poros de la piel. Era esa rabia descontrolada para con todo el mundo, lo que, en mi opinión, caracterizaba a Berta Prats. La rabia del ser sensible, incomprendido por el mundo, y, en especial, por su familia, ese pequeño núcleo que se supone que debería amarla y comprenderla. En resumen: encarnar a Berta era encarnar el espíritu adolescente por antonomasia y ¿Quién mejor para impregnarse de tal espíritu que Kurt Cobain?

Inmejorable elección. En tanto, como actriz sabías –por tus otros estudios- bastante de la filosofía pero la serie además de entretener propone el debate sobre tantos aspectos esenciales de la vida, ¿Qué te sedujo?

La verdad es que el saber que la filosofía vertebraba la serie fue un enorme aliciente para soportar los meses de espera. Yo siempre he amado la filosofía, es más, el pensamiento en sí mismo. Por eso estudié Humanidades y luego Historia del Arte: para pensar el mundo, para ponerlo en duda, para poder saber, con cierta certeza, sobre las cosas bellas que pueblan nuestra tierra. Cuando leí por primera vez los guiones de Merlí, una especie de escalofrío electrizante me recorrió el cuerpo y pensé: “¡Por fin, una serie para jóvenes que versa sobre planteárselo todo y cuestionarle hasta la esencia misma de las cosas!”. Aunque lo más bello de este viaje, en este sentido, ha sido descubrir que, a raíz de la serie, una gran cantidad de jóvenes se han matriculado en la carrera de Filosofía. No se si estáis enterados de que aquí, en España, las humanidades peligran desde hace unos años; son despreciadas y menoscabadas, como si en lugar de ser lo más valioso que tiene el alma humana, no fuesen más que papel mojado e inservible. Ahora que lo digo quizá caigo en la cuenta de que esto debe ser así en el mundo entero. Los librepensadores no convienen nada a nuestras sociedades.


En tres temporadas has tenido grandes escenas y entiendo que miles de anécdotas detrás de cámaras, Imagino, por ejemplo, la despedida de Ferrán Rañé en el personaje de Millán, ¿Verdad?

Sí, te digo la verdad, las escenas que más he disfrutado son las del capítulo 9 de la segunda temporada, aquél de los castigados. Aquél en que se marcha Millán. Al ser solo cinco los que nos quedábamos después de clase, el rodaje fue mucho más íntimo y mágico. Rodamos de noche, cosa que ya le daba un aspecto como de aventura, y además tuvimos escenas intensas y bellas, que los cinco actores pudimos disfrutar enormemente.

Tu personaje además va evolucionando, ¿Cómo ha sido trabajar para mostrar las inseguridades de una hija que es segunda prioridad de su mamá y la efervescencia sexual que despierta?

¡Ha sido natural como la vida misma! Todo adolescente es susceptible de haberse sentido como Berta alguna vez. Lo bello de interpretarla radica en el crecimiento que experimenta a lo largo de las tres temporadas; pasando de ser una chica oscura y rabiosa, a una persona vulnerable y con necesidad de ayuda. Más que intercambiando una cosa por la otra, descubriendo una cosa bajo la otra. Lo bello de este personaje ha sido irle quitando pieles, hasta dejarlo en lo más puro y nuclear.

Has debido cambiar el registro para el papel, ¿Cómo fue tu etapa en la institución educativa, había mucho peripatéticos?

La verdad es que, como he dicho, creo que todos podemos tener bastante en común con Berta, incluida yo, por supuesto. Para mí la adolescencia fue un periodo convulso y complicado. Un tiempo de poca comprensión hacia mi propia persona y hacia el mundo. No supe hacer muchos amigos, pero aprendí un montón de todo lo que me aconteció. En general, en la etapa del instituto no está muy bien visto que un alumno ponga las cosas en duda, así que mi conducta no era nada bien recibida. Yo no entendía muchas dinámicas de profesores que despreciaban a los alumnos y los trataban como si fuese inútiles; siempre me cabreaba ante tales injusticias con el obvio resultado de que acababa llevándome yo las broncas. A pesar de todo ello, en bachillerato tuve un maravilloso profesor de Historia, que consiguió enseñarnos las mieles de la historia con sabiduría y tesón; ah sí, ¡y con una paciencia de santo! Se llamaba Ramón Serra.

Antes de eso dabas los primeros pasos en la actuación junto a tu mamá, pero ¿Cuándo sentiste que tu profesión sería la actuación?

Bueno, como he dicho antes, desde chiquita he querido ser historiadora, mejor dicho, egiptóloga. A los 10 años conocía todas las dinastías del antiguo Egipto, y soñaba con pasearme por los patios columnados de los grandes templos de Egipto (Luxor, Karnak, Philae). La verdad es que más allá de ser una extraescolar que adoraba -y una maravillosa actividad que desempeñar junto a mi madre- nunca lo vi como una futura profesión. Qué vueltas da la vida, ¿verdad? (asiento) Aunque ahora echo la vista atrás y me doy cuenta de que las horas que empleé en conocer tiempos pasados, en leer libros de mundos inventados, en pasearme por lugares jamás vistos, no han hecho más que avivar el fuego de la imaginación en mí. Y, sin duda, la imaginación es el verdadero motor de la interpretación. Decidí ser actriz cuando conocí a mi marido. El amor siempre nos otorga cierta extraña lucidez.

Trabajar en tu primera etapa con tu madre te habrá beneficiado en muchos aspectos, por ejemplo transmitiéndote seguridad, ¿Qué absorbiste de ella y qué has tenido en cuenta?

Mi madre siempre ha contado conmigo para todas sus obras. Me ha enseñado a convivir tranquilamente con el hecho de ser mirada, de no tener vergüenza de mostrarme tal y como soy, a experimentar siempre en pos de algo. De ella he aprendido infinidad de cosas, (no en vano es mi madre), a mirar el mundo con curiosidad, a disfrutar de la naturaleza con plenitud.


Hablaste de tu formación para desarrollar un pensamiento crítico, ¿Qué incorporaste de todo eso?

Creo que actuar es un arte muy exigente, no solo por lo obvio de la técnica, si no por el hecho de que tú instrumento eres tú mismo, cuando más expandes tus conocimientos e ideas, más riqueza de matices puedes obtener de tu propia sensibilidad. Sin duda lo mejor que puede hacer un actor es cultivarse lo máximo posible en todos los aspectos. En cierto modo, en el momento de abordar un papel, se te aparecen todos los espectros de lo que has vivido y aprendido para que puedas jugar con ellos. Es por ello que creo que solo se pude llegar a la maestría de la interpretación con la madurez.

Hace poco hacías teatro con tu papá y lo dirigía tu pareja, ¿Qué difícil para él darle órdenes al suegro no?

Lo más curioso del caso es que hicimos dos obras: una con mi padre y otra con mi madre. El teatro tiene mucho de trabajo personal, anímico. Actuar con tus antecesores siempre te revela cosas de ti mismo que desconocías. Fue un ejercicio de comunión con nuestros ancestros (los míos y, por supuesto, los de mis padres). Aprendí mucho de ellos, de cómo se enfrentaban a la vida y al mundo que les rodea. Los acabé conociendo más profundamente de lo que jamás imaginé. Cuando actúas con alguien, te comprendes de una forma muy íntima y profunda. Para Daniel, mi marido, también fue fascinante la experiencia. En sus propias palabras: “con esta aventura creo haber redimido años de incomprensiones entre suegros y yernos” (ríe).

Además tenés en carpeta la obra “Félix”, ¿Cuáles son los próximos proyectos? Descuento que hacer microteatro o teatros más chicos es terapéutico, ¿Verdad?

“Félix Nihilson, tragicomedia del caracol furibundo” es la primera obra de teatro larga escrita por Daniel, pero aún no ha sido representada nunca. Ahora andamos en el proceso de moverla, para que pueda hacerse material algún día. Mientras, va escribiendo una más escueta, para poder llevarla a los escenarios con más prontitud. Como bien dices en la pregunta, coetáneamente voy haciendo algunos microteatros. Diría que este formato, más que terapéutico (aunque el teatro siempre lo es), es una especie de entrenamiento actoral.

Siguiendo con la familia también rodaste un corto con tu mamá, me da la sensación que nunca detenés la creatividad, ¿Estás además escribiendo?

Hace un par de años rodamos un corto con mi madre, sí. Era una sencilla historia, más poética que discursiva sobre una mujer del siglo XVIII. Esta fue una bella experiencia. Es curioso que menciones la creatividad, puesto que mi madre es Doctora en psicología de la misma. Su campo de investigación ha sido siempre los procesos de generación de ideas: el cómo funciona la creatividad. En el presente estoy bebiendo de muchas fuentes, dejándome apasionar por escritos de distintos campos (filosofía, historia, teatro…), con el objeto de, algún día, poder sentar las bases de una teoría de la interpretación que sea afín a nuestro tiempo. Parece que en la actualidad aún usemos trajes de antaño. Creo que la juventud que se dedica a esta bella profesión tiene el “deber” de pensar en su esencia y en el estado de la misma en su propio tiempo.


Vaya que sorprendes, eso sí no hemos hablado nada de tu vida doméstica ¿Cómo eres en la realidad?

La verdad es que nunca he sabido muy bien cómo responder a esta pregunta… ¿De veras podemos saber cómo somos con exactitud? Se me antoja que el mayor misterio al que debemos enfrentarnos como personas es el de nosotros mismos. Según como, me sería más sencillo decir lo que me gusta que lo que soy, pero como llevo haciéndolo a lo largo de la entrevista, me abstendré de aburriros con más disquisiciones. ¡Tan llenos de contradicciones como estamos! Insensato el que, a ciencia cierta, pudiese responder a tamaña cuestión.

Un filósofo que tu gusta mucho como Nietzsche decía “Donde no puedas amar, pasa de largo”, ¿Cuál es tu filosofía de vida?

Bello consejo, sin duda. Sería bello que supiésemos vivir conformes a él. El amor se me antoja como la fuerza generadora más brutal del mundo, vivir amando es lo más sensato y arrebatadoramente hermoso que podemos hacer. Respecto a mi filosofía de vida: sentir y conocer mucho, y juzgar sin conocimiento lo mínimo posible. Y sobre todo, tener muy claro que nuestro hospedaje en la tierra es efímera y debe ser vivida con la mayor intensidad posible.

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Riestrense por gestación y cordobés por adopción, ejerce el periodismo desde hace un cuarto de siglo, publica mensualmente crónicas y entrevistas en gráfica y realiza producciones audiovisuales para redes sociales y televisión. En ficción es autor de libro “Cuentos de Bar” y, en no ficción, de: “Cien años de gracias” acerca del Santurio Virgen de Lourdes de Alta Gracia.

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