Vino, vio, venció; así fue la gran fiesta del Moto GP que dejó en Termas de Rio Hondo un ambiente vibrante y excitado de tanto motor acelerado y curvas de vértigo.
Valentino Rossi arrebató la punta al español Marc Márquez en una última vuelta infartante, con mano a mano y caída incluida. Hordas de fanáticos locales e internacionales coparon por igual una de la ciudades turísticas más sorprendentes del país. Termas de Río Hondo se ha reconstruido alrededor del fanatismo que muchos argentinos profesan al deporte motor. Con sus impresionante Autódromo y su hoteles y museos de primer nivel, la ciudad termal de ha convertido en una Meca de todo lo que tenga al menos una rueda.
Pero es en estos eventos masivos e internacionales, como el Moto GP que se corrió el 19 de abril, cuando la ciudad parece despegar y transfigurarse en algo distinto, difícilmente visto en Argentina. Lo más honesto es decir que se convierte en un parque de diversiones, un Disneylandia pero para adultos, con Fangio en lugar de Mickey y carreras de alta velocidad en lugar de montañas rusas.
Nada menos que 130.000 personas abarrotaron las calles de la ciudad para participar de un evento único, en medio de atracciones de todo tipo, luces LED encandilantes y puestos de comida típica santiagueña. No todos eran argentinos venidos de las provincias vecinas, de hecho, era tan fácil escuchar hablar a brasileros, colombianos y chilenos –y en menor medida europeos-, que a criollos.
Nada menos que 130.000 personas abarrotaron las calles de la ciudad para participar de un evento único, en medio de atracciones de todo tipo, luces LED encandilantes y puestos de comida típica santiagueña.
El éxito se debe a toda la inversión que se volcó en obras que parecen no tener fin: hoteles, museos, atracciones, restaurantes, el autódromo y todos sus derivados. Una presencia permanente del Estado provincial y municipal.
VALENTINO SE SUBE A LA PUNTA
Marc Márquez llegaba a Santiago con mucha confianza tras afianzar la punta en la anterior etapa. Incluso arrancó primero y se mantuvo solo durante las primeras vueltas de la competición y todo hacía prever que esta sería una coronación fácil del español. Pero detrás estaba Rossi, “Il Dottore”, la leyenda, partiendo en octavo y siempre dispuesto a dar pelea. Se fue comiendo rivales de dos en dos hasta que se puso a tiro de Márquez cuando faltaban poco más de tres vueltas. La moto Honda del puntero era más rápida que la Yamaha del italiano, pero Rossi había elegido mejor las cubiertas y comenzó a hacer la diferencia cuando Marc debió frenar más y abrirse en las curvas.
Cuando Valentino lo rebasó, el público estallo en un rugido de gol, semejante arrojo del italiano no pasó desapercibido. Márquez, en la desesperación, intentó aproximarse en último intento y terminó rozando dos veces, desde atrás, al tano; la segunda vez fue demasiado. Al piso se fue piloto, moto y la punta del campeonato. Valentino Rossi ganó y se llevó puesto al público a fuerza de pura simpatía, subiendo al podio con la camiseta número diez de la selección, en una clara alusión a Maradona, su ídolo de la infancia.
Es muy difícil explicar el marco fantástico de la competición. De otro planeta, de otras tierras, una ciudad pequeñas que se convierte por unos días en un mundo fantástico para los amantes de la velocidad. Una organización impecables que vale la pena emular y copiar cada vez más en otros eventos deportivos.




















