Leo Damario: A la vanguardia

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El cineasta desembarca en el universo de las series con un dream team de actores que se reunieron a rodar en plena pandemia. Con un ensamble sumamente creativo en recursos del montaje y las puestas de cámara, una heroína –interpretada por su pareja Cecilia Peckaitis- mantiene la tensión en una auténtica historia de súper acción. Además, reflexiona sobre la influencia de su cine, la femineidad, el ojo preciosista y los nuevos proyectos.

A la tarde sólo le faltaba niebla, de esa bien espesa que otorga el cliché de suspenso en un bosque, esa dosis de drama necesario para dar cuenta que el protagonista quizás esté sufriendo. Era una tarde de invierno como la de tantas otras que nada se parece a la Mar del Plata de temporada, a la que conocemos de tanta televisión con famosos exprés y con muchedumbre apilada en las playas, con ese griterío que supera el estruendo constante de las olas contra la escollera. Esta no era la mardel que te muestran las malas películas de bañeros, pero sin embargo tiene mucho que ver con el cine. Él es un joven que espera que abran las puertas del América para abrir los ojos bien grandes y dejarse llevar. Afuera parece el fin del mundo, adentro de la sala, el joven absorbe para crear su propio mundo.

Leo Damario vivió numerosas tardes como esa y siempre con un libro o una entrada de cine en la mano como moneda de cambio a la felicidad. No terminó el secundario pero estudió nada menos que con Enrique Breccia que lo becó y le dio clases en su Mar del Plata natal. Antes de manipular una cámara capturaba con su ojo y lo inmortalizaba en un trazo. Alberto Bruzzone lo quiso llevar a vivir con él: “me pasaba que vengo de un seno familiar cero artístico pero me fui cruzando con gente fantástica que me trajeron donde estoy. El azar, la suerte y el empuje de los demás te lleva a un lugar”, dice.

Si hoy se dedicara a la historia me lo imagino en la senda de Altuna, de Divito, donde las mujeres impactan con sus curvas. “Quienes trabajan conmigo me dicen que tengo un ojo preciosista por lo que se va generando. Siempre con la búsqueda de eternidad, no pienso en la modelo como una de pasarela sino como podría ser de Pablo Picasso, una idea de modelo como escultura que posa para el artista, para los ojos del realizador. Y me pasa que cuando uno encuentra en un ser la belleza encuentra la obra. Y la obra es la eternidad. En definitiva lo que estamos haciendo nosotros es escapar a la finitud que tenemos. Y la nuestra es tan sencilla como la de una planta, el COVID nos demostró que nos podemos quebrar rápidamente y, como decía Buñel, en el último suspiro dejar de existir”.

Damario tomó la ciudad por asalto, ser foráneo le jugó una buena pasada. Poco le importaba lo que piensen los demás pero su vestimenta lejos estaba de pasar desapercibida y hoy sigue siendo parte también de su personalidad. “A los 19 años me pusieron en un set a dirigir publicidad y en 35 mm. El profesor me dijo vos no habías filmado nada pero tenías carisma para vestirte” (sonríe). Y agrega: “para mí todo en la vida siempre va a estar relacionando con hacer cine, todo lo que conozco del mundo lo capitalizo en el set. Como no estudié cine, no sé ni la currícula de un estudiante, entonces todo lo que aprendí de la vida lo implemento en el set. Me crie leyendo y buscando data, pero todo el conocimiento es para la hora de filmar, es lo que me tocó a mí”.

Él viene del proletariado, de muchas mudanzas, del ascenso del chico de clase baja a la media, de los ‘90 en Mar del Plata de una época donde no había futuro para los jóvenes. Su adolescencia es similar a la de Dylan Ebdus, el protagonista de la novela “La fortaleza de la soledad” de Jonathan Lethem. “La música, los libros, el cine fueron mis mejores amigos, mi compañía y mis educadores. Se convirtieron en mi lenguaje, a mí me cuesta hablar si no tengo citas de libros o películas. Con o sin Covid siempre he pasado períodos de cuarentena, de encerrarme en mi casa. La elegí desde un lugar pictórico, me costó mucho, con las ganancias que pude tener de filmar publicidad y cine. Todo lo que tengo me lo ha dado la cámara, desde mi pareja a mi hija, a mi futuro hijo que viene, a la serie, todo lo que construyo me lo ha dado la cámara”, expresa.

La excusa que nos reúne para RANDOM es la flamante “Victoria, psicóloga vengadora”, su serie rodada íntegramente en cuarentena (aún sin fecha y plataforma de estreno) que narra los casos de una superheroína que desarrolla una particular y extrema terapia de pareja. Junto a un elenco de notables actores y actrices, esta producción nacional propone un nuevo modelo de ficción que buscará reinventar la industria tal cual se la conoce. “El arte tiene que ver con la oportunidad y nos está buscando como médium para crearse. Una búsqueda de registro cultural histórico. En la cuarentena, viviendo juntos (con su pareja la modelo y actriz Cecilia Peckaitis) yo tenía la cámara y empezamos a idear basándonos en esa historia. En cómo queda una persona después de algo así. En este caso el personaje queda fóbica al contacto con el otro, es una heroína que no se puede contactar con otras personas. Hablando con Nora Mazzitelli que es la guionista de la serie, justamente me decía que la forma de rodar en cuarentena obligaba de algún modo a que los personajes estuvieran, presos, prófugos o bien podía ser un secuestrador”, cuenta.

Victoria es una obra creada de un modo muy artesanal y con mucho detalle. Su máxima inspiración son las heroínas de comics al estilo Aeon Flux, Jessica Jones o Tank Girl y del cine como Irma Vep, La Femme Nikita o el trío vengador de Death Proof, la película más feminista de Quentin Tarantino. En Victoria se luce el protagónico de Peckaitis que construye el sufrimiento del personaje desde la primera escena, donde la referencia a la historia que sufrió la ex modelo Karem Mulder es intencional. Cecilia ya había sido fue la musa de Marcos López: “él siempre le decía que tenía cara de superheroína” y sobresale esa construcción que logra el director con la actriz, a lo Roger Badin y Catherine Deneuve o John Cassavetes y Gena Rowlands. “Ceci se cargó el proyecto al hombro y se tocó medirse. Me conmueve mucho la feminidad, el cuerpo femenino, en este caso el cuerpo de Ceci, la belleza tan determinante que tiene ella que es muy absoluta. Ceci tiene un cuerpo y un rostro que responde a la belleza heteropatriarcal, soy consciente de eso. Como la película Érase una vez en Hollywood de Tarantino que me encantan, pero son mujeres que ya no hay, responden a otra época y no son binarias. Es una serie que acompaña el movimiento feminista pero también tiene una fantasía heterosexual”, dice Leo.

El gran desafío de la serie fueron las puestas de cámara, considerando el contexto de cuarentena en la que fue filmado. Para ello, el trabajo se concentró en la fotografía y encuadres, donde primaron los planos cortos y los recursos que facilitan los teleobjetivos. Por ejemplo, el plano corto permitió grabar a los actores por separados, para luego ensamblar las diferentes escenas sin perder la continuidad emocional en cada una de ellas. “Los tengo atados de pies y manos y con un primerísimo plano, aprendí del ajedrez donde uno va viendo los puntos débiles del otro para entrar o protegerte. Tuve que trabajar los detalles desde el rostro, por ejemplo a Favio (Posca) lo construimos sólo desde los ojos. O con la voz, desde la caja de resonancia. El arte es tirar de una cuerda y ver que sale de la piñata”, dice.

A Peckaitis la acompaña Benjamín Vicuña junto a una selección de talentosos: Inés Estévez, Natalie Pérez, Carlos Belloso, Muriel Santa Ana, Rafael Spregelburd (gran personaje), Emilia Attias y Flor Torrente, entre otros, con la participación del músico Andrés Calamaro. Además, cuenta con el debut del mencionado Posca en un rol que sorprenderá. “El elenco fue creciendo, no me privé de nada. Con Benjamín Vicuña y Emilia Attias tengo una muy buena relación o con Fabio Posca laburé muchas veces. Estábamos en un contexto excepcional y se nos ocurrieron esos condimentos, me sorprendió que los actores se sumaran. Yo filmaba con mucha distancia, con teleobjetivos, con mucho trabajo de postproducción. Me pasaba que filmaba un contraplano y el otro plano quizás una semana después y mientras tanto otro plano de otro actor para otro episodio. El desafío era ¿Cómo logro una atmósfera donde los personajes charlen y conversen si no se están viendo? Y a la vez yo estaba solo porque por la cuarentena tenía que poner las luces, es decir, ponerme el overol real. No es que era un Dandy que me asistían. Fue re lindo agarrar totalmente el control, esto que decía Truffaut que el cine es un espacio colectivo donde el director puede perder el control. Y el cine siempre es eso, a veces el corte lo tienen los productores. Pero yo agradezco mucho a Gisela (Asmundo, la productora artística) que me acompañó y me dio mucho el control: desde la fotografía, el arte, el montaje, la dirección de actores. El director es como un torero o un domador. Es mucho compromiso porque cuando te dan el control tenés que estar a la altura. Y ahí no hay excusas, esta serie es la que más salió de mis vísceras y en la que estoy más comprometido. Eso sí estoy con grandes aliados”.

Para Damario hay una gran selección de cineastas locales que admira, obviamente desde históricos como Leonardo Favio a varios de las primeras camadas de Historias Breves. Sin embargo, se preocupa por la mirada actual. “El cine que habla de lo marginal acá está hecho por chicos ricos, por qué un muchacho pobre no puede hacer sobre personajes ricos (…) No nos dejan espiar en las clases altas porque la comunicación siempre la tiene el Poder y ellos no quieren que lo miren (…) Hoy falta como más hambre para filmar, hay muchos chicos bien que hacen pelis sólo para el Malba y no tienen necesidad de filmar, lo hacen como hobbie”.

En la charla menciona varias veces a su pareja y a su hija Rubí, cuando habla de ellas algo resplandece y su tono toma otra caris. “Con Ceci llevamos un año y meses de relación muy prolífica también, de mucho amor y de encuentro, parecía que hacía mucho tiempo que nos estábamos buscando y en el momento que nos encontramos se dio que no nos quisimos separar más básicamente (…) La cuarentena fue como una luna de miel”. Sobre su primogénita Rubí –se viene otra/o hija/o en camino- dice que “es una compañera única, tiene una inteligencia emocional muy elevada. Ser papá es aprender, desde los primeros meses aprendía de ella. Grabó las voces de Victoria de chica y entró y salió del personaje con una naturalidad asombrosa”.

Damario pertenece a una generación para la cual las fronteras entre géneros son flexibles y, por tanto, no tiene inconveniente en hacer uso de cualquier elemento para potenciar sus historias sin preocuparse de si sigue o no unas convenciones comúnmente establecidas. “Siempre recibí auspiciantes y mecenas de mis obras porque creo que si uno es profesional cuando trabaja no debe invertir su dinero. No invierto en mi obra porque sino estaría siendo comercio y creo que eso lo debe hacer otra persona”.

Para este año nuevamente atípico por la pandemia tiene en proyecto una suerte de documental de cuatro episodios con Peckaitis que se llama Malas Mamás, también un late Night y lo más próximo es el rodaje de Sirenas –que será su película número siete- con Emilia Attias, Rafael Sprelgbour y Benjamín Vicuña, y nuevamente la familia: Ceci y Rubí”. Será una comedia romántica, su primera vez en el género. En tanto, cuenta que hay dando vueltas una segunda temporada de Victoria y también una serie con Fabio Posca.

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