China Suarez: “ Creo en dos personas que son el uno para el otro¨

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Considerada como una de las mujeres más bellas de Argentina, la actriz protagoniza el film “El hilo rojo”, donde interpreta a una chica que luego de siete años se reencuentra con el amor de su vida.

Puesta en el ojo de la tormenta por la opinión pública, a sus veinticuatro años, disfruta de su relación con el actor Benjamín Vicuña y de su absoluto e incondicional amor por su hija Rufina. En esta entrevista, conocerás a una China relajada, como pocas veces.

Dejemos la palta, los prejuicios, las miradas contrapuestas y la incomodidad para otros medios. No te voy a buscar un título polémico, sólo quiero disfrutar de una charla relajada con la mujer del momento. No creo que sea la mujer del momento, pero gracias por el halago (sonríe). Igual no me molesta que me preguntes lo que quieras, respondo todo. Siempre que sea con respeto. 


 

-Quiero que hablemos de la leyenda del hilo rojo del destino. No la conocía, la leí hoy y me voló la cabeza…

-Yo tampoco y me encantó de una. Y te digo más, creo en eso. En que dos personas que son el uno para el otro, tarde o temprano, se terminan encontrando porque están atadas a un hilo invisible. De hecho eso es lo que le sucede a mi personaje de Abril, una azafata que va a lograr que el mundo la entienda.

Foto: Mariano Michkin
Foto: Mariano Michkin

-¿El personaje de Benjamín Vicuña estaría del otro extremo del hilo?

-Exacto. La historia empieza con ellos dos muy jóvenes. Ella más rockera, sin compromisos sentimentales, ni ex marido ni nada. Y lo conoce a Manuel, el personaje de Benjamín. Se gustan y empiezan a salir como dos chicos que se enganchan hasta que pasan determinadas cuestiones que los termina separando y los hace perder el rastro. En ese paréntesis, por decirlo de alguna forma, Abril, mi personaje, conoce a un rockero espectacular que tiene muchos fans y es una estrella de la música. Por su parte, Manuel conoce a una fotógrafa muy linda y muy prestigiosa en lo suyo (Guillermina Valdés). Ambas parejas tienen un hijo cada una. Siete años después de ese último encuentro, se vuelven a cruzar en un avión y como que se da nuevamente algo fuerte entre ellos.

-Cada uno con su vida armada. Más de uno, maldeciría al destino y seguiría cual caballo de carrera sin mirar al costado.

-Sí, pero ellos no pueden, intentan pero algo es más fuerte. Es el hilo rojo de la leyenda (sonríe). Y ahí empieza la comedia que luego va mutando en drama. Contar qué sienten nuestros personajes en el momento del reencuentro, qué hacen con eso que les pasa y cómo resuelven sus presentes.

La actualidad de la María Eugenia Suárez bien podría dividirse en dos y analizarse. Por un lado, desde la perspectiva de la gente común, público, espectadores y consumidores, que la ven como la mujer de las revistas, la que sale en la televisión y la contracara de Pampita Ardohain en el “Vicuña Gates”. Y desde su punto de vista, tal vez el más objetivo, que es de una chica de tan sólo veinticuatro años, que tiene una hija de dos años llamada Rufina de una relación pasada con un colega (Nicolás Cabré), que ahora sale con otro colega (Benjamín Vicuña), del cual se enamoró trabajando. Inició su carrera artística de la mano de Cris Morena en “Rincón de Luz” en el año 2003 y tras un fogueó laboral en el hogar que otrora fuera coordinado por Belén Fraga (Romina Yan), pasó a “Casi Ángeles”, donde una ráfaga de popularidad voraz, la llevó a todos los países de Europa y a llenar teatros cual manía Beatle. De su romance con David Bisbal habrá quedado alguna canción que desconocemos y de su desembarco al cine, la dramática “Abzurdah”, donde le pone la piel a una chica enferma de anorexia y bulimia. Su belleza por fuera de catálogo, no la reconoce pero tampoco la disimula.

“Creo que estoy sobrevaluada. Me considero una chica normal. No me interesa mi belleza, tampoco creo que sea lo que me dicen. No soy muy alta y tampoco creo que tenga las formas que enamoran de una mujer. Lo que sí me interesa es fomentar otro costado mío. Es más, trato de no maquillarme mucho, en ese aspecto soy relajada. La belleza no da seguridad ni abre puertas. Al contrario, la seguridad te la da saber contestar, tener talento para cumplir con lo que te piden. Tal vez ser linda te da más visibilidad. Pero la vida es otra cosa”, dice.

Foto: Mariano Michkin
Foto: Mariano Michkin

-La vida es Rufina.

-Totalmente de acuerdo. Mi prioridad hoy es Rufina y por suerte cuento con el padre que vamos eligiendo los trabajos en base a ella. Él eligió este año hacer teatro que es por la noche y yo cine que es más por la mañana y tarde. Igual no pretendo caerle bien a todo el mundo, ni como actriz ni como persona. Hago la mía, sin dañar al otro, pero la mía, sin importarme qué dirán.

-Yo leo un tweet donde me insultan y me pone un toque mal…

-Yo antes también, pero ahora ya no. Ojo, yo miro revistas y veo la televisión como todo el mundo, no me hago la que estoy por afuera. Me gusta todo lo que le puede gustar a cualquier persona. También uso Twitter e Instagram. Pero si me agreden, no leo; si veo tele y aparezco, cambio. Si aparece algo en una revista, paso la página. Al principio mis amigos me llamaban y me decían: “están diciendo esto y aquello”. Ahora ya no. Pero mi familia sí, mi mamá sigue sufriendo. Pero porque no entiende que pueden inventar cosas de su hija. A mí ya me inventaron ocho embarazos desde que tengo quince años.

-Facebook una vez, que no entiendo por qué, me sugirió de amiga a mi ex que en su foto de perfil estaba con su actual pareja.

-(Se ríe) Con mi pasado soy demasiado tajante. Me cuesta muy poco eso de “soltar”, debe ser algo fóbico que me voy rápido de los lugares. Si estoy con una persona, doy todo; y voy avisando con actitudes cómo viene la mano. Y cuando bajo la persiana, no la subo más y no me importa qué hagas mañana. Soy así.

-¿Tu fama, te cambia la agenda del día?

-No soy de cambiar el rumbo de las actividades de mis amigos o de mi pareja por mi supuesta fama (hace el gesto de comillas con las manos). Pero sé que hay lugares a los que no puedo ir porque sé que les avisan a los fotógrafos que estás. Y no es que me hago la estrella, imagino que a cualquier persona le molestaría que le saquen fotos mientras come.

-Sos un blanco para guardias periodísticas…

-Antes las sufría pero ahora como vivo en un barrio privado no me pasa. Cuando viajás sí es medio imposible evitarlo, pero bueno, no hay forma. Siempre te cruzás con un argentino que te filma y eso lo pasa y siempre le llega a la prensa. Pero sí, cuando estoy por la calle o de viaje trato de huir de los fotógrafos.

-¿Tu mejor plan?

-Me gusta mucho estar en mi casa con mi pareja y con mis amigos. Y si estoy con Rufina me olvido de todo. Ir a buscarla al jardín es mi momento. Ser madre me hace caer a la realidad. Igual soy bastante terrenal. Jugar con mi hija a los superhéroes, cantar o bailar, son planes hermosos, que por suerte hago todos los días.

Foto: Mariano Michkin
Foto: Mariano Michkin

-Con ella sos vos en tu estado más puro.

-Con todo el mundo soy yo. Hablando con vos acá, también soy yo. El tema es que en este momento los dos estamos trabajando. Actuando también soy yo. Pero respondiendo a tu inquietud, podría decirte que, por ejemplo, es con mi mejor amiga, que se llama Agustina y es la madrina de Rufina, que también soy yo. La conozco desde los dos años y amo ir a su casa, donde nadie me habla de nada. Para ellos soy la amiga de su hija, una invitada nomás. Comen a las ocho en punto y cuando estoy con ellos, también siento que es mi momento. Compartir una cena con una familia y hablar de lo que se puede hablar en una cena, sin que pregunten “es verdad tal o cual cosa”…

-El morbo es del otro…

-Claro. Lo mismo con mi pareja. Nos vemos, nos preguntamos por el trabajo, por los chicos, hacemos planes, no hacemos nada. Nos quedamos en casa, cenamos, vemos una serie. Amo las series. El afuera maquina, nosotros no. Disfrutamos de nosotros y de nuestra intimidad. Lo importante es que ese ruido no afecte lo interno que uno tiene.

-¿Sos la nueva joya del cine argentino?

-No. Solamente voy por mi segunda película casi consecutiva. No exageremos tampoco (risas). Estoy fascinada con el cine pero por cómo se manejan los tiempos, por la búsqueda de la perfección. Soy un poco así con mi trabajo, pero creo que una puede ser actriz de todo. La televisión se me complica más porque en casa tengo a mi hija. Pensar que tengo que estar diez o doce horas en un estudio todo un año, me da claustrofobia. Tal vez el cine sean más horas diarias, pero los tiempos son menores.

-Sos chica y tenés muy incorporada tu profesión… Ahí descubro la escuela Cris Morena.

-Absolutamente (sonríe). La disciplina, la responsabilidad, el amor por el trabajo, el respeto por tus pares y sobre todo por los actores mayores. Saber ubicarse. Noto una gran diferencia entre los chicos que inician de más grandes y los que salimos de Cris Morena. Ella te prepara y nunca te expone. Te organiza talleres de todo, de canto, baile, actuación, charlas. Te contiene. Y eso es parte de la disciplina, porque sos chica y cuando salís de la escuela tus amigas se van a jugar y vos tenés que ir a tu casa a estudiar la letra y a ensayar. Cris Morena te hace entender que aun disfrutando lo que hacés, tenés que ser responsable. Que si vas al estudio sin saber la letra o llegás tarde, perjudicás a todo un grupo de personas que están trabajando y que dependen de vos para irse a horario o cumplir con sus tareas.

Creo en dos personas que son el uno para el otro.

-¿Quedó mucho por hablar… Si en unos meses te busco, dónde te encuentro para seguir la charla?

-De chica tenía el sueño de Hollywood, pero ahora no (sonríe). Soy muy agradecida y más no puedo pedir. Calculo que me encontrás acá, actuando o cantando. Ya retomé la música, estoy tomando clases de canto y me gustaría ir más por ahí. Antes de empezar la nota me dijiste que tengo diez discos con “Casi Ángeles” y no tenía idea. Me gustaría mucho tener el propio. También quisiera conseguir personajes para cine que tengan el desafío de tocar el piano o cantar. Los personajes que tenés que desarrollar desde cero me motivan a nivel profesional.

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