Florencia Canale, Sangre y Deseo

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Creó su propio espacio en la literatura nacional como novelista romántica histórica y desde allí, no paró de escribir best sellers. Con su nuevo libro “Sangre y deseo”, narra las pasiones de Juan Manuel de Rosas y Encarnación Ezcurra.

Florencia Canale, una periodista y escritora, que desde hace años, está dispuesta a darle vida a cada palabra.

Cuando creyó que su carrera como periodista estaba encaminada como para convertirse en una de las palabras más autorizadas a la hora de hablar de la sociedad y sus azares, Florencia Canale desvío su camino con su primer libro “Pasión y traición”, donde relató los amores de Remedios de Escalada de San Martín. Un éxito de ventas que la posicionó como una de las escritoras con mayor proyección de la región. Su segundo libro “Amores prohibidos” así lo confirmó y con “Sangre y deseo” ya patenta su sello como novelística histórica para contarnos las pasiones de Juan Manuel de Rosas y Encarnación Ezcurra. Una pluma soberbia para teletransportarnos de forma 4D a la Argentina del 1800. Ella nos relata sus diálogos y el devenir de sus personajes, mientras nos pinta en nuestra cabeza los paisajes de un país en plena germinación. Aunque continúa como editora de la revista Veintitrés, Florencia hoy ya es un referente de nuestra literatura.

“Yo compito mucho conmigo misma y siempre quiero mejorar y lograr una perfección, a la que nunca voy a llegar, claramente, pero que igual me hace ir siempre por más. Lo que sí entiendo es que hubo una mejoría en mí, con respecto del primer libro al segundo, y del segundo al tercero; esperando que el próximo sea aun mejor. Y siento que tengo un estilo, tanto en lo formal como en lo de fondo. Es un todo un desafío pero lo asumo”, cuenta.


-¿Ese proceso de escritura es interno o con editores externos?

-No lo consulto con nadie. Ese momento es mío. Durante el tiempo de creación me vuelvo para adentro. Después sí vienen las respuestas cuando está el trabajo totalmente terminado. Antes de iniciar a escribir consulto con mi editor, pero una vez que me pongo a escribir, ya es todo mío.

-Sí ya una hoja en blanco paraliza, no me imagino un libro en blanco al que hay que llenarlo.

-Sufro mucho hasta un determinado punto. Al principio mis personajes son puro huesos hasta que en un momento empiezan a llenarse de carne. Marionetas hasta que se transforman en seres humanos. Y hasta llegar a esa instancia, creeme que la paso mal. Yo escribo, empiezo, cada tanto paro porque tengo que dormir, cocinarme algo, o despejarme; y cuando vuelvo, releo un poco, corrijo apenas y sigo. No soy de las que vuelven todo el tiempo al principio. Voy siempre para adelante. Y cuando termino, releo para corregir pero intentando tener el ojo del lector inocente que disfruta de su lectura o del que le parece una porquería y lo tira en el estante.

-¿Cuál es el minuto cero del libro?

-Cuando cerrás con la editorial sobré qué vas a escribir. Para este último libro (“Sangre y deseo”) me habían pautado trescientos mil caracteres y me pareció realmente mucho. Me angustié porque no sabía con qué iba a llegar a esa cifra. Terminé escribiendo quinientos mil (sonríe). Es que había mucho para escribir.

-¿Alguna técnica?

-No sé si soy ejemplo, porque en el trabajo y en la vida misma soy tremendamente estructurada. Y todos mis movimientos son firmes. Salvo excepciones como que tenga insomnio y necesite volcar en la computadora alguna escena que tenga en la cabeza, por lo general siempre escribo por la mañana, los fines de semana y ya. Siempre sabiendo qué voy a escribir. No es que me siento a esperar a que me baje la musa divina (risas). Yo vengo escribiendo la escena cuando viajo hacia el trabajo, cuando compro en el supermercado o cuando camino por la ciudad; y cuando me siento frente a la computadora, lo detallo.

-¿Durante el proceso de escritura, te perdemos?

-Totalmente. Es un año en el que estoy como suspendida. Y encima soy culposa. Y si voy al cine o hago algo que me despeje, siento que estoy perdiendo tiempo o restándoselo espacio a la novela.

-Te trajo problemas con parejas seguramente.

-Sí. Pero el amor va y viene (se ríe). Los amigos quedan (sonríe). Ya me conocen y entiende que enloquezco. Que me puedo enfermar como mis personajes, que puedo sufrir igual. Se pierden cosas pero bueno, son elecciones que uno hace.

Fotos: Thom Sánchez
Fotos: Thom Sánchez

-Tenés un estilo muy particular… ¿Está buscado, no?

-Nada es azar y está bien que así sea. Quien compre uno de mis libros, merece que haya puesto todo de mí, hasta el mínimo detalle. Es mi trabajo, mi placer. Mi estilo es cuidado. Las palabras las elijo. Que sea como una música. No me gusta que hagan ruido las palabras entre sí. Que estén armoniosamente unidas. Cuido cada fragmento para que uno pueda trasladarse cómodamente a la Buenos Aires que quiero retratar. Que el lector sienta que está escuchando esa forma de hablar y que sepa que hay distancia con el hoy.

-Yo te leía en revista Veintitrés y te imaginaba ya como una palabra de peso en la televisión…

Este cambio fue total casualidad. De la Editorial Planeta me venían insistiendo para que escriba con ellos pero no encontraba nada interesante. Y fue tanto la insistencia, que me animé. Una tarde charlando con un colega, le comenté que era descendiente de Remedios de Escalada y ahí encontré sin darme cuenta el tema. Se ve que con ese fuego fui cocinando algo rico dentro mío porque así surgió la primera novela histórica, anclada en lo amoroso, en la vida de esas personas a puertas cerradas.

-Alcanzás un público variado, punto para vos.

-Es verdad. Y me encanta cuando me entero que un lector masculino se sorprende al leerme. Que no era una mariconada de chicas. Porque si bien hay amor, hay un contexto histórico y político. En el caso de Rosas, hablo de un tipo que tuvo que pelear contra todo por asumir en el poder, que venía del interior y que era un salvaje. Además me encanta escuchar a mis lectores porque sus lecturas, son reescrituras personales que a mi me alimentan mucho. Siento que a veces leen un libro que yo nunca escribí.

-Los escritores piensan que el periodismo es un género menor.

-Yo soy una outsider. Me llevo extraordinariamente bien con ambos géneros. Y me siento orgullosa de ser periodista y de ser escritora. Que a futuro quiera ser solo escritora, no significa que desmerezca el periodismo. Voy a ser periodista toda mi vida. Pero también entiendo que la vida son etapas. De mi profesión de periodista disfruto mucho las entrevistas. De charlar con la gente. Sean actores o escritores. Tal vez a los escritores los considero pares. A los actores, porque hacen algo diferente a lo mío, no, pero siempre con respeto.

“La capacidad de crecimiento que uno va adquiriendo a lo largo de su vida, es importante.”

Internet te devueCanale3lve el pasado en el momento que quieras. Nadie creería que eras la chica linda de “Brigada Cola”.

-Y está bien. El cambio de las personas lo tomo como un proceso natural. La vida es un devenir. Uno muchas veces va eligiendo pésimo, otras veces mejor. La vida te pasa por arriba o la pasás vos. La capacidad de crecimiento que uno va adquiriendo a lo largo de su vida, es importante. He elegido mal, lo reconozco. Mucha gente dice “no me arrepiento de nada”. Yo sí me arrepiento de millones de cosas. Si volviera a vivir no las haría.

 

-Tu transformación es hasta poética. Admirable por donde se la interprete.

-Y me hace feliz que sea así y no a la inversa. Yo voy hacia adelante. Ahora los medios te permiten surgir en la cresta de la ola y luego la mayoría se comienza a hundir. Yo siento que fue al revés. En el medio reconozco que hubo mucho torbellino, pero lo siento lógico de tener veinte años. Me tiré muchos piletazos porque soy medio kamikaze. Ok, lo que está en Internet está, pero también está que a los tres años sabía escribir y leer. Que leía mucho de chica, que escribía en la Olivetti de mi abuelo. Que a los cinco años escribí mi testamento.

-Leí todos tus libros y siento de tu parte mucha nostalgia por aquellos años…

-Es que estoy desfasada. Me siento una mujer del siglo XIX. Si bien me gusta la actualidad y no me quejo de lo nuevo, siento que hubiese sido muy feliz en aquellos años.

1 Comentario

  1. Florencia es un ejemplo de cómo se pueden superar la adiccion a las drogas y la noche y volverte una escritora. De las drogas y la prostitucion a ser best seller.

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