Martín Buscaglia, Se Hace Camino Al Andar

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“No apresures el viaje, mejor que dure muchos años y viejo seas cuando a ella llegues, rico con lo que has ganado en el camino”, escribe Constantino Cavafis en su poema “Ítaca”, en homenaje al célebre viaje del Ulises de Homero en “La Odisea”.

Al igual que ese recorrido repleto de sorpresas y aventuras, se puede concebir la obra de Martín Buscaglia, un torbellino de creatividad que se desparrama en plena calma, con armonías multigéneros que apoyan a letras eficaces, sosteniendo una obra en donde el verdadero poder está en la fuerza de los momentos, en celebrar cada paso. “The journey is the reward” (“El camino es la recompensa”), le dijo una señora al director técnico Oscar Tabárez en medio una despedida de la selección de fútbol uruguaya en Kimberley (en Sudáfrica) tras la sorpresiva actuación del elenco en la Copa del Mundo.  No era una mera casualidad, se trataba de la primacía el modo de recorrer sin importar el éxito aunque el camino termine en ese colofón, Buscaglia elije citar al Maestro Tabárez o al escritor Antonio Machado -que expresó esa concepción en el título de un libro- para explicar la expectativa de un inminente show, como el que lo traerá a Córdoba (30 de junio en Cocina de Culturas).  “También pienso que el modo en que uno cocina y prepara una cena influye y define el momento de la sobremesa, el que dura más. Lo mismo un concierto, un disco. Tan importante como el durante es el después. La idea es arribar al fin del concierto a un lugar nuevo pero equivalente a los anteriores. O llegar a un lugar conocido pero donde todo se vea sutilmente distinto, como si usáramos de espejo una cuchara sopera”, agrega como condimento extra. Es decir, ser consecuente con esa manera de llegar, estamos en Ítaca, de acuerdo, ahora la banda tiene que seguir sonando. Tanto en los sonidos como en la lírica plantea una ambigüedad punzante desde un libre albedrío musical y una mixtura conceptual racionalizada. Así como nuestra revista se llama Random, bien podría el título de uno de sus discos. “Cuerpo, mente y alma. Tres patas de un mismo taburete”, dice quien hace algunos años creó -junto al grupo de improvisación PPAA (Payadores Anónimos)- un artefacto poético al que denominaron Randoma. Una especie de décima payadora de Moebius, infinita y automutante (idea que retomó Jorge Drexler años después).


En alguna ocasión contabas que preparar un show de tus características produce un desgaste espiritual del orden anímico, ¿Cómo lográs canalizar las energías para que lo aleatorio de tus presentaciones no te desinfle?

Es una disciplina. Tiene algo de ninja, de danza contemporánea y de jugador de la selección cantando el himno. Lo bueno de girar, tocar mucho, es que no te permite distraerte demasiado, se mantiene un sedimento perceptivo. La dedicación demuestra que a partir de cierto punto no existe el error.

Por otro lado, siempre has sabido rodeart. Así como en tu selección un Cavani necesita de un Lodeiro, has sido coherente con los músicos que te acompañan. ¿Cómo se han dado esos acercamientos y la conformación actual tanto en vivo como en los discos?

No le encuentro ningún sentido ni interés a tocar con músicos que no encandilen. Matías Rada, Martín Ibarburu, Mateo Moreno, Herman Klang (el quinteto con quienes toco a menudo), o aquellos con quienes hemos montado dúos como Yusa, Kiko Veneno, Lisandro, Os Mulheres Negras, o tantos otros con quienes nos unimos ocasionalmente, son todos diferentes pero comparten el hecho de utilizar su poderío para el bien.

Fotos: Laura Gattinoni / Agradecimientos: Natalia Ferreyra
Fotos: Laura Gattinoni / Agradecimientos: Natalia Ferreyra

Has vivido siempre la música como algo lúdico, con tus padres multifacéticos y la libertad que te dieron para sentirla de esa manera, entiendo que ha sido gran germen para Cuentacuentos ¿Qué recuerdos tenés de esas primeras conexiones?

Fue exactamente igual para mi formación el hecho de acostarme tarde por quedarme en un ensayo en el teatro, como pelear una batalla de coquitos de butiá en la rambla con cerbatanas de PVC.

De esos pianos para un solo dedo que componías hasta un disco muy elogiado sin ningún teclado, dulces paradojas que te acompañan, ¿Búsqueda permanente de la originalidad?

Me parece increíble que la originalidad sea un concepto que recalquen en algunos artistas. ¿No debería ser un requisito imprescindible?

Tal cual, y te debe molestar que para encasillarte digan que hacés “fusión”, sin que se sepa bien qué es…

Es música, no hay más misterio. O dicho de otra manera: es música, puro y absoluto misterio.

¿Cómo es un día típico cuando no estás de gira?

Ahora Copa América. Hace poco fui a ver un espectáculo de Albert Plá, Refree y Fermín Muguruza. En un momento dado hacen referencia al futbol, y un punkie vintage del público gritó: ¡Anestesia! Entiendo y concuerdo con ese grito, pero al mismo tiempo es solo una cuestión de perspectiva. “Anestesia” puede ser también una serie de Netflix, o inclusive la política o la música. Sólo que la realidad, salomónica y amoral, es devastadora vista con ese grado de visión descarnada, por eso buscamos opinar y discutir y definir. Y como el universo se replica en fractales, también en 22 millonarios pateando una pelota está el jeroglífico que puede abrir el sésamo. Como decía Mario Levrero: “He visto a Dios inclusive en una iglesia”

¿Cuál es tu lugar para encender la mente?

Huir de la inspiración. Como si fuera un íncubo del que intentás escapar, dejar la mente en blanco, hasta que eventualmente te rendís a ella, limpiamente. Para eso disfruto estar en tránsito, caminando, corriendo en chiva, bondi, barco, avión.

 “La poesía, cómo la música, te brinda el don de creer.”

Fotos: Laura Gattinoni / Agradecimientos: Natalia Ferreyra
Fotos: Laura Gattinoni / Agradecimientos: Natalia Ferreyra

Al comienzo de la nota dabas cuenta en la importancia del modo de caminar, en el mismo sentido alguna vez posteaste un poema de Henrik Nordbrandt. Ese que decía: “Hay 999 escalones para subir a La Casa de Dios”, planteando no mirar cada escalón como un sufrimiento…

Calculo que voy por la mitad de la subida más o menos. Me duelen los músculos, pero la sensación es placentera. La poesía, cómo la música, te brinda el don de creer. En palabras de David Markson: “Una describe lo que ha sucedido, la otra lo que podría haber pasado. Así la poesía es un poco más filosófica y seria que la historia”.

Fotos: Laura Gattinoni / Agradecimientos: Natalia Ferreyra
Fotos: Laura Gattinoni / Agradecimientos: Natalia Ferreyra

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