Imagenes en Movimiento

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En 2018 se inauguró el MORI Digital Art Museum de Tokyo, el primer museo de arte digital del mundo. Una experiencia única que ofrece al visitante la posibilidad de participar, casi tanto como de observar. ¿Futuro o truco publicitario?

En Tokio existe un colectivo que se hacen llamar por lo bajo los “ultra technologos”, oficialmente conocidos como teamLab. En realidad es una empresa muy particular formada hace 17 años por compañeros del secundario en Japón. Todos acababan de recibirse de carreras relacionadas con la informática y la programación y su primera experiencia fue programar páginas web. Pero eran páginas web cool que además ayudaban a sus clientes a vender productos. Así, teamLab se hizo un nombre propio.
Luego de casi dos décadas, la empresa, que continúa dirigida por los mismos cuatro amigos, se ha convertido en una institución muy poco convencional que le paga el mismo bono a un recién ingresado que a al CEO, que no tiene dirección más allá de sus fundadores y que son los responsables detrás del MORI Digital Art Museum de Tokio, auspiciado como el primer museo de arte digital del mundo, aunque ese título bien puede ser puesto en cuestión.

Si es el mayor museo, si le cabe la palabra, de esa escala y contenido dedicado al arte digital. Un enorme edificio abarrotado de todo tipo atracciones tecnológicas interactivas y coloridas que tanto nos apasiona a los milenaiales y al colectivo de los Ultra Technologos del que teamLab son reyes.

No es exagerado lo de la masividad de la exposición: 10 mil metros cuadrados de un viejo edificio de Arcades cerca de la Bahía de Tokio hoy es el hogar de más de 50 obras de arte orquestadas por red compleja de 520 computadoras y 470 proyectores de alta definición. Pero el resultado de todo es cablerío imperceptible es un show inimaginable si uno no lo atestigua con sus propios ojos: todo en MORI cambia, todo: desde la oscuridad se abre el cielo para dar lugar a una lluvia de pájaros que da lugar a una ráfaga de formas geométricas de colores fluorescentes.

Toshiyuki Inoko, fundador del museo y de teamLab dijo: “El tiempo aquí cambia constantemente, las estaciones y los bosques y las flores están siempre cambiando. Lo que ven aquí existe ahora pero nunca volverán a verlo de la misma manera”.

Visitar el museo, que no es fácil porque desde que abrió en junio de 2018 las entradas están agotadas, significa salir a explorar su inmensidad. No hay recorrido no nada que indique por dónde ir, algo refrescante cuando tantas instituciones empalagan al visitante con información. La única promesa es que detrás de cada puerta, al otro lado de todo corredor, doblando una esquina, siempre el resultado será el asombro.

No es que sea arte propiamente dicho. Más bien estamos frente al entretenimiento de apreciar algo que nos maravilla, que nos habíamos visto nunca. Son efectos, trampas para los sentidos visuales y sonoros cuidadosamente diseñados para nosotros. ¿Cómo se llama esa pieza que nos sumerge en un bosque en 3D lleno de microorganismos? No se sabe, pero nos comentan que se diseñó para desarrollar el hipocampo en el cerebro de los niños… ya saben, esa parte del cerebro primordial que ayuda en la memoria.


Más bien estamos frente al entretenimiento de apreciar algo que nos maravilla, que nos habíamos visto nunca.

Tan difícil como explicar lo que hay detrás del arte digital, o lo que causa en los espectadores, es describir las emociones que genera. Sin dudas un majar para la imaginación cuyos creadores, la elite de la vanguardia artística hip nipona, quiere que te pierdas en ella, que te cambie y que salgas habiendo vivido algo nuevo.

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