Perfume de Mujer, Micaela Ritacco y Florencia Decall

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El nuevo cine cordobés lleva un par de años de prosperidad tras el estreno sistemático de películas que recogen excelentes críticas en el mundo y son exponentes de un fenómeno que crece sostenidamente: en Córdoba se produce cine de calidad provisto de múltiples miradas.

En octubre, y con una semana de diferencia, dos de estas películas llegan a las salas locales: Atlántida ópera prima de Inés Barrionuevo (el jueves 2/10), y Tres D, la segunda película de Rosendo Ruiz (De caravana, el jueves 9/10). Con Revista Random, conversamos con las flamantes protagonistas: Florencia Decall (“Atlántida”) y Micaela Ritacco (“Tres D”). El estreno en la visión de dos mujeres que se lucen en los papeles que interpretan.

ATLÁNTIDA X FLORENCIA DECALL
Atlántida es la ópera prima de la cordobesa Inés Barrionuevo protagonizada por las jóvenes actrices Florencia Decall, Melisa Romero y Sol Zavala, con la participación especial de Guillermo Pfening. La película relata la etapa de iniciación adolescente en un relato guiado por el deseo de dos jóvenes hermanas que se quedan solas por un día en un pueblo donde, en apariencia, no pasa nada.

“Cada vez que la película se estrena en alguna ciudad vuelve la locura, la ansiedad, sin embargo a nivel nacional la sensación es más intensa todavía. Lo asocio a la mirada de un público al que realmente espero llegar, en esta oportunidad con Atlántida y en muchas otras más adelante. Al ser una mirada directa donde no existen barreras de lenguaje o culturales, la presión y la espera por la aceptación y el disfrute, son altas. Es una ansiedad que divierte, de hecho, una vez mi Papá me dijo: ‘cuando te subas al escenario y dejes de sentir ese cosquilleo nervioso, esa adrenalina en el cuerpo, es porque ya no te apasiona lo que estás haciendo’. Ya no te enciende”, ejemplifica Florencia Decall.

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– ¿Qué fue todo lo que te vino a la mente cuando viste la película terminada? Escuché que te daba vergüenza verte, te confieso que no me creo eso de que “te tapabas los ojos”…

– (Risas) La vi terminada en el Berlinale (festival internacional de Berlín), y recuerdo que estaba tan tensa en mi butaca que sólo se me aflojaron las piernas cuando con los títulos comenzó a sonar “out of town”, la banda sonora de la película que como si fuera poco es una canción interpretada con la bellísima voz de Sol Zavala, coprotagonista y amiga. Con ella nos agarramos las manos emocionadas durante la película en más de una oportunidad. Y eso que todavía teníamos que subir al escenario a contestar las “Q&A” con un público desconocido y en otro idioma. Borrachas de excitación… como para no decir tanto. Verme sin taparme los ojos lo logré recién ahora, luego de haber visto Atlántida nueve veces. Capaz se trata de cierta tolerancia que se va ejercitando para con uno mismo, de aceptarse, tanto física como artísticamente para poder disfrutar más de la película en su totalidad. Pero cuesta, no es fácil despegarse de la observación autocrítica.

– Sé que el proyecto tuvo varios años de pre producción hasta la gestación del mismo ¿Qué nos podés contar del rodaje?

– El rodaje fue largo e intenso. Pasábamos la semana entera en Embalse (Córdoba) entre ensayos y rodaje, y volvíamos a casa los fines de semana. Por continuidad, durante esos cortos días de descanso, debíamos cuidarnos para no alterar el trabajo con cualquier imprudencia, pero las celebraciones -luego de jornadas de duro trabajo- también existían y eran tan necesarias como cualquier descanso. Cada área estaba conformada por excelentes profesionales y, a la corta, se formó un equipo con tanta calidez que era un placer volver cada semana a reencontrarte y seguir trabajando, aprendiendo…

– Aunque ya tenés experiencia en otras películas, ¿Cuáles fueron las sensaciones que tuviste cuando te confirmaron el papel protagónico de Elena? 

– Hice el casting cuando realmente tenía la edad del personaje (16 años) y me volvieron a llamar cuándo ya había acumulado algunos años más, lo cual tenía a la producción y a mí un poco preocupados por el hecho de no aparentar ser más chica y no dar con el papel. Finalmente resultó no ser un problema y luego de algunos encuentros de prueba con Inés y Soledad (directora de actores) me llamaron para confirmar mi lugar. Iba caminando por la calle Yrigoyen saltando como una loca. Realmente estaba muy ilusionada con quedar seleccionada, lo deseaba más que cualquier otra cosa en ese momento.

– ¿Qué sentiste cuando leíste el guión por primera vez?

– Cuando leí el guion por primera vez lo adoré. Había luz en cada sutileza, en los detalles de cada personaje. Mi Mamá creció en el campo, mis nonos son de José de la Quintana, entonces es un terreno que no me es ajeno en absoluto. Leía la película y la sentía natural, fresca por la esencia de los personajes y muy femenina por los enfoques.

– Atlántida aborda diversos temas que van desde la iniciación sexual hasta la amistad, la mirada machista y lo de “pueblo chico infierno grande” que mucho tienen que ver con la realidad. ¿Cuál es tu opinión al respecto?
– Creo que una de las cuestiones que más me gusta de ésta película es que es un retrato fiel a ciertos comportamientos sociales -más tratándose de la vida en el pueblo, donde las instituciones de años atrás siguen mucho más presentes- pero no dramatiza en el despertar homosexual, como la mayoría de las películas con la misma temática. Toma el asunto con la naturalidad que merece, dos cuerpos que se atraen, dos personas que se quieren. En definitiva, no hay por qué darle tantas vueltas al amor.

– Si bien tiene muchos logros la película, ¿Cuál pensás que es el mérito mayor y el mensaje de Atlántida?

– En cuanto a mensajes, el que deja de la familia me parece el más fuerte. Con Melissa Romero interpretamos el papel de dos hermanas que sólo comparten un par de valores, es decir que la convivencia y cualquier tipo de relación entre nosotras es lógicamente malo. Sin embargo, “cuándo la tormenta afuera se desata” y ésta lluvia que a cada una nos toca vivir golpea cada vez más fuerte, no hay nada que se compare con abrir la puerta y sentir el olor de volver a tu hogar. Volver a la despreocupación por la aceptación, al amor incondicional se haya ido o vuelva la luz, estar dónde se “es” por primera vez y cada mañana que le sigue.

– Además, la película logra un gran aporte dado por la mirada femenina que la constituyó, desde la dirección hasta la interpretación no?

– Atlántida es una película femenina por sus cuerpos, la sensualidad de sus encuentros y la delicadeza de sus tomas. En mi punto de vista como espectadora y en un primer análisis semiótico que hice al verla, la película encara la primera escena con un panal de abejas, y hasta donde yo sé, ahí no hay lugar para el patriarcado, sólo reinan reinas (risas).

– Es cierto, el panal es una organización netamente femenina pero ojo que trabajan y trabajan, no charlan. Pero en lugar de sacar el machismo, volvamos a lo nuestro, has dicho que el cine es como un taller intensivo, ¿Cómo definís a tu experiencia con el género?

– Sí, mejor no hablemos de géneros (risas). Como arranqué desde pequeña siempre fue un juego. Definirme como actriz fue un proceso largo de aceptación y bastante estresante, no porque no quisiera serlo, sino porque siempre me pareció pretencioso referirme a mi participación en el cine de esa forma. Cuando en oportunidades me preguntan: ¿Y vos que hacés? ¿Qué estudiás? y yo respondo: actúo. No puedo evitar sentirme incómoda. “Es largo el camino hasta la cima si quieres tocar rock and roll” dijeron unos genios, y yo creo que todavía me falta carretera, estoy aprendiendo.

– Ya que se vienen otros estrenos tuyos, ¿Cuáles son los próximos pasos?
– Estamos esperando el estreno de “Miramar”, largometraje drama/ficción que protagonizo junto con Eduardo Rivetto, Eva Bianco y Maximiliano Gallo, ópera prima de Fernando Sarquís, director y gran amigo con quién estoy ansiosamente involucrada en “La Soledad de los Elefantes”, largometraje de ficción que esperamos rodar el año que viene. Y también el estreno de “Puente”, cortometraje de César Aparicio donde tuve el placer de volver a trabajar con Santiago Zapata. El mismo se estrena en octubre en la próxima edición del festival latinoamericano de cortometrajes “Cortópolis”. Por otro lado, ayer mis sueños iban por Atlántida, viajar por Europa y llegar al Berlinale. Hoy tienen que ver con seguir aprendiendo y trabajando de esto. Poder hacerlo en Buenos Aires y sumar más provincias al tablero. Lograr impactar, conmover y sentir que no solo yo elijo hacer esto, sino que muchas personas más se puedan sentir identificados en mis personajes.

TRES D X MICAELA RITACCO
Con muy buenas críticas en festivales como BAFICI y Rotterdam, el jueves 9 de octubre se estrena en salas cordobesas la película TRES D, el segundo largometraje del director cordobés Rosendo Ruiz (De Caravana fue su ópera prima). La película sigue el vínculo entre Matías Ludueña y Micaela Ritacco, dos jóvenes dedicados al cine, al mismo tiempo que presenta los puntos de vista de los directores y guionistas en medio del Festival de Cosquín, mezclando así realidad y ficción con un gran montaje. A medida que transcurre la misma, la pareja se irá sumergiendo en el mundo cinéfilo que emerge en esos tres días, mientras van armando su propia historia de amor.

“Lo que está bueno es que Tres D pone sobre la mesa un montón de ideas de cómo y por qué pensar y hacer cine. Me encanta eso de la película”, resume la protagonista Micaela Ritacco, descubierta por el director en “Cinéfilo Bar”, un extraordinario reducto cultural mediterráneo.

Ahí Micaela es moza y fue -en charlas con Rosendo Ruiz, entre otros- donde coincidieron que ella debía interpretar el papel haciendo de sí misma. Ritacco sorprende con un papel que agradará a los espectadores.

– Si bien habías realizado tu debut en Dubai, se puede arriesgar que “Tres D” es tu gran aparición con un protagónico en pantalla grande. ¿Cómo fue el tránsito de esa moza cinéfila hacia un personaje muy querible?

– Dubai fue un primer paso, súper íntimo, porque lo coprotagonizamos con una amiga que adoro y venía un poco por ahí la mano: ‘retratar’ de alguna manera, una relación cercana, llena de códigos y cariño, entre dos amigas perdidas por ahí. Ahí aprendí muchísimo respecto de improvisar en cámara. De mantener la toma viva. Ser moza en Cinéfilo Bar, el cineclub que coordina el mismo equipo que ahora dirige la revista, era una oportunidad de acercarme -no sólo al equipo- sino al público que asistía a las proyecciones. Ahí, había visto las mejores “pelis” y me gustaba colaborar con el proyecto abriendo vinos y cervezas. Un día Rosendo me comentó que había escrito algo medio pensando en mí, y me imagino que tenía que ver con mi forma de intervenir en las eternas sobremesas del equipo en el cine. Siempre nos quedábamos hasta tarde, todos, y yo mientras levantaba las mesas, de vez en cuando tiraba algún comentario medio ácido, como la Mica de “Tres D”. Lo que pasaba en el cineclub me parecía increíble, mucha gente joven, trastornados de cine, realizadores y críticos en plena formación práctica, programadores enamorados de sus películas. No quise perder la oportunidad de trabajar con ellos. Ni a palos.

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– Tu mirada acida sin dudas que descomprime la escena, sabemos que Gustavo Almada tuvo mucho aporte en la dirección actoral pero, ¿Cómo fueron surgiendo esos diálogos y escenas donde sobresale la empatía con tu compañero, incluso han reconocido mucha improvisación?

– Con Mato (Matías Ludueña, coprotagonista) no nos conocíamos mucho. Sabía que a él también le gustaba mucho MCTP, la banda que finalmente hizo la música de la película, que había programado un ciclo de cine clase B y que era medio parecido a Alan Vega. Me caía bien. Ahora, con un par de rodajes encima -literalmente, sólo un par- me voy dando cuenta de que el récord de rodaje sólo fue posible por la intensidad y la inteligencia con la que se realizó el laburo de actores, entre varias otras cosas de preproducción. Ni Mato ni yo veníamos con mucha carrera de actores, entonces, creo que nos sirvió muchísimo el laburo previo, más allá del rodaje en sí. La frescura de la película está trabajada, contenida por Gustavo y Rosendo, que hacen un equipo increíble en ese aspecto. Nos juntamos varias veces para encontrar entre todos la clave de las escenas y en el medio se las arreglaron para descostillarnos de la risa, hacernos perder el aliento con ejercicios, no sólo entre nosotros. Eso fue muy inteligente, porque nos integraba al equipo del otro lado de la cámara. Gustavo y Rosendo sabían perfectamente que hacían, no nos tiraron a las brasas. Y yo era bastante mala: no me podía dejar de reír en los ejercicios.

– No lo dudo, pero ahora me dieron ganas de que me cuentes alguna de las anécdotas que se puedan conocer públicamente…

– Una de las noches, estaba sin poder dormir. La jornada me había dejado pasada de cansancio. Estaba muy ansiosa, eran las tres de la mañana y teníamos que levantarnos temprano al otro día. Además tenía que poner la cara. Me había puesto a ver una película debajo de las frazadas, para no molestar con la luz a Lorena que dormía en la cama al lado mío. Al minuto 40, en la mejor parte, yo estaba muy concentrada y medio adormecida. Flor Bastida, (que para anécdotas divertidas mejor hablemos con ella) levanta las frazadas y me pregunta susurrando qué estaba viendo. ¡Casi me da un infarto! (risas).

– La película dispara críticas -en tono de comedia- pero apuntando a ese “cine para festivales” que constituye una especie de sub género. Como la génesis del proyecto surgió de las charlas en el bar del Cinéfilo, entiendo que hay mucho de vuestras opiniones ¿verdad?

– Y, la línea que separa la ficción del documental, de la “realidad”, no sé, es un quilombo. Pero bueno, la Mica de la película es inmutable. Yo, por suerte, no lo soy. Aparte, a la película le servía apoyarse en una idea de personaje, para que todo funcione. Me acuerdo que en el festival de Rotterdam tenía miedo que mi personaje no caiga muy bien por hablar así de la industria y de los festivales. Para mi sorpresa muchos se rieron conmigo. Y no me considero una mina chistosa. Yo soy un poco testaruda, pero porque soy bastante tana. Al fin de cuentas, siempre se trata de ir encontrándote con la gente con la que laburás y descubrir aquellos que lo hacen desde el amor, desde el deseo de que las cosas cambien.

– Es muy interesante ese concepto…Ahora, ¿Cómo sigue la cosa tras tu sólido debut? ¿Se ha perdido una moza, una posible directora o se ha ganado a una actriz?

– Moza me gusta ser en el Cinéfilo, porque puedo hablar de películas, vinos y de todo tipo de cosas estimulantes. A veces pienso que me gustaría trabajar en una oficina, que sé yo, para guardarme un poco y abro los clasificados. Soy muy dispersa, hago muchas cosas al mismo tiempo. Ahora estamos laburando con Día de Fiesta, la coproductora de El Carro, en un proyecto que dirigí y produje yo. También hice la música. Además, con Blasto Fluss, una banda de música con la que venimos laburando hace un par de años, estamos metidos en un proyecto de arte contemporáneo… navegando por ahí.
Por otro lado estoy en tratativas de armar en Córdoba un taller de actuación dictado por una actriz-con todas las letras- que para mí es una figura clave dentro del cine argentino contemporáneo. Me parece interesante poder compartir su trabajo con otros actores no-actores cordobeses, como yo, que están habitando las nuevas pelis cordobesas. Creo que la cultura del teatro y la cinematográfica se tienen que hacer más amigas en esta ciudad. Una actriz que me fascina dijo una vez en una entrevista que prefiere definirse como productora. Eso me gusta. La idea de estar gestando todo el tiempo, cosas diferentes y desde diferentes ángulos. En definitiva, romper un poco las pelotas.

– En estas páginas, también hablamos con Florencia, la actriz de Atlántida, dirigida justamente por una mujer. ¿Creés que la mujer está ganando cada vez más su merecido espacio en las películas hechas en Córdoba?
– ¡Ah! (exclama). Sí, pienso mucho en eso del nuevo auge de la heroína. Lo veo en muchas pelis muy dispares. De hecho hay muchísimos precedentes de mujeres bellas y fuertes, líderes de acción, delante, y detrás de cámara. Inés, la productora de Tres D, me parece un ejemplo clave de lo que quiero decir. Me gusta que me preguntes eso pero no sé cómo empezar a responderte. Siento que hasta me queda un poco grande la idea de mujer. No sé, eso de los géneros. Pero bueno, ¡las cosas cambian, por suerte!

Fotos: Gentileza prensa Atlántida y Tres D

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