Fabio Aste: “Los actores somos una raza rara”

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El reconocido actor Fabio Aste cuenta con un extenso recorrido en el mundo de la actuación. Hizo teatro, televisión y cine, además de haber recibido numerosos premios por sus trabajos entre ellos el ACE donde fue premiado por un doble papel. Participó en films como “Nevar en Buenos Aires”, dirigida por Eduardo Pinto, “Cenizas del paraíso”, de Marcelo Piñeyro y “Vereda tropical”, de Javier Torre, entre otras. En televisión, en tiras como “Casi Angeles”, “Amas de casa desesperadas”, “Buenos Vecinos”, “Gasoleros”, entre otras series premiadas de la televisión argentina.

Hoy triunfa en teatro con un gran éxito en el Multiteatro Comafi desde hace un año y medio en cartelera: “¿Qué hacemos con Walter?”, obra dirigida por el reconocido cineasta y director Juan José Campanella, lo tiene a Fabio Aste en el doble papel de un portero y su hermana melliza.

¿Cómo llegaste a la obra de Juan José Campanella ¿Qué hacemos con Walter?

En realidad fue así. Yo estaba haciendo un programa de televisión en Telefé con Miguel Ángel Rodríguez como protagonista que se llamaba “Golpe al corazón” y charlas de pasillos típicas, hablando con Miguel, me cuenta que iba hacer una obra con Juan José Campanella, entonces a mí se me prendió la lamparita y le pregunté si estaba el elenco armado y me dijo que no, que le faltaba un personaje que era del paraguayo y que necesitaban hacer un casting porque era un personaje que tenía exigencias bastantes particulares. Cuando me comenta que necesitaban un personaje de un paraguayo paré las antenas porque había hecho de paraguayo en “Buenos Vecinos”, muchos años atrás y dije: “eso es para mí”. Encima el personaje era doble y tenía que hacer la hermana melliza en la obra, dije yo quiero eso. Entonces no paré, me contacté con la productora 100 Bares, había trabajado con ellos en “Entre Caníbales” pero en poco tiempo, unos 10–15 capítulos. A Juan no lo conocía porque me había dirigido él sino otro director. Luego contacté al editor, mandé material mío por mail, hice el casting y quedé. Desde el día uno dije este personaje es para mí. Viste cuando uno tiene claridad respecto a un objetivo, a un panorama.


Ph: Gentileza F. A.

En una palabra, lo decretaste…

Lo decreté, sí, uno decreta ochocientas cosas todo el tiempo, algunas se dan otras no. Pero el tema es que decretarlo sin dudar con una fuerza absoluta. A mí me crió una paraguaya, era un personaje con mucho matiz, doble, cuando leí el libro me enamoré de la pieza y del doble personaje porque transita el drama, la comedia, es un trabajo de composición plena.

En “Buenos Vecinos” también pasó ese personaje en parte, y pegó mucho en los dos personajes…

Sí, pegó muchísimo, gracias a eso surgieron otros trabajos en televisión, fue muy auspicioso porque trajo otras cosas, también fue un punto bisagra, en los dos casos haciendo de paraguayo, bueno, en “Que hacemos con Walter” es misionero. Son personajes ricos como todos los personajes de comedia y que en este caso puntual, además transita el drama o sea tiene un abanico expresivo importantísimo, son personajes de mucha raigambre popular, de mucha llegada al público, muy coloridos. Siempre este tipo de personajes son agradables para ver para el público y gratos para hacer para el actor, quedan en el imaginario popular y son como la frutilla de la torta, son personajes que no te olvidás fácilmente, siempre pasa algo con ese tipo de personajes.

En la obra hay una variedad de mensajes que atraviesan la sociedad sobre todo la argentina.

Para mí la obra, ese consorcio, es una radiografía en miniatura de lo que es nuestra sociedad sobre todo la porteña porque habla de discriminación, de la intolerancia a lo diferente, a las minorías, a la gente del interior o lo que está legitimado como lo superior. Habla de las miserias humanas y de hecho el personaje de Escudero que lo hace Carlos Belloso es el único que empatiza con mis dos personajes, el que muestra un costado más humano. Los otros son como verdaderos buitres que se sacan los ojos entre ellos y tratan de sacar la mayor tajada. El éxito de la obra radica justamente es que es bien argentina, que muestra un universo fácilmente reconocible, no adaptada como ocurre en el teatro comercial de hoy en día. Esa reunión de consorcio ocurre acá, con esos personajes, entonces vos reconocés lo que sucede o te identificás con parte de ellos, te reconocés en pensamientos. En una palabra funciona como espejo de nosotros mismos.

Ph: Gentileza F. A.

Vi que a la salida del teatro el público sale emocionado con la obra…como que se siente tocada por la misma…

La gente nos dice cosas maravillosas, desde que los hice emocionar, pensar, la obra tiene momento de carcajadas en varios momentos y a la vez la risa proviene de ciertas desgracias. O sea esa cosa tan nuestra de reírnos como del que se cae en una esquina o el ridículo, hay una cosa irónica del porteño que está a flor de piel también. Un gran acierto es que hay una autocrítica radiográfica de nosotros como sociedad, llevado a una reunión de consorcio que es el micro escenario de lo que podía ser nuestro país donde están todos los colores, todos los formas de pensar y si querés todas las ideologías.

Yendo a tus inicios ¿Cómo fue que te decidiste por la actuación?

Yo estudiaba psicología, siempre quise ser actor de chico, imitaba a mis profesores en el colegio. Vi muchas obras de chico, mis padres son separados y a los once años mi viejo me pasaba a buscar a mi casa, me preguntaba donde quería ir y yo le decía al teatro. Vi obras que me marcaron, que no eran para mi edad, incluso algunas de ellas las terminé haciendo más tarde como” La señorita de Tacna” con Norma Aleandro. Y la hice después más tarde con ella por eso mi relación con ella es un flash en cine y teatro, es una especie de madrina artística. Empecé estudiando con Carlos Gandolfo a los veinte años, mientras estudiaba psicología. En tercer año de la universidad haciendo fila para comprar apuntes en el centro de estudiantes empecé a preguntarme: ¿Vos te ves trabajando de esto a futuro? No, me encanta la psicología, me gusta el comportamiento humano pero no me veo ni atendiendo pacientes ni dedicándome a esto. Me pregunté: ¿Qué te ves haciendo?: actuando, listo, di la media vuelta y me fui y nunca más volví a la universidad. Obviamente mi padres me querían matar pero bueno hoy en día reconocen que elegí el camino que tiene que ver con mi corazón. Empecé haciendo tele, teatro todo al mismo tiempo y hubo grandes cosas que me marcaron. El paraguayo en “Buenos vecinos”, hice una película con Norma Aleandro: “Andrés no quiere dormir la siesta” que nos fue bien internacionalmente. En fin, hice muchas cosas paralelamente con los dos lenguajes la tele y el teatro independiente.

Estudiar psicología ¿Te ayudó a componer tus personajes?

Por supuesto, claro que sí, soy un observador del comportamiento humano las veinticuatros horas del día, lo que más me sirve a la hora de empatizar es la observación y la sensibilidad, más allá de lo teórico, creo que la razón y la cabeza sirve a la hora de analizar un personaje y a la hora de trabajar previamente en la mesa, pero a la hora de entrar a la cancha y hacer tenés que dejar la razón de lado. Durante mi historia he combatido bastante contra la razón y contra mi cabeza porque siento que son enemigo del arte, a veces con la cabeza nos enroscamos.

Ph: Gentileza F. A.

En teatro te trabajaste en el undergroud, el oficial y en el comercial…

Hice under, “Las lágrimas”, hice obras en el tinglado, una comedia y un drama, trabajé en el teatro Cervantes y San Martín. Además, antes de hacer esto hice “Franciscus” en el teatro comercial de Flavio Mendoza dirigido por Norma Aleandro, una combinación que uno diría agua y aceite y salió un resultado maravilloso. Fue genial esa experiencia. Antes estuve en el teatro oficial de hacer “Gigoló”, dirigido por Susana Toscano. O sea, he estado en los tres tipos de teatros, en la tele y en cine, eso es lo bueno que tiene mi trabajo que no me caso con ningún género ni con ninguna área, en todos podes hacer un buen trabajo, incluso con la televisión ahora tan vapuleada. Ahora un poco más en alza pero durante muchos años la televisión como un lugar menor de trabajo para ganar un peso y los productos eran bajos, de menor calidad y feos. Uno tiene siempre la posibilidad de hacer un buen trabajo, no importa el entorno.

¿Qué es lo más complicado o malo de tu profesión?

La espera entre trabajo y trabajo, el estar de alguna manera muchas veces a expensas de la decisión de un tercero que suba o baje el pulgar. Eso nos pasa siempre a los actores, los pasa con los productores que nos eligen o no nos eligen, nos pasa con el público que elige o no con el espectáculo que les estamos ofreciendo o prende o no prende la tele o consume o no consume la película o la serie. Siempre estamos expuestos como buenos exhibionistas que somos, porque digo los actores no estamos bien de la cabeza para que nos guste que la gente nos mire sin parar y aplauda o nos abuchee según lo que hicimos. Eso habla de un perfil psicológico bastante particular, reconozco que pertenezco a una raza rara, diciéndolo con humor. No cualquiera lo puede hacer, no es porque no tenga talento, o tenga o no las herramientas sino que necesita una psicología especial que es el de exponerse que te miren como vos desarrollás la pseudovida delante de sus ojos. El público compra o no es un trabajo que está permanente expuesto ante la mirada del otro, mirada aprobatoria, reprobatoria, cómplice, somos los grandes buscadores de la miradas ajenas.

¿Cómo manejas cierto divismo y la competencia entre los actores?

La competitividad es inherente al ser humano. Nuestro trabajo necesita cierto narcisismo y exhibicionismo para poder desarrollarse, obviamente la inseguridad, por llamarlo de alguna manera independencia, y el miedo a perder la mirada está a mucho a flor de piel que en otros trabajos. Como te decía, la competitividad es inherente al ser humano, sino pregúntale a los que trabajan en un banco, a los que trabajan en las finanzas, entre otros, lo que pasa que en nuestro trabajo es mucho el hambre a la aprobación externa.

Ph: Gentileza F. A.

En cierta manera a los actores suelen marearse con el éxito. ¿Para vos qué es el éxito en esta profesión?

Hacer lo que te gusta profundamente, hacerlo con amor y verdad y hacer también que a la gente le guste.

¿Qué objetivos te gustaría cumplir como actor?

Seguir trabajando de esto. Hay un personaje que me gustaría hacer, los personajes de deficiencia madurativo, como el autismo, me gusta explorar ese tipo de personajes, y mi gran objetivo es seguir haciendo buenos productos con buenos directores y que la gente los elija. Hacer personajes que la gente los recuerde que por alguna razón tenga, como me está pasando con esta obra de Campanella, un color distintivo que llame la atención, una fibra particular que toque el corazón de la gente. Es decir empatizar con el que está viendo y hacer que te recuerden, que en todo momento resuenen en la memoria colectiva.

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