Braian Toledo: El gladiador

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El deportista argentino es de película (o de serie). Ahora que son boom las biopics, el material de vida que resume su cuarto de siglo, tienta a cualquier guionista. Imagino que ya habrá algunos rodando su documental (y sino me encantaría intentarlo). Su existencia tiene todo lo que debe reunir una gran historia. Alguien de muy bajos recursos que encuentra una oportunidad donde las mismas escasean o son utópicas, desde vivir en una barriada donde siquiera había agua -y la canilla estaba a varias cuadras- hasta una infancia durísima con todo cuesta arriba: un papá ausente y una mamá haciendo malabares para servir la comida.

Su ingenio para colaborar con la casa, su brillantez en el colegio, alguien que descubre su don y su constante esfuerzo para superar problemas familiares y coyunturales. De ese joven que llegó a dormir en el piso -porque en los primeros viajes le daba vértigo la cama- al que hoy se prepara para los próximos Juegos Olímpicos y se repone de una operación en el tobillo que lo marginó de los Panamericanos y el Mundial de este año. Es sólo una pausa en la carrera de este atleta que aún no llegó a su esplendor y nadie sabe cuál será su techo. ´

Braian ya ha ganado doradas de todo tipo en las competiciones y muchas más en la calle. Fue uno de los que no tienen voz, “los invisibles” para la gran mayoría. Pero él se acerca y brinda su ayuda desinteresada, desde el corazón y sin necesidad de la selfie. Un papa Noel de carne y hueso, suburbano y atleta, al que seguramente alguien le escribirá también la canción que ya se merece.

A pesar de su recuperación que le demanda casi un año de rehabilitación, dice que es un año hermoso, lleno de cosas pero admite un dejo de tristeza: “estaba mentalizado en que iba a estar en esos eventos deportivos pero ahora tengo que recuperarme del tobillo. Fue un accidente lanzando, pisé mal en un torneo y se me fue el tobillo así que voy a tener que entrenarlo para el próximo Panamericano y el Mundial, por suerte son cada dos años y no se hace tan larga la espera”.

Fotos: Gentileza Huella Weber

Justo estaba por escribir un texto para darle esperanza al equipo de básquet de mi hijo que juega un torneo importante y van de punto, y pensaba en tu historia, que a pesar de las adversidades todo se puede, ¿Esa capacidad de resiliencia, de levantarte de la lona ya estaba en tus venas?

Es un placer que me usés de ejemplo, especialmente con tu hijo, algo tan personal, tan íntimo. Te agradezco. No sé si estaba en mis venas, si sé que era porque me nutría mi vieja con su forma de enseñarme a vivir la vida, no con palabras sino con hechos y la forma en la que ella la encaraba. Yo quería hacer lo mismo y la fui copiando e imitando. Creo que cualquiera se puede transformar en un luchador si lo deja todo en el camino y eso, a la larga, termina siendo parte de vos. De chico, siempre buscaba una salida, sea cual sea y no tenía miedo de lo que vendría. Siempre quise superarme, salir adelante, y buscar ser un poquito mejor; en principio era para ayudar a mi vieja y después para que se sintiera orgullosa de mi. Lo hacía más que nada para verla feliz porque la realidad no era la mejor en ese momento.

Te rompiste el lomo para superar el viento en contra, ¿Cuáles fueron otras claves de haber encontrado una oportunidad?

Sí, me esforcé muchísimo sin saber a dónde podía llegar. El lanzamiento de jabalina es totalmente amateur y yo sabía que quería llegar a algún lado pero no sabía a dónde, ni lo que se podía lograr. Dejé muchas cosas en el camino, de las cuales no me arrepiento y lo volvería a hacer porque gracias a ello es donde estoy hoy. Para mÍ ser tenaz es fundamental, no rendirme y dejarlo todo, nunca pensé que no podía hacer algo. Nada es imposible. Sé que muchas veces me voy a equivocar o no me va a salir algo como yo quiero pero a la larga, luego de tantos intentos, lo voy a lograr, porque de cada falla se aprende algo diferente. Es fundamental tener la cabeza fría en diversos momentos a la hora de decidir y tomar decisiones, saber lo que uno quiere, lo que se anhela y que eso esté por encima de todo, muchas veces hasta por encima de uno mismo.

Fotos: Gentileza Huella Weber

Desde hacer dibujitos por 25 centavos hasta dar todo lo que tenés en el bolsillo, uno ahora ve la primer Rocky de Stallone y al lado tuyo parece insignificante, ¿Qué recordás de tus primeros pasos para mejorar la realidad?

Sabés mucho de mí, leíste mucho sobre mí (risas) Lo que decís sobre los 25 centavos es verdad y que una vez en la calle di lo último que me quedaba en la billetera también es cierto. No lo comparo con ninguna película, no siento que sea mejor que la de Rocky. Soy consciente que lo que hago quizás le haga bien a una o dos personas por unos días, ojalá que todos pudiéramos copiar y ser un poco mejor, yo también tengo que seguir aprendiendo y copiando para ser mejor y así multiplicar la ayuda. Ayudar, darle una mano a alguien, es darle un futuro a esa otra persona, porque está esperando una soga, una esperanza. Demostrarle que nada esté perdido y que todo depende de uno mismo y podés cambiar tu realidad simpre, obvio que para bien o para mal. Yo apoyo y trato de dar consejos, de transmitir mi vivencia más que nada para que las decisiones sean para bien.

“…Creo que cualquiera se puede transformar en un luchador si lo deja todo en el camino y eso, a la larga, termina siendo parte de vos…”

¿Cuándo sentís que fue un día o un momento bisagra en tu carrera, qué quizás podrías haber tomado otro camino?

Un momento bisagra en mi carrera fue cuando lo conocí a Gustavo, mi ex entrenador. En la escuela vio mi talento para lanzar fuerte y lejos. La verdad es que no habría hecho nunca este deporte sino hubiera sido por él. Tengo muchos momentos, pero ese es el más importante, es el inicio de todo. La causa por la que vos hoy llegás a hacerme una entrevista a mi, todo eso es porque ese profesor me vio en la escuela y me dijo que yo tenía que hacer este deporte. Así de loco es. Si no fuera por él, hoy nadie me conocería. Claramente podría haber elegido otro camino totalmente diferente, pero bueno, yo no creo que la clase social en la que nazcas te obligue a tomar un mal camino. Siempre hay opciones y depende de cada uno.

Fotos: Gentileza Huella Weber

“Dejarlo todo por los invisibles a los ojos de todos”, dijiste ¿Por qué ayudás a los más postergados? ¿Qué sentís luego de dar una mano?

Es verdad, esa frase la dije yo. Me refiero a todas las personas que me rodean pero que no se ven; dejo todo por ellos porque ellos dejan todo por mi. No te hablo de muchas personas, son pocas pero son tan importantes que cada día que entreno, cada competencia a la que voy, doy todo al límite porque se que ellos lo hacen por mi. Ayudo a los más postergados porque creo que la posibilidad la tienen que tener todos. Yo sé que tuve suerte, porque nunca hubiera elegido este deporte porque no lo conocía, que hay otros deportes más allá del fútbol, que uno por ahí no sabe que puede correr rápido, saltar, lanzar y mirá si hay un montón de Braian mejores por ahí. Mejores que Chiaraviglio, que Jennifer, no lo sabemos, por eso hay que difundirlos. Nosotros tenemos que ser los pioneros y los encargados de que esto se expanda, porque somos los primeros, no vamos a ser los únicos, ojalá que no. Me pongo mucho en el lugar de esa persona, porque me hubiese encantado que alguien me venga a dar una mano cuando más lo necesité y siento que es vergonzoso recibir ayuda, pero la misma necesidad te lleva a aceptar. Creo que ponerme en ese lugar y hacerlo igual me hace sentir feliz porque yo estuve ahí, y trato de imaginarme lo que sentiría si vienen a ayudarme, siento vergüenza, pudor pero también agradecimiento.

Con Huella Weber venís realizando acciones en los merenderos, antes con Manos en Acción y ahora con Los Pepitos, vos asistías a un merendero y entiendo que esta ayuda no es casual, ¿Qué podés contar de estos casos? ¿Qué significaba para vos estos lugares de contención?

Sí, con Huella Weber estamos hace varios años juntos trabajando. El primer lugar en el que hicimos una acción en conjunto para mejorar la infraestructura fue en la ONG “Arriba los Pibes” en Marcos Paz, allí entregamos materiales y capacitaciones para algunas de las personas que remodelaban ese lugar. Es un merendero pero también una ONG en la que hay teatro, baile, apoyo escolar, taller de lectura y varias cosas más. Desde fin de año soy el padrino y me siento feliz y orgulloso de poder acompañarlos de alguna forma. Ahora arrancamos a colaborar con “Los Pepitos” otro merendero. Es la casa de una señora que comparte la merienda y casualmente una comida para darle a las personas que lo necesitan. Ya es la segunda obra en conjunto con Huella Weber y el proyecto consiste en una reforma también edilicia. “Los Pepitos” está en el partido de Merlo, en la localidad de Ferrari.Es verdad que yo asistía a merenderos cuando era chico, y por eso mi ayuda no es casual. Yo vengo colaborando desde 2013 cuando me fui a vivir solo, siempre destiné un porcentaje de lo que me pagan mis sponsors. Antes lo hacía yendo casa por casa, repartiendo cosas como si fuera Papá Noel pero en cualquier mes del año, algunas personas no entendían, o se alborotaban, pensaban que era alguna campaña política. Les decía que no quería ninguna foto, que lo hacía porque quería. Con el tiempo, algunos ya me conocían y me preguntaban por qué lo hacía y yo respondo siempre lo mismo, “que lo hago con el fin de estar feliz conmigo mismo”. Más allá que el merendero es un lugar en donde te dan una merienda, es un espacio en el que comés, principalmente te saca un poco el hambre de la panza. Mirá lo que estamos hablando, ¿no?, algo que debería ser totalmente posible para todas las personas, para tener una vida digna. Creo que debería haber más merenderos y que se los debería ayudar más.

Fotos: Gentileza Huella Weber

Sos tan groso y medalla de oro en lo personal que todavía no te pregunté sobre el deporte, ¿Qué sensaciones tenés de Chile lograste traer otra dorada? ¿Cómo se hace para ganar medallas en atletismo, una disciplina tan despreciada?

No me siento tan groso. Sí, las sensaciones después de Chile fueron buenas y gané en los dos torneos que fui. Me siento muy contento de poder representar bien a Argentina cada vez que tengo la posibilidad. Cosechar medallas es muy difícil en el atletismo, es un deporte individual sumamente exigente y de alto nivel, como todos los demás, pero bueno no creo que sea tan despreciada. Tal vez acá no tengamos tanto la cultura de acostumbrarnos a este tipo de deportes, pero como te dije antes, depende de nosotros difundirlo mucho y que las personas lo acepten y lo empiecen a practicar.

Estuviste varios meses en Finlandia con el número uno y has contado que aprendiste a no auto exigirte, ¿Qué te dejó esa experiencia? Corrías con grados bajo cero ¿no?

Sí, estoy muchos meses en el año en Finlandia bajo el mando de Kari Ihalainen, mi entrenador. No sé si soy de autoexigirme porque la autoexigencia es la misma o más con él. Con él aprendí y aprendo todos los días a vivir un poco más, a vivir el día a día y saber que soy también una persona que tiene un montón de cosas para vivir, y que lanzar jabalina debe ser algo que me haga feliz. Creo que me está ayudando muchísimo sin ninguna duda, y son las experiencias que me dejó y me sigue transmitiendo. Él fue lanzador también y tiene muchos años de ser entrenador y atleta, asi que constantemente es una persona que transmite experiencias, sin duda. Sí, corro en la nieve cada vez que estoy en Finlandia, porque es invierno. Hace muchísimo frío, pero es parte del proceso del entrenamiento que ellos hacen allá.

Fotos: Gentileza Huella Weber

En alguna nota contabas una anécdota con Kari Ihalainen cuando le contaste sobre tu pasado, ¿Cómo fue esa charla donde él se quebró?

Le conté la anécdota a Kari de mi pasado porque el me compartió un poco la de él y me dijo que eso era vivirlo en Finlandia. Cuando le conté mi historia nunca se quebró, pero hubo un momento, sin ningún tipo de ruido en el que sólo dijo: “eso sí es duro” y no mucho más, pero bueno, ellos son muy fríos no son de reaccionar tanto como nosotros. Además la vida dura de Finlandia no es la vida dura de Argentina, y la mía puede no ser la más dura que alguien vivió en Argentina. Seguro que hay niños que están viviendo en la misma situación que yo o peor todavía.

“…Cosechar medallas es muy difícil en el atletismo, es un deporte individual sumamente exigente y de alto nivel…”

¿En cuánto juega lo mental y eso de levantarse en un buen día en la competencia? ¿Cómo trabajás ese aspecto?

Lo mental es todo, creo que levantarse bien en un buen día de competencia es genial. Considero que también es un mix de todo, de cómo vos te lo tomes y lo encares día a día. Después cuando vas creciendo, vas necesitando de otras cosas, las vas descubriendo porque no sabías que te hacen bien, como levantarte lo mejor posible, con quién te levantás y cómo te transmite arrancar el día, si vos sentís que te acompaña en lo que hacés. Hay un montón de cosas que influyen y por eso yo creo que es un mix de todo, pero también parte mucho de la persona, de como cada uno encara el desafío de la competencia.

No puedo dejar de preguntarte por los sueños y calculo que todo apunta a Tokio 2020, encima te empiezan a caer las competencias con la mejor edad en tu disciplina, ¿Cómo vivís las previas esas gran metas? Después de las medallas olímpicas, me volverías a dar una nota?

Sí, estoy totalmente enfocado en lo que se viene en el próximo año en los Juegos Olímpicos de Tokio. Ahora estoy atendiendo el tobillo, pero sigo igual de concentrado o más para el próximo año. Nuestra mejor edad comienza en los 27 años en adelante hasta los 34 años más o menos. Se viene el mejor momento de un lanzador de jabalina principalmente y vivo las experiencias muy bien. Como te dije antes, entrenando en Finlandia aprendiendo mucho, creciendo más de lo que me imaginaba y estando casi listo para lo que se va a venir. Claro que después de la medalla olímpica te daría una nota de vuelta (sonríe).

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