La Caída de Youtube

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Como todos los años, Youtube organizó su célebre “rewind”, un video en el que recuerda lo más importante del año en la plataforma y lo hace con la presencia de las principales figuras y creadores de contenido que habitan en el botón rojo. Este año, sin embargo, el rewind se volvió infame por alcanzar el récord de “no me gusta” en la historia de Youtube. Esta es la razón.

Una estrella de Twitch (plataforma distinta a Youtube), una youtuber que no sube hace nueve meses, estrellas mainstream, presentadores de late night shows y las ausencia, ¡hay las ausencias! Esos fueron los ingredientes del desastre que resultó el Youtube Rewind de 2018 que será recordado en los anales de la historia como el que más “no me gusta” recibió en la historia de la plataforma de stream.

El rewind se supone un momento de celebración dentro de la comunidad de Youtube en la que se recuerdan los mejores momentos del año y cabe la posibilidad de ver a tu ídolos participando, creando esta impresión de equipo, solidaridad y creatividad. Eso era antes, porque a nadie le pasó desapercibido que en este 2018 se trató de mostrar algo que no refleja en absoluto la evolución de Youtube en el año que pasó, uno complicado si los hubo, cierto, pero que los dueños y directivos no quisieron reconocer.
En cambio, decidieron armar un rewind inclusivo, dando cabida como nunca antes a los youtubers de otras comunidades además de la anglosajona: latinos, asiáticos, rusos; también al feminismo, las causas sociales y las minorías intentaron estar representadas y, para cerrar, validar todo con la presencia de un artista “de verdad” como Will Smith.

¿Pero dónde estaba PewDiePie el youtuber con más seguidores de la historia que este año protagonizó uno de sus mayores momentos al luchar por el dominio del primer puesto con un canal indio de música Bollywood que nadie vio venir? ¿Dónde está Logan Paul que, odiado y todo, consiguió que su pelea con KSI tenga el impacto de un Pay per View de Las Vegas? ¿Dónde están Ethan e Hila Klaine, que este año armaron uno de los mejores programas de entrevista con su podcast?

En lugar de eso, Youtube decidió mostrar a Ninja, un personaje que sí tuvo un año enorme pero por su desempeño en Twitch, la plataforma que stremea juegos, separada conceptualmente de Youtube. Prefirió a Liza Koshy, otra peso pesado pero que ya no participa tanto en la plataforma y prefirió a los famosos conductores como Noah Trevor o John Oliver que solo suben clips de sus programas de TV.

La razón es simple, unos son polémicos, los otros son seguros.

Por más que les pese, Youtube como todas las demás plataformas sociales de Internet, se han vuelto polémicas porque son plataformas de una cierta horizontalidad donde cualquiera puede postear. Los límites Youtube eran bastante laxos antes de 2017, prohibiendo videos sobre actos criminales, gore y pornografía, pero si una cuenta era de bajo de impacto podía salirse con la suya y postear cualquier cosa.

La evolución del contenido de esta plataforma de videos es rica e interesante, mucho más que cualquier otra RRSS por tratarse de una donde habitan personajes. Muchos youtubers de alto rango comenzaron con algún gancho popular: bromas, videojuegos, reacciones, compilaciones, críticas, por nombrar los rubros más notorios; pero a medida que crecían en vistas, comenzaban a desarrollar personajes más complejos o incluso a abrir su intimidad a sus fans.

Alrededor de 2013 comenzaron a popularizarse canales con un humor más agresivo, rebelde y surrealista, si se quiere, que reaccionaba frente a un Youtube abarrotado de “buena onda”, pibes facheros besando chicas por la calle o chicas exagerando historias sobre sus novios y amigos. Estos nuevos Youtubers surgieron como justicieros contra lo políticamente correcto y en poco tiempo explotaron entre el público infanto-adolescente, especialmente masculino, porque no tenían miedo de criticar, putear, eructar o usar palabras ofensivas.

Ese año fue también el año del “Gamergate”, un suceso que merece su propia historia, pero que como nunca dividió las aguas de la comunidad digital e instaló la idea de que las redes podían ser sumamente tóxicas.
En ese caldo de cultivo empezaron a crecer, durante tres años, diferentes facciones: por un lado los que vociferaban por más derechos sociales, inclusión de minorías y mujeres y visiones de izquierda y por el otro los conservadores, promasculinidad y los trolls que habitan los submundos de internet. Y todo estalló a finales de 2016.

La carrera a las elecciones presidenciales de EE.UU. fue el campo de batalla de estas dos facciones que se pusieron a favor y en contra de Trump en las redes y militaron de manera agresiva. Cuando el millonario de New York emergió como ganador, los grandes medios progresistas del país del norte, dolidos por la derrota, comenzaron a mirar lo que había pasado en la redes y sobre todo en Youtube: varios informes y artículos de diarios como Wall Street Journal pusieron el ojo en el contenido “tóxico” de los principales youtubers que, sin haber estado necesariamente de un lado o del otro de la campaña, pagaron por todos.

Uno de ellos fue PewDiePie (el sueco Felix Kjellberg), a quien se lo escuchó decir la palabra con “N” (como se le dice a un término ofensivo para la comunidad negra de EE.UU.) y hacer un par de chistes con temática Nazi y, sin aceptar disculpas o considerar el contexto, fue el fin de varios contratos millonarios y la imagen amistosa del youtuber más popular de todos los tiempos.

Youtube se asustó tanto con la presión que el mundo mainstream le puso encima (más precisamente los auspiciantes que amenazaron con salir del juego), que se negaron a dirigirle la palabra todos aquellos creadores de contenido que violaran sus nuevas y férreas normativas de comportamiento.

Pero eso fue solo el comienzo: para apaciguar a las grandes compañías y su dinero, la plataforma decidió que cualquier video que viole la más mínima norma será excluido de la monetización, es decir, del dinero que le corresponde a los creadores por la publicidad. Para colmo Youtube aplicó esta medida a través de bots y algoritmos lo que significó miles de errores al juzgar.

Para muchos youtubers, especialmente esa camada temeraria de 2013, esto significó el fin de sus carreras, basadas 100% en ser polémicos. En la comunidad se le llamó el “adpocalypse” (apocalipsis de la publicidad) ya que muchos que habían construido sus vidas en torno a los ingresos de Youtube, dejaron de cobrar.

Otros se reinventaron o corrigieron el rumbo: el canal de noticias virales de Philip DeFranco logro armar una red de ingresos alternativos, Ethan & Hila (conocidos como H3H3) crearon el programa de entrevistas más interesante de Youtube (tal vez después del Joe Rogan, se puede discutir), Filthy Frank decidió priorizar su carrera musical como Joji; e incluso PewDiePie redobló la apuesta y decidió seguir desafiando aunque cuidando un poco las palabras.

Pero ninguno de estos personajes, por populares o demandados por la comunidad que sean, pueden integrar un Youtube Rewind como se vienen planteando. Los Rewind son la ventana de Youtube a sus patrocinadores, son la invitación para que vengan a invertir en contenido limpio apto para toda la familia. Youtube ya no puede ser rebelde e independiente o no sería viable, tiene que complacer al mainstream al menos de manera institucional. Por más que le den la espalda a la gente, por más que duela, las cosas son así ahora: Youtube cayó porque se niega a reconocer a su mayor estrella y ruega que algún día sea él quien caiga.

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