Karina Noriega: Retrato de Verano

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“…Medimos todo según la vara de los relatos tradicionales con final feliz porque es así como nos han educado sentimentalmente, con cuentos de hadas, príncipes azules y princesas atribuladas encerradas en los castillos. ¿Cómo una no va a querer vivir escapando?…”, escribe Carolina, la protagonista de “Verano”, la nueva novela de Karina Noriega, editada recientemente por Planeta.

Tras su auspicioso debut con “Punta del Este”, la autora regresa con “la historia de un verano ardiente” donde desfilan algunos personajes del jet set argento, con una línea narrativa desfachatada e irreverente donde el erotismo y las relaciones frívolas calientan la pava entre la ilusión y la realidad. La autora –que es editora de Revista Gente- expone sin filtro a un entorno de cintas vips que, por su trabajo, conoce de sobremanera. En un mundo de apariencias los personajes hablan y se mueven verosímiles, gran logro de la autora que escribe y cuenta lo que las revistas del corazón esconden o edulcoran.

Se puede leer el libro o entender el entramado que cuenta Karina con una playlist de fondo. Diría que es casi obligatorio, todo en ella es musical y visual, como si su paso por la señal MTV retroalimentara un estilo personal que en comunicación se dividió en diversos formatos: hizo un par de temporadas en Radio Kabul, co escribió dos largometrajes, entrevistó a grandes personalidades para Rolling Stone o los Inrockuptibles, entre otros medios.

Tu primera novela Punta del Este arremetía con la escena post Poli Armentano y Clotta Lanzetta e incluso –en parte- pronosticaba algunos hechos. “En Verano”, hay nuevamente, muchas alusiones que un lector avezado puede decodificar con la realidad, ¿cómo lográs mantener la intriga constante en historias que nunca son inverosímiles?

Tal vez porque así es como me gusta que me cuenten las historias a mí. Soy de las que cuando me cuentan algo me detengo en los detalles y quiero que me retengas ahí donde me da más intriga, se me abren más preguntas, se siente bien, me da un poco de miedo, me incomoda o simplemente no puedo creer los acontecimientos. Me regocijo y me encanta que me hagan desear, saber más y en definitiva dejarme sorprender por lo inesperado, algo que llevo a la escritura. Realmente cada libro es una nueva aventura.

¿Cómo fue ahora el proceso de esta flamante novela? Ayer cuando la leía pensaba: “a Karina le debe haber pasado como al protagonista de Los Secretos de Harry de Woody Allen ¿no? Que todo el entorno se preocupa…

Es cierto que hubo un momento de escritura de este libro en el que algún amigo me hizo algún tipo de reclamo porque temía aparecer en la historia. Yo jugaba mucho con eso de que “estoy viviendo el libro que quiero escribir” y por momentos viví al filo entre lo real y la ficción. Me hizo gracia que alguien que me está leyendo me dijera ayer que quería tener un romance de verano con un personaje que es el amigo de la protagonista. En caso de haber inspirado algún que otro hecho, no creo que ninguno haya salido mal parado. Sí, me ha pasado mucho con éste libro que me digan que les gustaría ser tal o cual personaje. Si hago desear mientras me leen, ya triunfé.

Verano además de ser una novela muy visual, en parte es tu estilo y de cada personaje uno puede formarse una imagen nítida…es cínica e impiadosa pero en ningún momento juzga. ¿Cómo lograste poner las cartas sobre la mesa y no hacer leña del árbol? Ayer citabas a Wenders sobre no anteceder una opinión a la escritura…

Sí, en mis ficciones ningún personaje es juzgado e intento hacer lo mismo en la vida, no siempre con los mismos resultados. Me interesa mostrar a todos con sus dobleces, ingenuidades y debilidades pero a través de los hechos y las acciones, y sin interferir. Lo de Wenders me encanta y es como un precepto si lo pienso: entreguémonos a la historia, seamos funcionales a ella pero sin limitarla.

¿Creés –como yo- que es un gran mérito lograr hacer una novela entretenida con protagonistas de una clase alta donde casi hay ausencia de romance, porque el amor parece haber perdido la batalla con la instantaneidad, lo expréss y el “solo me importo yo con mis selfies”?

No soy la persona que debería decir si es un mérito, pero agradezco enormemente poder entretener y ser leída en un momento como el que vivimos, con tan poca atención invertida en una misma cosa y hasta el final. Eso mismo se traduce al amor efímero y el exceso de narcisismo, de los que el libro ensaya una tesis caprichosa y da una probadita en la tapa misma. Volviendo a lo de la atención, me quedé pensando en que prefiero que me lean pocas personas pero que no me dejen por la mitad. Alguna vez puse en Instagram algo que realmente creo, que me lean es un poco como tener intimidad con todos.

La doble vida en las clases más altas es muy frecuente. Tanto en Punta del Este como En Verano, ¿Dejaste cosas sin publicar que eran como bombas de explosión? Digo, en una revista es mucho lo que se deja afuera…

Al entregar Punta del Este sentí la necesidad de empezar una secuela y, si bien me seducía la idea pensé en una trilogía, es algo que la propia historia me fue pidiendo hasta que se hizo carne y ya no pude decidir. Más allá de los hechos que puedan inspirar la ficción y la estela explosiva de algunos de ellos, son más bien las vidas de los personajes que quieren actuar su parte, sus voces están en mi cabeza con sus modos y sus frases y su estilo para decir lo que no nos atrevemos a ver o a descubrir. Por eso me gusta que la protagonista se entregue al placer y al atrevimiento dándole la espalda a los mandatos, siguiendo sus deseos sin mirar atrás.

Cada capítulo es musicalizado con perfección quirúrgica. ¿Cómo lograste hacerte lugar rokeándola en todos los sentidos en ambientes donde todo era más chill out –o ahora más reggaetón, trap o lo que fuere pero no rock-?

Las letras de las canciones con las que abro cada capítulo son un ecosistema musical del momento que refleja esa escritura. En mi vida la música siempre tuvo un papel preponderante y las buenas canciones siempre ganaron a cualquier coyuntura; es cierto que en esta ficción también. Mi protagonista no se deja deducir por las listas recomendadas de Spotify, sabe muy bien con qué canción musicalizar lo que sigue después.

Esa delgada línea entre sueño e ilusión es algo que explorás con gran acierto. ¿Es más fácil en el mundo que retratás –por el poder- que ambas se concreten y den, finalmente, material para libros?

No necesariamente. El mundo frívolo que dicen que retrato está exponencialmente alejado de la fantasía, sacarlo de lo terrenal para convertirlo en otra cosa es el filtro que uso para abordar un escenario. Lo banal es una excusa; más que nada diría en este caso, fue el deseo y lo sentimental lo que quedó en esa línea frágil.

“De todos los ex al único que volverías es a la radio”, dijiste. ¿Qué recuerdos tenés de tu paso por Kabul? ¿Algodones de azúcar fueron una bisagra para este gran presente?

Los cuentos cortos radiales “Algodones de azúcar” fueron algo experimental que disfruté mucho hacer. Escribía, vocalizaba y musicalizaba historias narradas por mi voz que terminaban siendo piezas con mucho trabajo y sensibilidad. Ya venía trabajando con Grinbank desde el minuto cero de Kabul en contenidos y al aire, y le propuse la idea a Diego Ripoll, que se terminó convirtiendo en una sección diaria en “Lima”, su programa. No diría que fueron una bisagra, pero sí parte de mi recorrido con la ficción. Algodones de azúcar fue un ejercicio de libertad pero con ejes: que entre en un minuto una historia sensorial que todos los días tenía una palabra como eje temático.

He leído que desde chiquita armabas libros y guionabas hasta actos escolares. ¿Cómo fue esa etapa donde ya tenías muy claro el destino?

Me encantaba narrar y guionar. Hoy veo a mi hija de seis años que escribe y dibuja sus cuentos y me recuerda a eso. Me reconozco de siempre la facilidad por capturar un recuerdo y retratarlo por escrito, casi un modo de archivarlo en la memoria, si es con estética y justicia, cuánto mejor.

Tu primera nota fue a Los Brujos y en la mítica La Maga si no estoy errado. ¿Qué sentiste tras esa primera experiencia?

Mi primera nota fue a Los Brujos en camarines para un trabajo de la facultad. Supe que quería trabajar como periodista desde chiquita, cuando jugaba a conducir y grabar programas de radio y noticieros. No imaginaba que pudiera escribir ficción cuando arranqué en periodismo. Ese es un camino que descubrí después y es la razón que ordenó mi propósito y mi modo de sentir y dar en palabras.

Del poster al contacto de whats app, ¿por qué creés que se fue dando que tus referentes ahora son amigos o conocidos? ¿Esa afinidad legitima el trato, códigos y sutilezas que tenés en tu profesión?

Lo último, totalmente, es garantía, pero es algo que me sigue pasando con gente nueva. Conectás por la empatía y por el modo de percibir y sublimar lo que pasa a través del arte. Además de que muchas veces me identifico más con ellos que con mis colegas.

Para mí sos una Anna Wintour pero con mucha más onda, más arriesgada con toques de Madonna, por ejemplo, pero ¿cómo te definís y qué dicen sobre vos tu entorno?

Lo que dicen en mi entorno me da pudor, al igual que lo que decís de Anna Wintour (¡ya quisiera!). Igual amo. Yo creo que soy una persona trabajadora, sensible y ávida de encontrar un nuevo modo de comunicar mejor.

¿Cómo organizás la rutina de entrecasa con tu hija Rubí ya en el colegio? ¿En cuánto se modificaron las prioridades?

No me gusta hablar de prioridades porque me parece una casilla muy normativa, pero siempre son las mismas. El amor, leer juntas, y transmitirle a mi hija que solo nos mueve el deseo y que las mujeres debemos seguir luchando por nuestros derechos.

“Las intuiciones son polaroids del futuro”, escribiste. ¿Qué te dicen las que ya tenés sacadas, cómo sigue la cosa?

En mis polaroids del futuro ya encontré un soporte multimedia para llegar a todos a partir de una clave secreta. Soy una Siri a medida, que te lee ficciones que podés vivir en realidad virtual.

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