Arte: Mariano Fortuny

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Mariano Fortuny y Marsal: Reus (España), 1838- Roma, 1874. Fue un pintor, considerado junto a Eduardo Rosales, uno de los pintores españoles más importantes del siglo XIX, después de Goya, y el mas famoso hasta el surgimiento de Pablo Picasso.


Huérfano a los seis años de edad, fue criado por su abuelo; él fue su tutor y su mejor valedor en sus primeros años y en su edad temprana, favoreciendo su formación artística con el pintor reusense Domènec Soberano. Contaba con la pequeña ayuda económica de dos eclesiásticos de Reus.


Siendo aún niño, Fortuny también trabajó con el platero y orfebre miniaturista Antoni Bassa, quien influirá en la minuciosidad que caracterizará en el futuro su pintura. En 1852 se trasladó a Barcelona en compañía de su abuelo. Allí entró a trabajar en el taller del escultor Domènec Talarn, quien, satisfecho con los avances de su joven alumno, le gestionó una pequeña pensión de la Obra Pía y la matrícula gratuita en la Escuela de Bellas Artes de la Lonja, donde recibirá por primera vez formación oficial.


En 1858 se trasladó por primera vez a Roma con una pensión de la Diputación de Barcelona, donde entablará amistad con otros artistas españoles en la ciudad como Eduardo Rosales o Dióscoro Puebla. Esta pensión tuvo una estricta restricción, pues tenía que enviar constantemente algunas de sus obras a la Diputación para hacer valida su estadía.
En Roma conoció también a varios artistas italianos; entre todos ellos Attilio Simonetti (1843-1925) se volvió su discípulo y amigo fraterno.

Paralelamente, asistía a la escuela privada de Lorenzale, en donde se desarrolló en una vista más amplia su gusto por el romanticismo.
En 1860, la Diputación de Barcelona lo envía a Marruecos con el fin de cronicar, a través de sus pinturas, la campaña militar que allí se había iniciado (Primera Guerra de Marruecos).


África va a suponer un descubrimiento para Fortuny, deslumbrado por la luz norteafricana y encandilado por las planicies abiertas, las luces y los habitantes de Marruecos, llegando incluso a aprender nociones de árabe para integrarse mejor. Se liberará desde este momento de convenciones y academicismos, sintiéndose atraído intensamente por los temas orientales.
Al firmarse la paz entre España y Marruecos, Fortuny vuelve a Barcelona pasando por Madrid, donde conocerá a Federico de Madrazo y a su hija Cecilia, su futura esposa.


De nuevo, Fortuny se traslada a Roma, donde permaneció gran parte de su carrera artística, y comenzó a especializarse en obras de género realizadas en ricos colores. Son cuadros llamados de “casacón” o gabinete, que el pintor Meissonier puso de moda en Francia, y con los que Fortuny arrasará el mercado europeo. Tratan asuntos intranscendentes, realizados con un estilo minucioso y detallista que se preocupa por la luz, el dibujo y el color.
Fortuny supo conjugar siempre la pintura de encargo que le dio el éxito internacional con su gusto personal por los tipos árabes, los temas de su invención y por una aproximación a la naturaleza desde un carácter muy esencial. Compadecía a los artistas que tenían que pintar retratos, lo que tal vez le recordaba a su precaria juventud trabajando como iluminador para fotógrafos y retratistas.


La obra de Fortuny invita a seguir los pasos de un viajero cosmopolita, de vida tan breve como intensa, que supo tomar de cada lugar lo que más le inspiraba para transformarlo en obras de una minuciosidad única.

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