CULTURA | SEMBRADORES DE TAMBORES

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FUERZA MAYOR

70 adultos mayores reunidos en una sala teatral, dispersos en grupos arriba del escenario. Si bien algunos tienen el instrumento en sus manos, esta vez no van a tocar. Oscar tiene 80 años y se destaca por su humor, camparte unos mates mientras toma la medida de unas sogas. Teresita borda junto a una banda de verborrágicas mujeres que mantienen la acción de sus manos junto a una charla sin pausa, de qué hablan tanto las mujeres es un misterio de milenios. Lukas hace fuerza con sus manos para ajustar unos tensores, lleva puesto guantes de albañil porque de lo contrario sus palmas terminarían lastimadas.
De pronto, una abuela larga con la vidala “Para mí sombra” y unas cuantas interrumpen la charla y se suman al coro. El grupo de percusionistas Fuerza Mayor se enfoca a la tarea de confeccionar tambores para su particular siembra. No se trata de semillas desperdigadas por ahí al voleo, ni cultivos que necesiten algún tipo de agroquímico. Son tambores que llegarán de su mano a escuelas de barrios marginales y no pasarán desapercibidos. Es una acción que tiene sus bases en la resiliencia, superación y esperanza. Este servicio de sembrar tambores constituye un factor de contagio. Los efectos que la música produce en cada uno de los integrantes del grupo -y luego en cada alumno que aprenderá a usarlos- es tangible.


Fuerza Mayor es el grupo conformado por adultos mayores pertenecientes al taller del Círculo de Tambores que dirige el percusionista y profesor Lukas Esquivel. Teniendo de base al tambor como proyección de su cuerpo, se reúnen cada semana para ensayar para los shows a los que son convocados y fabricar instrumentos de percusión que luego entregan a colegios de barrios marginales tras enseñarles con un gran show como se utilizan. Su búsqueda es también transformar la mirada de la vejez, revertir el enfoque que hay hacia el adulto mayor: “queremos que cada persona se sienta capaz e independientemente que sean viejitos, abuelitos o lo que fuere, son personas que tienen ganas, que se enamoran, que vibran y tienen mucho para dar. Es muy difícil que un adulto mayor en nuestra sociedad se revele tamborero o tamborera, en definitiva músico, aprenda y genere un espacio de nivel”, afirma el director Esquivel.

La siembra

Afuera la térmica supera los 30 grados y hay que calcularle unos diez grados más adentro del colectivo que llevará a los Fuerza Mayor a una escuelita de la localidad de Malvinas Argentinas. El micro está repleto de gente y de tambores, no hay lugar ni en el pasillo, y eso que algunos partieron también en autos particulares. Lukas improvisa un vendedor de tijeras chinas y las mujeres sueltan carcajadas por la ocurrencia. Oscar se arrodilla en su asiento, se pone una vincha colorada en tono con su camisa y arenga al grupo de atrás con canciones como “La Felicidad” de Palito Ortega. A las pocas cuadras da la sensación de estar compartiendo un viaje de egresados y no el de un grupo de percusionistas que peinan canas. Todo es música, calor y color con los atuendos y la producción que traen estos particulares músicos. Las gotas de transpiración se mezclan con perfumes variados, la mayoría de mujeres (el 95% del grupo) impone la elegancia con una buena producción previa. Cada detalle fue pensado frente al espejo. “Los dolores con los años vienen, nuestro cuerpo se gasta, pero hay que saberlos llevar, incorporar esos dolores y a la vez darles ritmo, el que el tambor va marcando”, apunta una integrante. Las personas se transforman en instrumentos que hacen música, demostrando que cada uno tiene un artista en su interior y hay que dejarlo fluir, y no hay edad para que ese hecho suceda. “Hay tiempos vividos, caminos caminados, historias de vida que constituyen un gran aprendizaje”, aporta el director. ¿La edad determina nuestro espíritu?, ¿La edad nos predetermina qué hacer o dejar de hacer? ¿Qué hacés cuando dicen que terminaste? “Fuerza Mayor es vida y es nacer cada día, saber que ha pasado un día más, ser viejos pero muy vivos”, dice otra de las integrantes. Todos tienen algo que decir y van apareciendo líderes naturales que arengan y explican la necesidad de dar que encontraron en la mal llamada vejez o etapa mayor de la vida.


“Empezamos sin tener idea lo que es la percusión y con el tiempo nos hemos ido profesionalizando de a poco, tratamos de mantener una línea de interpretación de acuerdo a las señales que nos da el director. Todo eso lo vamos adaptando a la parte física y mental porque además bailamos y cantamos. Nosotros lo vivimos como un show y queremos que la gente que nos ve sienta lo mismo”, apunta Oscar, al referirse a la siembra admite sentirse realizado como persona. “No todo en la vida es recibir, con eso no lográs nada. Hay que dar y dar y brindarse. Lo que más valor tiene para nosotros es el aplauso y la alegría de la gente”.


Esquivel, al tiempo que hace equilibrio para no caerse mientras transitamos caminos de tierra, cuenta la esencia de la misión. “Es muy gratificante, se siente muy lindo poder generar algo y entregarlo. Hacerlo con alegría y disfrutando de eso. Vamos cantando, tocando, acomodando los instrumentos como podemos. La siembra de tambores es un proyecto nuevo que nació este año y estamos muy contentos con el resultado. No se puede definir y no entra dentro de lo clasificable, hay que vivirlo y experimentarlo. De alguna forma es lo que vivimos todas las semanas cuando nos encontramos. La intención no es el sólo hecho de tocar sino reencontrarnos con la alegría, con las ganas y la fuerza para afrontar todo lo que a veces nos quiere tirar para atrás”.


Una mujer sentada en los asientos de adelante, con una flor imponente en el peinado, quiere decirnos que “esto de ir a los colegios es compartir y dejar un pedacito nuestro allí con ellos. Estoy agradecida de la vida que me permite estar acá, compartir con mis compañeros y disfrutar de este tiempo que es muy valioso para personas mayores. En esta etapa de la vida tenemos este tiempo para hacer cosas y acciones así nos enriquecen”. En tanto su compañera de viaje apunta que “es un espacio mágico, que hace que uno olvide de todos sus problemas. Todas las angustias desaparecen, disfruto hasta de cada ensayo, vivo agradecida porque cuando empecé estaba en un momento muy duro de mi vida y por eso digo que es un salvavidas. El grupo está bien ensamblado y no hay diferencias a pesar que es un grupo muy numeroso. Me alegra tanto todo que querría que no terminara nunca el ensayo, y cuando hacemos este tipo de obras se les ve a los niños la carita de felicidad, la alegría de querer participar. Cuando reciben los tambores es como sublime para ellos”.
En los asientos de atrás, como en todo viaje de cualquier edad, vienen las bulliciosas del grupo que antes de bajar del micro para actuar en el colegio declaran: “venimos con los bolsos llenos de cosas para la escuela pero nos vamos a volver con los bolsos llenos de amor que es lo principal” o “para nosotras que somos adultas el corazón siempre tiene 15 años, nunca hemos perdido el espíritu de la juventud”


Fuerza Mayor hace unos días fue reconocida y recibida por “La Bomba de Tiempo”, uno de los referentes del mundo en el género percusión, para que los acompañen en la prueba de sonido de uno de sus últimos shows e intercambien experiencias entre ambas agrupaciones.


De a poco los músicos van bajando con los instrumentos a cuesta y los alumnos esperan el show en un salón central del colegio. En un santiamén se agrupan y se arman en escena. Lo que sigue es hipnótico, los adultos mayores tocan, bailan y cantan con una potencia que hace que los niños aplaudan con ganas, que sean testigos de esos shows que se acordarán toda su vida. El profesor de música del colegio se suma con un par de temas e incorpora a algunos alumnos, de pronto son casi un centenar de personas haciendo música. Antes de finalizar la visita llega la sorpresa, Fuerza Mayor regala casi una veintena de tambores que van entregando en cuenta suspensiva. El profesor de música del colegio se muestra sumamente conmovido. “Uno ve la calidad rítmica, la alegría y la coordinación que tienen.

Agradecemos estos instrumentos que nos regalaron y ahora vamos a trabajar con clases renovadas. A nosotros como profes nos interesa mostrar estos ejemplos de vida para darles esperanza a los jóvenes, sobre todo de un barrio muy pobre. Realmente no debería haber este tipo de pobreza en un país tan rico”. El vicedirector José Caminoa les agradece y dice que “los chicos los han disfrutado y los docentes los hemos aprovechado, también he notado lo mismo con este grupo. Los espacios escolares son baluartes de construcción democrática que aún no pudo quebrar esta sociedad. La búsqueda es conseguir un mundo más justo donde quepamos todos y el arte es para eso. Fuerza Mayor son ejemplares de lo que uno piensa como posibilidad para la enseñanza general. Como sociedad le debemos dar a los adultos mayores el espacio que no sea el regalito de los que ya no producen. Claramente pueden seguir dando muchísimo y esto es una clara muestra”.


Con el corazón lleno en ese justo intercambio de experiencias, los Fuerza Mayor emprenden la retirada tras hacer lo que dicen, se coherentes con sus pensamientos. Al regreso trazan proyectos y van por la concreción de sus sueños con líderes positivos que los guían. Tienen en claro que la suma de las partes son las bases de un equipo.

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