Arte | Leandro Elrich

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Leandro Elrich nació en 1973 en Buenos Aires, Argentina, y en la actualidad es uno de los artistas jóvenes con una delas trayectorias más sólidas en su campo.

Creció en una familia de arquitectos,primero empezó pintando, más tarde se interesó por la construcción de objetos y esculturas, hasta que hizo su primera instalación, El ascensor (1995).

“Existe un momento de intimidad que yo tengo con la obra: cuando recién empiezo a pensarla, cuando está dentro de mí. Ése es mi momento íntimo. Después, para llevarse a cabo la obra necesita mucho más de mis dos manos porque son ambiciosas y necesitan ayuda de un equipo. A partir de ese momento, la obra empieza a ser parte de la intimidad de todos los miembros del taller”.

En su obra aparecen objetos y espacios de uso cotidiano: habitaciones, ventanas, puertas…todo en escala y perspectiva. Hay algo mágico en su obra que nos permite redescubrir situaciones y lugares que comúnmente transitamos, y que, de tan ordinarios, mantienen invisibles un encanto que este artista sabe rescatar muy bien.

Cada aproximación es abordada por el artista con una técnica diferente, casi siempre en un sentido lúdico, deformando la realidad de tal manera que ésta pierde su sentido.

“Trato de que la obra sea perfecta, soy muy exigente. Pero creo que hay obras mejores que otras. Creo en el “body of work”, como dicen los americanos; creo que la obra de un artista son todas, no una. Es difícil pensar en una sin pensar en la otra, entonces de alguna manera la obrase termina cuando se termine mi trabajo, mi vida”.

En su obra, el espectador es el protagonista principal, él es, en definitiva quien participa y se desplaza a lo largo y a lo ancho, creando una realidad ilusoria. Erlich es un trasgresor porque burla la percepción ordinaria de cosas que se dan por sentadas. Su juego consiste en quebrar la idea de la realidad tal como la entendemos.

“Existe un momento de intimidad que yo tengo con la obra: cuando recién empiezo a pensarla, cuando está dentro de mí. Ése es mi momento íntimo. Después, para llevarse a cabo la obra necesita mucho más de mis dos manos porque son ambiciosas y necesitan ayuda de un equipo. A partir de ese momento, la obra empieza a ser parte de la intimidad de todos los miembros del taller”.

Repasar la trayectoria de Erlich es hacer referencia a su recorrido por el mundo: su primera muestra la hizo en una galería de Nueva York, donde también vivió. En 2001 representó a la Argentina en la 49° Bienal de Venecia.

Exposiciones colectivas en bienales, del Mercosur, de la Habana, de Shangai, de Korea, de Sao Paulo, París o Liverpool, entre otras, alimentan su biografía artística, que comprende también exposiciones en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía en España, Fundación PROA, en Buenos Aires o Centre Georges Pompidou, en París.

Sus muestras individuales han girado por Nueva York, Barcelona, Londres, Sao Paulo, Seúl o Buenos Aires e integra con sus obras, colecciones públicas y privadas de destacados centros del globo.

“Hay un aspecto seductor en la obra, que te atrapa como un anzuelo o un artilugio. El truco está a la vista. Siempre hay un punto de partida pero nunca un objetivo de llegada”.

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