Mario Lange | Una historia en tres etapas

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Por Carla Golberg/ Fotos: Paola Dubois


La  esencia de una persona, definición abstracta si las hay, hace referencia a aquello invariable y permanente que constituye nuestra naturaleza, eso que  persiste más allá de las modificaciones del entorno y contexto…

Podemos decir que la esencia del artista plástico Mario Lange es la libertad. Seguramente muchos pensarán  que esa es  una definición fácil de obtener si de quien estamos hablando es de un sujeto que  dedica su vida al arte pero Mario tiene5 Lange es nacido en Strobel, Entre Ríos, un pequeño pueblo a orillas del Paraná, ese río le dio el alimento a él y a su familia infinidad de veces: “no usábamos dinero prácticamente, porque nos alimentábamos del río, la  huerta y lo que cazábamos”.  La familia Lange era muy humilde, vivía en una casa de 3,50 x 4,50 y en ese espacio se comía, estudiaba y dormía. 4La construyeron entre los hermanos y su madre trayendo el barro y haciendo los adobes, allí vivió hasta los once años, edad en la que se traslada a San Luis con su padre para trabajar en la construcción. De esa etapa de su vida guarda los mejores recuerdos, resalta que eso lo marcó para bien, era absolutamente libre, la naturaleza era su ámbito y aunque para algunos esa pobreza material puede reflejar tristeza, para el sólo son recuerdos de una infancia feliz, de absoluta libertad.

En ese espacio la constancia para asistir a la escuela, no faltar ni un solo día, porque era ahí en donde estaba su maestra de plástica y el encuentro con el  dibujo. Ya en Villa Mercedes, trabajó junto a su padre como albañil, el joven Mario levantaba cuatro paredes mientras sus compañeros dos, era incansable, inquieto…como lo es hoy en día,  esa experiencia de trabajo lo impulsa a los veintiún años a comenzar con su proyecto de empresa constructora. Siempre tuvo fascinación por las casas, el diseño, la intervención de los espacios y así comienza su trabajo artístico, con sus propias construcciones, hacia los planos a mano alzada y se los pasaba a un arquitecto, a partir de ahí intervenía cada espacio: desde los colores hasta el diseño del mobiliario, cortinas y cuadros (que él mismo empezaría a pintar). Cuando vendió esa casa, dejó todo el arte que le puso encima y así hizo con cada una de las que siguieron, colores, diseños y cuadros se iban quedando. El nacimiento de Emilia, su primer hija, lo encuentra pintando para ella las primeras piezas planas y el color toma más fuerza, Mario no utiliza prácticamente ni el negro, rojo o marrón (excepto en su trabajo abstracto).

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Esta nueva etapa en su vida hace que monte su atelier en un espacio de la casa, lugar en el  que empieza a producir obra y soñar con la idea de armar una muestra. Con una serie de 70 cuadros la muestra se lleva adelante y vende prácticamente toda la obra, es en ahí en donde le piden que intervenga la figura de un caballo, que  hoy en día constituye uno de sus íconos.

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El puntapié inicial está dado, lo que sigue para este artista es una  revelación y la certeza de que tenía que dejar sus empresas y dedicarse de lleno al arte, consejo de su amigo Milo Locket, de ese encuentro y de la necesidad de intervenir en las escuelas y murales urbanos, hablaremos más adelante.

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