Sutilezas que Gritan

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La edición anterior hablamos de una obra de arte de un artista blanco, varón, marginalizado por los críticos –con razón tal vez- por ser el retratista del conformismo americano que, sin embargo, conseguía interpelar de manera emblemática las crisis del racismo norteamericano de los años 60´s. En este número, completamos el díptico con otra obra: la de una artista negra, mujer, que conjura sin cortapisas los símbolos del pasado esclavista de EE.UU. para decirle en la cara, al país que acaba de tener un presidente negro, que las cosas no han cambiado tanto.

Cunado un portal digital dedicado al arte preguntó recientemente a varios curadores, directores de museos y galeristas del mundo, cuál era en su opinión la obra de arte más importante del siglo XXI, la mayoría reaccionó con risa. Es muy poco tiempo, sostienen algunos; otros mantienen que estas han sido un par de décadas muy pobres para el arte. Pero compungidos a contestar surgió una lista de varios trabajos interesantes de todas partes del mundo que merecerían un espacio en esta sección: algunos por la escala inconcebible, otros por el brutal llamado de atención a los problemas del nuevo milenio, otros por el uso de las nuevas tecnologías de una menara original.
En la lista pocos nombres se repitieron. El Panteón de Libros de Marta Minujín fue uno, el otro una escultura de la artista norteamericana Kara Walker. Ambos son trabajos enromes, ambos recurren a fantasmas del pasado para interpelar al observador pero, mientras Minujín acude a las listas de lecturas prohibidas por la Inquisición o el nazismo para celebrar sus eventuales derrotas, Walker mete mano en el cajón de los abuelo para traer al presente la parafernalia y los símbolos de la esclavitud y los conjuga en un monumento al racismo presente.


La obra en cuestión se llama “A Subtlety, or the Marvelous Sugar Baby, an Homage to the unpaid and overworked Artisans who have refined our Sweet tastes from the cane fields to the Kitchens of the New World on the Occasion of the demolition of the Domino Sugar Refining Plant”, así de largo y sin dejar ninguna duda de que se trata, cual es el tema y porqué se realiza donde se realiza. A Subtelty, como se la conoce, significa sutileza, pero no hace referencia a la propiedad (que la obra sin duda no tiene) sino a como se conocen en EE.UU. esas pequeñas figuras que suelen ir en las tortas como decoración. Así como esos adornos, la obra de Walker es una escultura de azúcar… pero de 23 metros de largo por 11 de alto y con un peso de 80 toneladas.
La monumental estatua tiene además la forma de una “Mammy”, como se conoce a una representación estereotipada de una sirvienta gorda afroamericana, muy popular en el imaginario norteamericano desde la colonia al siglo XX. Para sumar aún más ironía, la obra se exhibió por menos de dos meses en las instalaciones de una planta refinadora de azúcar antigua, apunto de ser demolida: en homenaje a los artesanos explotados para refinar el azúcar de la caña a las mesas del nuevo mundo, como sentencia el resto del título de la escultura.
Walker no es polémica solo por refregarles en el rostro a los norteamericanos sus crímenes pasados, es polémica también por haber ofendido a sus propios hermanos de raza. No es casual que las críticas más negativas a su trabajo provengan de artistas y críticos de color, embanderados tras Betye Saar, otra destacada artista negra que considera que Walker traiciona la memoria y el sufrimiento de los esclavos. Sus obras más famosas antes de esta monstruosidad de azúcar habían sido unas planchas con siluetas en blanco y negro representando brutales escenas de la vida de los esclavos, en un estilo que se asemeja a aquellas caricaturas estereotipados de la época. Hay de todo: violaciones, muerte y violencia.
Cansada de la crítica, Walker declaro no tener ganas de levantar más la voz y tomo una actitud pasiva frente a las reacciones que genera su trabajo, especialmente en las salvajes RRSS, donde el anonimato y la ignominia sacan a relucir los aspectos más insospechados de la gente.

Durante la breve exhibición de A Subtelty (de mayo a julio de 2014), Walker le pidió a la gente que se sacara selfies y subiera sus fotos. El resultado fue que entre la mayoría de comentarios positivos y respetuosos se pudo apreciar las burlas, comentarios despectivos y soeces, algo nunca visto en un homenaje a una gran tragedia (por ejemplo los monumentos a la Shoa judía). Pero Kara Walker sabía que esto iba a ser así, por la naturaleza satírica de la escultura pero también por la naturaleza de la sociedad: “ellos pueden ejercer su derecho a aniquilarme culturalmente en redes sociales”, predijo.

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