Damián Szifrón, Una Mente Brillante

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Con el afamado director me pasó algo que no me ocurre a menudo en las entrevistas que realizo: la interrupción. Ese mecanismo que usamos algunos humanos para cortar una conversación o estorbar un relato.

Puedo excusarme diciendo que tal vez esos fallidos me han quedado de una etapa televisiva donde teníamos apenas cinco minutos para realizar una nota artística. Ahí, más que un redondeo al final de la nota, había que pedirles de entrada que cuenten su vida y obra en ciento cuarenta caracteres. Y después me vienen que el tiempo es tirano, si tiempo es lo que sobra. Pero no los demoro más queridos lectores, preferí obviar las presentaciones y preámbulos sobre el director -si alguien lo desea puede ampliarlo por su cuenta- y dejar que las palabras de Szifrón se expresen sin restricciones ni ediciones. Aparte, si quiero ser original voy quedar naturalmente opacado por el talento de nuestra figura de tapa que de esa materia construye su admirado arte. Por lo tanto, no voy a fragmentar las respuestas del director de la película “Relatos Salvajes”, a pesar de ignorar si Santiago Ruiz (de Revista Random) me dará todo el espacio que le estoy entregando. Si algo se interrumpe en esta charla, esta vez no será por mí. Ustedes sabrán a quién echarle la culpa.

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Foto: Gentileza Producción de Relatos Salvajes

Si quiero ser incómodo de entrada puedo decir que algunos se preguntan por qué tardaste casi ocho años en volver con una película. Nobleza obliga advertir que hiciste de productor, guionista y escritor en todo este tiempo, ¿no?

Fueron años de mucha actividad puertas adentro y de mucha introspección. Obviamente estaba pidiendo pista cada vez más desesperada la conexión con un espectador y la comunicación con el público, finalmente de eso se trata el arte. De expresar y que otro reciba, produciendo una devolución que deviene de un acto contemplativo reflexivo, en el caso del cine, un tanto masivo. Por lo tanto, en un punto necesitás de esa conexión, para ellos trabajás: para los espectadores. Debo decirte que estaba algo acostumbrado y agotado con proyectos de televisión, sobre todo porque vas escribiendo un capítulo mientras dirigís otro, mientras campaginás otro. Todo a un ritmo bastante enloquecedor, entonces tenía muchas ganas de dedicarle un buen tiempo a escribir y desarrollar proyectos sin la exigencia de filmarlos. Darle tiempo a que crezcan, que maduren, que evolucionen y una vez que los tuviera cerrados, tenía muchas ganas de dedicarme a dirigir sin que estuviera escribiendo al mismo tiempo, corrigiendo el final o cambiándolo. Es decir, ser un director y tratar el material como si lo hubiera escrito otro. Gracias a este proceso entiendo que se produjo una evolución en los guiones y también en la puesta en escena. Estoy muy contento por “Relatos Salvajes” y lo que viene ocurriendo. Lo que pasó en Cannes, la invitación para el Festival de Toronto, eventos que son nuevos para mí. Más allá de determinado temor que te puede agarrar después de tanto tiempo de no estar filmando, siento que la forma que distribuí mi energía fue acertada.

Ahora que me lo explicás así lo comprendo, uno puede pensar otra cosa porque una vez declaraste que “el espectador argentino era tu jefe”. Entonces dije que en una de esas tu jefe se había puesto demasiado “molesto” y debido a eso habías decidido parar…

(Risas) No sé si jefe pero destinatario de lo que yo hago, lo que tengo en mente mientras escribo, cuando concibo un proyecto, invento un diálogo o una determinada situación. Es la reacción del público regular. Me gusta ese público y que la menor cantidad de cosas interrumpan la comunicación entre un director y la gente que paga una entrada y se sienta a ver una película. Realmente es así, otros destinos que tiene una película no los tengo tan en cuenta mientras estoy escribiendo. Luego, al momento de estrenar por supuesto que aparecen: la presión de la crítica, de los festivales, el qué dirán determinados actores, cuántas copias tendrá, etc. Un montón de cuestiones que son más propias de la industria y las atiendo según mis posibilidades. El acto mágico se produce con la película en la sala, eso es así, para eso trabajás.

A vos te sigue mucha gente de “culto”, lo digo entre comillas porque no quiero que suene elitista. Y por otro lado fanáticos que esperan tus trabajos como si fuera el disco de una banda favorita. ¿Cómo fuiste conviviendo con esos rótulos?

Es algo que me produce una alegría que no te la puedo explicar, no termino de acostumbrarme a eso que describís y lo siento realmente así. Mucho respeto, mucha calidez de parte del público y es un respeto que yo también siento por ellos. Es una consecuencia, considero que el lugar del espectador es valiosísimo y sagrado y extraño mucho ese espacio. Extraño mucho eso de ser sólo un espectador de cine. Que mi relación con las películas se reduzcan a verlas, a amarlas y revisitarlas y discutirlas. Mi infancia está atravesada por esa actividad, ver películas y nada más, sin tener la exigencia de compararme con otros directores, de triunfar sobre otras películas o de conseguir determinadas condiciones o financiación. Para mí esa gente tiene en algún punto esa ventaja de tener una relación tan sana con el cine. Cosa que los críticos o programadores pierden, los productores también, es esa capacidad de contemplar algo como lo que es y no como lo que ellos creen que debería ser. Yo al espectador lo considero alguien inteligente con quién me gustaría sentarme a conversar sobre cine en general y las películas que hago en particular. Me parece que ese afecto que tengo también lo recibo. Eso después se retroalimenta. Si no siento que algo está más maduro no lo filmo, si una escena no llegó a su mejor versión sigo compaginando, y hasta que no encuentro la música adecuada para un determinado segmento que lo potencia, le da más verdad y más belleza sigo buscando. Después resulta que eso tiene una repercusión por la que tengo mucha felicidad.

La meta alcanzada por “Relatos Salvajes” de ser aplaudida por diez minutos en Cannes, el padrinazgo de Pedro Almodóvar o la distribución en Estados Unidos es una demostración que se puede hacer desde Argentina otro producto Universal, ¿Cómo has vivido esa concreción?

Creo mucho en eso, muchas veces me encontré en situaciones distintas a esa forma de pensar, algo así como que subterráneamente pareciera decir “que acá no se puede hacer eso”. Por ejemplo, acá una serie se tiene que rodar en cinco días cada episodio y se tiene que dar una vez y olvidarse. No trates de hacer algo que perdure en el tiempo y resista segundas y terceras miradas. “No busques hacer un clásico”. Muchas veces te encontrás con prejuicios así o complejos de inferioridad donde notás que ni lo persiguen como deseo. Creo que la principal razón para fracasar es no desear lo que en el fondo admirás y querés. O no sentirte capaz de hacerlo. Acá hay de todo y a veces es extraño porque todos los elementos que hacen una película no se conjugan para perseguir la posibilidad de hacer una obra significativa. No digo que lo logro pero si te aseguro que lo persigo.

“EL ACTO MÁGICO SE PRODUCE CON LA PELÍCULA EN LA SALA, ESO ES ASÍ, PARA ESO TRABAJÁS. “

Una de tus máximas era que la gente “no sueña en la vida como desean que sea”. ¿Tu película resulta otro ejemplo de cómo un sueño puede traspasar las fronteras?

Así lo estamos viviendo, es un proyecto que se está portando de una forma generosísima, a todos los que participamos nos está abriendo puertas y con las pocas proyecciones que tuvo (N de la R: la nota fue realizada antes del estreno nacional) va generando un grupo de gente que la valora. Cuando eso sucede es maravilloso.

¿Podemos afirmar que “Relatos Salvajes” se propone, de alguna manera, una fuerte crítica al sistema capitalista?

Este sistema tiene mecanismos para desviarte y desnaturalizarte de los deseos genuinos que tenemos como especie o como seres humanos. Si le preguntás a una persona cuál es la imagen de felicidad, muchos te van a hablar de poder pasar tiempo con su familia, de poder enamorarte, de poder conectarte con la naturaleza, de ver la mayor cantidad de atardeceres posibles y mirar las estrellas la mejor cantidad de noches. Y este sistema se las ingenia de una forma espectacular para ponernos al servicio de lo que otros quieren producir para beneficio de otros y quitarnos toda nuestra energía vital. Busca hacernos perder enorme cantidad de tiempo en cosas que no nos interesan. No sólo que no nos interesan, sino que nos producen angustia. Por ejemplo, estar parados horas en el tránsito todos los días de tu vida, despertarte cada día con un despertador, eso va en contra de la necesidad orgánica y fisiológica de dormir hasta que te despertás. Nos vamos acostumbrando a muchas cosas, incluso la gente que se supone que está bien porque tiene dinero y eso no es así. Está más que comprobado que el dinero no trae la felicidad. Uno quiere la cosa, no el dinero para comprar la cosa. Finalmente estamos todos persiguiendo una divisa que no nos beneficia y alejándonos cada vez más de lo que en el fondo queremos. Eso produce stress, insatisfacción, angustia, algunos la analizan y saben de qué se trata y otros no tienen idea. De alguna u otra forma todos nos sentimos exigidos económicamente, físicamente y socialmente. La película va un poco en contra de esos mandatos, tratar de tirar por la borda esas exigencias y el placer que se produce frente a determinada situación hostil, la idea de perder el control y enfrentarla sin medir las consecuencias.

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Foto: Miguel Angel Rosales

Estuviste este tiempo preparando una película como “El extranjero” que ahora quizás sea una serie y “Relatos Salvajes” en principio era una serie. ¿Tus obras van mutando en caminos impensados?

Pasa que cuando empezás a escribir algo no sabés que será, vas viendo cómo se va presentando, si en forma de imágenes, de conflictos, de pequeñas bolitas de sentido que se van agrupando, que tienen una tendencia que tenés que ir descubriendo. Como un sueño que después lo tenés que recordar para comprender de qué se trataba o expresaba en su totalidad. Hay un aspecto detectivesco del oficio de escribir que tiene que ver con descubrir cuál es la obra que estás haciendo.

Esta película, ¿Te agarra en tu mejor momento de escritor, de mayor fluidez creativa? O tengo que pensar que esa bañadera donde escribís es mágica…

(Risas) Lo tengo que desmitificar a eso que dije alguna vez, es que no escribo solo en la bañadera (sigue tentado), escribo en bares, en el estudio, en mi casa, son múltiples lugares pero hay algo real en el contacto con esas sustancias, por así decirlo, como el fuego, el agua, las estrellas. Si escribís desde el placer me parece que lo hacés mucho mejor porque si tenés que elegir entre quedarte pensando frente al fuego y optás por escribir, es que lo que estás escribiendo vale la pena. Son cosas que se han ido logrando gracias al trabajo. Mi familia fue muy generosa con los juguetes, películas, fotos, videos o súper 8 que había en mi casa y esos han sido los mejores regalos que me pudieran haber hecho.

Y eso que venimos de una generación que si bien no somos la de “mi hijo el doctor”, tampoco existía tanta licencia para lo creativo. Es muy justo tu reconocimiento a tus padres…

Recibí mucho apoyo siempre y un apoyo que no perseguía resultados. A nadie se le cruzó por la cabeza que yo me iba a dedicar a realizar cine o escribir películas. Primero fui muy alimentado como espectador. Mi viejo tenía una gran pasión por el cine y me fue mostrando las grandes películas desde muy chico. Fue gracias a los dos, mi mamá y mi papá, pero tuve un gran maestro que me inauguró un montón de caminos, no había nada más maravilloso para mí que ir a ver una película a la calle Lavalle. Ningún programa comparable a eso, ni el “Italpark” (parque de diversiones), ni jugar al fútbol, ni viajar a Disney. Nada de lo que otros compañeritos podían desear se comparaba al placer de ver una película. Cada vez que entro a ver una película salgo siendo otra persona. De hecho hago el ejercicio de pensar quién hubiera sido yo si no hubiera visto todas las películas que vi y definitivamente sería otro tipo, creo que mucho menos interesante.

¿Y cómo son tus sostenes actuales? Imagino que en la paciencia de tu esposa María Marull, por ejemplo, comprendiendo esos momentos de soledad y escritura…

Absolutamente, no tengo dudas que la creación, independientemente que sea de una firma, involucra a mucha gente que incide de alguna manera radical y se mantiene en las sombras. Muchas veces mis películas están atravesadas por mi relación con mis padres, con mi mujer, ahora con mis hijas. Por ejemplo, la liberación en términos del pensamiento inconsciente que produjo en mí el hecho de ser padre no tiene nombre. Como pasás a comprender todo de otra manera, la mirada, a quién le escribís, en quién pensás. Eso modifica el material cuando tenés en cuenta la mirada del otro. Una mujer como la que tengo yo es absolutamente influyente sobre las cosas que escribo, sobre cómo lo escribo. Y ya te digo la relación con mis hijas es increíble, una acaba de nacer, toda esta etapa estuvo atravesada por el embarazo, el nacimiento y la crianza de mis hijas.

¿Cuáles son esos momentos mágicos que te han quedado de esta película?

Hay muchas escenas de felicidad. Recuerdo estar con los pantalones arremangados y las piernas adentro en el río en el episodio que protagoniza Leonardo Sbaraglia, buscando un lugar donde poner la cámara y sintiendo el ruidito del agua, los pajaritos, ver a toda la gente trabajando y muy compenetrada y contenta con lo que estábamos haciendo. Sentir que eso se parece bastante a la felicidad. Que esté mi mujer y mi hija en el rodaje, mi hija subida a caballito mío o mirando el monitor y decir “es esto”. No sé si quiero más que esto. Vivo de lo que me gusta, siento que hicimos una película significativa. Como reconociendo que no querés mucho más, un momento de mucho placer. Si bien estamos adoctrinados para siempre querer más, en el fondo esa ambición desmedida no habla de la naturaleza del hombre. Habla de la enfermedad de algunos pocos individuos, viste cuando se justifica “y uno siempre quiere más y nunca te conformás”, para mí no es así. Quizás no nos enseñan mucho el registro del placer. Es como el volumen, el volumen ideal no es el máximo, cuando lo vas exigiendo ya no empieza a ser placentero. Hay que reconocer cuál es el punto placentero para escuchar la música, a veces te pasás de rosca.

Me gustaría quedarme horas charlando, aunque quizás pronto vuelva a entrevistarte porque se viene una seguidilla de trabajos que estuviste produciendo…

(Piensa) El proyecto de ciencia ficción (El extranjero) tan querido siento que puede llegar a ser. Asimismo tal vez aparezca la comedia romántica (La Pareja perfecta) y también, gracias al paso por Cannes, me están llegando algunas propuestas de Estados Unidos y muchas de ellas me están resultando atractivas. Las voy a analizar y me voy a tomar un par de meses para decidir cuál es concretamente el proyecto donde estaré como director. Mientras tanto sigo desarrollando otras como autor y expandiendo las posibilidades de opción. Me interesa también producir a directores que admiro, quizás ahora puedo hacerlo con algunos de otras partes del mundo que yo considero maestros. Un deseo que apareció es el de escribir películas o producir para determinado director. Son nuevas puertas para pasar pero también me interesa mucho disfrutar el presente, disfrutar a mi familia, es algo que tengo muy en cuenta. No quiero mirar para atrás y decir me equivoqué. “Decir no le dediqué tiempo a eso que tanto placer me genera”. Mi intención es integrarlas, lo bien que la paso y lo que aprendo compartiendo tiempo con mis hijas y mi mujer no tiene nombre. La vida familiar está atravesada por la creatividad en alguna de sus formas.

¿Se puede decir que has logrado compatibilizar lo familiar con lo laboral con un gran equilibrio?

Sí, sin caer en el error de decir que lo importante es la familia y el trabajo secundario. Cuando uno ama lo que hace, el trabajo es vital, es totalmente trascendente y así como los genes se reproducen, las ideas también. Las ideas modifican y el discurso adquiere caminos insondables. Todo lo que ocurre con la comunicación me atrae mucho. Cuando hacés algo significativo como mínimo para vos, el trabajo es una de las grandes cuestiones de la vida. Con la familia son incomparables y al mismo tiempo están conectadas y se reflejan una de la otra.

Para cerrar trivialmente, te hago una consulta bien varonil. Para Toronto, ¿Vas a usar el mismo traje que en Cannes? Porque entiendo que lo vas a usar seguido en este tiempo, ¿Por qué no también en Hollywood?

(Risas) Eso me resulta un misterio que no tengo que decir. Eso sí, los hombres tenemos la ventaja que al traje lo mandamos a la tintorería y la gente no tiene porque saber que no es nuevo. Las mujeres sí, ellas tienen el problema de cambiarse el vestido. Además, pocas cosas me gustan menos que comprar ropa. Yo andaría en bata de toalla todos los días de mi vida, me parece que los griegos la tenían muy clara hace mucho tiempo. Hay un rasgo de evolución que se nos pasó por alto. Usaban una tela y un cinturón y punto.

Como tantas cosas de evolución que se nos han pasado por alto…

Así es, de verdad lo digo. Por eso en aquellos tiempos había tanta sabiduría.

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Foto: Gentileza Producción Relatos Salvajes

 

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