Portada | Inés Estévez: En Constante Metamórfosis

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Cuando en una mujer confluyen el don de la palabra, el manejo de lo intangible, el arte de la transformación y la magia de la comunicación expresiva y empática, pareciera que la atmósfera que la rodea tuviera una densidad distinta.

El aire es más liviano, los colores se tornan amarillentos, tal vez algo rojizo, y el tiempo se estira y estira, para dar lugar a un espacio sensitivo nuevo. Ahí estuve. Disfrutando el despliegue y aprovechando la puerta entornada, para entrar un poco más allá de la conocida Inés Estévez.

Quiero comenzar esta charla yendo para atrás en el tiempo, a Dolores, tu lugar natal. ¿Cómo era esa Inesita? ¿Cómo fueron tus años de infancia?

Lo primero que me surge es que fui una niña muy solitaria. Y eso fue constitutivo en mí. No tuvo que ver con un comportamiento sino con mi esencia y con la sensación, que todavía arrastro, de no pertenecer del todo. No a un estilo de sociedad, sino al mundo fáctico. Una sensación, que es herencia paterna, de ser mitad humana, mitad elfo (risas). Hay una parte mía que es muy feérica y que hoy la asociaría a la palabra espiritualidad. Tengo conciencia racional de espiritualidad desde que tenía 3 años de edad. Me refiero a, como dicen los japoneses, que la materia es una forma compacta del espíritu y que el espíritu es una forma dispersa de la materia.

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Fotos: Palu Camilli

¿Cómo es que a los 3 años tuviste conciencia de esto? Tenés recuerdos vívidos de alguna experiencia..

Tengo recuerdo muy vívidos de hechos, de actos, de cómo mi madre me hacía dormir a upa, de cómo era su sweater, su collar de perlas, de dónde estaba sentada. Esto se lo comenté y ella me lo confirmó. Son recuerdos incluso de más pequeña, con un año y pico. Pero también tengo recuerdos de la parte más intangible del mundo y la existencia. Recuerdos que son vivencias que sigo experimentando y que son difíciles de hablar públicamente porque, desgraciadamente, se asocian con alguien que no está en sus cabales. Pero es así, desde muy chiquita tuve una conciencia muy clara de que el mundo se componía de lo que se ve, se toca, se huele, se escucha y de lo que no; y de que ser materia, ser un ser humano y tener un cuerpo que es un vehículo que te hace trasladarte en este mundo fáctico, jamás está exento de una dosis igual o mayor de espíritu o alma, que necesariamente te ayuda a trasladarte en otro plano. Y cómo el mundo está organizado para que vos niegues eso, desconozcas eso, olvides eso. Bueno yo no lo he podido olvidar y eso ha sido mi gran ventaja y mi desventaja, porque abrirme al mundo socialmente con esa conciencia me hace sentir desde muy temprana edad, sola.

La soledad del conocimiento…

Claro, porque la mayoría de la gente no está en contacto con eso. Luego vino la New Age que ayudó a que mucha gente se acercara a ese concepto pero que desgraciadamente, el gran porcentaje de gente que se acercó a eso, lo hizo desde un lugar fenomenológico, como si se tratase de algo mágico, de realismo mágico, cuando en realidad no es así. Es parte de la existencia. Cuando enseño actuación es lo primero que digo: cuando vos te emocionás mirando una película, en donde actúa un actor que ya murió. ¿A qué nivel sucede eso? Vos estás llorando, viendo cómo actúa un tipo que murió hace 50 años. Eso sucede a nivel molecular. Y lo dijo Glenn Close, en las conversaciones de Film&Arts. Eso no sucede a nivel físico. No se toca, no se ve, no se huele. Entonces todos los que estamos conectados con la expresión artística en un punto estamos buscando lo que busca el meditador, que es la sabiduría.

¿Y qué significa para vos la sabiduría?

La sabiduría para mi es sensibilidad bien encausada, inteligencia sensible, es el conocimiento de la espiritualidad y el cultivo del espíritu.

¿Cómo fuiste manejando esa soledad, esa diferencia y ese no pertenecer?

Con mucha dificultad y lo sigo transitando así. Sigo sintiéndome un poco extraterrestre en algún lugar. Mi padre lo era por completo y el mundo lo azotó. Lo que pasa es que tengo virtudes de orden fáctico. Soy muy práctica, me manejo (gracias a esta conciencia de espíritu) con cierta estrategia en el mundo, me gusta mucho disfrutar de la existencia y de lo que tengo a mano (sea la soledad, estar en pareja, compartir con mis hijas, ir a tomar unos vinos con amigos). Siempre disfruté de muy pequeñas cosas, pero además tengo un sentido común muy marcado. Y a la vez, ese contacto con lo espiritual, me vuelve muy sensible. Estoy todo el tiempo domando mi emocionalidad porque el mundo es un estímulo un poco denso para un alma como la mía.

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Fotos: Palu Camilli

Un alma como la tuya, pienso, tiene que canalizar todo eso de alguna forma, para pasar por este plano físico de la mejor manera. ¿Creíste que el arte iba a ser una vía de acceso?

Nunca lo pensé, sino que lo sentí. Creo que nací hecha para expresarme y comunicarme. No había otra opción, la otra opción era morirse. Y tuve muchas capacidades para diferentes ramas del arte. De hecho mi primera vocación fue la danza y estudié desde los 4 a los 13 años. Yo era una niña prodigio en la danza, por ejemplo, tenía aptitudes para usar puntas, cuando aún mis huesos no estaban desarrollados para hacerlo. Me gustaba también mucho la música, en mi casa eran muy musicales. A mi madre le gusta la ópera y mi padre era amante del jazz. Había también una gran biblioteca, donde se habían acumulado los libros de mi mamá y mi papá y que nadie tocaba pero yo sí. No había tele, creo que porque no había dinero. Y cuando lo hubo, recuerdo a mi mamá diciendo `se van a pelear´, así que no la compraron. Éramos clase media, media. Gente con mucha cultura y mucha vida interior. La música, las letras y la danza fueron mis primeras armas expresivas. Escribo desde que tengo uso de razón. El primer libro que publiqué fue La Gracia en el 2011, y tengo un contrato con la Random House Mondadori, para publicar otro. Mi primer amor fue la poesía, que es la hija abandonada de la literatura, nadie la toma en serio y a mí me encanta.

Y con este crisol de expresiones artísticas, la definición como actriz ¿no te queda chica?

En realidad fui actriz porque fue lo primero que pude hacer rápidamente sin necesidad de haber estudiado. En mi caso había una capacidad expresiva y una osadía también. Cuando enseño (no estudié y enseño actuación) lo que hice fue bajar a la teoría lo que yo empleo para actuar en la práctica. Y como yo no tengo formación, lo pude bajar muy fácilmente. Son cuatro pasos muy simples y lo primero que cuento es que el primer juego que diseñamos como seres humanos cuando somos niños por nuestra propia cuenta, es el de interpretar personajes. Esto es natural en el ser humano. A mí me parece bárbaro que haya métodos para enseñar a actuar, pero me parece que lo primero que hay que hacer es despojar de condicionamientos más que imponer conocimientos, para recordar esa capacidad lúdica de crear realidades paralelas de la nada, en el living de tu casa.

Una persona que no pasó por experiencias traumáticas, o que no sintió en carne propia el odio, ¿puede actuarlo igual? ¿Hay que haber experimentado lo que luego se quiere actuar?

No, no. Se trata de ser creativo, no imitativo. Si yo tengo que representar a un asesino no tengo porque salir a asesinar gente. Es verdad que cuanto más maduro sos, más vivencias has tenido, más capacidad de detectar la eficacia de la expresión tenés. A mí me parece que es mejor crear que recrear cosas conocidas. Para mí actuar es mucho más simple de lo que lo pintan y no hay una receta. Yo brindo lo que yo misma utilizo pero siempre le remarco a mis alumnos que cada quien tiene que armar su propio sistema. Eso es respetar la singularidad y la sociedad la educación y las tendencias desde culturales, hasta alimenticias, pasando por estéticas, no respetan las singularidades. No respetan al diferente, no existe la inclusión. Se habla mucho de inclusión pero no existe. Porque de base no existe. El ser humano no está preparado para aceptar al diferente.

¿Creés que existe una doble moral con respecto a la inclusión?

Sí, claro. Por ejemplo, los que se llaman “Josefina Ni Una Menos” y en el posteo de Twitter critican el botox que se puso una colega. Entonces no estamos entendiendo nada. Es mi gran lucha.

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Fotos: Palu Camilli

Volcás mucho tu punto de vista, por ejemplo con este tema, en las redes sociales y cada vez estás más activa…

Pensar que hasta agosto del 2014 no tuve ni una sola red y de pronto descubrí el servicio social que podés prestar, la capacidad de poder decir sin que te tergiversen. Y cada vez que yo posteo algo inocentemente como una exudación y veo que tiene un rebote tremendo y me llaman para hacer notas, contesto: “leé lo que escribí”. Con eso me alcanza y me sobra. Que después busquen morbo, efectismo, es tema de ellos. Mi tema es: conciencia. Y mi rol en el mundo creo que es tomar conciencia y ayudar a tomar conciencia a la gente que tengo a mí alrededor.

Hablemos sobre tus hijas maravillosas. ¿Podés y querés contarnos su historia?

Mis hijas son Cielo y Vida. Cielo es la más chiquita, tiene 6 años y tiene un retraso madurativo severo irreversible. Va a seguir evolucionando pero siempre va a ser una niña. Lo que tiene no es una patología. Ella pasó por un hecho muy desafortunado, que padeció cuando era muy bebé, que le provocó un paro cardiorespiratorio y que generó una detención de la maduración del cerebro en un momento clave. Este episodio fue producto de los defectos en el sistema, porque si el sistema funcionara como debiera, ella no hubiera pasado por lo que pasó y sería una nena normal. Con lo cual el Estado tiene una gran responsabilidad en eso. Y Vida también tiene un retraso leve, pero recuperable. Las dos son muy inteligentes y muy lúcidas. No es un retraso mental, sino madurativo. El de Vida es absolutamente recuperable, está cada vez mejor. Cielo también está cada vez mejor, lo único es que tenemos, junto con el padre, su hermana, toda la gente que la rodea y el resto de la familia, una tarea de por vida, de acompañamiento, de estimulación y de intento de independizarla.

¿Siempre tuviste este impulso por generar conciencia o fue a partir de la llegada de tus hijas a tu vida?

No, yo siempre fui así. Tuve desde siempre una gran vocación de servicio. No sabía por dónde volcarla y a medias lo estaba logrando con mis clases de actuación que están abiertas a gente que está en el tema y también a gente que necesita mejorar su calidad expresiva. Voy un poco a contramano de las cosas que habitualmente se imparten en las clases de actuación. Existe la disciplina pero no existe el rigor. No existe el juicio crítico, y sí la autoevaluación. Enseño a estimar la propia singularidad y a ser independiente. Son dos cosas me que encanta diseminar en este mundo.

Tu historia es de resiliencia, transformación y evolución. ¿Para qué creés que llegaron tus hijas y su historia a tu vida? ¿Qué te mostraron y que te enseñan?

¡Y lo que me van a enseñar! Ellas son dos maestras. Dos sobrevivientes. Vida, y lo supe muchos años antes de que llegara a mí, es mi gran compañera y yo la suya. Juntas estamos aprendiendo muchas cosas en simultáneo. Cielo es definitivamente una maestra. Es la más valiente del mundo y es un ser destinado a la bondad más pura. No habita en ella el más mínimo rasgo de impureza. Imaginate que es una mente, un alma y un corazón en el que la maldad no existe. Y ahí va a quedar. Es una nena inteligente, lúcida. Es un ángel. Es lo que nosotros llamaríamos un ángel, literalmente.

¿Y a vos en qué te modificaron?

Bueno, mi compulsa necesidad de independencia ya no existe. Tengo un ser que depende de mí hasta el día que yo me muera. Y mi gran preocupación es qué pasa cuando yo no esté. Cómo rodeo a este ser de un marco familiar que evite la institucionalización. Pero mi terror a sentirme atada a algo, se vio absolutamente desintegrado a partir de la llegada de mis hijas a mi vida. Fue un camino maravilloso redescubrir el mundo a través de los ojos de ellas dos.

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Fotos: Palu Camilli

Volviendo a lo profesional. ¿Cómo definirías este momento de tu carrera?

Estoy en un momento de muchísima libertad expresiva. Este año tengo dos proyectos muy firmes. Una película muy seria realmente, la produce Rey Cine, protagoniza Lali Espósito. Es un texto súper serio, es muy probable que esté Leo Sbaraglia. Esto es para agosto, septiembre. Y de mayo a agosto voy a estar en el unitario que hace Polka, con Julio Chavez. Muy gracioso porque justamente se trata sobre el mundo de la danza y yo hago de la mala y me encanta. Es una mala, muy mala, muy loca. Siento de todas maneras que es un acceso simple para mí, más allá de que hay una composición y un pensar y un apasionamiento, actuar es como abrir una canilla. Escribir es una compulsión y este año planeo hacer mi segunda novela, me gusta mucho y tengo ganas porque es un trabajo muy en solitario, sin depender de nadie.

Además seguís cantando junto a Javier (Malosetti).

Sí, claro. Hace ya 1 año que empezamos con Javier este proyecto de cantar jazz. Empezamos cantando los temas que tocaba su papá (Walter Malosetti) y que escuchaba y tocaba también mi papá. Todo el año pasado estuvimos tocando. Yo cantando, con mucha timidez, y ahora ya estamos terminando de grabar el disco. La verdad es que le agradezco muchísimo a Javier, fue maravilloso haber iniciado este camino de la mano de alguien a quien yo admiro tanto y que sabemos que en el área del jazz contemporáneo es una de las  personas más admirables. Si bien la grabación de esta etapa final del disco, nos encuentra separados como pareja, nos encuentra muy unidos en cuanto a llevar adelante el proyecto. Y yo disfruto mucho cantar, me parece que el hecho de cantar, conlleva una bohemia que la actuación no tiene. La actuación requiere de una disciplina, y de una cierta tensión. En cambio cantar es un poco más conectivo. Me parece más espiritual.

Nombraste el tema de la separación de Javier. ¿Cómo es trabajar con él ahora que están separados como pareja?

Creo que esto de seguir con nuestro proyecto musical, habla muy bien de los dos y de la relación que tuvimos y de la relación que seguiremos teniendo a pesar de ya no ser pareja. Yo me siento muy unida a él y creo que él también siente lo mismo. Esto es desde un lugar muy verdadero, más allá de la forma que la relación tome. Ya no somos pareja y creo que seguir trabajando juntos es un síntoma de madurez de los dos. Esto es nuevo para mí, y creo que para él también. Yo estoy muy orgullosa de haber vivido lo que viví y realmente creo que hemos sido muy importantes uno en la vida del otro y que eso no va a cambiar, más allá de la forma que tome la relación.

Hace unas semanas se dio la marcha multitudinaria e internacional para luchar contra la violencia contra la mujer. ¿Cómo vivís estos tiempos de cambio, donde parecen salir a la luz problemáticas que estaban metidas bajo la alfombra?

El año pasado participé de un encuentro que se llamó Mujeres que Inspiran. En ese encuentro hubo un orador, que es varón y es un médico que habló en su exposición de hasta qué punto la sociedad condiciona al hombre a un rol que deriva en violencia. Entonces las mujeres, salimos a protestar, pero les decimos a los hombre “sos machito, no llorés, defendete”. Queremos que nos paguen la cuota alimenticia, nos depilamos completas para gustarles. Pero además si te ponés a pensar, todas las publicidades están en contra de la sensibilidad masculina. No se le permite a un hombre sentir, se le enseña que la mujer es descartable. Hay hombres que postean “Sin clientes, No hay trata” y van de putas. Hay hombres inteligentes que te dicen “a la puta, le gusta ser puta”. Y eso se lo enseñaron: su papá y su mamá. Hay una responsabilidad social de la mujer y del hombre para que esto cambie a largo plazo. No va a cambiar si no cambiamos la cabeza y si seguimos necios, ignorantes y no tomamos conciencia. Vamos a seguir criando hombres que forzados a negar su sensibilidad, terminan acumulando violencia. Hay que criar hombres con conciencia femenina y mujeres con conciencia masculina.

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Fotos: Palu Camilli

Te propongo que hagamos un viaje al futuro y me digas ¿cómo te ves en 20 años?

¿Veinte años? (risas) Bueno, me gustaría tener un compañero, un cómplice. Dos hijas lo más independientemente posibles dentro de sus posibilidades y expresiones artísticas varias de las que no dependa mi economía. Paz, básicamente. Dentro de un marco de amor humano. Te diría que la palabra que me viene a la mente es “festivo”. Me gustaría celebrar, festejar la existencia. Tengo buenas intenciones y creo que eso sólo puede traerme un buen futuro. Quiero poder tomarme las cosas con más sabiduría y pasarla bomba. Confío y me entrego mucho en la vida.

¿Qué te duele del mundo?

Lo que me duele del mundo es la necedad, la ignorancia del ser humano. Me parece que es la falta de conciencia, es necedad e ignorancia, y es la madre de todos los males.

¿Qué te salva?

Me salva la poca gente inteligente que conozco, entendiendo inteligencia como sensibilidad bien encausada, me salva saber que hay gente así.

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