Ana Gallay: Con mano dura

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La joven busca los postes uno por uno y los coloca en la cancha, luego la red y la estira lo suficiente para que la altura sea la correcta, la tarea le lleva unos cuantos minutos pero ella no desespera, el vóley es de esos deportes de síntomas nómades, casi siempre deben ser como okupas del espacio, como si no tuvieran hogar. Los clubes, colegios o incluso plazas poseen aros o arcos ya listos para el fútbol o el básquet pero con el vóley el trato es distinto, a su lugar se lo debe conquistar. Tal vez esa condición propia del deporte -más la fuerza de superación incluida en su ADN- convirtió a la joven en la abanderada de una disciplina que crece al compás de logros deportivos.

Ana Gallay corría todos los días por Nogoyá con una remera repleta de marcas de publicidad que ella misma había vendido para pagar sus viajes para jugar, vendía pastelitos que armaba con sus abuelas, paraba en casas de familia y conducía kilómetros en moto de madrugada para dar clases en colegios. Su historia es inspiradora y las medallas que cuelga como líder en Beach Vóley se entienden mejor conociendo la historia de su vida. Acaba de regresar de los Juegos Panamericanos de Perú con una nueva medalla y se muestra feliz. “Estoy contenta de haber logrado la medalla de plata, porque somos un equipo nuevo y el proceso que hicimos fue muy rápido para llegar al podio. Venimos creciendo muy bien, inclusive algunas veces me sorprende todo lo que logramos, por eso el balance es súper positivo”, Afirma.

Hace apenas un año y medio que se conocen con Fernanda (Pereyra) y parece que fuera de toda la vida, ¿En qué aspectos se trabajó para conseguir esta sintonía en el binomio? ¿Qué le aporta cada una?

Tanto Fernanda como yo apuntamos a los mismos objetivos y trabajamos mano a mano para conseguirlo. El compromiso que ambas le metemos al beach vóley, es lo que hace que tengamos esa sintonía.

En poco tiempo tuvieron dos giras mundiales, el sudamericano y ahora los juegos, creo que contabas que nunca te entrenaste tanto en tu vida, ¿Cómo fue esta etapa y la rutina que implementaste?

Esa etapa fue dura, porque al principio Fernanda tenía que aprender a jugar al beach vóley, y las horas que metimos fueron muchas más de las normales. Todavía seguimos con el mismo ritmo de horarios, pero creo que es necesario si queremos lograr la clasificación Olímpica y obviamente poder competir más torneos internacionales para poder crecer aún más rápido.

Tomaste el enorme desafío de llevar el equipo, ¿Cómo se entrena la cabeza en un deporte tremendamente mental y más aún para esta función? Sé que te ha tocado pasar noches sin dormir antes de un partido…

La cabeza la lográs con torneos, porque es la manera de mejorar como equipo más allá de los entrenamientos. Es un deporte muy duro, nosotras tenemos psicólogo, que nos ayuda a manejar las situaciones. Este año viajamos el primer mes de gira, sin entrenador y eso fue desgastante y duro. Después llegaron unos amigos, que nos dieron una mano en lo deportivo y emocional, por lo que nos encaminamos. Cuando llegó el entrenador, todo fue más fácil.

Supongo que cada tanto volverás a la imagen de vos en moto yendo a dar clases a un pueblito muerta de frío…Digo, si eso está en tus entrañas las situaciones actuales tienen un buen bagaje de superación no?

Yo creo que soy una persona que le gusta lo difícil, o que me han tocado cosas que no fueron fáciles. Soy persistente y me gusta superar cada obstáculo. Hoy recuerdo cuando iba al campo en moto, no sé si lo volvería hacer, porque pasaba mucho frío pero en sí, yo me reía cuando me bajaba de la moto y corría para entrar en calor y seguir. En ese momento era joven y lo tomaba como algo divertido.

Contame de esa etapa como profe en Crucecita Octava, ¿Qué te quedó de esa experiencia? ¿Por qué lo hacías?

Crucerita Octava fue la primera escuela en la que di clases. Me encantaba dar clases ahí, a los chicos les gustaba Educación Física y siempre me esperaban, no todos (se ríe), pero el carisma que había en la escuela era increíble. La señora que trabajaba de ordenanza, cuando llegaba 7.45 en la moto, me calentaba el agua para las manos porque no las sentía. Fue una gran experiencia la que tuve en la escuela.

Para costearte viajes llegaste a vender rifas, claramente tenías muy enfocado el objetivo desde joven, ¿Cuáles fueron las claves para soportar el entrenar sola y viajar tantos kilómetros los fines de semana para jugar? ¿Alguna vez el cansancio te hizo dudar?

El cansancio nunca me hizo dudar, nunca estaba cansada porque era adolescente (Risas). Para poder pagarme los gastos hacía muchas cosas, primero lo que se me había ocurrido era ir negocio por negocio pidiendo publicidad, tenía una remera llena de marcas con la que salía a correr por todo Nogoyá, entre 10 y 12 km por día en la ciudad. También ofrecía pastelitos y había mucha gente que colaboraba, y obviamente tenía dos abuelas que me ayudaban, la Coca y la Nona. Todo eso lo hacía para poder viajar a Aldea Brasilera, y tuve la suerte que cuando viajaba, paraba en casas de familia, que me querían como una hija, eso nunca me lo voy a poder borrar de mi corazón. En cuanto al entrenamiento, aparte de correr e ir al gimnasio, iba al polideportivo, armaba los postes y la cancha, algunas veces iba sola y otras con un amigo que me ayudaba. Mi mamá era la que alcanzaba las pelotas porque tenía muy pocas. Todo eso lo hacía como algo totalmente normal, lo único que quería era jugar vóley, siempre fue mi pasión y agradezco a la vida poder haber realizado un deporte porque hoy es mi vida.

Eso de vivir en un campo y practicar desde pequeña contra una pared imagino que te fue incubando la necesidad de rivales, ahora entiendo el por qué en la cancha explota la guerrera. ¿La necesidad de jugar con alguien después fue el plus de tu energía, de valorarlos y respetarlos, verdad?

Cuando era chica jugaba contra la pared porque me encantaba el fútbol y a ninguno de mis hermanos les gustaba. Después de los 8 años, y ahí nos fuimos a la ciudad, donde conocí el vóley. En la escuela 92 jugábamos mini vóley y estábamos todo el día después de clase. Una de las cosas que más me gustó fue practicarlo en grupo, inclusive la mayoría de mis amigos son de vóley.

Sos una ganadora nata que nunca pierde el control, ¿Cómo definís tu personalidad como jugadora?

Como jugadora tengo una personalidad luchadora, persistente, trabajadora, responsable. Siempre miro para adelante y nunca bajo los brazos. Yo creo que cuando uno quiere algo no hay nada que pueda impedir eso.

Con Huella Weber aflora tu lado solidario y este año ya estás trabajando con la tercera institución, antes de preguntarte de ellas, contame de la obra en tus pagos y en el Dulces Sonrisas, ¿Qué necesidades debían cubrir?

En el merendero “Dulce Sonrisas” las necesidades eran muy grandes. Huella Weber le construyó un lugar muy lindo para que los chicos y las mamás que asisten, pudieran estar en un lugar digno. Hay muchas realidades que no se conocen pero cuando te involucrás un poquito, empezás a darte cuenta lo mucho que tenés y no valorás. La gente de “Dulces Sonrisas” hoy tiene un espacio grande donde se pueden sentir bien, se pueden sentar en mesas y comer como se debe, algo muy básico que para muchos no lo es. En Nogoyá, colaboramos con el Hospital “San Blas”, allí ayudamos a mejorar la entrada, sacarlo del abandono en el que se encontraba.

Sabemos que la idea de ser mamá empieza a dar vueltas y los argentinos te queremos unos cuantos años más en la cancha, ¿Y si hacés como tu colega Kerri Walsh aunque Eduardo –tu marido- deba ser papá full time? ¿Qué dilema no? ¿Cuáles son tus próximos objetivos?

Creo que ser mamá, siendo argentina y jugadora de beach vóley, es muy difícil. Lo veo casi imposible. Las norteamericanas, brasileñas y alemanas creo que son las únicas que pueden ser mamás y volver, ellas tienen la ventaja de tener un circuito interno profesional, además del apoyo del país; eso acá en Argentina no sucede. Es un deporte que siendo argentina, para hacer una gira te tenés que ir dos meses y eso hace muy difícil el rol de madre. Creo que voy a seguir jugando unos años más, amo este deporte y ser deportista. Seguramente, en pocos años, debería pensar la idea del retiro. Los próximos objetivos que tenemos, es la clasificación a los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 y posicionarnos dentro de las 20 mejores duplas del mundo, pero para conseguirlo necesitamos poder jugar más fechas del circuito mundial. Este año solo hicimos 6 y eso es muy poco, asique esperamos jugar todos los torneos que necesitamos.

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