Gabriel Rolón | Mano a Mano

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Gabriel sabe de lo que habla y habla, y escribe, interpreta, responde y, sobre todo, escucha. Dentro de la multiplicidad de roles: psicoanalista, músico, conductor radial o de televisión y actor, se destaca en todo lo se advierte en los medios. Es campechano, amable y con gran sentido del humor. Durante un par de días lo acompañé a una gira maratónica de notas y doy Fe de la cordialidad en el detrás de escena, incluso cuando más de un contratiempo surgía y en esas jornadas los hubo (y no menores). Se sabe que en esas situaciones aparecen esos lados B que tan bien supo destacar el escritor –otra faceta- más vendido de todos los tiempos en nuestro país. En medio de la vorágine de esos días, le pregunté sobre el arte y la posibilidad de cambiar el mundo. Me contó una anécdota personal que se las comparto.

“…Un amigo me propuso ir algunos sábados ala mañana a visitar cárceles de chicos, estaban escribiendo cada lo que podía con la intención de publicar un libro a fin de año que tuviera cuentos, poesías o algo de los chicos que estaban detenidos allí. En el medio leí algunas cosas que habían escrito y me acuerdo que a uno de los chicos le dije: ‘que bien que escribís´. Y él me contestó:

-Sí, a mí me gusta escribir, yo escribo en mi celda y a veces escribo a la noche a la luz de un cigarrillo porque no tengo luz.

Le contesté: ‘vos vas a salir de acá,escribís muy bien, no dejés de pensar, no dejés de escribir, me parece que este camino a los mejor te puede abrir algunas puertas diferentes’. Un año después, en la Feria del Libro de Buenos Aires, me avisan que en un stand se iba a presentar este libro que había salido y si yo iba a querer hablar un rato y dije que sí. Entonces fui a ese stand, y cuando estoy en un momento de la charla, se levanta una mano y alguien me dice:

-¿Se acuerda de mí? -Le dije: ‘claro que me acuerdo de vos, con vos estuvimos hablando’.

-Sí, cuando usted vino a la cárcel me dijo que yo escribía bien, que iba a salir y que no dejara de escribir… Le quiero decir que hace tres meses que ya salí, que no he vuelto a delinquir, que no voy a delinquir nunca más y que sigo escribiendo.


Foto: Gentileza Prensa Rolón 

Te juro que eso me lo guardé en el alma, no creo haberle salvado la vida con eso pero si de algún modo logré que ese chico pudiera pensar que había una opción distinta, pienso que eso fue lo más fuerte que hice en mi vida….”.

Ahora, la excusa es charlar sobre su nuevo libro: “La Voz Ausente” que será uno de los preferidos de este verano. Vértigo, erotismo, juegos riesgosos que tienen a la muerte como protagonista forman un thriller psicológico vibrante que genera en el lector, sensaciones tan extremas como desconocidas. Un libro que confirma definitivamente a Rolón como uno de los narradores más sólidos y efectivos a la hora de bucear en las turbulentas aguas de las pasiones humanas.

Volviste a la novela después de algunos años y ya es un nuevo éxito de ventas, te declaraste como el terror de los editores porque antes de escribir una página primero lo escribís en la cabeza, ¿Cómo fue el proceso de “La voz ausente”?

El proceso, como decís, fue darle vueltas en mi cabeza durante más de tres años. La historia que quería contar era difícil, con muchos vericuetos, llena de intriga, sexo, intertextualidad, mitología, etc. Recién cuando tuve el camino despejado me senté a escribirla. Obviamente, en esa etapa del trabajo, muchos personajes comienzan a pedir un protagonismo que en mi mente no tenían. Y así voy interactuando entre lo que tenía en mente previamente y lo que la escritura me demanda.

Además mantenés la estructura básica de Los Padecientes (fue llevada al cine), ¿Rouviot  es así como un alter ego extremista tuyo? Es decir, ¿Él hace cosas que vos no te animarías a realizar?

No sólo que no me animaría a realizar, sino que no quisiera hacerlo. Es mucho más melancólico y oscuro que yo. Pero es cierto que comparto con mi personaje la manera de pensar analítica, la atención puesta sobre cosas que se dicen sin decirse, o se dicen a medias. Y, sobre todo, la pasión por la búsqueda de la verdad.

Contabas que por la mitad del libro te asalta una emoción que resuelve el final pero que también te volvés dubitativo, ¿Cómo fue en este caso? Sé que le ponés mucho énfasis a los finales…

Sí, porque siempre me pareció que a la mayoría de las novelas les sobraban algunas páginas. Como si el autor ya hubiera terminado de contar la historia y no supiera como despedirse. Entonces, hay unas páginas a modo de epílogo en las que me robaban la emoción o el vértigo que me había atrapado. Y, desde que decidí escribir ficción, me esfuerzo por evitar eso. Quiero que mi libro se termine en el último renglón, que hasta ese momento el lector sostenga alguna duda, o algún anhelo. Espero haberlo conseguido.


Foto: Gentileza Prensa Rolón 

Hace poco estrenaste “Mano a mano con vos”, ¿Cómo es esa experiencia en las tablas donde buena parte de los temas son provistos por el público? Siempre te vi como un oráculo que tenés respuesta para todo y ahora, mirá vos, lo hacés espectáculo…

Hace mucho que no me permitía un contacto tan directo porque estuve embarcado en obras teatrales con texto y actuación, y tuve ganas de recuperar ese espacio de contacto con la gente. Fue muy movilizante para mí. Pero mi lugar no es oracular, mi desafío es pensar en vivo junto al público acerca de los temas que me proponen. Aclaro que no tengo todas las respuestas. Les mentiría si les dijera eso. Lo que tengo es un deseo enorme de pensar temas que tienen relación con mis pasiones. Y las emociones humanas son unas de ellas.

Además venías de un gira inmensa y multitudinaria con Historias de Diván…. ¿El teatro y el disfrute del público en vivo te da esa sensación que tendrías en tu sueño de ser músico?

Es posible. No sé cómo sería la sensación de dirigir una orquesta, que era mi gran anhelo de chico. Pero el contacto con el público me da una enorme satisfacción.

Alguna vez contaste una bella historia con tu papá y que más tarde te decidiste a ser psicoanalista para aprender a “escuchar las miradas tristes”. Esa natural empatía que tenés así como la capacidad de observar esos detalles, ¿Viene de fábrica?

Todos llevamos marcas que nos recorren y, de alguna manera, nos constituyen. Mi profesión es, justamente, llegar al origen de esos rasgos para ayudar a que el paciente modifique aquellos que lo llevan por un camino de dolor. No existe la tábula rasa. Al momento de nacer ya nos está esperando un nombre y un deseo que otros han volcado sobre nosotros. El desafío, parafraseando a Sartre, es hacer algo noble con lo que hicieron de nosotros.

El desafío, parafraseando a Sartre, es hacer algo noble con lo que hicieron de nosotros.

Dijiste que te hubiera gustado “tener muchas vidas y estás condenado a una sola”, como resumiendo tu multiplicidad de roles –hasta fuiste arquero- de todos los que has hecho, ¿Cuál te gustaría volver a vivir?

No pienso en cuáles me gustaría volver a vivir. Pienso en cuáles aún me quedan por construir. No quiero que la melancolía por el pasado me robe el presente. Por supuesto que hay cosas que quisiera repetir, como volver a compartir un mate con mi padre. Pero parte de enfrentar la vida con sanidad es admitir que todo no se puede y que la mayor hazaña de todo ser humano es inventarse un sueño nuevo cada día, para que nuestra vida tenga sentido hasta el último de nuestros días.

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