Mauricio Dayub: “Actuar es extraordinario”

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Fotos: gentileza Consuelo Oppizzi y ARTEAR

No hay nada más placentero que hacer una entrevista a un actor multifacético “como Mauricio Dayub” en un bar de la calle Corrientes donde se respira teatro en Buenos Aires. Oriundo de Paraná, su deseo muy fuerte de ser actor lo trajo a la capital del país donde poco a poco fue ganando espacio en el teatro, pasando por el cine hasta la televisión. Protagonista de ficciones televisivas como “Amigovios”, “Guapas” hasta la actual tira televisiva “Quiero vivir a tu lado” con el personaje descollante de “Shimmy”, un dueño de academia de conductores de autos que no sabe lo que quiere para su vida. Como hombre de  teatro es dueño de una sala “Chacarerean” produce y dirige su propia obra además de protagonizar la exitosa “Toc Toc”, donde juega con los estados emocionales de la gente. Todo un actor de raza…

-Repasando tu historia de vida personal, me llamó la atención que uno de tus primeros trabajos fuera de la actuación, era vender agendas en los colectivos. ¿Cómo fueron esos inicios? ¿Te planteabas ser actor?

-Yo empecé a hacer teatro en Santa Fe, luego me vine a Buenos Aires con la idea de estudiar en el Conservatorio por una beca del Fondo Nacional de las Artes. Comencé a estudiar con Carlos Gandolfo. Traía un unipersonal porque en ese momento pensaba que si uno no actuaba el instrumento se me iba a desafinar, entonces como no conocía nadie traje un unipersonal para ejercer el oficio. Lo empecé hacer en algunos bares de San Telmo y Palermo, te hablo en los inicios de la democracia y me costaba vivir. Hice determinadas cosas, pintaba departamentos, lo que me salía. En una navidad ―fue la primera que pasé lejos de mi familia― tenía 23 años y conocí a un tipo que vendía agendas en los colectivos. Yo estaba preparando un espectáculo con otros dos amigos para presentarlo en la costa, en lo que sería la segunda línea de la costa, en playas más chicas como Santa Teresita, San Clemente del Tuyú y San Bernardo. Y necesitaba un dinero para llevar y sobrevivir los primeros días hasta que empezáramos vender las primeras entradas. Éramos estudiantes de teatro y no nos conocía nadie. Esta alternativa me pareció válida porque si salía todos los días entre el día 24 y el 16 que me iba a la costa, mi jefe me aseguraba que vendiendo 30 lotes diarios juntaba para sacar el pasaje y vivir unos días. Entonces me escribió el versito que tenía que decir y me dijo te espero el lunes en Rivadavia y Cucha Cucha que fue donde arranqué. Me subí a la línea 132 a hacer la venta. Primero la hizo él para ver cómo se desempeñaba y después me dijo “suerte pibe” y empecé a subir solo.

Fotos: gentileza Consuelo Oppizzi y ARTEAR
Fotos: gentileza Consuelo Oppizzi y ARTEAR

-¿En cierta manera ese trabajo te ayudó a romper el miedo escénico? ¿Cuánto contribuyó a tu profesión de actor?

-En cierta manera sí me ayudó a la vocación. Es cierto que es un público diferente de un colectivo al de un teatro, no obstante yo tenía la experiencia de hacer tres obras. Además de chiquito había animado cumpleaños, te diría que esa parte la tenía experimentada, también durante varios años ayudé a una misa en una iglesia rogándole al Padre para leer la palabra de Dios para ir al pulpito y enfrentarme a la gente. Y contarle las historias que la misa cuenta en cada jornada. La vocación la tenía desde temprano y siempre intentaba como podía hacer.

-“El Amateur” fue unas de tus primeras obras. ¿Cuánto evolucionó el actor en vos hasta “Shimmy”, tu personaje en “Quiero vivir a tu lado”?

-Mucho. “El Amateur” fue lo más potente de las cosas que hice. Fue una obra que escribí por primera vez, produje y la actué. En “El amateur” fue la primera vez que generé el rol de escritor que me valió a mí con 17 premios, me ternaron varias veces, es la primera vez que hice 500 funciones. El director Juan Bautista Stagnaro dirigó “El amateur” en cine que fue una de las tantas cosas que tuvo la obra. Te podría decir que la experiencia de las primeras obras hasta acá, hay una parte que se va asimilando y se va construyendo un piso que tiene que ver con el oficio, con las herramientas, con conocer determinadas cosas que ya no te pasan frente al público. Tal vez la gente pueda decir que el trabajo está bien o que uno es buen actor, a pesar que pueda equivocarse. O en lo próximo que me veas y me digas “que mal que está”. Esta profesión es un poco tirar un dardo a oscuras a un blanco y acertás o no, pero cuando uno lo ha tirado varias veces, tiene más o menos el pulso como para dónde ir. Eso es lo bueno que tiene la rutina que a veces tiene mala prensa, pero cuando ejercés la profesión, al cabo del tiempo se adquiere algo y te permite trabajar más relajado.

-En “Guapas” ¿Hubo un cambio en relación a lo actoral?, porque venías haciendo un cierto tipo de personajes y en la serie aparece otro nivel en la actuación…

-Sí, puede ser. “Guapas” me permitió mostrar otra faceta, los actores nos debemos a la propuesta siempre, los productores que nos eligen y los autores que nos escriben nos dan la posibilidad que el público nos vean diferentes. A veces se ponen cómodos y llaman a los actores que seguro que ya hicieron ese rol y le va a dar tranquilidad de hacerlo bien, pero las mejores posibilidades son las que nos hacen cambiar un poco. Yo elegí esta profesión por eso, a mí lo que más me gusta es la posibilidad de transformar, el cambio es lo que más me atrae. Hace poco vino un electricista para hacer un trabajo en mi casa y se interesó por venir a verme al teatro, y cuando terminó la función me comentó que le dijo a su mujer que él que habían visto no era yo. Como diciendo, “vos no lo conoces a él, yo conozco las dos facetas”, la del hombre actor y la del personaje. Me pareció el mejor elogio porque había visto a un personaje y no al actor.

“Guapas” me permitió mostrar otra faceta, los actores nos debemos a la propuesta siempre, los productores que nos eligen y los autores que nos escriben nos dan la posibilidad que el público nos vean diferentes.

-En la novela “Quiero vivir a tu lado”, Shimmy Valente es un personaje simpático, atrae y es figura en la tira, en cierta manera denota ternura. ¿Cómo es la devolución de la gente?

-Te diría que tiene más aceptación que “Alejandro”, el personaje que hacía en “Guapas”. No sé por qué, cuando estaba en “Guapas” me pasaba que mucha gente se acercaba casi pensando que yo era un marido que tenía una mujer alcohólica y me querían ayudar, la mayoría me contaba sus problemas con sus conocidos alcohólicos. A un punto como si fuera en la vida real. Con “Shimmy” no sé porque funciona tan bien, porque yo lo veo muy débil, lo veo con poco criterio, no lo veo bien como novio, como jefe, etc. A mí me llama la atención que es un tipo con pocas virtudes, no puede llevar adelante su vida para nada, tiene planes que no van a funcionar y magnifica, tiene un ego gigante. La gente se engancha mucho, se siente muy identificada, me lo dicen mucho y me lo hacen saber en Instagram o twitter. Me han llamado para hacer presencias como “Shimmy” en algunos lugares, cosa que no es común, al menos para los roles que he hecho antes no es lo habitual.

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-¿Cuánto hay de marcado por el director y cuánto incorporás o aportás de vos en “Shimmy”?

-La esencia de los roles es de los autores porque lo escribieron así, tengo la suerte de ser amigo del director (Gustavo Luppi), entonces tenemos muchas cosas en común, muchas veces le digo: “te acordas cuando vimos tal cosa”. Y él si entiende que le va bien al personaje enseguida lo incorporamos, al igual en exteriores con Alejandro Ibañez, el director, eso ayuda mucho cuando tenés confianza podés animarte a probar. Sobre todo cuando tenés la aprobación del otro y el otro lo mejora también. Me gusta proponer, en este caso, propongo y llevo cosas desde mi casa que pueden servir al rol y encuentro clima para incorporarlo, pero la esencia de “Shimmy” es de los autores.

-Trabajaste en teatro, cine y en televisión: ¿Dónde te sentís más cómodo para desarrollarte como actor?

-Me gustan los proyectos donde me puedo desarrollar, donde tengo confianza, muchas veces me atrae hacer en la ficción lo que no me animo hacer en la vida y para eso necesito contención, que el otro acepte, pero te diría que no tengo diferencia entre un medio y otro. El teatro me ha permitido cubrir diferentes roles con el paso del tiempo. Primero empecé solo como actor, después empecé a producir mis espectáculos, algunos los dirigí, tengo una sala, un poco cubro todos los rubros y me siento más pleno porque tengo cosas más puestas en esos proyectos. Pero si tengo que hacer televisión o cine con gente que trabaja bien, me encanta, no veo la diferencia. Actuar siempre me parece algo extraordinario y me gusta mucho.

-En Toc Toc, la obra de teatro que es un éxito, hay estados emotivos que se identifican con el público, eso refleja que el argumento es netamente actual…

-Sí, porque la gente se identifica con algunos de los personajes y se produce la risa, el llanto y la solidaridad. Es maravillosa la relación que se establece con la gente. Toc Toc es un éxito porque la obra es un grandioso puente entre el espectador y que padecen algunos de esos trastornos obsesivos compulsivos.

Me gustan los proyectos donde me puedo desarrollar, donde tengo confianza, muchas veces me atrae hacer en la ficción lo que no me animo hacer en la vida y para eso necesito contención, que el otro acepte, pero te diría que no tengo diferencia entre un medio y otro.

-Pasando al cine, ¿Cómo fue tu experiencia de trabajar en una película en Yugoslavia?

-Fue una experiencia alucinante porque normalmente no se da una coproducción con un país de poca tradición cinematográfica como Yugoslavia. En ese momento Emir Kusturica trabajaba en la productora que me había contratado, la actriz Mirjana Jokovic en ese momento hacía “El jardín de los cerezos”, viajar como actor argentino para rodar y conocer otros actores fue algo que me encantaría que se repita. Además, en lo personal además me permitió conocer el pueblo donde nació mi madre en Italia y unir a toda familia que hacía 50 años no se veía. Y como en Yugoslavia llueve en noviembre, me dieron cinco días libres porque no se podía filmar en exteriores, entonces me hice este viaje sin ninguna dirección y golpeé puerta a puerta y encontré la familia. En 20 minutos tenía 40 personas que tenían que ver con mi familia. Fue una película muy recordada por mí.

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-¿Cómo te sienta tu rol de productor?

-Antes que nada vale una aclaración: en la Argentina hay cinco o seis productores muy importantes. Y hay otros que nos podemos llamar productores temporalmente porque lo hacemos pero no es lo mismo. Lo digo porque le tengo mucho respeto a (Lino) Patalano, (Carlos) Rottemberg, Julio Gallo, (Gustavo) Yankelevich. Son los productores históricos y que hacen de la calle Corrientes lo que es hoy. Tengo la suerte que me dejen participar en esta suerte de dream team de productores que se arman. Me gusta mucho porque de alguna manera yo hace años que lo hago, lo hice durante años en ligas más chicas como en el teatro independiente donde me formé y disfruto mucho de aprender de esta profesión.

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