Portada | Fernando Dente al 100%

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Foto: Ari Mendes

En los ’90, una de las series infantiles favoritas de los argentos eran los Power Ranger, una suerte de hombrecitos que se transformaban en superhéroes con fuerza descomunal y trajes del tipo corredor de TC con  un solo color (pero sin ningún tipo de sponsor). Para rastrear los orígenes de las múltiples interpretaciones de Fernando Dente hay que imaginarlo envuelto en uno de esos disfrace de colores y, con apenas seis años, recreando su versión teatral de los superhéroes ante una platea doméstica vacía. Actor, cantante, director teatral y conductor televisivo, Dente exacerbó esas dotes que venían desde la cuna, se formó en una gran escuela como la de Hugo Midón y se acercó al teatro al que paradójicamente miraba de reojo.

Cuando lo mediático impulsa famosos exprés vacíos de contenido, de golpe emergen casos como el suyo donde hay un talento que respalda la notoriedad. Por estos días regresa con el protagónico de Peter Pan a la calle Corrientes y continúa su formación en el exterior. “Desde muy chico en mi casa la gente se preparaba. Mis hermanos eran muy estudiosos o muy apasionados con algún deporte. Mi papá trabajaba prácticamente todos los días y mi mamá hizo la carrera de abogacía en cuatro años, con un promedio altísimo y siendo madre de cuatro hijos. Supongo que nunca fue una opción tirarme un lance.  A medida que fui descubriendo y dándole lugar a mi vocación, fui preparándome y entendiendo cada vez más de que se trataba en realidad esa preparación. Básicamente estudié, aprendí y me rodeé de los mejores que pude en cada momento”.

Foto: Ari Mendes
Foto: Ari Mendes

-A pesar de ser muy auto exigente, ¿cuándo te la empezaste a creer?

-Es que no se trata de creérsela. Es lo mismo en todas las actividades o profesiones. Si estás preparado vas a sentirte seguro y la experiencia va a ser, como mínimo, agradable. Y vas a querer seguir sintiendo eso. Así se crea el círculo que se repite. Me preparo para después actuar, para después disfrutar, para después volver a prepararme para ser mejor y disfrutar todavía más. Y así infinitamente.

-El teatro no parecía ser un legado familiar, incluso contabas que tenías que esforzarte para ir a un función. Has contado que eras muy sedentario pero así y todo te imagino ocurrente y creativo….

-Era -y tengo todavía la tendencia- de ser sedentario. Disfruto descansar (risas). Pero de chico pasaba muchas horas solo en mi casa y dicen que el aburrimiento es disparador de la creatividad. Así que en ese aburrimiento hice una obra de los Power Rangers a los seis años, cantaba, bailaba, pero siempre solo. Nunca me gustó compartirlo con nadie. Nunca fui el chico que llamaba la atención de la familia para que lo vean. Al contrario. Cuando pude tener más clara mi vocación y más independencia para moverme solo, empecé a tomar clases y ahí todo cambió en cuanto al sedentarismo. Al día de hoy me cuesta un poco conectarme con el placer de descansar.

-¿Cómo se dio la opción de ir a estudiar al Club Italiano?

-La crisis económica hizo que tuviéramos que vender la casa de La Martona donde pasaba todos mis fines de semana y vacaciones. Ahí también practicaba equitación -mi otra gran pasión- y me encontré realmente sin ninguna actividad para hacer, ni siquiera los fines de semana. Mi mamá ―había sido socia cuando era chica― me llevó al club y decidí anotarme en “todas” las actividades. Desde natación, pasando por esgrima y hasta teatro. La primera semana hice todas las clases, la segunda sólo seguí con teatro. Fue una experiencia increíble. La primera vez que estuve en un escenario -el club Italiano tiene una sala de teatro hermosa- fue descubrir un mundo nuevo en el que me sentía absolutamente parte. Desde la disciplina, hasta lo que se ejecutaba, las necesidades, todo. Y apenas tenía diez años. Me enamoré.

-No habrá sido fácil consolidar tu opción artística en un hogar que no eran del palo del teatro, ¿o tuviste libertad por ser el menor de los cuatro?

-Tuve libertad por ser el menor, es verdad. Los agarré “cansados” a mis papás. No fue difícil porque nunca me pusieron trabas, tampoco me sobre estimulaban. Mi mama creía mucho en mí, pero “para nada” era la típica madre de los niños actores. Todo lo contrario. Sí, una madre muy orgullosa de su hijo y fue la que me enseñó a confiar en mí de verdad, de verdad (enfatiza).

-¿Qué fue ocurriendo en tu entorno cuando empezaron a llegar las obras o el primer salto con High School? Para tus amigos del colegio habrá sido un cambio importante tener a un compañero que ganaba fama…

-Fue muy gracioso como fue sucediendo todo porque de la noche a la mañana, no volví más al colegio, al menos como alumno. Todo cambió, literalmente. Fue muy espectacular y muy gracioso. Lo disfruté mucho. Por suerte todo mi entorno lo celebró mucho y acompañó de la mejor manera.

Foto: Ari Mendes
Foto: Ari Mendes

Tuve libertad por ser el menor, es verdad. Los agarré “cansados” a mis papás. No fue difícil porque nunca me pusieron trabas, tampoco me sobre estimulaban.

-Debe haber pocos casos en el mundo donde un participante de tres realities diferentes sale bien parado, ¿cuál ha sido la clave para que te haya ocurrido eso?

-(Risas) No lo sé, quizás porque ninguno fue Gran Hermano o algo por el estilo. Me refiero a que todos (High School, Tu cara me suena, Bailando por un sueño) estaban relacionados con una disciplina artística. No con una cuestión más social o de convivencias. Los disfruté mucho a los tres. Es un formato donde me siento cómodo y donde hago lo que quiero y sobretodo no hago lo que no quiero hacer (enfatiza). Son divertidos y es una gran oportunidad para hacer masivo lo que uno hace, que es algo que a mí me gusta mucho.

-En lugar de hacerte tambalear los realities te fortalecieron como artista, ¿Qué le aportó cada uno y sacaste provecho para tu carrera?

-Creo que HSM me posicionó en un lugar de popularidad que fue un gran motor para el principio de mi carrera. “Tu cara me suena” me aportó un entrenamiento nunca antes experimentado por mí que es el de la imitación. Y me volvió a la tele después de varios años de consolidarme en el ambiente teatral. Me permitió mostrar todo lo que había programado como profesional. Y Showmatch, es Showmatch. Estar en el programa más visto del país aporta muchísimas cosas. Y, en mi caso, todas buenas.

-Si bien surfeaste con holgura la exposición, siempre hay costos grandes que pagar…

-No siento haber atravesado esos momentos. Siempre tuve un círculo íntimo muy claro y fiel. Como creo que todos las personas tienen. Siempre me hace muy feliz rodearme de gente que me hace sentir desafiado en el buen sentido. Gente que me inspira, que admiro, que respeto. Mientras este rodeado de eso voy a estar bien y con el eje donde me gusta que esté.

Foto: Ari Mendes
Foto: Ari Mendes

-Como sos alguien que no tiene el botoncito de “pause”, ¿Cómo bajás la ansiedad tanto cuando estás al aire como cuando pasan meses que no?

-No atravieso esos momentos porque siempre estoy haciendo algo que me interesa. Desde una obra, o estudiar, hasta un viaje. Todo lo que hago trato de que esté relacionado con algo que me genere placer.

-Igual, una constante en tu carrera es apostar a la formación. ¿Cuáles han sido tus experiencias formativas más enriquecedoras? ¿Qué le está aportando tu paso por el exterior?

-Como en todo momento de la vida siempre uno está en distintas etapas madurativas, para cada momento tuve la suerte de encontrar el mejor lugar para desarrollarme. Hugo Midón y Nora Moseinco fueron quienes me delinearon la primera parte del camino. Los que me marcaron el norte y me dieron espacio de crear un instrumento auténtico y personal. De más grande tuve la bendición de llegar a “El Brio teatro”, espacio que dirigía Claudio Quinteros. Ahí tuve el honor de estudiar con él, con Nayla Posse y Fabiana Mozzota. Fueron mis tres maestros de la “madurez”. Me enseñaron como se hace y me abrieron la puerta a la creatividad de una manera que nunca voy a cansarme de agradecer. Y hoy por hoy en William Esper Studio (Nueva York) estoy teniendo esa oportunidad que casi nadie tiene en argentina -porque no hay lugares así- de ingresar en un conservatorio (uno de los 15 mejores del mundo) y entregarme a la formación 100%, sin tener que preocuparme en complementar las clases con otras actividades. Acá tengo clases de todo tipo y todas están orientadas hacia un mismo lugar. Eso es impagable. Y también me muestra la gran formación que tuve en Argentina y cuán importante y afortunado soy de haber pasado por los maestros que pasé.

Como en todo momento de la vida siempre uno está en distintas etapas madurativas, para cada momento tuve la suerte de encontrar el mejor lugar para desarrollarme.

-Aunque Broadway ahora sea una estadía temporaria, da la sensación que en cualquier momento puede ser permanente, ¿cómo barajás la posibilidad de trabajar ahí?

-Sería hermoso, en algún momento, tener una experiencia en Broadway. Es sin dudas el lugar donde más disfruto de ver teatro. Por el momento sólo estoy enfocado en estudiar, pero es cierto que New York tiene su magia y cosas mágicas suceden como, por ejemplo, haber tenido el honor de ser convocado por Kurt Robinson como jurado internacional para el programa de Musical Theater de TISCH en New York University (NYU), uno de los programas de teatro musical más prestigiosos del mundo. O ser aceptado como alumno permanente de Liz Caplan (coach vocal de Hugh Jackman, Emma Watson, Neil Patrick Harris, entre otros). Son hermosos regalos que me está dando la ciudad.

-Claramente tu techo es indefinido y eso acrecienta tus sueños, ¿cuáles son tus metas?

-Mis metas siempre me las guardo para mí, forman parte de mi privacidad, pero siempre están relacionadas con ir avanzando en el camino de ser lo mejor que pueda ser, y cada vez más. No es que busco la perfección como actor, hago el trabajo que tiene que hacer el actor, ni más ni menos. O al menos el que me enseñaron que hay que hacer y en el que creo y confío ciegamente.

Foto: Ari Mendes
Foto: Ari Mendes

-Has sido siempre hermético y simple con tus emociones y vida privada, pero tras las pérdidas familiares, sufrimientos y reconciliaciones, se percibe que estás pasando por un momento de plenitud. ¿Es así?

-Estoy en un momento de mucha felicidad, porque estoy viviendo y llevando a la realidad deseos que tengo hace mucho tiempo y eso siempre es algo espectacular. Ahora vendrán momentos de sembrar nuevas metas y nuevos deseos para después, si tengo suerte, poder llevarlos a cabo también. Mi carrera me hace muy feliz, porque mi carrera es mi vocación y mi vocación es mi norte desde que tengo uso de razón. Así que sería muy difícil no disfrutar en este momento cuando estoy teniendo la oportunidad y el privilegio de estar viviendo una realidad que está ligada 100% a honrar a esa vocación.

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